CAPITULO 3

LETICIA ROIG

Horrorizada con lo que había pasado, llegué a casa devastada, sintiéndome una cualquiera, una mujer sin moral y sin palabra.

Había pasado la noche llorando y pensando en todas las palabras tan acertadas de Alessandro, porque tenía razón: él me gustaba de un modo incomprensible, de una manera en la que nunca nadie me había gustado. Ni siquiera Luis, quien era mi mejor amigo.

Ya al amanecer, decidí que después de tantas dudas, de tantos sentimientos encontrados, debía decírselo todo a mi prometido y terminar con mi compromiso. No podía seguir con la boda si mis sentimientos estaban tan revueltos.

Cuando llegó a casa esa tarde, le pedí que subiera a mi alcoba porque debíamos conversar seriamente.

—Me estás asustando, Leticia. ¿Qué sucede? ¿Estuviste llorando?

—Luis… yo… yo no puedo casarme contigo —murmuré, rompiendo a llorar.

—¡¿Qué?! —me tomó de los hombros y me guio hasta el borde de la cama para que nos sentáramos uno al lado del otro. Yo no podía dejar de llorar—. Faltan tres días para la ceremonia…

—Sí, lo sé, pero después de lo que hice, creo que no puedo casarme contigo —volví a decir.

—Leticia, sabes que somos amigos y que puedes confiarme todo… —negué con la cabeza—. Estoy seguro que si lo hablamos, encontraremos una solución que no sea precisamente la de suspender la boda —tomó mi barbilla con sus dedos y levantó mi cara—. Mírame y dime exactamente qué ha pasado para que me digas que no puedes casarte conmigo, a último momento.

Con pesar y vergüenza, le había relatado todo desde un principio y sin omitir absolutamente nada, ni siquiera lo ocurrido en el hotel. Cuando terminé mi relato, Luis se quedó en silencio por un largo rato y luego suspiró, se puso de pie y me obligó a hacer lo mismo.

—No es nada que no podamos superar… —dijo para mi sorpresa—. Ni es motivo para suspender nuestra boda.

—Pero, Luis… creo que no es correcto. No puedo casarme contigo después de todo lo que estuve a punto de hacer y de lo que sentí, de lo que ahora mismo siento por ese… hombre. Es algo imperdonable —negué.

—Yo te perdono, Leticia —dijo con firmeza—. Te perdono porque te amo.

Seguí negando. Estaba mal. No podía casarme con él, sintiendo cosas tan descabelladas por otro hombre.

—No puedo, Luis… lo siento —susurré con pesar—. Sería un error hacerlo y tú no te mereces esto.

—Te lo suplico, Leticia. No suspendas la boda —imploró.

—Pero…

—Pero nada, nena. Lo superaremos. Entiendo que fue un momento de debilidad. Olvidemos todo y no echemos a perder nuestros planes por algo que fue en un momento de flaqueza. Te lo ruego; cásate conmigo.

—Lo siento mucho Luis… pero no puedo hacerlo. No lo haré. No de este modo.

—Tengo leucemia —dijo de pronto, paralizándome por completo—. Tengo leucemia, nena. Y tal vez casarte conmigo sea la última posibilidad que tengo de ser feliz, aunque solo dure un momento.

Mis labios temblaron y palidecí por completo. Negué nuevamente con la cabeza y él sonrió débilmente.

—En cuatro días comienza mi tratamiento de quimioterapia y te quiero a mi lado… —siguió hablando—. De todos modos, tal vez pronto enviudes y puedas volver a empezar con ese hombre una nueva vida, pero ahora no me abandones, Leticia. Te lo pido por todo lo que hemos pasado juntos.

Me lancé a sus brazos y lo abracé con fuerza.

—¿Por qué no me lo dijiste? ¡Cómo pudiste esconderme algo tan grave! —le reproché.

—No pensé que fuera tan grave, pero los estudios que acabo de hacerme en el extranjero, confirmaron las sospechas del médico…

—¿Entonces me mentiste? —le increpé furiosa—. ¿No era un viaje de trabajo?

—No quería preocuparte, cielo. Tenía la esperanza de que fuera una falsa alarma.

—No lo puedo creer… —hundí mi rostro en su pecho y lloré desconsoladamente.

—Dime que te casarás conmigo —volvió a suplicar y suspiré hondo. No podía dejarlo solo en aquel momento—. Te prometo que no haremos nada que tú no quieras, pero necesito a mi compañera conmigo para enfrentar esta batalla. Necesito a mi mejor amiga… —sollozó mientras temblaba.

—No te dejaré solo. Lo prometo.

***

—¿Estás segura de hacer esto, Leticia? —preguntó mi padre, ya en la puerta de la iglesia cuando tomé su brazo para caminar hasta el altar—. Alessandro nos dijo a tu madre y a mí que se gustaban y que romperías tu compromiso. ¿Qué ha pasado entre ustedes? ¿Qué está pasando?

—¿Puedes no mencionar a ese hombre por este día, papá? —le rogué y él suspiró.

—Tu madre lo invitó y creo que estaba dispuesto a venir solo para comprobar que no te casarías. Estaba muy seguro de que cambiarías de opinión en relación a tu boda.

—¡¿Qué?! —chillé sin darme cuenta de que los invitados estaban cerca—. ¿Cómo pudieron invitarlo?

—Lo siento, sabes cómo es tu madre —se excusó y comencé a respirar con dificultad cuando los violines comenzaron a oírse con la marcha nupcial que me obligaban a entrar a esa iglesia a casarme.

Cuando di los primeros pasos, por instinto miré a mi derecha y me topé con Alessandro, sentado en la última banca de la iglesia.

Mi conmoción fue tal que mi padre tuvo que sujetarme fuerte para no desplomarme.

Se puso de pie y caminó en sentido contrario a mí, con la intención de salir de la iglesia. Al pasar por mi lado, ambos nos detuvimos brevemente sin vernos a la cara. Sin embargo, sus palabras me dejaron helada.

—Prometo que algún día vendrás de rodillas hasta mí, y en ese momento, no tengas dudas de que te aplastaré y me cobraré tu desprecio…

Temblé por dentro y respiré hondo para no llorar.

Ya había elegido y no había marcha atrás.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo