Capítulo 6: Superada

*Reichel*

—Ahora estás perfecta—dijo y me hizo una seña para que me gire, saco la gargantilla de su bolsillo y me la coloco—perdón, ahora si lo estás—dijo girándome hacia él y dándome otro beso aún más apasionado.

—Crisis dos superada—dijo Sara desde atrás de la escena que estábamos montando con Sebastián.

Todas nos reímos por eso, pero Sebastián me dijo al oído que sentía haber sido rudo conmigo, al ver su cara vi que era Gregory el que me lo dijo. 

Le sonreí y fui a mirarme al espejo.

Luego de unos minutos Sebastián se retiró, pero antes me dio un beso y me dijo que lo sentía, esta vez sí fue él el que me lo dijo.

Lilian y Caroline nos dejaron solas luego de ultimar los detalles en el maquillaje de ambas. 

Ya estábamos listas para iniciar la ceremonia.

Sara se veía increíblemente hermosa, parecía un ángel.

—¿Estás lista?, sabes que puedo sacarnos de aquí sin ningún problema—dije mientras hacía brillar uno a uno mis anillos.

Ella solo me respondió con una sonrisa desganada. 

Comenzó a llorar, sabía por qué y no dude en abrazarla.

—¿Está todo bien princesa?—preguntó John desde el otro lado de la puerta.

—Sí, danos unos minutos más—conteste elevando un poco la voz—sabes que no te voy a dejar sola nunca, ahora somos hermanas para siempre, gracias al grandulón no me dejarás sola para vivir eternamente, sino que tendrás que soportarme por la eternidad—dije a ella acariciando su espalda para calmarla.

Dejó de llorar y me abrazó con más fuerza.

—Gracias, siempre serás mi hermana no importa lo que pase—dijo más calmada.

Arreglé su maquillaje como pude. 

Aunque siempre fui coqueta, Caroline había hecho una obra de arte en su rostro.

Avisé a los encargados de la fiesta que ya estábamos listas para salir. 

Respondieron que todos ya estaban en su lugar, así que solo faltabamos nosotras.

Caminamos hasta el jardín en donde habíamos preparado una especie de galería con telas y flores, básicamente no verían a la novia hasta que llegáramos al pasillo que iba al altar.

Al llegar al lugar hice una seña para que comenzaran la marcha nupcial.

Comienza a sonar la música. 

—¿Lista?—pregunto tomando el brazo de Sara para entrar a caminar.

—No lo sé—dijo y pensé que iba a tener otra crisis—¿prométeme que nunca dejarás que me lastime?—cuestiono y su pregunta me descolocó, pensé que diría una broma, pero sabía que me lo preguntaba de verdad.

—Prometo por la vida de mi sobrina que jamás dejaré que él ni nadie te lastime—conteste poniendo mi mano en su pancita.

—Bien, estoy lista—dijo enderezándose y volviendo a sonreír.

Nos pusimos en marcha.

Todos los invitados se pusieron de pie al ver que aparecíamos por el arco de entrada. 

Habíamos llenado el suelo con pétalos de lirios que eran las flores favoritas y la esencia de Sara. 

Teníamos que caminar unos cincuenta metros hasta llegar al altar, lo hicimos lento, disfrutando de cada paso. 

John estaba con una sonrisa de oreja a oreja, mientras que Sebastián a su lado estaba serio, le di la mejor de mis sonrisas y él respondió con una sonrisa cómplice al notar que lo miraba.

A Sara se le escaparon un par de lágrimas, pero nada que arruinara la obra maestra de Caroline que intente arreglar de la mejor manera posible.

Al llegar al altar y antes de que Sara se colocara al lado de John lo encare.

—Lastímala a ella o a la bebé y me encargare de extinguir a todos los de tu Raza—dije al oído de él aun sabiendo que todos los presentes me escucharían. 

Sonreí y puse la mano de Sara sobre la que él le extendía, no me respondió solo me hizo un gesto con su cabeza como aprobación a mi amenaza.

Me coloque en mi lugar y Lilian empezó a hacer lo suyo, como Luna de todas las manadas era la que oficializaba las bodas de los Alfas y sus Lunas, pero está en especial porque era su hijo y un Príncipe, aunque John al ser el segundo hijo no tenía derecho al Trono directamente, como en todas las monarquías, este por si algún día pasa algo podría llegar a ser Rey. 

La ceremonia era una mezcla entre costumbres de Lobos y costumbres humanas. 

Sara jamás fue religiosa, ella sabía que la religión humana no era real, pero al no tener ningún contacto con los Dioses jamás tuvo la necesidad de creer en ellos. 

Cuando conoció a John comenzó a interesarse por la Diosa Luna, deidad que guía a los Lobos, aunque en parte también es una deidad para los Vampiros y los Pumas, yo le enseñe lo que sabía de ella y como poder “comunicarse” con ella, pero al ser una humana aún no tenía ninguna conexión con el Mundo Espiritual. 

Pero para que se den una idea no era diferente de los votos que hacían las parejas humanas, se juraban lealtad y amor hasta la muerte o en el caso de los Lobos, hasta el fin de sus días, ya que estos eran inmortales, morían por heridas o solamente por cansancio, los Lobos en promedio viven quinientos o seiscientos años, dejando descendencia y así, aunque claro había casos únicos dónde la vida se prolongaba más por algún motivo.

Al terminar la ceremonia los novios se retiraron a unirse en cuerpo, básicamente a tener sexo, era una especie de ritual para concluir la unión de sus almas. 

Mientras los invitados fuimos guiados hasta el parque que se había preparado para disfrutar del resto de la fiesta.

John y Sara se tomaron su tiempo, pero Sebastián hizo que no me aburriera, aunque no me quede quieta esperando a los novios, tenía que organizar todo para el resto de la noche, que las mesas tuvieran las bebidas y los bocadillos, la comida del primer plato consistía en platillos ligeros de sushi, mariscos y frutas.

—¿Qué clase de música te gusta? Para escuchar y para bailar—preguntó Sebastián cuando me acomode en la mesa, nos había tocado la misma mesa, aunque creo que Sebastián cambió lugares con Caroline porque él iba del lado del novio.

—Soy muy buena bailarina, modestia aparte, escucho todo lo que se pueda escuchar—conteste y creo que eso le gusto a Sebastián porque me empezó a mirar con ganas de bailar muy pegados.

Cuando los novios regresaron todo el ambiente se llenó de alegría. 

Los primos de John no tardaron en hacerle las bromas propias de la ocasión, se pusieron a pasear de mesa en mesa, tomándose fotos y hablando con sus invitados. 

Al finalizar se sentaron en la mesa y se dispusieron a comer.

Luego de un rato habló el padre del novio, Joseph, dijo cosas muy bonitas sobre la familia y la unión. 

La verdad no le presté atención porque estaba organizando todo para mi momento de hablar.

Luego habló Lilian, dijo cosas igual de bonitas sobre la familia y la unión.

Sebastián fue escaso de palabras bonitas, hablo sobre lo idiota que es su hermano por tardarse tanto en marcar a Sara, pero al final lo arreglo diciendo que estaba feliz porque si no fuera por eso el jamás hubiera encontrado a su compañera. 

Todos los presentes se giraron a verme y yo solo sonreí con ganas de asesinar a Sebastián.

Varios primos de John hablaron también, un poco de lo mismo sobre la unión y la familia. 

Hasta que pasó Caroline y dijo cosas increíbles sobre su relación con John y sobre lo feliz que lo veía desde que encontró a Sara, que ella estaba feliz de tener una nueva hermana y muy pronto una nueva sobrina para mimar.

Me hicieron saber que ya todo estaba listo para que yo subiera al escenario. 

Me acerqué a los novios y les pedí que fueran a la pista de baile.

—Damas y caballeros, ahora nos dirá unas palabras la dama de honor—dijo desde el escenario la organizadora.

Me tomé mi tiempo para subir, estaba algo nerviosa, bueno está bien, estaba muy nerviosa.

Tomé el micrófono y me dirigí hacia los presentes.

—Sé que todos los que subieron aquí ya hablaron sobre lo maravillosos que son John y Sara, podría agregar una amplia lista de halagos a la pareja, pero no haré eso, sino que le daré a Sara un regalo el cual le hubieran dado personas que ya no están con nosotras—dije y me retire hacia atrás, me senté en el piano, pude ver como Sara se agarró a John y le dijo algo en el oído. 

Comencé a tocar el piano, una canción que el papá de Sara siempre nos tocaba en nuestros cumpleaños.

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