Capitulo 4

Kathy no sabía como sentirse al respecto. 

Cuando llegó a la empresa y preguntó a la secretaria por el señor Easen, la secretaria la miró con los ojos desorbitados. No tuvo tiempo de preguntarle qué hizo mal, ya que Easen ya la estaba esperando y la llevó a una oficina. 

Easen ofreció asientos a sus invitados y se sentó detrás de su escritorio. 

—¿Cómo estás, Kathy?

Kathy bufó.

—Llegué tarde por tu culpa y perdí a un cliente. 

Easen definitivamente no esperaba esa respuesta y sus cejas se elevaron. ¿Su culpa? ¿Cómo que su culpa?

—Fuiste tú quien no encontraba el zapato. Yo no tuve nada que ver.

Kathy que estaba mirando apreciando la tan hermosa decoración, giró la cabeza hacia su esposo. 

—¿No tuviste que ver? Si no fuera por ti, no hubiera estado tan cansada y me hubiera levantado temprano.

—¿Insinúas que…?

Cuando abría la boca para discutir, Dyson se aclaró la garganta, incómodo. 

—Sé que son esposos y toda la cosa pero, ¿podrían tal vez llevar su tensión sexual a otro momento? Aunque me guste el menage a trois, este es un asunto urgente.

Ambos cerraron la boca y Dyson continuó.

—Un gusto Kathya Hansen, soy Dylan el mejor amigo de los ojos de perra.

Gruñó al escuchar su apodo.

Kathy tuvo que reprimir una risa. ¿Ojos de perra? ¿Qué carajos? ¡Era el mejor apodo de la vida!

—Digo, mejor amigo de Easen y abogado personal. Yo llevaré su caso y veremos como solucionarlo rápidamente. 

Kathy asintió agradecida. 

—Eso estaría estupendo, gracias. 

Kathy no podía quedarse quieta un segundo más, por lo que comenzó a recorrer la oficina posando su mirada y tocando alguna que otra cosa.

A Easen le causó curiosidad. Nunca nadie se había sentido tan a gusto en su presencia y dicho sea de paso nadie paseó así por su despacho. Jamás. 

¿Porqué ella no era como los demás?

Siguió escuchando lo que el abogado decía hasta que encontró el nombre del dueño de la oficina. Kathy casi cae para atrás.

—¡Están locos!—susurró—. ¡Es la oficina del CEO! 

Dyson miró a su amigo y a la nueva esposa. Una, dos, tres veces. Ninguno decía nada.

¿La mujer de verdad dijo eso?

Easen fue el primero en romper el silencio.

—Lo es. ¿Y eso afecta en algo?

Kathy comenzó a recorrer la oficina aun con el vidrio en la mano que ponía "CEO" en letras cursivas. 

—¿No se meterán en problemas? ¿O no vendrá hoy?

—¿Quién?

El abogado la miró atentamente. ¿Acaso estaba bromeando?

—¡El CEO, por supuesto!

La risotada que salió de Dyson, molestó a Kathy. ¿Era la única que se preocupaba por los empleos estables de esas dos personas? Como alguien que no tiene empleo seguro ni estable, ella tomaba muy en serio empleos de oficina y demás.

—El CEO ya está aquí, cariño—Dyson se limpió los rastros de lágrimas y bajo la perplejidad de Kathy, señaló detrás del escritorio a un sereno e impasible Easen—. Es "ojos de perra"

El abogado solo llegó a alcanzar la cabeza antes de que tocara el piso pulido. Kathy, se había desmayado. 

(....)

Kathy parpadeó varias veces para entender qué estaba pasando. Bajo ella un mullido sofá la sostenía mientras miraba un techo hecho uno de uno de los materiales más caros que ahora mismo no recordaba su nombre.

Giró la cabeza solo para ver a los dos hombres mirando con asombro su pintura. No tuvo tiempo de pasar por su casa a dejarla, así que decidió traerla consigo. 

—Es la pintura que la cliente me canceló. La traje porque no tuve tiempo de ir y venir de mi casa.

Easen se acercó rápidamente junto a ella y le ofreció un vaso de agua. Agua que ella aceptó con un agradecimiento. 

—¿Te sientes mejor? ¿Es algo que suele suceder o debo llevarte al hospital?

Kathy no pudo evitar ofrecerle una mirada mordaz mientras se enderezaba.

—¡Tú también te desmayarías si te enteraras de que estás casado con el CEO! 

—Quizás—Easen sonrió encantado—. Pero es muy improbable. No existe otro CEO en el país más que yo.

—¡Dios, qué hice!

Kathy maldijo. ¿¡porqué?! ¿Porqué le sucedía todo mal?

—Sí, fue exactamente mi reacción—concordó el ceo—. Con la diferencia de que aún no has escuchado lo duro.

—¿Hay más?

Sólo cuando colocó los pies en el piso, Kathy pudo ver que tenía un saco de traje como manta. Su mirada se disparó directamente al ceo.

Fue él. 

Aunque parecía tosco y aburrido al principio, ella ya podía ver lo atento y amable de su personalidad.  

La cubrió con su traje y hasta incluso le ofreció agua nada más al despertar.  

Casi rió alto. Easen miraba por la ventana como si pudiera ver los secretos del universo pero aún así, era una persona al parecer amable.

—¿Lo hiciste tú?

Kathy asintió. Dyson estaba mirando con atención su pintura y agradeció internamente que lo estuviera agarrando correctamente. Aunque ya tenía protector y sellador le incomodaba hasta el tope ver las huellas dactilares en sus obras.

—¿Sabes? No está nada mal. Tengo algunos contactos que…

Kathya lo interrumpió antes de que siga.

—Abogado, no me malinterprete. Cualquier ayuda sería bienvenida y más si tiene que ver con trabajo, pero ¿hola? ¿Nadie va a decirme cómo solucionar ésto?

Subió la mano mostrando el enorme anillo de diamantes en su dedo anular.

—¿Qué te pasó en la mano?

Easen se acercó y frotó sin pensarlo el enrojecimiento de todo su dedo anular. Al instante retiró su mano al sentir la corriente eléctrica pasar de la mano de ella a su mano. Y por la mirada de su esposa, ella también lo sintió. ¿Qué fue eso?

—M-me lo intenté quitar pero no afloja. Y lo más extraño es que tampoco aprieta, miren.

Kathy giró sin problemas el anillo, pero al momento de tirar, se atascaba. 

El CEO miró el problema diligentemente. ¿Quizás si la lleva al hospital podrían cortar el dichoso anillo? ¿O algún especialista? No tuvo tiempo de decir su idea ya que Dyson siguió explicando la situación. 

—Como te decía—dejó la pintura correctamente a un lado y se sentó en una silla de cuero—. Según lo que leí del certificado de matrimonio está todo en orden y es legal, sin embargo deben ir al bar a averiguar más.

—¿Qué?—Kathy chilló—. ¿Tú no irás con nosotros?

Dyson la miró, divertido.

—Nunca dije que no iría con ustedes—miró la hora en su celular, escribió algo de forma rápida y luego volvió a prestar atención—. Sólo que ahora mismo no puedo. Debo de ir…—miró a su mejor mejor comunicándole con la mirada, algo que no podía decir en voz alta.

Easen asintió tenso sin ninguna palabra y antes de que Dyson saliera, comentó:

—Los alcanzaré en el bar. 

Pasaron unos minutos en silencio, cada uno sumido en su propia mente hasta que lentamente se miraron a los ojos.

—¿Recuerdas qué pasó exactamente anoche?

Kathy niega.

—¿Y tú?

Fue el turno del CEO de negar.

—Para estar casada con un extraño te ves excesivamente tranquila.

—No me trae tan preocupada—subió los hombros—. Vamos al bar, nos divorciaremos y cada uno por su lado.

—Eh, sí, sobre eso…—Kathy sintió su alma caer hasta sus pies al escuchar a su esposo titubear—. ¿Recuerdas que cuando despertaste dije que había más?

El empresario no esperó a que la mujer contestara. 

—El matrimonio no se puede disolver hasta después de los cinco años.

Esta vez, pudo aterrizar en los brazos de esposo, con su cuerpo lánguido cayendo al ceder sus piernas ante su peso. No dudaba de que moriría de vergüenza al despertar, porque era la segunda vez en menos de dos horas que perdía el conocimiento. 

Estar casada, es agotador.

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