Capítulo 3

Pasamos por un par de hamburguesas y luego fuimos a su departamento, era un edificio retirado del centro, mi atuendo no quedaba con ese lugar, yo no quedaba con ese lugar, ellos hablaban por momentos en Alemán y otros en español cuando se dirigían a mí, tenía la sospecha que iban diciendo algo sobre mí porque de vez en cuando Madeleine me miraba con una sonrisa fingida.

Su departamento era pequeño, apenas tenía dos habitaciones, un baño y una cocina en donde también se encontraba un sofá con una pequeña mesa y televisor con varios aparatos conectados, parece que son videojuegos. 

–Y bien Maggie –habló Madeleine –. ¿Qué te tenía tan triste? 

–Problemas familiares –respondí –. Cuando Dewey me habló no sabía que iba a hacer al salir de la cafetería. 

–¿Cómo que no sabías que hacer? 

–Soy casada –confesé –. Encontré a mi esposo con alguien más y lo único que se me ocurrió fue caminar por la ciudad –murmuré –. Suena ridículo, pero no sé que voy a hacer ahora. 

Bajé la mirada avergonzada, al menos ya no estaba llorando, pero era verdad lo que decía, le había entregado mi vida a Sean, iba al gimnasio para verme bonita para él, iba al salón para arreglarme para él, cocinaba para él, todo lo que hacía era para él, no sabía que iba a ser mi vida ahora. 

–No podemos decirte que va a ser de ti ahora, pero al menos puedes quedarte con nosotros, no tenemos mucho espacio y tendremos que compartir cama –sonrió Madeleine.

No es que no tuviera un lugar a dónde ir, tenía demasiadas cosas que hacer, buscar un lugar donde vivir, desalojar la casa, tramitar el divorcio, seguramente pelear con Sean por los bienes y me esperara una guerra con él por la empresa, ni siquiera sé que voy a hacer con la empresa, no recuerdo mucho de los estudios y mi padre me dejó casi toda la empresa. No me importaría mucho si de eso no dependiera mi madre y mi hermana, pero todo eso lo resolvería mañana porque está noche solo quería descansar.

–Me quedaré, muchas gracias.

Madeleine preparó la habitación para las dos, Dewey ofreció quedarse en el pequeño sofá para que yo estuviera más cómoda, pero no sé lo permití, ya era demasiada molestia estar aquí, hubiera ido a un hotel, pero significaba pasar la noche sola, algo que nunca había hecho, en casa cuando Sean se iba de viaje las empleadas siempre estaban en la casa.

*

Unos ruidos fuertes me levantaron, me asuste porque era como si alguien estuviera intentando entrar, Madeleine me detuvo pidiendo algo de calma, escuchamos que Dewey tocó nuestra puerta y salimos a la sala, solté un grito cuando la puerta se abrió bruscamente, unos hombres uniformados entraron. 

–Las manos arriba. 

Todos obedecimos, pero se fueron contra Dewey lo que hizo que Madeleine gritará, otro hombre la sujetó, no entendía nada hasta que vi a Sean entrar, el miedo se convirtió en enojo.

–Mi amor, estás bien.

Justo cuando se acercó le dí una cachetada tan fuerte que me ardió la palma de la mano. 

–¿Qué te pasa, Sean? ¡Estás loco! ¡¿Qué significa todo este circo?!

–No regresaste a casa y tuve que llamar a la policía para encontrarte, pensé que te había pasado algo. 

–¡Y no paso por tu miserable cabeza que necesito estar lejos de ti! 

–¿Señora Ford, estaba usted secuestrada por estas personas? 

Le di una mala mirada al estúpido policia que se dirigía a mí.

–Le parece que estoy secuestrada –señalé el pijama que Madeleine me había prestado. 

–Su esposo nos dijo…

–Mi ex esposo debió decirles que lo encontré durmiendo con otra mujer y le deje muy claro que nos veríamos en el divorcio. ¿Cómo me encontraron tan rápido? 

Recordé que usé efectivo en la cafetería y cuando compramos la comida le di mi parte a Madeleine, el policía ordenó que soltarán a Dewey y Madeleine.

–Su esposo nos dio la dirección por la localización de su teléfono –indicó –. Si nos permiten, hay verdaderas emergencias allá afuera. 

Observé como todos se fueron mientras mi pobre e inútil cerebro proceso lo que me acaba de decir. 

–¡Pusiste un rastreador en mi teléfono! 

–Preciosa es por tu seguridad.

–¡Tenía un guardaespaldas para mi seguridad! ¡¿Qué carajos te pasa?! 

–Estaba preocupado, Maggie –exclamó –. Me puedes culpar todo lo que quieras, pero tú seguridad es mi prioridad. 

Ya no le voy a creer, aunque esto puede ser cierto, si yo no estoy viva no tiene empresa, soy su morboso tesoro. 

–Solo vamos a casa.

–¡No voy a ir contigo a ningún lado! –retrocedí. 

–Si no sales de aquí, derribaré el edificio.

Esta persona frente a mí era totalmente diferente al Sean que había conocido antes, amenazando para lograr lo que quiere, pero no iba a caer, él era peligroso para mí, si volvía a esa casa podía perdonarlo por lo que hizo, me convencería y creo que lo sabía porque a pesar de todo aún lo quería, no lo iba a hacer.

–Entonces saldré de aquí. – Me dí la vuelta para ver a Madeleine y Dewey que estaban en total silencio. – Chicos, lamento mucho lo que este cavernícola le hizo a su departamento, puedo compensarlos si me permiten –mencioné –. Es imposible que puedan seguir viviendo aquí, así que porque no traen las cosas necesarias y podremos ir a una casa que tengo por el lago. 

–Maggie, ¿Qué haces? 

–Tienes razón, Sean, no puedo dormir aquí esta noche, mira como dejaste todo –señalé alrededor –. Ellos tienen un auto y estaré en la casa del lago, espero que no estés fastidiando y que tengas todo en orden en la empresa para que llegue el lunes. 

–¿Qué quieres decir con llegar el lunes? 

–Recuerdas que la empresa también es mía, necesito ver las cuentas antes del divorcio. 

–Maggie, por favor, deja eso del divorcio. 

Dewey salió con una maleta cruzando su cuerpo y sus videojuegos en las manos, Madeleine salió con una valija grande y su violín. 

–Iremos en tu auto, Dewey. 

–Si –murmuró sin ver a Sean. Caminamos a la salida, ellos iban adelante.

–Maggie, por favor…

–Dime algo Sean –me dí la vuelta para verlo –. ¿La despediste? 

Él parpadeó dos veces antes de entender mi pregunta, titubeo viendo a otro lado. 

–¿Quieres que lo haga? 

–Eso supuse. 

Seguí mi camino con los chicos, iban murmurando en Alemán, seguramente estaban confundidos y asustados aunque agradezco que me dieran está oportunidad y no me dejarán sola con Sean, sería tan tonta que lo perdonaría, tenía que alejarme de él hasta que mis emociones estuvieran en orden. 

*

Cuarenta minutos después llegamos a la casa, los chicos no habían hecho una sola pregunta en el transcurso del viaje, tampoco hablaron entre ellos, realmente era incomodo cuando murmuraban, los señores Martínez salieron a saludar, es una pareja mayor que cuida la casa cuando no estamos, después de disculparme por la hora le pedí a Nina que nos preparará un poco de chocolate mientras Meme llevaba a Dewey y Madeleine a unas habitaciones que estaban preparadas. 

–¿Qué ha pasado mi niña para venir a esta hora? 

–De verdad lo lamento mucho, Nina –mencioné –. Estaba con mis amigos en su departamento y tuvimos un accidente, no sabía a donde más llevarlos. 

–Está bien mi niña, ya te extrañaba –me abrazo.

Los señores Martínez han estado aquí desde que soy pequeña, está casa pertenecía a mi padre, se la dejó a mi hermana, pero cuando ella se fue de la ciudad quería venderla, así que yo se la compré, pasamos veranos inolvidables aquí, era como vender nuestra infancia, no lo iba a permitir. El teléfono de la casa sonó, Nina contestó, murmuró un par de frases, me vio y finalmente cortó la llamada. 

–Era el señor Ford, le dije que si quería hablar contigo, pero mencionó que no quería molestarte. 

–Gracias Nina –sonreí –. Quiero ser yo quien les lleve el chocolate. 

–Con cuidado. 

Tomé la bandeja y caminé hacia arriba para llevar el chocolate con los chicos, Madeline estaba en la habitación de Dewey hablaban en Alemán y cuando entré se quedaron en silencio. 

–No saben lo mucho que lamento haberlos puesto en esta situación –me disculpe –. Enviaré a alguien a reparar la puerta de su apartamento mañana mismo y podrán volver. 

–¿Volveremos? 

–¡Dewey! –regañó Madeleine –. Lo que quiere decir o preguntar, ¿qué fue lo que pasó? Dime si aluciné o tu esposo es Sean Ford el hombre más rico de la ciudad. 

Tomé lugar a la orilla de la cama. 

–En primer lugar, yo soy la más rica, el 51% de esas empresas es mío –expresé, aunque probablemente no debí decir eso –. Y ustedes lo escucharon, parece que mi teléfono tenía un rastreador y él lo utilizó para encontrarme, está desesperado porque lo perdone, por supuesto que eso solo hace porque sabe lo que hizo. 

–Lo siento mucho, Maggie –murmuró Madeleine tomando mi mano. 

–Creo que me quedaré aquí un tiempo, si estoy cerca de él podría perdonarlo –confesé –. Ustedes pueden quedarse si quieren, me gusta mucho su compañía. 

Ambos cruzaron miradas, Dewey sonrió y Madeleine se llevó la mano al mentón.

–Supongo que la puerta tardará un par de días.

–Muchos días –aclaró Dewey.

–Y tu ex esposo podría aparecer por aquí y tú estarías sola.

–Alguien tiene que cuidarte –siguió Dewey que sonreía.

–Si tanto nos quieres aquí, nos quedaremos.

Eso fue tan fácil que me hizo preguntarme si siempre fue así de sencillo hacer amigos, ellos eran tan amables y relajados, se veían más jóvenes pero Dewey tenía 21 años, mesero por el momento, está ahorrando para una carrera en la universidad, Madeleine tenía 29 años había estudiado en el conservatorio y trabajó un tiempo en las calles tocando y ganando algo de dinero, luego consiguió un trabajo en un orquesta hasta que se el director murió y ahora estaba por tener otra audición, espero que logré entrar.

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