(4)

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Era increíble como el doctor Mark me podía hacer como él quisiera. Ese poder que tenía en mi era un peligro, ya que yo fácilmente podría caer en este. Yo solo pensaba en que nos odiábamos mutuamente, pero ahora hay algo más qué me hace sentir realmente atraída a él.

Él me sacó de su linda oficina con rapidez, ya que tenía una cirugía programada y tenía que prepararse para está, mientras que yo tenía que revisar a algunos pacientes con una gripe de temporada.

Después de hacerlo, me tome un pequeño descanso y fui al jardín que tenía el hospital, donde se pasean a los enfermos que llevan bastante tiempo aquí y mejorar su humor. Desde lejos vi a esa pequeña niña dolor de culo, llamada Liza. Ella estaba leyendo un libro bastante maduro para su edad, llamado "La última elección" y como estaba sola, no dude en acercarme a ella.

–Hola.–La salude mientras me pare al lado de su silla de ruedas.

–¡Vete!–Resopla al verme mientras se sigue uniendo en ese libro con el tema más duro. La muerte.

–Pareces estar algo solitaria, ¿no quieres algo de compañía?–Le pregunté mientras quiero ser más amable para entender su mal humor.

–Soy demasiado lista para que te juntes conmigo.–Escupe con astucia, mientras me hace sentir como una analfabeta a su lado.

–Tal vez sea torpe, pero eso no significa que sea tonta y seas más lista que yo.–Ella solo suelta el libro para reírse a carcajadas de mí.

–No sé cómo te dejaron entrar a este prestigioso hospital.–A pesar de su corta edad, ella luce como una sabelotodo.

–Tuve buenas notas.–Le contesté enojada, mientras intento defenderme.–Deberías de respetar más a tus mayores.–La regaño porque es descortés.

–No lo creo.–Ella no está de acuerdo conmigo, así que siempre tiene algo que decir.–Odio a las personas estúpidas, como tú.–Por un momento pensé que esta niña era como el doctor Dante, tan molesta y prepotente.

–¿Y por qué nadie está contigo ?–Le pregunté intentando meterme un poco más en su vida.

–Eso no te importa.–Me dice de inmediato cerrando el libro e intentando alejarse de mí.

–Yo te llevo a tu cuarto.–Le dije sosteniendo sus silla con fuerza, para que no se fuera sola.

–¡No, lo más seguro es que dejes caer mi silla por las escaleras y me rompas un hueso!–Exclama enojada.

–Confía en mí, no lo haré.–Ella no tenía más opción que dejar que yo llevara su silla. Así que la lleve a su habitación, que estaba demasiado fría para la pequeña. Y al acostarla en su cama, prendo el calentador para que no pase frio.

–¿Quién te dio permiso de prenderlo?–Me pregunta mirándome con una vena sobresaliendo de su frente.

–Hace frio y te resfriaras si no te mantienes calientes.–Le digo tratando de que ella tenga una cálida habitación, no un congelador.

–Odio el calor.–Dice cruzando sus brazos, mientras sigue frunciendo el ceño.

–Dime que no odias niña.–Dije un poco fastidiada, ya que a mi parecer ella odiaba todo en este mundo.

–Ja–Ja.–Hace una risita falsa, pero antes de decir algo más, una voz clara y fina se escuchó en el cuarto.

–¡Hola Liza!–Dice muy animoso el doctor Steward. El siempre luciendo una sonrisa muy alegre a donde quiera que va.

–Buenas tardes, doctor Harry.–Contestó la niña con una sonrisa impresionante, cambiando de ser una asesina, a ser un símbolo de paz y bondad.

–Hola.–La saludó, para luego mirarme a mí.–¿Jane, te toco turnos?–Pero antes de contestar la pregunta del doctor Steward, la niña lo hace por mí, supongo que está celosa de que él me hable.

–Solo hace que me moleste, no quiero verla más.–Dijo mientras luce ofendida.

–¿Por qué no eres un poco más dulce con la enfermera Jefferson?–Me defiende mientras yo estoy tan creída, siendo defendida por alguien como él.–Ella es buena en lo que hace. –Realmente sabía que el doctor Steward era de corazón noble, mientras ella solo rueda los ojos y niega con la cabeza.

–Es estúpida.–Gritó señalándome con sus pequeños dedos morados.

–Tus dedos.–No me importo lo que dijo de mí, yo solo me preocupe por ella. Tome sus dedos y noté que estaba muy fría, así que estoy muy impresionada de verle así.

–Es falta de oxigenación.–Dice Harry de inmediato.–Es normal para lo que tiene Lizy.–Por un momento quería ayudarla, pero sabía que yo no era doctora y no podía ayudarle en nada. Lo único que hacía era hacerla enojar.

*

Al salir de la habitación de Liza, mi curiosidad por saber lo que ella tenía se hizo más grande, a pesar de que el doctor Mark me había comentado algo, pero se me olvido al tener tantos encuentros extraños con él.

–Doctor Steward, ¿me puede explicar más sobre la enfermedad de Liza?–Pregunté mientras camino junto a él por los pasillos de la zona pediátrica.

–Tiene cáncer.–Me dice con tristeza mientras se que es lamentable que alguien tan joven esté pasando por algo como eso.–Es en los huesos y en la sangre, se lo detectaron cuando tenía cuatro años, así que ella vive aquí desde que tiene memoria, por eso es que tiene un carácter bastante fuerte.

–¿Por qué sus padres nunca están aquí con ella?–Pregunté enojada por el hecho de que jamás había visto a una niña más sola como ella.–Con razón esa niña es como es.–Dije pensando en lo fríos que han de ser sus padres, al dejarla sola.

–Su padre...–Trata de decir el doctor Steward, pero alguien nos interrumpe.

–Doctor Steward.–Dice una enfermera viniendo de la nada.–El doctor Mark, necesita que vaya a quirófano.

–Lo haré, te veo después.–Me dice despidiéndose de mí, mientras yo suspiro profundamente y caminó hasta donde está Ross.

–¿Te puedo hacer una pregunta?–Le pregunté mientras ella salía de la estancia de enfermeras con algunos papeles en las manos.

–Si, dime.–Me dice siempre con una sonrisa.

–¿Alguna vez el doctor Mark coqueteo contigo, o algo parecido?–Pregunté realmente interesada en saber si él era así con todas las enfermeras. Ella por otra parte se ríe de inmediato, parecía que yo le estaba jugando una broma por la manera en que reaccionó.

–¡Por supuesto que no!–Dijo con una risa.–Yo ya quisiera que un hombre como él me coqueteara.–Ella es más bella que yo claramente, ¿cómo podía ser que el doctor Mark no estuviera interesada en ella?–Nadie es demasiado buena para él, algunas piensan que es gay pero personalmente yo no lo creo, es solo que es muy reservado y habla poco, bueno le gusta gritar y molestarse.–Dice mirándome, ya que yo soy la prueba de que le gusta gritar y mucho.–Solo contigo.–Eso no me hacía sentir alagada en lo absoluto.

–Si, lo he notado.–Dije mientras siento pena por mí misma.

–Pero pareciera que contigo es más agresivo, le encanta hacerlo contigo.–¡Gracias Ross! Eso no me hacía sentir mejor.

–Sí.–Suspiré triste mientras saco mi labio inferior.–¿Mejorará?–Trato de ser optimista una vez más, pero sé que eso jamás pasará.

–Tal vez.–Me dice no muy segura mientras piensa en sí esto tal vez pueda mejorar. Realmente estaba preocupada, no quería estar con el doctor Mark si él iba a actuar así, yo no puedo acostarme con mi jefe y tampoco puedo aguantar su estado de ánimo tan cambiante, así que voy a recursos humanos para ver si me pueden ubicar en otra parte. Era la única opción para mí en ese momento.

*

–¿Ubicarte en otra parte?–Me pregunta la joven voluptuosa de vestido negro, que es encargada de dar los puestos en el hospital.–Es un chiste, ¿verdad?–Pregunta con furia mientras yo niego con mi cabeza temerosa.

–Tienes uno de los mejores puestos en el hospital como enfermera, ¿quieres que te mande a otra parte, para que puedas limpiar bacinicas y tender camas?–Me pregunta con nada de sutileza, así que de inmediato niego con mi cabeza, demasiado asustada.

–No señora.–Le digo casi haciéndome del baño enfrente de ella.

–¿Por qué te quieres cambiar?–Me pregunta sin entender.–Miles de enfermeras me piden a diario estar con el doctor Mark.–De inmediato me doy cuenta que desafortunadamente o afortunadamente tengo un puesto que es privilegiado.

–No es solo que...–Pero ella no me deja hablar, parecía que le había ofendió el hecho de que yo pidiera un cambio.

–¡Pero nada! Te quedarás en donde estas.–Así que con la cola entre las patas, salgo de la oficina intentando no hacer enojar más a la mujer loca.

*

Cuando subo a mi puesto, me encuentro con una mujer alta con una bata realmente blanca, supongo que es doctora. Ella está platicando con los doctores Steward y Mark.

–¿Quién es ella?–Le pregunté a Ross, ya que la mujer era como una muñeca humana, es muy guapa y tiene un porte realmente elegante.

–¡Oh! Ella es la doctora Abby Miller. Es la doctora más respetada en este hospital, todos suponemos que ella y el doctor Mark salen.–Eso me hizo sentir algo mal, pero ¿por qué me siento mal?

–¿No dijiste que era imposible?–Pregunté sin más, mientras veo como su pelo negro flota en el aire, mientras sus labios rojos se abren y su mirada miel, hace derretir la retina por lo bella que es.

–Pues para ella todo es posible, es hermosa, alta y muy culta. Ellos siempre van a la ópera o a los museos cerca.–Dice hablando fascinada de su relación.

–¡Oh!–Realmente no sé qué me pasaba, así que solo guarde silencio, mientras en mi mente había una guerra.

–¡Jane!–Me despierta Ross de mis pensamientos.–El doctor Mark te habla.–Al instante me doy cuenta de que está furioso, así que corro hacía él, sintiéndome muy nerviosa.

–¿Si?–Dije temerosa mientras intento mirar al suelo.

–Te he estado hablando por más de un minuto, ¿estás soñando despierta, acaso?–El luce tan indiferente cuando me regaña, lo que me hace sentir mal por qué él es tan cambiante.

–Lo lamento.–Le respondí mirándolo a los ojos y moviendo mi cabeza, intentando despertarme a mí misma.

–¡Bájame la mirada!–Me grita mientras yo de inmediato lo hago. Nunca antes alguien había logrado hacer que yo misma bajara mi mirada. ¡Que m*****a rabia siento por dentro!

–Dante.–Dice la doctor Abby, sorprendida de los alcances que tiene el doctor.–¿Eres nueva?–Su belleza es impresionante en cuanto la miro de cerca, su pelo negro es brilloso y sus ojos miel hacen que me quede con la boca abierta.

–Si. –Le contesté nerviosa al ver a una de las mujeres más bellas que he visto en mi vida.

–Soy Abby. – Se presenta con una sonrisa muy bonita. – Disculpa a Dante, es un poco brusco.–Lo mira con seguridad, mientras pasa su mano sobre su brazo musculoso.

–No se preocupe.–Le dije sintiéndome el patito feo, mientras estoy resignada a qué él me trate como basura.

–Abby deja que yo me encargue de mi enfermera.–Le regaña mientras la mira con frialdad.

–Si, Dante.–Dijo ella como si fuera una sumisa.–Nos vemos.–Ella era demasiado hermosa y linda, claro que le encantaría a al doctor Dante, así que trato de hacer como si no me importara el hecho de que ella fuera su novia.

–Deja de papar moscas, te necesito.–Me dice jalandome del brazo, llevándome directamente a su oficina, en donde actúa como un extraño conmigo.–Necesito que entregues estos informes a la enfermera superior y también necesito que estés en quirófano conmigo en veinte minutos.

¡Wo! sí que es un doble cara, ahora está actuando frío conmigo, como si fuera una extraña. Así que resignada bajó a la estancia de las enfermeras, para darle a Ross los expedientes.

–Toma, el doctor Mark me pidió que te los bajara.–Le dije apurada mientras estoy nerviosa.

–Bien, es el expedientes de Liza.–Esa niña es un dolor de culo, pero aunque no lo quiera admitir, mi corazón se rompió cuando supe que tenía cáncer y no solo uno, dos tipos de cáncer, ambos mortales.

–¿Crees que me puedas contar sobre esta niña?–Le pregunté muy interesada.

–Claro.–Dijo caminando conmigo.–Ella perdió a su mamá cuando nació.–Que mal me siento.–Ella nació en este hospital, así que nunca olvidaremos a esta pequeña, y su padre es...–Pero antes de terminar lo que me iba a decir, una enfermera me llamo.

–Jane, el doctor Mark te necesita en quirófano.–Me grita apurada.

–Si, me tengo que ir, lo siento.–Dije mientras corro con rapidez hacia el quirófano.

–No te preocupes.–Me dice mientras yo me alejo.

Al llegar al quirófano, estaba el doctor Mark con otras dos enfermeras, ya uniformada con el traje especial para cirugía.–Ya vine doctor.

–Ponte de inmediato el traje.–Yo hago lo que me pide y cuando termino, veo sobre la plancha a una mujer joven con sangre derramando de su bata.

–¿Que paso aquí?–Le pregunté interesada, mientras él es demasiado importante como para contestarme, así que la enfermera de al lado me responde.

–Recibió un balazo y tenemos que quitar la bala del pulmón derecho, si no este se perforara.–Yo solo asentí con la cabeza.

El doctor Mark era muy bueno en esto, abrió de la mujer en tres segundo, para después pedirme unas pinzas.

–Pinzas.–De inmediato se las doy, aunque hay demasiadas pinzas para confundirte.–Algodón.–Me pide mientras yo de inmediato le doy un algodón. Después la enfermera de al lado me dice al oído:

–Limpia la frente del doctor.–Yo no quería hacerlo, pero tenía que hacerlo, así que tomé un pequeño trapo y lentamente le sequé el sudor a el doctor Mark. Su mirada fuerte se fijó en mí, de inmediato sentí una electricidad pasar por mi cuerpo y quité la mano. Él solo se mofo, ya que aunque tuviera cubre bocas no lo escondía.

Después de extraer la bala, todo empezó a ser peor, las enfermeras empezaron a salir del quirófano cuando todo termino, dejándome sola con el doctor Mark.

–¿Así que te pones nerviosa al limpiar mi sudor?–Me pregunta mientras está cosiendo la herida de la mujer. La bala había sido extraída mientras que sus signos vitales estaba muy bien, así que la enfermera pediría camilleros para transportar a la paciente al área de atención intensiva.

–No, es solo que se me hace innecesario secarle la frente cuando usted suda.–Dije aparentando estar molesta, pero era algo que una enfermera debe hacer en cualquier momento, así qué sé qué quizás lo dije por egoísmo.

–Vi esas mejillas enrojecerse como un tomate, no lo tomaría a la ligera si no fuera así, señorita Jefferson.–Dijo con su voz ronca, qué es tapada por él cubrebocas, mientras que a pesar de que yo llevo también un cubrebocas, no puedo evitar estar tan roja como un tomate.

–Puedo tomarlo como yo quiera doctor Mark.–Dije aun molesta, mientras trato de entender, porqué tantos cambios de humor.

–Bien, ¿no crees que sudando me veo más sexy?–Me pregunta él cínico.–Supongo que es lo primero que se te vino a la mente, quisieras que sudara en tu cuerpo o me lo negarás.–Alza una ceja, aun cuando trae un gorro de color azul y se ve ridículo.

–Eso es tan desagradable, quisiera quemar mis oídos para dejar de oír tanta estupidez.–Yo aún tengo que estar a su lado, hasta que él me diga que me retire, así que estoy agonizando. Cuando termina con la mujer, yo la cubrí con una manta color azul.

–Admítalo señorita Jefferson, usted quiso que yo siguiera quitándole la ropa como lo hice hace rato.–Ahora mis mejillas se ponen rojas y mi piel se eriza, él está siendo un desvergonzado.

–Eso solo fue un gran error doctor Mark, no piense que se volverá a repetir.–Yo intento grabarme estas palabras en la mente.

–Ya veremos señorita Jefferson.–Me dice alzando una ceja astutamente, mientras yo solo reprimo mis odios y me hago la idea de que él siempre será mi jefe, nada más.

*

Después de salir del quirófano, me encuentro con Ross, quien pasó enfrente de este, con su carrito de medicinas.

–Hola, lamento que no pudiera escuchar lo de Liza, ¿ahora puedes?–Me pregunta con su sonrisa de siempre.

–Si.–Dije tranquila y al mismo tiempo algo confundida. Así que nos vamos a la estancia y no sentamos con dos cafés.

–Como te dije, Liza perdió a su mamá cuando nació y su padre es el doctor Mark. –Todo fue tan rápido, como si fuera una película de terror. La niña dolor de culo, ¿era la mismísima hija del otro dolor de culo en mi vida? Todo empezaba a tener sentido ahora, eran tan parecidos que era obvio que eran padre e hija.

Lo molestos, arrogantes y muy brillantes, ¿cómo no me di cuenta?

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