Capítulo 5

«Querida Luana:

Te amo con toda el alma, aunque no lo creas, nunca deje de hacerlo y la prueba de esto es nuestro encuentro de ayer, si te seguí, te sigo desde hace mucho tiempo, mi corazón no puede aceptar esta separación y sé que, aunque tú no lo des por aceptado, yo tampoco te soy indiferente, lo sentí ayer en tus besos y en tu mirada, fue como si el tiempo no hubiera transcurrido, quisiera que volviéramos a vernos, a estar juntos, pero sé que eso es imposible, por tu bien y por el mío.

Quiero que sepas que nunca nadie pudo ocupar tu lugar, nunca deje de pensarte ni de amarte, ahora vivo en un infierno, me siento mal con ella, pero sobre todo contigo, no debí de actuar de esa forma tan impulsiva, debí ser más racional y mantenerme alejado de ti como lo estuve haciendo durante todos estos años, pero simplemente soy un ser humano con sus errores y defectos y aunque eso no es una disculpa ni me libera del daño que te debo estar causando, si espero que por eso me puedas perdonar.

Todo este tiempo solo estuve evitando este encuentro, pero ayer no resistí más y te seguí, no fue casualidad nuestro encuentro, quería saber si tú me habías olvidado, si aún sentías algo por mí, aunque sea pequeño. Y ahora puedo confirmar que lo nuestro jamás termino y que está ahí escondido en nuestros corazones. Tú siempre serás mi pequeña princesa.

Sé que actué mal y por eso te pido perdón, pero tengo tanta sed de ti que me cuesta respirar, ansío verte, tomarte entre mis brazos y fundirme en ti; pero sé que es incorrecto, pero como le digo a mi corazón y a mi cuerpo que tú eres prohibida, como me digo a mi mismo que no debo pensarte ni soñarte.

Ahora solamente me quedara tu recuerdo y aunque este triste y con ganas de morirme, únicamente me quedara sonreír ante los demás para no destruir a seres inocentes, que no pidieron estar inmersos en esta situación.

Espero y ruego a Dios que tú si puedas olvidar lo sucedido, porque yo no podré hacerlo jamás... adiós mi amor... adiós para siempre.

Valentino»

La confusión en el corazón de Luana era cada vez más intensa, sentía que aquel beso la había transportado a su pasado, a un pasado olvidado y que había tratado de ocultar por ocho años.

Cerró los ojos y se dejó llevar por su pasado.

Luana y Valentino eran una pareja muy feliz, habían planeado casarse apenas ella se graduara de la universidad y para ello tan solo faltaba un año; Valentino era un joven muy responsable, a sus veintitrés años ya tenía un empleo estable, ya que trabajaba como ingeniero residente en una compañía de la capital, Luana se sentía orgullosa de él por sus logros y aptitudes, pero en los últimos meses algo había ocurrido en su interior, sentía cierta apatía y tristeza, no estaba conforme con lo que tenía… quería algo más.

Su relación le parecía tan monótona e insostenible, era tan estable que le producía temor, sentía que muy joven se había comprometido, quería olvidarse de los compromisos y vivir la vida como los demás jóvenes de su edad, a sus veinte años estaba harta de la continuidad, de tener que dar explicaciones a Valentino de todo y por todo, quería salir huyendo de aquel compromiso que la asfixiaba que poco a poco iba acabando con su alegría de vivir.

Valentino la sofocaba con sus atenciones, con sus mimos, jamás le decía que no a cualquier cosa que ella le pidiera por muy absurdas que parecieran. Ella hubiera querido que el fuera más independiente, que no la pusiera como el centro de su vida, pero él era así y ella estaba harta de estar con una persona sin personalidad.

Era diciembre del dos mil nueve cuando Luana conoció a Nicolás, un muchacho de veinte años, de tez canela e increíbles ojos negros, fueron presentados por unos amigos mutuos, desde un principio le impacto su aplomo y determinación, su libertad para hablar y expresarse virtudes que le faltaban a Valentino, empezó a sentir admiración por aquel muchacho de ojos inquietos, una admiración que poco a poco había dejado de sentir por Valentino.

Nicolás, por su parte, la llenaba de halagos, festejaba cada broma que ella hacía, poco a poco fueron convirtiéndose en amigos incondicionales que se cubrían el uno al otro, eran un dúo que causaba envidia

entre sus compañeros y amigos, ambos obtenían las mejores calificaciones del aula y siempre estaban en competencia, para ver cuál de los dos era el mejor.

Poco a poco Luana fue dejando de lado a Valentino, ya nunca tenía tiempo para él y cuando estaban juntos siempre terminaban discutiendo, Valentino le reclamaba su falta de atención para con la relación y ella le recriminaba que siempre se estaba quejando por todo y culpándola a ella por todo lo que pasaba, sin pensar que ella era la gran responsable de aquel alejamiento.

Transcurrieron más de seis meses desde que Luana conociera a Nicolás, y luego de reflexionarlo mucho decidió decirle a Valentino que debían terminar, que la relación de ambos había llegado a su final, sentía lástima por ellos, pero creía que era lo mejor, no quería hacerle más daño, pero Nicolás le tenía cautivada, hacía mucho tiempo que no se sentía así, había vuelto a soñar, a vivir; estaba diferente, todos se lo decían, mientras Valentino no se daba cuenta de aquel cambio, no notaba lo que pasaba con ella o no quería darse cuenta, la trataba como si nada hubiera cambiado y eso la hacía sentirse mal, se consideraba una mala persona, pero debía tomar una decisión y pronto.

Aquella noche, Luana fue a buscar a Valentino, debía decirle aquello que la había estado atormentando desde diciembre pasado, quería algo serio con Nicolás y para ser sincera, Valentino ya solo le era un estorbo.

—Hola mi amor, ¿cómo estás? —pregunto Valentino.

—Hola Valentino, ¿cómo estás? —respondió Luana, un tanto inquieta mientras ponía su mejilla para que Valentino sé la besara —Hay algo que tengo que decirte.

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