Experiencias
Daniel le acercó la bebida que había pedido para ella. De esa manera no le caía encima igual que un lobo hambriento.

—Tu trago.

Ella lo tomó detallando la expresión en su rostro, pero no obtuvo indicios de nada.

—No voy a morir cuando lo pruebe, ¿cierto? —bromeó.

—¿Crees que quiero matar a la fuente de mi placer?

La joven probó dando un pequeño sorbo y sintió apenas el sabor a alcohol, además del dulzor frutal de la bebida. Asintió en aprobación y volvió a dar otro trago.

—Hum… delicioso

—Alexander…

—¿Cómo? —preguntó sin comprender a qué se refería.

—Tu trago se llama Alexander —le aclaró mientras besaba el escote en su espalda—, vamos.

—¿A dónde? —inquirió confundida.

—A bailar, Ángel. ¿O es que los ángeles no bailan? ¿Solo vuelan?

—Bueno, no te quejes si te enseño a sudar de otro modo, truhan. No quiero quejas si te cansas, ya sabes, no eres tan joven como yo.

Daniel rio ante su comentario. Sin saber en qué se estaba metiendo.

Al salir del reservado, la música era mucho
Emma Richardson

Nota, esta historia contiene erótica, así que, por favor, si no te gustan este tipo de historias, no leer. Espero que lo estén disfrutando.

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