De CEO a vaquero
De CEO a vaquero
Por: Dehy Rodríguez
Capítulo 1

LONDRES 

BALTHAZAR 

Estaba en Londres con Jazziel en una reunión de emergencia con unos inversionistas, mi reunión se había alargado más de lo esperado así que acordamos con vernos en el bar del hotel donde nos quedábamos. 

Estoy saliendo de la empresa cuando me llega un mensaje de mi supuesto amigo. 

*Cambio de planes, conecte con una bella pelirroja*

Y así sin más me dejo botado por una mujer. 

¡Genial! 

Pedí un trago al llegar a la barra y vi a mi alrededor, ya que estaba desocupado iba a solucionar eso. 

Sólo media hora después estaba caminando hacia el ascensor de la mano de una linda morena. 

—Vamos —susurra pícara, me lleva arrastras hasta el elevador— házmelo aquí— exige mientras se voltea y sube un poco su vestido. 

Me deja apreciar su intimidad y levante las cejas. 

—Mujer traviesa, no llevas bragas —exclamó pasando un dedo por su cuerpo. 

Su cuerpo se estremece por mi tacto y es por eso que me gusta el juego de deseo, es una transacción limpia, puedes ser tan pecador como tú quieras, cualquier posición y lugar te sirven para llegar a final del acuerdo mutuo entre dos o más personas. Yo amo a todas las mujeres, amo sus cuerpos y como reaccionan a mi toque. 

No puedo decir más porque el ascensor llega al piso donde la mujer se hospeda, creo que se llama Jin, Jenn, Janet no recuerdo bien. Empezamos hablar de las cosas que tenemos afines y una cosa llevo a otra, es de curvas modestas, tiene un vestido negro, su rizado cabello color chocolate compite con el exquisito color de su piel tostada, llegamos a trompicones a su habitación, abrimos y entramos a su habitación con tropezones. 

Luego de unas horas desenfrenadas recupere la compostura la llevé a su cama y la dejé desmadejaba y con una sonrisa satisfecha mientras me fui al baño, me encargue del preservativo y me lave rápidamente, salí y me puse mi arrugado traje mientras ella volvía un poco en sí. 

—¿Ya te vas? —pregunta entre soñolienta y herida. 

—Sí, mañana tengo un almuerzo de negocios— habló mientras me pongo mis zapatos. 

—Puedes quedarte e irte en la mañana.

—Yo nunca me quedo a dormir— arregle mis gemelos e ignore mi traje arrugado mientras le eche un vistazo rápido a la mujer desnuda en la cama—fue un placer conocerte. 

—Ni siquiera recuerdas mi nombre ¿cierto?

—Cierto— no me gustaba mentir, no veía la necesidad. 

—Eres un desgraciado hijo de p**a.

—¡Ey! Que mi madre no te ha hecho nada — me gire en mis talones furioso y me largue de ese lugar. 

El estrés que había logrado drenar volvió a mí como un fuerte dolor de cabeza. Bonita noche de sábado me tocó. 

El lunes llego a mi trabajo a las seis de la mañana como ya es costumbre, las oficinas abren a las ocho por lo que no hay ni un alma alrededor salvo dos o tres trabajadores de limpieza que me saludan al pasar, abro mi oficina con una clave especial que se cambia cada tres días y me siento detrás de mi escritorio, prendo mi computadora, busco mi pluma de oro en el cajón de mi escritorio, reviso una pila de documentos que tienen que ser firmadas y en lo que mi computadora se enciende busco la bolsa de valores, todos los días sigo mi rutina de manera rigorosa, no importa que, mi rutina no se interrumpe, es una de las cosas más importante para mí tener un parámetro siempre, estoy encargado de una multinacional desde hace diez años que mi padre me dejó a cargo de ella para él retirarse y la he hecho crecer el doble, mi trabajo principal es comprar empresas pequeñas, desmantelarlas, armarla y venderlas al mejor postor, soy como un sabueso en cuanto a ofertas se habla. No por algo me llaman wolf. 

Somos la multinacional más grande del mundo, somos innovadores en tecnología, armas, medicina y mi especialidad edificios y empresas antiguas listas para restaurar y vender, Elliot McNeill se encarga del área de medicina, Camilo Baxter es el encargado en el área de armas, Jazziel Dunn es el experto en el área de tecnología de la nueva era y todos somos mejores amigos, cuando mi padre me hizo un llamado de querer jubilarse le dije que cambiaría la manera de ver la empresa, la llevaría al futuro y él acepto. 

—Señor Lennox, tiene una llamada urgente de su padre—  la voz de mi asistente interrumpe mi trabajo por el intercomunicador. 

«Hablando del diablo» pienso. 

—Dile que estoy en una junta, Rita— apretó el botón para responder. 

Amo a mi padre, pero a veces se quiere inmiscuir mucho en mi vida. 

—Ya intente eso señor, dice que y cito: si no contesta el maldito teléfono estaré montado en un avión para hablar personalmente con él. 

—Pasa la llamada Rita y muchas gracias —bufé, tomando la llamada —padre, no es necesario hacer estas cosas. 

—Lo son, si juegas a ignorar al hombre que te engendro, Balthazar. 

—¿Qué es lo que quieres padre como esta Rosa?

Mi padre esta en su segunda luna de miel con Rosa su esposa, que me amenace con que va a interrumpir su luna de miel por mí, es un golpe bajo. Rosa no me lo perdonaría. 

—La hacienda Las Colinas, esta teniendo problemas y te necesito allá. 

—Contrata a alguien padre, sabes que estoy saturado de trabajo. 

—El capataz murió Balthazar, solo queda su hija Cassy, sabes que siento un cariño especial por las tierras de tu madre— la voz de mi padre se quiebra un poco al pensar en mamá —solo quiero que estés dos semanas como máximo y que veas como está la hacienda, si todo marcha bien dejo a su hija en el puesto de su padre. 

—Es una mujer padre, deberías buscar a alguien más capacitado. 

—No subestimes el poder de una mujer Balthazar, esa chica creció entre los caballos de esa hacienda y según lo que su padre me decía, tenía más bolas que cualquier hombre del lugar. 

Resople divertido aún así accedí, por la memoria mi madre.

—Bien, en una semana me acerco y solo pasare una semana.

—Gracias, Balthi— dice el nombre que mi madre me decía de niño— me quedo más tranquilo si tú vas. 

Me despido de él y quedamos en que nos veremos a su regreso, lo cual no será sino dentro de dos meses. 

Me quedo pensando en la hacienda, hace mucho tiempo que no voy al rancho, la última vez que fui mi madre había enfermado y mi padre ni yo queríamos recordar sus últimos días. 

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