Primer encuentro

Nuestro nuevo general se encontraba en su nueva oficina leyendo los expedientes de sus reclutas tal y como su padre le había ordenado. Había de todo un poco, la mayoría eran alfas, el resto se dividía entre betas y omegas.

 Aunque parezca curioso, había ciertos betas que no estaban de acuerdo con la rebelión. Para ellos, no debería de haber una casta superior, ni los alfas deberían someter a otros ni los betas. Por eso decían que estar del lado contrario, era una manera de decir que todos eran iguales y nadie estaba por encima de nadie.

Aún no era medio día, hasta el momento todo estaba tranquilo, hasta que…

-¿Dónde está mi general favorito?

Una voz alegre y bastante alta inundó de repente la tranquilidad de su oficina. Craig soltó un suspiro de frustración y alejó su mirada de los papeles para mirar a su molesto amigo.

-¿Qué demonios sucede contigo Garret? ¿Por qué gritas así?

-Lo siento, lo siento, es que no puedo evitarlo. Mi mejor amigo ahora es un general, estoy tan orgulloso—fingía llorar mientras corría a abrazar a su amigo.

-Tócame y te lastimo.

Garret sabía que no bromeaba, así que se detuvo inmediatamente y se sentó de lo más tranquilo en las sillas frente al escritorio.

-Sabes, la violencia no siempre es necesaria.

-Cállate.

Pero como era de esperarse, no lo hizo. Habló sobre tantas cosas en tan solo 10 minutos que Craig no podía seguirle el ritmo. Intentaba concentrarse en los expedientes frente a él, pero la voz de su amigo era tan cantarina y llamativa que estuvo a punto de lanzarle la pluma en su mano.

-Ya en serio, dime qué diablos tengo que hacer para que…

Craig hubiera terminado su pregunta, pero una alarma comenzó a sonar a través de los altavoces, diciéndole que algo malo estaba sucediendo.

-¿Qué significa eso?—preguntó Garret

-Es una alarma, significa emergencia. Ve a la torre de vigilancia y avísame que sucede.

Garret corrió sin preguntar más y Craig corrió detrás de él. Inmediatamente se había desatado un caos dentro de la base. Personas corriendo dentro y fuera, entrando y saliendo de sus oficinas y preparándose para lo que sea que estuviera pasando. ¿Y si era un ataque? ¿Y si habían lastimado a alguien dentro de la base? ¿O era algo peor?

Craig llegó a la entrada y vio un par de camionetas conduciendo a alta velocidad para llegar hasta ellos. Estuvo a punto de dar la señal de ataque de no ser porque vio que esas camionetas eran de ellos. Eran las mismas camionetas que habían salido esta mañana a recoger a los nuevos reclutas.

La duda de qué había pasado ni siquiera se terminó de formular en su cabeza cuando una de las camionetas se detuvo frente a él y de esta bajó Takeo, él hombre que desde el momento en que su padre lo puso al mando, debía de ser su mano derecha.

-¡Takeo!—gritó Craig mientras corría a ayudarlo, el hombre sangraba y no parecía poder permanecer mucho tiempo de pie— ¿Qué rayos pasó?

-Emboscada. Los malditos nos tomaron por sorpresa—dijo Takeo con una voz que dejaba más que claro que necesitaba ayuda.

Casi como si los hubiera invocado con su mente, doctores y enfermeras aparecieron para llevarse a Takeo. Craig quiso ir con su amigo, pero más camionetas llegaron, y con ellas, más heridos. Craig corrió y ayudó a cuantos pudo. Jamás había visto tal caos, pues a pesar de que lleva toda su vida en el ejército, nunca había participado en una guerra.

Ayudó a llevar a tantos heridos como su cuerpo y fuerza le permitían. Su ropa ahora estaba manchada de sangre y pensó en la promesa que le hizo a su madre. Si ella lo viera así, probablemente se desmayaría.

Después de llevar a algunos heridos a la enfermería, corrió de regreso a la entrada a continuar con su deber, pero sin saber cómo o por qué, se detuvo.

Sus ojos vagaron entre la calamidad, como buscando algo en específico. Su cuerpo se sentía pesado y su mente parecía perdida. Casi parecía ver todo en cámara lenta y le zumbaban los oídos. Su vista se detuvo en una última camioneta y como un imán atraído por el metal corrió en su dirección. La gente no lo dejaba avanzar tan rápido como quería pero se reusó a disminuir el paso.

¿Por qué iba a esa camioneta en específico si había muchas otras más cerca que también necesitaban su ayuda? No lo sabía, al menos no en ese momento.

Llegó a la camioneta, pero antes de abrir la puerta esta se abrió desde adentro dejando caer un cuerpo sobre él. Gracias a sus reflejos, evitó que quien fuera esa persona le cayera encima y lo atrapó en sus brazos.

No importaba lo que pasara e incluso si él no lo sabía aún, jamás olvidaría ese momento.

Era un muchacho, de al menos unos 18 años, de tez blanca; sus ojos cerrados dejaban ver sus largas pestañas dándole un toque afilado y sus labios, Dios, sus labios eran de un color cereza que Craig jamás había visto, lucían tan suaves y prominentes que estuvo a punto de tocarlos.

Examinó su cuerpo, se veía bastante delgado, pero sentía pequeños músculos debajo. Pudo haberse quedado ahí, mirándolo hasta grabar en su mente cada pequeño detalle de ese misterioso chico en sus brazos, pero la mancha de sangre en su ropa le dejó más que claro que había cosas más importantes.

-Perdió el conocimiento hace como 5 minutos—dijo una extraña voz a su lado—ha perdido mucha sangre y creo que respira más lento.

Su tono de voz preocupado le dijo a Craig que debía conocerlo.

-¿Cómo te llamas?—preguntó Craig al extraño chico de ojos pequeños y cabello negro.

-Owen, ¿pero eso que tiene que ver con que Marcus se esté muriendo?—exclamó asustado.

                                                    “Marcus. Su nombre es Marcus.”

-Escúchame bien Owen, vas a correr a la enfermería y les dirás que preparen todo lo necesario para atender a tu amigo, diles lo mismo que me dijiste a mí—sus ojos estaban enfocados en Owen, quería asegurarse de que escuchaba lo que le decía—si no te escuchan, diles que el General Elsher te envió.

Owen no esperó que se lo dijeran dos veces, se levantó y corrió dentro de la base, la enfermería era el segundo edificio, no tendría por qué perderse.

 Craig acomodó a Marcus entre sus brazos, se levantó y corrió en la misma dirección que Owen. Se daba cuenta de que estaba empujando a muchas personas que también necesitaban llegar a la enfermería, pero no le importó. Tenía que llegar rápido, el pobre chico estaba muriendo, Craig lo sabía por su ritmo cardiaco, eran tan lento que aceleró el suyo de la preocupación.

Ya había una cama lista para cuando llegó a la enfermería. En cuanto puso el débil cuerpo de Marcus en la cama, sintió como unas manos lo alejaron de él e inmediatamente se posaron en Marcus para revisarlo.

Sabía que tenía que irse, sabía que había gente allá afuera que lo necesitaba, pero no se movió. Era como si sus pies se negaran a dejar ese lugar; sus ojos no se despegaban del cuerpo inconsciente de ese bello extraño y sintió algo que no había sentido desde hace tanto tiempo: miedo.

¿Y si no sobrevivía? ¿Si no volvía a verlo? Una parte de él le decía que no tenía importancia pues no conocía al chico, solo sabía su nombre. Pero por otra parte, una parte totalmente irracional y desconocida para él, le dijo que si se iba de ahí, iba a arrepentirse el resto de su vida.

-La bala no tocó ningún órgano, puedo detener la hemorragia pero necesitaré una transfusión de sangre—dijo una chica de cabello rojizo.

-Toma la mía—dijo Craig, sin siquiera pensarlo.

La chica volteo confundida y al ver quien había pronunciado esas palabras, su mirada se volvió de sorpresa.

-No—dijo casi inmediatamente—eres un alfa y no sabemos que sea este chico, tu sangre podría no ser compatible y terminaría en algo peor.

A Craig nunca le decían que no, de no ser porque esa chica era su amiga, se habría puesto más furioso.

-Eliza, no tenemos tiempo para esto, se está muriendo—la voz de Craig estaba cargada de preocupación, pero en ese momento Eliza no lo razonó.

-Es muy arriesgado—objetó— que tal si…

-Es una orden—la voz de Craig se hizo más profunda y demandante, sus ojos brillaron con su característico color rojo y a Eliza no le quedó más remedio que obedecer.

Craig se quitó la camisa del uniforme, quedando solo con la que llevaba debajo. Estiro su brazo, esperando a que su amiga hiciera lo que sea que se necesitara para empezar el proceso. Insertó una pequeña jeringa en el brazo de Marcus y el otro extremo en el de Craig. El pequeño piquete le dio a entender a Craig que no estaba soñando, que el chico que no había podido dejar de mirar desde que cayó en sus brazos realmente estaba ahí, y que todo esto era real. En el momento en que su sangre se adentró en el cuerpo de Marcus, el cuerpo de este pareció tener un pequeño espasmo.

                                                      “Por favor, reacciona, por favor.”

Craig suplicaba internamente. Sus ojos no se apartaron de él y sin darse cuenta de nada se acercó a tocarlo.

Su mano, como si tuviera vida propia, se posó sobre la mano de Marcus. Craig no quería apartar la mirada, pero la voz de su amiga no le dejó opción.

-Su pulso y su presión se han normalizado—dijo Eliza con asombro y Craig sintió que había estado aguantando la respiración todo este tiempo.

 Sus hombros se relajaron y dejó salir un gran suspiro. Dejo caer su cuerpo en la silla detrás de él y volvió a enfocar sus ojos en el hombre que hace unos minutos parecía estar al borde de la muerte, pero que aun así le apretaba la mano de vuelta.

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