Cap. 5

   

  El sol y la luna estuvieron presentes, hasta pasar un mes para ser exactos, siendo junio la apertura para la Weaving Industry Price; todo su personal llegó a tiempo en cada jornada el edificio es de forma recta con vidrios ahumados como reciclables, a petición del dueño mayor que siempre quiso, que todo fuera al cuidado del ambiente, los departamentos eran diez cada uno ejercía su trabajo, porque cada área tenía un gerente a cargo de sus subordinados; la parte directiva es en la parte alta, junto a su subdirector general que es Darío Price, el cuál está sentado en la oficial principal, organizando los papeles que tenía en su oficina, solo por un mes más; no podía creer que habían pasado el tiempo y que había sobrevivido a gran responsabilidad.

  Por su parte pudo dar órdenes a su asistente; una señora mayor de cabello cobrizo, que ha sido el apoyo de la familia administrativa, es gruñona en lo que respecta trabajo, pero del resto tiene un buen corazón en todo esto pensaba; antes de recibir una llamada telefónica, solo miro la pantalla, para darse cuenta que es su Padre; detallo la hora en su reloj de muñeca, conociendo que son las ocho de la mañana tan puntual como siempre, tomo su llamada sonriendo.

— Saludos Viejo.

   Pudo oír, que gruñía al otro lado del teléfono.

— Más respeto Darío, ahora dime lo importante (nuevo director).

  Se puso de pie, para hablar más cómodo y se quedó parado en la vista que da de la ciudad, desde la oficina de su Padre.

— Todo marcha excelente Padre, pero debemos reforzar los materiales, para agrandar el estacionamiento tenemos poco espacio; para los empleados que tenemos, además de que el 50 % usa el transporte de la empresa, hay que mejorarlos igual están deteriorados.

   Hubo un poco de silencio, pero pudo oír el sonido de delfines, frunció el ceño por eso.

— Entiendo. Ya has hecho los cálculos con el contador de la empresa.

— Si señor. El gasto será algo grande, pero nos garantiza años de protección y seguridad para los empleados de la empresa.

— Excelente hijo… es bueno saber que tienes todo bien controlado, por mi parte solo procede, que las ganancias igualmente llegan en eso no tenemos problemas. —

    Al escuchar eso de su Padre, solo sonrió de lado conociendo la humanidad que tiene él; para ejercer su labor en la empresa, que fue creciendo con el paso de los años, sabiendo que su abuelo estuvo dando ese grano de arena, para ver después los resultados en su hijo, aún no estando porque era pequeño cuando murió por eso no lo conoció mucho.

— Así se hará Padre, entonces ve a relajarte, porque seguro mamá debe estar buscándote.

   La sonrisa de su Padre la pudo oír perfecto, dándole la razón.

— Eso es cierto hijo, te dejo mañana te llamaré por favor habla con tu hermano hoy tuvo problemas en el instituto.

   Eso lo dejó en alerta, porque conoce a Jhony y tendrá una conversación al regresar a casa para ir a cenar.

— No hay problema papá lo voy hacer. Te dejo y saludos a mamá.

— Con gusto le digo. Adiós.

     Apenas colgó su Padre, se dio la vuelta para ir directo a su silla y seguir con la labor de firmar cada documento; sin antes dar un vistazo en cada carpeta, es su deber hacerlo con minuciosidad no con prisa es algo que le enseño su Padre, nada se firma; sin antes leer es la regla de oro, pero el sonido de la puerta tocarse hace que eleve el rostro para dar el pase.

   Encontrándose a su asistente gruñona, que le trae dos carpetas de seguro acuerdos con el contador por la propuesta que habló con su Padre en el teléfono, eso requería prioridad, entonces al estar delante del escritorio de cristal la miró fijamente, para solo jugar con su bolígrafo en su palma derecha y estar sentado cómodamente en su silla.

— Hola otra vez jefe. — comento en broma y solo hizo curvar una sonrisa en el ejecutivo.

— Cuéntame Denisse, la operación del manejo de transporte ¿lo tienes? — pregunto y ella asintió, dándole las carpetas que él tomo enseguida.

— Si señor. El contador hizo su trabajo, solo falta decir ¿Cuándo iniciamos? Y listo. — respondió de forma amable.

— Perfecto y se inicia desde ahora, ya las órdenes fueron dadas. — eso causo asombro en su asistente, que curvo una sonrisa.

— Estoy impresionada Darío, vaya que el señor Price hizo un buen trabajo en educarte. — el mencionado dio un asentamiento, sin dejar de leer la primera carpeta y dar su firma.

— Bueno eso lo conoces muy bien Denisse, toma. — firmo el segundo al ser solo el acuerdo y listo, ella los tomo para irse a sus deberes.

      Cuando estuvo fuera de la oficina de su gran jefe junior, así le ha dicho solo cuando están solos, habiendo trabajado para la familia Price desde hace quince años y no olvidó como fueron sus inicios dónde el abuelo en su tiempo, logro que está empresa no dejará de ser unida, junto con sus trabajadores, que en ese tiempo eran solo diez; sonrió de lado, antes de llegar a su oficina que está en el pasillo cercano al ascensor junto con un guardia de seguridad.

   Apenas llegó a su puesto; dejo las carpetas en orden, le mando fotos al contador, solo para que comience a dar la orden a los constructores encargados del proyecto, además de llevar al taller cada autobús porque a partir de hoy irán en taxis, por la seguridad, entonces mando un e-mail al gerente de ese departamento, para que comience agilizar los preparativos; antes de finalizar la jornada y dar el anuncio a los trabajadores en cada parlante, que hay en el mismo edificio, solo esa área tiene autorización para hacerlo.

    Sin embargo se concentró en su trabajo, tanto que pasaron las horas, hasta llegar al mediodía por suerte, su jefe no le mando más nada; por lo que tomo de su cajón un cartel, que indica hora de almuerzo sobre su escritorio, para que no molestaran sino hasta después que regrese, de igual forma sus correos le darían la noticia de cada trabajo a terminar.

     Se llevó sus utensilios, para comer en una especie de estuche, junto a su celular, pulso el botón del ascensor espero un minuto y se adentro a la segunda planta, siendo el número siete al estar ahí, saludos a cada compañero con amabilidad, hasta que la voz de una de sus compañeras de recepción la llamo y ella la miró, antes de ingresar al comedor general.

— Hola Denisse… sabes antes de que vayas a comer, tienes que ver a la nueva secretaria del área de mercadeo, necesita algo de ayuda. — el tono que uso, la hizo fruncir el ceño eso quería decir que no estaba pasando un buen momento.

     Bufo por lo bajo y asintió, para ir al departamento de mercadeo.

— Dame un resumen de la chica. — pedí a mi compañera que es antigua como yo, solo que ella manejar recepción como la gerente de esa zona.

— Bueno verás su nombre es Olivia Cott, viene del norte de la provincia Hackney eso pude conocer, estudio secretaria mención empresarial en su lugar natal, obtuvo un título medio entro hace una semana por la asistente de recursos humanos.

— Ya veo es del campo, muy lejos de la ciudad entiendo que debe ser amable; mientras que sus compañeros son una basura con ella. — susurró solo para ellas, antes de por fin llegar al departamento de mercadeo.

— Podría decirse que sí Denisse, entonces solo habla con ella la podré en su descanso se va a llorar al baño. — eso hizo que Denisse apretará sus puños de la molestia.

— Gracias por decirme amiga, pero aquí te dejo; busca un buen puesto para comer tres personas. — le pidió y la mujer con cabello negro frunció el ceño.

— ¿Para tres? — pregunto su duda.

— Así es… solo hazlo nos vemos, dentro de cinco minutos. — dejo por sentado y se alejo, para ir al área de las asistentes encargadas de cada trabajo de los gerentes como empleados de esa área.

   Pudo saludar algunos compañeros con un asentamiento, no le daba sonrisas a nadie, conociendo de antemano que cada empleado compite por subir de rango; algo que ella creé tonto; porque cada persona la suben de nivel, dependiendo el gran ritmo de trabajo que hagan o su amabilidad al ser un buen empleado, eso suma puntos a favor. Por consiguiente; llegó al pasillo y miro tres puesto en dónde en dos unas mujeres hablan con otras y solo una estaba concentrada en su trabajo tocando su nuca aligerando seguro el dolor que siente, negó al conocer como unos si trabajan, mientras otros no, se acercó al pequeño escritorio de la joven de cabello castaño carraspeo para hacerse notar.

   La aludida así lo hizo y le dio una sonrisa, siendo evidente que las mujeres atrás de ellas, estaban mirando en su dirección.

— ¿En qué le puedo ayudar? — pregunto de forma tímida.

— Eres Olivia Cott ¡Cierto! — la castaña amplió sus ojos y luego asintió.

— Si señora…

    Ella sonrió, al conocer que no sabía su nombre.

— Me llamo Denisse y soy asistente ejecutiva, vine a buscarte para comer. — dijo y le brindo una sonrisa amable.

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