Capítulo 2

Flashback

Hace 15 años

Katherine

Hago diversos movimientos intentando aflojar la tensión de mis atrofiados músculos. Tengo que lograrlo como todo lo que he hecho en mi vida. "Esto no me vencerá", me aliento mientras continúo exhalando con fuerza tratando de tomar fuerzas para la siguiente cabriola.

El sonido de la pelota de básquetbol que rebota incansablemente me devuelve a la realidad. No entiendo en que momento apareció todo el equipo del colegio a realizar sus prácticas diarias. Y es que me he retrasado muchísimo. Dejo de moverme por la vergüenza que esto me ocasiona, siempre he dicho que mi punto débil es todo lo que tiene que ver con el movimiento, con ejercicios físicos o con la práctica de algún deporte. Soy nula en todo eso. Puedo resolver los problemas matemáticos más complicados y escribir una novela completa sin repetir una sola palabra debido al amplio vocabulario que poseo pero no me pidan practicar algún deporte. Sin embargo, es parte del currículum de la escuela a la que asisto. "Educación física" es la materia que más me ha costado siempre y cada año estoy al filo de perder la beca por bajar mi rendimiento académico. La profesora Silvia me ha alentado siempre pues conoce cuales son mis limitaciones y aun así me esmero más que cualquiera. He aprovechado que tengo un tiempo libre para venir a la cancha de basquet a practicar algunos movimientos que son parte de la rutina a presentar como trabajo final. No me sale nada. MI cuerpo solo rebota una y otra vez en la superficie acolchonada al no poder siquiera arquear como corresponde la columna. 

A veces me quedo horas perdiendo de dormir mientras veo videos en internet con diferentes técnicas que debo aplicar intentando que todo ello ingrese por algún lugar por ósmosis. Doy un suspiro mientras miro m teléfono, ¡es tardísimo! Papá debe estar preguntándose porque he tardado en reportarme. Estoy guardando las pocas pertenencias que tengo en mi bolso cuando una pelota impacta brutalmente en mi cabeza, oscureciendo mi mundo.

—Kathy, Kathy —escucho a lo lejos una voz que no conozco. Pero estoy segura que he escuchado en algún lado aunque intento por todos los medios conocer su origen, a pesar de la modorra que tengo encima. ¿Por qué no me permiten seguir durmiendo?

—Kathy, si me escuchas, responde —ahí está de nuevo esa molesta voz. Es masculina y creo haberla escuchado, pero, ¿dónde?

Esta vez mi nombre va acompañado de un leve sacudón por mis hombros y siento una superficie dura debajo mío. ¡Estoy en el piso! ¿Qué diantres hago aquí? Me pregunto aun en mi obnubilación. 

Decido que ya es tiempo de dejar de hacerme rogar y a pesar que me cuesta horrores, intento abrir un ojo...le sigue el otro. Varias miradas están sobre mí. ¡qué vergüenza! No me gusta llamar la atención de nadie. El más cercano a mí y que me llama es Nick Pollack. Es el...¿cómo podría decirlo?...popular de la escuela. De cabellos castaños y ojos miel y rasgos perfectos, todo bien puesto en su rostro, en estos precisos momentos está de cuclillas sobre mi, y era su voz la que escuchaba un rato antes. Y lo único que me interesa en estos momentos es saber, ¿de dónde sabe mi nombre? Creí que aquí nadie me tenía en cuenta. Soy invisible la mayor parte del tiempo.

—Al fin reaccionaste. Estaba por llamar a emergencias —me dice extendiendo una de sus manos grandes, plagadas de venas que cruzan hasta llegar a sus fornidos brazos.

Me dejo llevar pues aun me siento atontada. El impulso permite que logre sentarme mientras sigo mirando extrañada a mi alrededor. Ninguno es mi amigo, es más, solo tengo dos aquí y tampoco acostumbran estar en el mismo círculo de los "populares", como les llamamos. Todo el equipo de basquetball está aquí. Todos son famosos en la escuela por diferentes circunstancias, están Lukas, Rick, Mark y un poco más alejado pero mirándome fríamente al que apodan el "ruso", Mikael Sorokov. Su mirada me hace empequeñecer, es más fuerte aun que la de Nick. Su mirada me recuerda a un lobo salvaje.

—¿Necesitas que te lleven? ¿Has venido en tu auto? —se digna a preguntarme Nick. Niego levemente con la cabeza. 

—Bien, entonces, te llevaremos —me afirma sin siquiera consultarlo. 

—No es necesario...yo...viajaré en autobús —le respondo avergonzada mientras me cuelgo el bolso al hombro y comienzo a caminar apresuradamente hasta la puerta de salida. Ni siquiera le doy tiempo a replicar. Miro espantada la hora y esta vez si que es realmente tarde. Ya está oscuro y estoy más que segura que he perdido el último autobús.

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