5. Planes acelerados

VILKANK

Levantarse era sencillo luego de obtener una motivación tan grande y factible como lo había hecho el día anterior. Vilkank nunca se había despertado más lleno de energía que aquella mañana, con una sonrisa se dirigió al sanitario del pequeño hogar asignado que ocupada y cuando estuvo limpio, salió del espacio con los ánimos vivos para seguir con su investigación. Luego de comer el típico desayuno de su procesador de alimentos se aventuró a salir, caminó hasta el centro de investigación donde trabajaba solo para entrar en pánico.

La entrada del lugar estaba clausurada completamente, no había señales de ningún tipo más allá del color rojo en los bordes de la entrada que era la señal para indicar que estaba cerrado. Él miró hacia adentro intentando ubicar a alguien allí, para su suerte Vekina, su jefa, y Borgen, el asistente de la hembra, iban saliendo de la que sería su oficina. Ambos se sorprendieron de verlo allí de pie, no tenía ninguna excusa pensada por lo que prefirió decir la verdad, así que cuando su jefa abrió la puerta con confusión en su rostro dijo lo primero que le vino a la mente.

-Venía a trabajar- ofreció él con una mueca.

-Pensé que para todos era clara la seña roja- se burló Borgen -parece que no todos los que trabajaban aquí son tan inteligentes como se asume.

El hombre claramente lo detestaba. Desde que lo habían asignado a aquella oficina por encima de él y su jefa lo había notado en varias ocasiones gracias a su excelente labor, era como si el macho lo hubiera hecho su competencia directa, aunque para Vilkank no había nada por lo que competir en realidad. Vekina miró con censura a su asistente antes de voltearse hacia él.

-Como comprenderás el edificio fue clausurado por fin- le dijo ella con pena -solo tú y dos trabajadores más seguían viniendo. No sé qué clase de voluntad tienen aunque la admiro, pero nuestro gobierno ha decretado la salida del planeta y ya casi todos se han marchado, es nuestro turno de hacerlo.

-No pensé que sería tan rápido- comentó él.

-Han pasado varios ciclos desde el anuncio- dijo Borgen con obviedad -es mejor que nos apresuremos a tomar un transporte o nos arriesgamos a quedarnos en medio de este desastre.

-Odio la guerra- anunció Vekina con fuerza -tantos estudios y lugares interesantes que nos perderemos solo porque unos imbéciles quieren pelear entre ellos. No puedo creer que el Consejo no esté tomando mejores medidas para detener esta masacre.

-Creo que muchas personas pertenecientes al Consejo consideran que la guerra era inevitable- comentó él -es bien sabido que la rivalidad entre Bilgans y Lumerious tiene casi setenta ciclos universales. Supongo que el CUPU prefiere que la guerra sea aquí, lejos de las galaxias centrales donde los daños podrían ser de valor incalculable.

-Siguen siendo de un valor incalculable- reprochó la hembra luciendo muy molesta -solo que no les importa lo suficiente porque Andrómeda esta al final del espacio conocido, justo en el borde de lo que se considera explorado.

-La explotación también es un factor importante- comentó Borgen -todo el mundo sabe que si en alguno de estos planetas existiera algún material sumamente valioso para la explotación, las consecuencias serían mucho mayores frente al Consejo. La guerra no se estaría dando a lugar, porque el valor de las naciones no lo permitirían.

-Tienes toda la razón- convino la hembra con molestia.

-Pienso lo mismo- aceptó él.

Un silencio los llenó en comprensión de los temas más mencionados en los últimos ciclos, todo el mundo discutía lo mismo mientras recogían sus cosas de los hogares provisionales.

-Como sea, el edificio está cerrado ahora- indicó Vekina -aprovecha de ir a casa a reunir tus pertenencias antes de que nos obliguen a irnos con más vigor del que lo hacen ahora.

-Antes de irme… me gustaría recoger las investigaciones y los datos que recolecté- pidió él con cuidado -me gustaría sentir que no perdí mi tiempo.

-Supongo que está bien- aceptó Vekina luego de unos segundos -esos datos no te servirán en las galaxias centrales, pero sigue siendo de tu propiedad.

-Gracias- ofreció él con una sonrisa.

-Estaremos aquí un rato más asegurándonos de que todo esté sellado y apagado- le explicó ella -así que espero que para cuando pasemos por tu oficina, ya no estés allí.

-Está bien- convino él.

Se apresuró a dirigirse a su oficina, entró en el lugar solo identificando las cosas que le harían falta. Tomó los prototipos de comunicación que había adaptado para enviar mensajes al planeta llamado tierra, algunos escáneres y sondas de exploración, los mapas y toda la información que había recolectado sobre el planeta, su especie y su comportamiento social. Haría algo que nunca antes se hubiera imaginado que haría: robaría a la compañía que le daba trabajo. No se sentía mal por eso, sin embargo, era con un buen fin que lo hacía.

Metió todos los aparatos en una bolsa, que para su suerte eran pequeños y corrió a la entrada del edificio. No se despediría de Vekina o Borgen, prefería que ninguno se diera cuenta de lo que hacía, además no era como si fueran a extrañarlo de todos modos. Salió del establecimiento sin ver atrás, llegó a su hogar asignado sin aliento y se encerró dentro con velocidad, todavía era demasiado temprano para establecer comunicación con Alisa, la mujer de la tierra por lo que en cambio llamó a su hermano. Velkank le contestó con el ceño fruncido, su rostro aparecía en el holograma de su aparato comunicador.

-Vilkank, ¿qué sucede?- Fueron las primeras palabras de su hermano. Lo vio buscar un lugar calmado en el puente central de transporte en el planeta.

-Necesitamos acelerar nuestros planes- anunció él sabiendo que su hermano montaría en cólera.

-¿Qué?- Se quejó Velkank como sabía que haría -ayer te dije que necesitaba al menos siete ciclos para estar listo, ¿y hoy me dices que tengo que apurarme?

-El edificio de investigación fue clausurado hoy- explicó él -no creo que falte mucho más para que suceda lo mismo con las viviendas asignadas, es solo cuestión de tiempo.

Su hermano juró con estrés antes de comenzar a planificar, podía verlo en sus ojos.

-Tendré que convencer a Raknik de que se haga cargo de mi trabajo esta misma tarde- le dijo Velkank -espero lograrlo porque de eso depende que nuestro plan avance.

-Lo harás- afirmó él sin sentir la esperanza que proclamaba en esas palabras.

-Espero que sí- convino su hermano -tu encárgate de toda la información y de que tengamos lo necesario para que puedas bajar hasta el planeta.

-Ya lo tengo- ofreció él -no me enorgullece, pero lo tomé de la oficina.

Velkank reía con fuerza.

-Mi hermano, el científico y ladrón, ¿quién lo diría?- Se burló.

-No iba a irme sin eso- soltó Vilkank -y no creo que lo extrañen, hasta donde pude ver nadie va a llevarse nada. Lo dejarán allí para que se pierda con el tiempo.

-Entonces no tenemos nada de qué preocuparnos- simplificó su hermano -déjame intentar conseguir lo necesario y te llamo de nuevo. Eres la única persona que podría apresurar lo imposible.

-Es lo que hacemos los científicos- respondió él con una sonrisa antes de que la comunicación se cortara.

Él se recostó en su lecho unos segundos, el estrés que sintió iba dejando su cuerpo lentamente para dar paso a ese momento de concentración total que lo había ayudado en su trabajo tantas veces. Pensó en su viaje y en lo que necesitarían de la tecnología en ese momento, reunió las piezas hasta que estuvo conforme. Una vez que eso estaba listo, reunió todas las sondas y mapas que necesitaría para ver el suelo terrestre, tomó también la pieza más importante de su equipo: un escáner de visión que lo haría verse como un habitante natural de la especie humana, al menos mientras la batería estuviera cargada.

Tendría que ver como mantendría su fachada si en el planeta no había métodos de carga que pudiera utilizar, por lo que le había dicho Alisa, parecía ser así. También podría tratarse solo de las comunicaciones, pero lo dudaba mucho. Tendría que averiguarlo y ese enigma lo tenía mucho más emocionado de lo que se había sentido en largos ciclos. Esperaba con ansias la llamada de su hermano y al mismo tiempo no dejaba de preparar el equipo necesario.

Fue más tarde que la llamada de Velkank llegó. Él corrió a atenderla.

-Me costó muchos créditos que tendrás que pagarme si resulta que este planeta no es una joya valiosa- fue lo primero que dijo su hermano -pero logré convencer a Raknik. Ahora solo tengo que secuestrar un transporte espacial completo, tal vez uno de estilo militar.

-No puedes hacer eso, Velkank- negó él sorprendido -podrías terminar en la cárcel.

-¿Y cómo crees que vamos a viajar hasta este dichoso planeta de lo contrario?- Argumentó su hermano.

-¿No hay otra forma?- Intentó él sabiendo la respuesta.

-No una que nos sirva en tan poco tiempo- afirmó su hermano con una mueca -es eso o nada. En momentos como este nadie notará que hace falta un transporte, asumirán que se ha marchado con los residentes que vuelven a sus planetas. Estaremos bien por un tiempo.

-Es esa duda temporal la que me asusta- siguió Vilkank.

-¿Quieres hacer esto o no?- Soltó su hermano luciendo molesto.

-Claro que quiero, pero no a costa de tu seguridad- explicó él -eso es algo que no me perdonaría, sabes que no puedo. El riesgo es muy alto.

-Y estoy dispuesto a tomarlo si tú también lo estás- afirmó Velkank con una sonrisa traviesa -nos iremos como dos pobladores y regresaremos como embajadores del Consejo. Tendremos tantos créditos que no alcanzarán para gastarlos en todos los ciclos de vida que tengamos, eso es todo lo que sé.

Él no pudo evitar reír con la emoción latente de su hermano.

-Bien, muy bien- aceptó él -solo intenta no ponerte en demasiado riesgo.

-Lo intentaré- afirmó Velkank -la cárcel no está en mis planes, créeme.

Él cortó la comunicación y esperó que su hermano pudiera cumplir con su palabra sin ponerse en tanto riesgo. La preocupación llegó a su mente hasta que su aparato de comunicación sonó con una nueva notificación y corrió para contestar.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo