4 El plan macabro

Al otro día Silvia fue encontrarse con Ernesto en su apartamento. El hombre era su amante, pero se había enamorado perdidamente de ella y quería llevársela consigo a vivir juntos el resto de sus vidas en Italia.

Ella irradiando su belleza por donde caminaba alegraba el ambiente del lujoso apartamento de su amante, tenía puesto un pequeño vestido que realzaba su sensual figura. Ernesto le agarró de la mano y la llevó hasta el sofá.

—Estoy muerta por saber qué es eso tan importante que tienes por decirme amor,  anoche casi ni dormí.

—Es algo que sé te va a causar mucha impresión. —El hombre se acercó y comenzó a besarla apasionadamente. Ella correspondió por algunos segundos y luego se zafó de él. Riéndose le dijo:

—Ya dime ¿qué es? no me dejes con la incógnita. —Ernesto deslizó su mano por su muslo y la miraba con deseo.

—Quiero comerte, eres un delicioso bombón. —Le besó el cuello.

—Estás muy travieso bebé.

—Quiero que seas solo mía y llevarte conmigo a mi mansión en Italia. —Ella puso el semblante serio.

—Eso solo será posible si la policía atrapa de nuevo a Marino, así podríamos irnos juntos y no regresar jamás. No sabes cuánto anhelo estar contigo y andar libre sin ninguna preocupación. —Él le agarró la mano y se la besó.

—Creo que hallé una solución a mi vida.

—Sabes que nada podrá librarnos de Marino, a donde vayamos él nos va a encontrar.

—Eso si se entera que te has marchado.

—No comprendo.

—¿Qué tal si conseguimos algún modo de marcharnos para siempre sin que él se dé cuenta?

—¿Cómo sería eso posible?

—¿Dejar a otra en tu lugar?

—¿Otra?

—Si bombón, otra, una usurpadora, una mujer que se parezca a ti y ocupe tu lugar. —Silvia se rió.

—¿De dónde sacas tantos disparates?

—No es un disparate, sé en dónde encontrar a una que es idéntica a ti. —La sonrisa de Salvia cambió por una expresión de desconcierto.

—¿Lo dices en serio?

—La conocí ayer —Volvió a besar su mano—. Se parece mucho a ti. Es una muchacha sencilla, con algunos arreglos estoy seguro que se verán idénticas… como si fuera tu gemela.

—¿Es una broma verdad?

—No, hoy mismo te llevaré para que la conozcas.

—¡¿En dónde la conociste?!

—Trabaja en el club de Reina; ya reservé para ir juntos esta noche, quiero que la veas.

—Eso es extraño.

—¿Qué?

—Conocer a otra que es idéntica a mí. ¿Será que tengo una hermana gemela y no lo sabía?

—No, ella tiene 23, es cinco años menor que tú.

—O sea que ya la investigaste.

—Por supuesto, envíe a uno de mis hombres  para que me pusiera al tanto de todo.

—¿Qué averiguaste?

—Es administradora, está recién graduada, tiene un empleo provisional en el club, vive con su familia; en fin, nada fuera de lo común, es una chica cualquiera.

—¿Y cómo se llama? —Él se puso de pie y se dirigió a la barra.

—Su nombre es Amelia Hernández. ¿Te apetece una copa?

—Sí, lo de siempre bebé.

—Esta noche quiero que la veas, si te convences podemos ejecutar mi plan.

—¿Y de qué se trata el plan exactamente?

—Voy a ofrecerle una buena cantidad de dinero a cambio de que usurpe tu lugar en la casa de tu marido. Le diremos que será solo por seis meses; le haremos creer que será un viaje de vacaciones. Estoy seguro que aceptará la oferta, con la cantidad de dinero que le pienso ofrecer no se negará. —Silvia puso mal semblante.

—¿Solo seis meses, lo que quiere decir que debo regresar.

—Calma bombón, aún no te he contado la otra parte de mi plan. Ella estaría en tu casa ocupando tu lugar creyendo que en seis meses tú regresarás a continuar con tu vida como siempre; pero eso no va a suceder.  Nosotros ayudaremos a Marino a descubrir que sus delatores fueron Henrry y tú.

Silvia se levantó del sofá de la impresión.

—¿Acaso te volviste loco?

 —Deja que termine de contarte mi plan. Mi primo Marino se pondrá furioso contigo y te mandará a matar. —Ella abrió sus ojos como platos y sonrió.

—Y la matará a ella en vez de a mí. — Él le entregó la copa y brindaron.

—Exacto. —Silvia le dio un beso.

—¡Eres un genio! si Marino piensa que me asesinó yo estaré tranquila el resto de mi vida.

—Ya nada nos impedirá estar juntos. —Silvia suspiró.

—Y ya no tendré que aguantar más al borracho de mi marido.

—Y Marino también perseguirá a Henry.

—Sin saberlo me hará justicia matando a ese imbécil.

Fabiola vio a Amelia mirándose el vientre frente a un espejo grande en la residencia. Aún no se notaba su embarazo, pero por la forma tan tierna en que se tocaba Fabiola se dio cuenta que estaba embarazada.

—¡¿Estás embarazada?! —Amelia se sobresaltó con la voz de la mujer.

—¡Casi me matas del susto!

—¿Es por eso que no querías bailar en el club?

—No es por eso, no quiero bailar.

—¿Y hasta cuándo vas a ocultar ese embarazo?

—No lo estoy ocultando, solo no se lo he contado algunos.

—¿Tu padre lo sabe?

—No quiero que lo sepa todavía, estoy segura que se lo dirá a Mario.

—¿No quieres que Mario sepa que va a ser padre?

—No Fabiola, no quiero, no deseo que se acerque a mí ni a mi hijo.

—Te entiendo. ¿Y cómo vas a hacer para trabajar en la otra empresa cuando se te note la barriga?

—Ellos ya saben de mi embarazo, la dueña también está esperando; yo cubriré los meses que ella esté de reposo, después ella hará lo mismo conmigo.

—Tuviste suerte. —Amelia sonrió.

—Sí.

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