Capítulo 5

LILIBETH

Estar rodeada de toda esta gente que solo me mira como si fuera un bicho raro, hace que me sienta incómoda. Xander no me quiso acompañar al interior, pese a todas las advertencias que me soltó en el carro, negué a marcharme sin ver a Aiden. Al final solo me lanzó una nueva advertencia cargada de palabras que no entendí, se marchó como el cretino que es y ahora estaba aquí, frente a un tipo apuesto pero con sonrisa lasciva que me pide mi orden.

—¿Qué me recomiendas? —le pregunto con el ceño ligeramente fruncido.

—Una mimosa es ideal para ti —responde con socarronería.

—Pues será eso.

—Pero desgraciadamente no vendemos ese tipo de tragos aquí, sin embargo, puedo traerte una Martini —me regala un guiño—. ¿Qué dices?

—Claro, me encantaría.

—No le vas a traer nada.

La voz ronca y gélida de Aiden hace que mi corazón comience a latir con fuerza, su olor a loción maderosa inunda mis fosas nasales, giro lentamente al sentirlo demasiado cerca de mi.

—Aiden —digo.

—No deberías estar aquí —tensa la mandíbula al tiempo que me agarra del brazo—. Andando, te llevaré a casa.

—¿Qué? No, vine aquí por respuestas —me suelto de su agarre—. Y no pienso irme de aquí sin antes averiguar qué es este sitio, qué relación tienes con él y porqué estás aquí.

Aiden me dispara una mortífera mirada llena de advertencia y luego vuelve a ajustar su agarre.

—No debiste traer falda —dice mientras nos abrimos paso entre la gente.

—¿Qué?

Me lleva por unas escaleras, miro por encima del hombro, la zona del bar se va quedando atrás y de pronto entramos a un área diferente, caminamos por un corredor lleno de paredes blancas e iluminación roja neón, en todo momento me tiene agarrada de la mano hasta que los sonidos sexuales comienzan a llegar a mis oídos, una chica desnuda por completa sale de una de las habitaciones a un costado, mira a Aiden y esta baja la mirada enseguida.

Abro la boca para cuestionar, sin embargo decido cerrarla debido a que no es momento de armar un drama como siempre termina una discusión entre los dos, en medio de un corredor que tiene toda la pinta de ser siniestro hasta la m****a. Entramos a una habitación y me da el paso, las luces están apagadas.

—No veo nada.

El clic de la puerta al cerrarse me da a entender que esto comienza a parecer una escena en donde me descuartizan.

—Aiden —comienzo a ponerme nerviosa.

De pronto una luz aparece, pero dentro del cuarto, no, frente a mi aparece un enorme cristal que muestra al otro lado una cabina, la luz blanca es tan intensa que logra iluminar la mayor parte de la habitación en la que estamos, se parece mucho a las salas de interrogación, o cámaras de Gesell.

—Aiden, ¿qué hacemos aquí? —le pregunto enfadada.

—No soy idiota, ¿acaso no querías saber por qué estoy aquí? Qué hago y descubrir un secreto —ironiza—. Bien, aquí tienes tu gran hallazgo.

—Eres un idiota —giro para encararlo—. Sabes algo, no sé ni porqué he venido cuando está claro que ya no somos amigos, nada.

Intento llegar hasta la puerta, sin embargo me detiene el paso parándose frente a mí.

—Lo somos todo, Lilibeth, todo, ahora, toma asiento.

Me ordena, antes de patearle las bolas ya me tiene sentada sobre sus piernas como siempre suele hacer cada que vemos una película en mi casa. Me remuevo inquieta entre sus piernas debido a la cercanía tan inesperada.

—No te muevas tanto —su voz se torna más ronca que de costumbre.

—¿Por qué? —susurro—. Estás actuando extraño.

Volteo a verlo y nota la sonrisa socarrona que se dibuja en su rostro.

—Porque soy hombre, Lilibeth —acerca sus labios a mi oído—. Y tengo una verga sometida por tu perfecto culo redondo y firme, no me provoques.

Sus palabras son suficientes para hacer que evite mirarlo justo cuando a la cámara entra una pareja desnuda… se suben a una especie de plataforma plana y gélida color blanco, siento como Aiden rodea de pronto mi cintura con más fuerza provocando que me mueva y sienta el roce de su erección.

—Aiden…

—Esto es Voyerismo, Lilibeth, esto es lo que hago de vez en cuando —musita—. Acabas de descubrir un secreto mío, ¿ahora cuanto más quieres descubrir de mí?

Me quedo callada, el chico comienza a besar con desespero a la chica, por un momento pienso que será sexo tierno o algo por el estilo, pero estoy equivocada, enseguida rodea su cuello con una mano y le da una bofetada que me hace dar un respingo.

—Tranquila —Aiden afloja su agarre—. A ella le gusta, mira.

Con mirada estudiada detallo a aquella pareja y él tiene razón, la chica sonríe, luego comienza a arrodillarse al tiempo que el chico le golpetea la cara con la polla erecta. Siento como Aiden no hace nada más, me libera y bien podría ponerme de pie para tomar asiento a su lado, sin embargo no lo hago, me quedo sentada sobre sus piernas sin mover ni un solo músculo.

El chico le mete la polla en la boca a la rubia y esta se deja arremeter con brutalidad, tanta, que sus ojos no tardan en llenarse de agua, luego suelta arcadas, le da un nuevo puñetazo en el rostro mientras ella ríe como demente. Es tanta la violencia y la brutalidad del sexo mismo, que poco a poco lo que era una simple curiosidad, se convierte en algo incómodo y hostil, abrumador y oscuro.

Llega un punto en el que los gemidos y gruñidos de ella cuando la penetra en una perfecta posición de cuatro, que me pongo de pie y me giro dándoles la espalda, cerrando los ojos.

—Quiero salir de aquí —le digo a Aiden.

—Tranquila.

Siento como sus brazos me rodean formando un perfecto abrazo de oso, Aiden lleva haciendo esto desde que éramos niños y le tenía miedo a la oscuridad o a las tormentas.

—Aiden —mi voz tiende de un hilo.

—Vale, te llevaré a casa, solo quiero que entiendas que la próxima vez que quieras saber algo —su tono de voz cambia radical, de dulce y tierna a gélida y ronca—. Me lo preguntes directamente en lugar de buscar al gilipollas de mi primo Xander.

La luz que emite la sala me hace ver sus ojos azules llenos de intensidad.

—¿Me estás escuchando? —dice con voz grave.

De pronto en mi interior se arremolinan emociones desconocidas para mi hasta este momento, y en un acto lleno de impulsividad, sucede… lo beso.

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