Capítulo 4

AIDEN

El disparo de adrenalina que recorre todo mi sistema, hace que no piense con claridad, en nada que no sea mi rubia amiga de ojos grises, tetas de tentación y culo perfecto en forma de corazón, el que no me escuche y me ignore la mayor parte del tiempo solo hace que quiera golpear la pared.

Estoy enfadado con ella, sé que la cagué, pero se está comportando como una cría al no entender las razones de sus padres al vender su casa, cualquier sitio para ella es el mejor solo porque ve las cosas desde la perspectiva del enojo, el odio y la venganza, pero sus padres y el mundo entero saben que no hay mejor lugar que mi hogar, a mi lado.

Sé que vivir con ella y Xander va a ser un dolor de culo, sin embargo y pese a todo lo ocurrido, sigue siendo mi mejor amiga. Entro al sitio que huele perversión, sexo y a los crueles Instintos que tienen todos los que pisan este sitio, en cuanto notan mi presencia bajo la luz rojo chillón, me saludan, no les respondo, no estoy para estas mierdas, no quiero que me jodan.

—Hola jefe —se acerca a mí la gerente del lugar, una rubia que me follé hace cinco días sobre la barra frente a todos—. ¿Algo especial?

—Tráeme a dos chicas al cuarto rojo —chasqueo los dedos.

—Como ordene.

Me dirijo hasta lo que es el cuarto rojo, una enorme habitación rodeada de los juguetes sexuales que les gusta usar a los dominantes, no soy uno de ellos, claro está, para llegar a eso se necesita un entrenamiento arduo. Me sirvo un trago dejándome caer sobre el sofá de piel oscura. Este club nocturno es una de las adquisiciones que mi padre mantiene a escondidas de mi madre.

Y que cuando no está él por trabajo, yo le hago cargo de todo, aquí trae a algunos de sus colegas y clientes cuando pagan lo requerido, en la planta baja es un bar meramente normal, y arriba, dónde estoy yo, es la zona VIP, donde suceden las peores perversiones de nuestros clientes.

El edificio es amplio, con un toque elegante y al mismo tiempo muy sofisticado. Dejo que el alcohol recorra mi sistema, inhalo y dejo salir todo, cierro los ojos un par de minutos tratando de estabilizar mis sentidos, pero me es imposible, un par de ojos grises aparecen en mi cabeza como corazón latente.

Tengo mucha imaginación, y eso me hace recorrer con el pensamiento cada expresión, cada gesto de Lilibeth, sus labios rojos, su pecho… me remuevo inquieto queriendo borrar los pensamientos perversos que tengo hacia ella, empujando el deseo puerco que comienzo a sentir por ella, cuando sin poder contener mi instinto animal, bajo mi bragueta sacando mi enorme falo y comienzo a usar la mano.

Subo y bajo recordando su cuerpo en bikini, viéndola con su falda y bucaneras, la fricción de pronto me hace aumentar la velocidad, dejo de lado el maldito moralismo de m****a y me recuerdo que es mi mejor amiga «más no mi hermana» tenso el cuerpo queriendo que esté abierta de piernas, lista para recibirme, la quiero desnuda bajo mi cuerpo.

—Joder —gruño.

Besar sus perfectas tetas, succionar sus pezones mientras la penetro con fuerza y profundidad. Quiero follarla por el culo, hacerla sangrar, quiero…

—Lilibeth —digo al tiempo que suelto mi derrame.

Tomo una toalla limpia y me aseo, meto la verga y borro las perversiones que quiero hacerle justo al abrirse la puerta.

—Jefe —dice una rubia de ojos azules.

«Eso servirá»

—Jefe —la secunda una pelirroja de enormes pechos operados.

Cierran la puerta e intentan abalanzarse sobre mí pero las detengo.

—No quiero que me toquen, quiero que lo hagan entre ustedes —demando.

Las chicas comienzan a quitarse la ropa cuando llaman a la puerta. Frunzo el ceño y me levanto enfadado haciéndolas a un lado, necesito olvidarme de este deseo lascivo hacia Lilibeth y si me molestan e interrumpen como ahora, no podré hacerlo.

—¿Y ahora qué? —abro la puerta.

—Lo siento jefe —la gerente del lugar baja la mirada.

—Pedí que nadie me molestara.

—Lo sé, es solo que…

—¡Qué! —exclamo con impaciencia.

—Hay una señorita rubia de ojos grises que dice conocerlo y ha demandado hablar con usted —confiesa con lentitud.

La sangre se me va del cuerpo «No, ella no puede ser, no sabe de este sitio a menos que» recuerdo haber visto en el estacionamiento de la Universidad a Xander.

—No puede ser cierto.

La hago a un lado y como alma que lleva el diablo voy hacia el balcón que lleva a la parte baja, busco con la mirada a la chica con la descripción que me dijo la gerente, cuando… veo a Lilith en la barra hablando con el Barman.

—No puede ser cierto.

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