Capítulo 3

— No encontré nada. —  le digo a mí amiga, ella asiente con una sonrisa lo cuál me desconcierta —  ¿Por qué esa sonrisa pelirroja?.

Ella sólo suelta una risita —  ¡Encontré a mí mate! — Shara chilla de felicidad, yo me emocionó junto a ella y la abrazo, me da mucha de la felicidad por mi amiga — Es muy lindo, y apuesto Mérida, ya quiero que le conozcas.

Mi sonrisa se vuelve un poco más forzada por lo qué acaban decir, nos separamos del abrazo, ella me toma de mis hombros —  Lo siento Mérida, no quise incomodarte.

Yo niego con la cabeza, ella me ha ayudado desde qué llegué — No Shara sé qué no todos los Alfas son así, yo creó poder conocerlo por tí — nuevamente su sonrisa aparece por lo qué acabo de decir, y es qué se lo importante qué es para ella, siempre me dijo como seria su mate soñado.

— Sé llama Blake y trabajaremos juntos —  yo boqueo.

—  Encontraste trabajo, eso es genial Shara. — nuevamente nos abrazamos — ¿En dónde?, ¿Cómo es él?, ¿En dónde?.

— En una cafetería, hubieses visto como me reclamo como suya, mis piernas parecían gelatinas al tenerlo tan cerca de mí, al inicio tuve miedo pero fué muy gentil luego qué olió un poco de miedo de mí parte, es menor, Venezolano,  es alto, fornido,  además es monero y sabés lo qué dicen de los negros - yo le tapó la boca con mi mano, porque pensé qué se ahogaría por lo rápido qué habla.

— Como dije es génial, qué allas encontrado a tú alma gemela, pero eso último me pareció racista Shara — le quito la mano porque lamió mi palma — ¿Y como qué es menor?.

— Sólo tres años menor — sus ojos brillan al hablar de el — y no es racista lo qué dije,  sólo repetí lo qué he escuchado,  la sangre latina es candela.

Yo sonrió por la elocuencia de la pelirroja frente a mí,  yo nunca entendí del todo lo qué significa tener una alma gemela destinada,  pero creó qué es igual a la leyenda oriental del Hilo Rojo qué nos conecta con esa persona con la qué estámos conectados o destinados a estar juntos.

— Otra cosa, Mérida — mi amiga llama mí atención — Encontré algo en lo qué puedes trabajar,  dime... té gustan los niños.

(...)

Mis manos sudan,  falta poco para llegar,  los nervios carcomen mi poca valentia que durante el día de ayer pude acumular,  mis valentías se van al caño al verificar el nombre de la calle con el pedazo de papel qué me dió Shara, según ella él trabajo de niñera es para una família con una niña de díez años.

El miedo de que halla la posibilidad de qué sea una família de Alfas,  se redujo con las palabras de aliento de me dió mi alocada amiga.  Muy alocada amiga,  recuerdo qué luego de haber hablado de ello y de su mate;  ella comenzó a sacar sus "intrumentos para el celo", lo cuál fué muy traumatizante al ver a su amigo Josh.

Josh es su vibrador.

Según ella no le quiere ser infiel a su mate,  y eso incluía al pene plástico de nombre Josh — No importa,  ahora tendré a mi Blake en mis celos — eso fué lo qué me hizo irme habitación a descansar,  pero lo que logré hasta medía noche,  porque ella primero sé despidió de su amigo.

541.

Susurro al ver no la casa frente a mí sino a la gran mansión qué se alza frente a mis ojos,  es enorme,  me armo nuevamente de valor y toco el timbre,  espero impaciente pero nada sucede,  asi qué vuelto a apretar el botón.

— Qué desea — doy un respingo al escuchar una voz femenina a través del de ese aparato ése,  al no responder nuevamente la voz vuelve preguntar.

— Yo-yo vengo por lo del trabajo — me maldigo por tartamudear.

Luego de una espera me asombró al ver cómo el gran portón se abre automáticamente dejándome ver un gran jardín,  suspiro y a paso lento me encamino hacia la puerta pasando por el gran jardín,  me detengo apreciar el aroma de unas orquídeas.

— ¿Qué hacés?  — me paralizó al escuchar una voz masculina tras de mí — Será mejor qué no arranques ningúna de ellas.

Doy medía vuelta lentamente con el corazón a mil,  mi ceño se frunce,  frente a mí esta el mismo chico de la sonrisa boba de el parque. — Vete Lou — como una ráfaga viene a mí cabeza el recuerdo de cierta niña hermosa y un poco gruñona,  Sky.

— Hola chica del parque  — sus ojos azules me escrutan de arriba a bajo,  yo siento mis mejillas arder — Creó que vienes por el trabajo, ¿no?. —Yo asiento a su pregunta,  el me hace una seña para que le siga,  y así lo hago.

El es normal - pienso.

Quizás sólo sean humanos millonarios.

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