1.- Primer día

FAITH

“Ella es, ¿no?”, “dicen que está loca”, “escuché un rumor de que su familia la tuvo internada dos años”, esa y muchas cosas más son las que alcanzaba a escuchar mientras caminaba por el pasillo. Como odiaba venir a la escuela.

Siempre era igual, la verdad ya no me sorprendía escuchar teorías sobre mí, tristemente ninguna de ellas era acertada, o por lo menos no del todo. La mayoría de los estudiantes de Melrose eran humanos, unos ciegos e ignorantes que desconocen en su totalidad que los sobrenaturales existimos y que convivimos con ellos día a día.

—Estás muy callado hoy— comentó la chica a mi lado, la miré.

—Estoy escuchando los nuevos rumores de mí, cada año son más interesantes— hice una mueca.

—Agh, este instituto está repleto de chismosos sin vida que comentar.

Mayra siempre decía los mismo cada primer día de clases, y la verdad no mentía, todos en Melrose se enteraban de los chismes que recorrían, siempre me he preguntado por qué mamá y papá nunca quisieron irse de aquí. Teniendo el mundo para recorrer, prefirieron quedarse en la ciudad donde los Lockwood han estado durante generaciones.

—Mejor busquemos a Jia, de seguro está metida en la biblioteca tragando libros— avanzamos por el pasillo hasta las puertas de la biblioteca.

Para nuestra sorpresa la biblioteca está llena de estudiantes, pareciera que todos querían obtener libros de ciencias o historia, o simplemente anotarse en los cursos extracurriculares.

Este año es bastante decisivo para muchos de nosotros, incluyéndome.

Una de las grandes cualidades que tenía el Instituto Privado Melrose, es que te permitía tener tu primer año de bachillerato en las instalaciones, si planeabas estudiar en una de las cinco universidades que estaban asociadas a esta. Muchos aprovechaban esta oportunidad para entrar a la universidad con más facilidades, pero tampoco es que tuvieras la entrada asegurada, tenías que cumplir varios requisitos, y uno de ellos eran las actividades extracurriculares y calificaciones decentes.

—¿Logras verla? — preguntó la pelinegra parándose de puntillas.

—Mayra, ¿De verdad intentas buscar a una chica que con suerte pasa el 1,50 entre una muchedumbre de personas?

—No es momento de tu super inteligencia, pelirroja— me dedicó una mirada entrecerrada —, ¿Dónde quedo mi dulce mejor amiga?

—Sigue aquí, solo dije algo demasiado obvio y por eso lo consideras pesadez— le sonreí con dulzura.

—Buen punto, pero igual fue rudo viniendo de ti— ambas reímos.

Entre la muchedumbre, una pequeña cabellera rubia comenzó a hacerse espacio entre la gente, al vernos a unos metros de ella, se acercó lo más rápido que pudo.

—Nunca pensé que mi lugar favorito se volvería un infierno— la chica se acomodó el cabello con una mano mientras con la otra sostenía más fuerte dos libros.

La pelinegra a mi lado le arrebató los libros para leer los nombres en la portada.

La Ilíada y La Odisea, ¿Estás bromeando, Jia?, de todos los libros del mundo escogen los más gruesos y antiguos.

—Me gustan, creo que los libros sobre criaturas mitológicas, sobrenaturales y fantasía te ayudan a escapar de la realidad— Jia le sacó la lengua y recuperó sus libros.

Oh, si tan solo supieras que los sobrenaturales existimos, y que tu mejor amiga es una.

Salimos de la biblioteca a paso rápido, aun no teníamos nuestra primera clase, y asumo que tampoco la tendremos, todos los profesores y alumnos de Bachillerato parecen estar muy ocupados con las inscripciones de materias.

—¿Me acompañan a mi casillero?, estos libros pesan como piedras.

Sin nada más que hacer acompañamos a la rubia hasta su casillero, para mi mala suerte estaba nada más ni nada menos que Denisse Brown, alias la chica que solo se divierte con el sufrimiento y desdicha del resto.

—Agh, las pestes están cerca— comentó Mayra viendo disimuladamente a la rubia.

—Solo ignórenla, activen el modo invisible o el modo sorda— recomendó Jia—, pero no le sigan su tonto juego, sobre todo tu Mayra, que ya veo que la golpeas.

Desde que había entrado en el instituto ha hecho que mis días aquí sean el peor de los infiernos, ella se ha encargado de esparcir los rumores que hay sobre mí en Melrose. Para todos soy la loca de la familia Lockwood.

“Apuesto más de 100 a que este año tiene otra de sus crisis”, le escuché decir. A veces quiero ahorcarla.

Hazlo.

Miré hacia todos lados al haber escuchado ese pequeño susurro. Al final del pasillo había un chico de tez pálida y ojos oscuros, su ropa estaba algo polvorienta y anticuada, su mirada estaba perdida pero fija en mí, me hizo una señal con la cabeza para que lo siguiera.

¿Será que…?

—Jia, Mayra…y Faith, que bueno verlas este año— Denisse se acercó a nosotras junto a su sequito de amigas.

—Ojalá pudiéramos decir lo mismo— contestó Mayra.

Mayra siempre ha sido de un carácter fuerte, digamos que de las tres ella es la que saca la cara, Jia es la bonita inteligente que podría fundirte el cerebro con sus conocimientos y yo, bueno, soy la callada y rara, la chica que ve cosas que otros no.

—¿Y qué hay de ti, Faith?, ¿Lista para este nuevo año? — sonrió con maldad.

—Si— eso creo, pensé

—Me alegro— comenzó a enrollar un mechón de su cabello en su dedo índice —. Esperemos que no tengas otro incidente, como el año pasado, y el anterior, y anterior a ese.

Sus amigas rieron junto con ella, mientras Jia le agarraba el brazo a Mayra para que no hiciera nada de lo que pudiera arrepentirse, mejor dicho, que le perjudicara en su hoja de vida, porque dudo que se sienta mal de golpear a Denisse.

—En fin, las veo en clase— lanzó un beso y se marchó junto a su sequito.

En cuanto estuvieron lejos de nosotras, Jia soltó a Mayra mientras esta decía: “juro que le arrancaré mechones de su cabeza oxigenada la próxima vez”. la rubia le dio un leve empujó en el hombro para después mirarme, me sonrió levemente mientras tomaba mi mano.

“—Somos mejores amigas, y siempre estaremos las unas para las otras— declaró una Jia de 12 años mientras sostenía una mano una Mayra y Faith de la misma edad”

—No le hagas caso, Faith— me animó —. Ella está tan aburrida con su vida que no sabe qué hacer.

—Si, es una tonta que no sabe hacer nada más que mirarse las uñas y peinar su cabello—prosiguió Mayra.

—Tranquilas, estoy bien— les sonreí sin mostrar los dientes.

Ambas chicas comenzaron a hablar sobre las cosas que haríamos este año, pero mi vista y mente estaba en el misterioso chico que había estado en el pasillo.

Un frío abrazador me recorrió la espalda, para después ver que el mismo chico estaba caminando cerca de nosotros, sus ojos me vieron fijamente sin dejar de avanzar por el pasillo hasta llegar al mismo ligar donde lo había visto antes. Volvió a hacerme un gesto para que lo siguiera.

—Faith, ¿Estás bien? — la pregunta de la pelinegra me hizo apartar la mirada del chico, mis amigas miraron en la misma dirección que yo —. ¿Qué estás mirando?, parecías muy concentrada en algo.

Agité la cabeza rápidamente. —Nada, enseguida vuelvo, ¿sí?

—¿Está todo bien?, ¿Te acompañamos? — ofreció Jia.

—No, solo iré a buscar algo, las veo en el salón en un rato— me alejé de ellas, apretando la pretina de mi bolso.

Cuando doble en el pasillo, el chico sonrió y me guió por los pasillos. Cada vez nos alejábamos más de las zonas nuevas de la escuela, el Instituto había sido remodelado hace no más de veinte años, pero aún quedaban algunas partes de lo que fue el establecimiento. La tensión en mis hombros se había incrementado al estar en este lugar, estaba cargado de recuerdos y parecía que me susurraban en lo más profundo de mi ser. Vi al chico doblar nuevamente, en dirección al viejo jardín del instituto. Apresuré el paso para alcanzarlo.

—¿Hola?

El jardín estaba completamente vacío, no parecía haber una sola alma, pero eso no era del todo cierto.

—¿Quién eres?, ¿Por qué me llamaste?

No h**o respuesta, el frío se hizo presente en el ambiente. Respiré profundo, dejando que mis sentidos se agudizaran.

—No voy a hacerte daño— continué, —dime que quieres y veré si puedo ayudarte.

—Se que no me dañarás— susurró alguien a mis espaldas.

Me gire rápidamente, viendo al chico frente a frente.

Si yo hubiera sido otra persona, de seguro habría gritado con fuerza y salido corriendo lo más rápido posible, pero he vivido con este don toda mi vida, y a pesar de que a veces no es muy grato de tener, aprendí a afrontarlo y sobrellevarlo.

—Hola, mi nombre es Faith— me presenté, como usualmente lo hacía en estos casos—, ¿Cómo te llamas?

—Mi nombre no es importante ahora— pasó por mi lado —. Necesito que me ayudes.

—¿Qué fue lo que te paso? — observé su ropa.

A pesar de verse antigua y polvorienta, de lejos no me había percatado de la gran mancha de sangre que tenía sobre el pecho. Tenía otras heridas como un corte en la ceja y el pómulo magullado.

—Ven conmigo— me guió hasta un viejo árbol en el centro del jardín —. Necesito que me liberes, que me saques de este limbo.

—Haré lo que pueda, pero ¿Cómo moriste?

Normalmente podía ver la muerte de muchas almas, pero la de él no podía verla. Tal vez llevaba tanto tiempo en este plano que se había vuelto más fuerte sin saberlo.

—Apenas lo recuerdo, solo sé que quiero irme de aquí— su respuesta me confundió.

—Las almas pueden vagar por el mundo sin problemas, y si no lo has logrado es porque tienes una deuda aquí aun— recordé las palabras de mi abuela cuando me enseño sobre como ser una médium.

—No puedo salir de aquí, llevo años intentándolo— me miró fijamente—. Algo me mantiene atado a este lugar.

—Por eso quieres mi ayuda— el chico asintió, lo analicé un poco —. ¿Seguro que no recuerdas nada de tu muerte o de tu pasado?

—Apenas sé por qué estoy aquí, pero eres mi esperanza, Faith Lockwood.

—¿Cómo sabes mi apellido?, no te lo he dicho.

—Estaré muerto, pero escucho los susurros de este lugar— se acercó—, muchos aquí hablan de ti, señorita Faith.

Miré hacia otro lado, apenada por las cosas horribles que debe haber escuchado de mí.

—Si todos aquí supieran que tú puedes ver la verdadera realidad del mundo, ellos serían los locos.

Agité la cabeza para aclarar mis ideas. —Gracias por decir eso— sonreí—. Ahora, déjame ver qué puedo hacer para ayudarte.

Estiré mi mano hacia él, esperando a que el hiciera contacto para ver si lograba ver algo de él, su pasado o algún indicio de por qué esta aquí. El chico puso su mano sobre la mía, pero solo logré ver árbol junto a nosotros y los gritos de personas.

—Algo muy fuerte debe atarte a este lugar, prácticamente no vi nada— separamos nuestras manos, miré el árbol —. ¿Por qué me trajiste aquí específicamente?

—Tenía que hablar contigo en privado, además estar aquí me da una calma que el resto del lugar no.

Caminé hacia el árbol. —Tal vez este lugar pueda mostrarme algo que tu no.

Llevé la palma de mi mano al tronco del árbol.

“Gritos, llantos, un olor intenso de carbón y pólvora, personas corriendo despavoridas hacia todos lados, un inmenso dolor se instaló en mi pecho.

—Nunca debes desobedecer una orden— escuché decir a alguien.

Un sonido, un grito, un dolor atravesándome el cuerpo. Miré mis manos, estaban cubiertas de sangre.”

Comencé a gritar, no lograba salir de la visión, me estaba atrapando más y más.

—¡Faith!, ¡Faith! — lograba escuchar.

Mi boca comenzó a escupir sangre en la visión. Volví a gritar.

—¡Faith, reacciona!

Volví a la realidad dando una enorme bocanada de aire, el fantasma había desaparecido del lugar, pero había otra persona conmigo. Tobías.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí, Faith? — el chico rubio me miró preocupado.

—Yo…yo…ah— un dolor en mis antebrazos y rodillas me hicieron caer al suelo.

—Faith, ¿Qué ocurre?, ¿Qué tienes? — se agachó a mi lado, alarmado.

Levanté una de las mangas de mi camisera gris. Enormes cortadas comenzaron a aparecer en mis antebrazos, estas no sangraban, pero el dolor que me provocaban es incontenible. Pequeñas lagrimas se acumularon en mis ojos debido al dolor.

—¡Por los Dioses! — el rubio me tomó rápidamente en brazos —. Debemos irnos de aquí, mamá y papá sabrán que hacer.

—Tobi…— logré decir.

Gemí de dolor al sentir como las cortadas se multiplicaban, incluso logré sentirlas en mis piernas.

Tobías me sacó del instituto y me llevó rápidamente a un auto del estacionamiento del instituto. Con unas simples palabras y un poco de ayuda sobrenatural, el seguro del auto se abrió, el rubio me sentó en el asiento de copiloto y condujo como un rayo endemoniado hasta nuestra casa.

Me cargó para llevarme a la casa.

—¡Mamá, papá! — gritó mi hermano a todo pulmón.

Las lágrimas me corrían sin parar por las mejillas mientras el dolor en mis antebrazos se incrementaba. Comencé a gritar cuando comenzaron a arder.

—¡Tobías!, ¿Qué diablos te p… ¿Faith?,— Leandra nos miró desde las escaleras—, Dioses… ¡Faith!, ¿Qué fue lo que le pasó?

Dos adultos aparecieron por la puerta de entrada de la casa.

—¿Alguno me puede explicar por qué el auto hay un auto desconocido, en marcha y con las puertas abiertas de par en par a fuera de nuestra casa?

Ambos al ver la situación se acercaron rápidamente cambiaron su expresión facial.

—¡Por los Dioses!, ¿Qué sucedió? — preguntó mamá

—No lo sé, la encontré cerca de un árbol en la zona vieja del instituto y estaba gritando— explicó mi hermano, recostándome en el suelo.

Volví a gritar, las lágrimas quemándome la piel.

—Faith, cariño, dinos algo— pidió la mujer rubia, sus ojos se desviaron a mis brazos, se llevó la mano a la boca.

—No perdamos tiempo— habló papá tomándome en brazos— Lydia, Leandra, busquen el libro y las velas, Tobías, ayúdame a llevar a tu hermana afuera.

Todos comenzaron a moverse. Tobías abría las puertas de la casa hasta llegar al patio, corrió hacia el pequeño pórtico y sacó un montón de ramas viejas. Papá me llevó al centro del patio y me dejó delicadamente sobre el césped.

—Papi…duele…mucho— lloré sintiendo el ardor en mis brazos.

—Todo estará bien, cariño, te lo prometo— me miró con preocupación—. Tobías, ven, date prisa.

Mi hermano comenzó a hacer un círculo a mi alrededor con las ramas, mamá y Leandra llegaron con el libro y las velas, las coloraron entremedio de las ramas, papá besó mi frente y dejó mi cabeza sobre el césped, después cada uno de los integrantes de mi familia se puso en representación de los cuatro puntos cardinales.

—Señores de los cielos y la naturaleza, les pedimos humildemente su ayuda para llevar a cabo nuestro cometido— comenzó papá, me mordí los labios para aguantar mis gritos de dolor —. Volumus tolle dolorem vulneribus tuis sanabo te omnium malorum corpore tellus.

Las velas se encendieron con un chispazo. Todos comenzaron a recitar las palabras de papá.

Volumus tolle dolorem vulneribus tuis sanabo te omnium malorum corpore tellus. Volumus tolle dolorem vulneribus tuis sanabo te omnium malorum corpore tellus — el dolor me recorrió toda la piel, como si me estuvieran vertiendo el ácido más potente. El fuego de las velas llameaba con fuerza y las viejas maderas estaba levitando levemente mientras temblaban—. Volumus tolle dolorem vulneribus tuis sanabo te omnium malorum corpore tellus.

Grité con todas mis fuerzas, haciendo que me dolieran las cuerdas vocales. Una gran onda se expulsó de mi cuerpo, haciendo trastabillar a mis padres y hermanos. Mi vista se volvió borrosa, apenas lograba escucharlos.

—¡Faith!, ¡Faith! — logré escuchar, pero la oscuridad me rodeo por completo, llevándome a la inconsciencia.

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