Capítulo 2

Para cuando salimos de clases, me despido de Emma, ya que tenía una cita con otro de sus miles de ligues, camino hasta mi auto, me coloco el cinturón de seguridad, enciendo motores y estoy a nada de acelerar, cuando mi móvil suena, frunzo el ceño, veo la pantalla y respondo.

—Papá —pongo el altavoz y lo conecto al sistema del auto mientras me pongo en marcha.

—¿Cómo te fue, cariño? —inquiere en tono nervioso.

—Bien, lo normal ¿sucede algo?

—No, nada, solo quería saber cómo está mi princesa —la risa que brota de su garganta me sabe a preocupación.

—Sabes que puedes contarme lo que sea —añado.

Guarda silencio un par de segundos y lo escucho tomar una larga bocanada de aire.

—Me gustaría cenar contigo hoy cariño, hay algo que quisiera decirte —habla por fin.

—¿Es malo? ¿Debo preocuparme? —pregunto con voz trémula.

—No, tranquila, no es nada malo —contesta.

—Vale.

—Te veo en el Bambara Cambridge a las ocho.

—¿No saldremos de casa juntos?

—Tengo junta,  cariño, nos vemos a esa hora ¿sí? Te amo hija.

—Y yo a ti Daddy —colgamos.

El regreso a mi casa, fue tranquilo, en cuanto entré, los guardaespaldas de mi padre hicieron su trabajo al custodiar la zona que rodea nuestra propiedad, lo primero que sale a relucir es el enorme vestíbulo cubierto con elegante mármol beige, y en lo alto, al subir las escaleras cubiertas con una alfombra café, está el retrato de mi madre, Miley Hilton, papá dice que me parezco tanto a ella que siempre que me ve, pareciera que nunca se fue.

Mamá murió de cáncer cuando yo tenía cinco años, a papá y a mí no nos gusta hablar mucho del tema, duele, pese a ya pasar quince años de su partida. Subo y reviso mis cosas para la siguiente clase de mañana, ya que sí, soy una jodida nerd, las horas pasan y me alisto para la cena con papá. Me doy una ducha y preparo mi vestido, uno color vino, corto de encaje sin mangas y un escote en forma cuadrada, me aliso el cabello rubio, delineo mis ojos para que resalte el azul y haga un perfecto contraste con mi rostro en forma de corazón.

—Sí que eres hermosa —suelto con orgullo al admirar mi reflejo en el espejo.

Mi móvil suena, se trata de Bruno y no le respondo, apago mi celular porque no quedamos muy bien esta tarde, tomo mis cosas y salgo de casa. Al llegar al restaurante Bambara Cambridge, un enorme edificio elegante y pintoresco al estilo victoriano, la curiosidad comienza a aplastar mi hambre, me dirijo a la recepcionista, la cual ya nos conoce porque papá y yo siempre pasamos a celebrar aquí cualquier ocasión que lo amerite, por lo regular suelen ser fechas importantes como el aniversario luctuoso de mamá.

—Buenas noches, señorita Hilton —esboza una sonrisa que derrocha amabilidad—. Su padre la está esperando, sígame por favor.

—¿Tiene mucho tiempo que llegó mi Daddy? —inquiero detrás de ella.

—Diez minutos apenas —responde en el mismo tono amable de toda la vida.

—Muchas gracias —le devuelvo el gesto y asiente cuando localizo a papá.

Me acerco hasta la mesa, gustosa, se le ve cansado, pero sonriente, llego y le doy un beso en la mejilla antes de tomar asiento frente a él.

—Me alegra que hayas podido venir a cenar con este viejo —bromea—. He pedido por ti, espero no te moleste.

—¿Ensalada? —enarco una ceja con incredulidad.

—No, pollo envinado con un toque de menta —ríe.

—Excelente decisión, señor Hilton.

No tardan en traernos los platillos, cenamos al tiempo que le cuento sobre la fiesta de graduación, de los planes que tengo de trabajar en una empresa que me permita demostrar mis habilidades, le menciono algunos nombres y chocamos opiniones hasta que las horas se nos pasan volando.

—Y bien —me inclino mirando cómo intenta comer el postre con los ojos fijos sobre el pastel de chocolate blanco que está colocado en medio de ambos—. Vamos, suéltalo y dame esto.

Le retiro el pastel, a él no le gustan las cosas dulces y debió pedirlo para mí, su rostro se relaja y comienzo a comer el pastel para suavizar las cosas.

—Me conoces bien —arguye.

—Mejor que tú a mí, sí —encojo los hombros.

Se aclara la garganta.

—No sé cómo lo vayas a tomar, antes que nada quiero decirte que eres mi mundo y que siempre serás mi prioridad —comienza y me quedo con la cuchara suspendida dentro de mi boca, fijando mi mirada sobre él—. Mi cariño jamás va a cambiar, ni el que le tengo a tu madre, ella siempre va a ser el amor de mi vida, mi alma gemela ¿entiendes?

—¿Tienes cáncer o te estás muriendo? —trago grueso con el corazón acelerado.

Suelta una risita nerviosa.

—No, claro que no —niega.

—¿Entonces?

Mi padre toma una enorme bocanada de aire, dejo la cuchara sobre el plato ya casi vacío, y él coloca sus manos sobre las mías.

—Antes de decírtelo, quiero que tengas claro que si luego de escucharme no estás de acuerdo, lo dejaré, eres el ser más importante para mí, cariño…

—Papá, ya dime, no soy una niña, o sea, tipo a veces actúo como una, pero tengo la suficiente madurez para enfrentar cualquier cosa, sobreviví a la muerte de mamá, ¿recuerdas? —enfatizo con una triste sonrisa—. Y con solo cinco años. Puedo con lo que sea.

—Lo sé, cariño.

Mi padre no es un viejo, pero desde la muerte de mamá sus ojos se apagaron, hasta hace apenas unos meses en los que una mañana lo encontré cantando en su despacho. Una rara sensación me invade. Y es que Zaid Hilton, mi padre, un empresario textil de cincuenta y cuatro años, con el cabello rubio caramelo y un par de ojos azules más claros que los míos, es apuesto, y eso lo sé porque cada que pasamos tiempo juntos, las mujeres lo miran.

—Daddy, ya dime —me impaciento.

—Hace un año me reencontré con una vieja amiga de la Universidad, no te voy a mentir, fuimos novios antes de conocer a tu madre, luego ella se fue a vivir a los Ángeles, cada uno hizo su vida, una cosa llevó a la otra —se afloja la corbata—. Y bueno, llevamos tres meses saliendo, sé que es pronto y si tú no quieres que siga con ella…

—¡Tienes una novia y no me lo has dicho! —exclamo cubriendo mi boca con la palma de mi mano.

El miedo lo aterroriza y palidece, aunque todo se desvanece al escuchar mi sonora carcajada.

—¡Eso es genial! Quiero decir ¡Wooow! —me levanto y le doy un abrazo fuerte.

Su loción me gusta y siento como se relaja.

—Estoy feliz por ti papá —esbozo una sonrisa que va de oreja a oreja, regresando a mi lugar.

—¿Lo dices en serio?

—Sí, papá, yo entiendo que amas a mamá, estoy segura de que eso nunca nadie lo va a cambiar, al igual que me amas a mí, pero ella se fue y estoy segura de que pese a no conocerla muy bien, le hubiese gustado que encontraras a alguien con quien pasar el resto de tu vida —confieso—. Odiaba la idea de que te quedaras solo, o que evitaras volver a enamorarte por miedo a que yo rechazara esto.

—No tienes idea lo feliz que me hace escucharte decir esto, tenía miedo y…

—Ay, no empieces, no soy un monstruo a menos que esa mujer te rompa el corazón —apunto—. Háblame de ella, cómo es, cómo se llama…

Mi padre suelta una larga carcajada, y está a punto de decirme todo cuando le entra una llamada.

—Lo siento cariño, tengo que contestar —se disculpa poniéndose de pie.

—Adelante, el deber es primero, hombre de negocios.

Mi padre se aleja feliz, y yo me quedo a terminar mi pastel, estoy contenta por él, no me siento mal, merece ser feliz, ahora el único miedo que tengo es que esa mujer me lo dañe, o me le rompa el corazón, es mi papá, y así como él quiere lo mejor para mí, yo lo quiero para él.

—Hija, perdóname, surgió una emergencia en la empresa, sé que te prometí pasar la noche cenando pero…

—Adelante, no te preocupes, mañana tengo que levantarme temprano —nos despedimos.

—Eres la mejor hija del mundo, te lo compensaré y tenemos una charla pendiente.

—Dale, te quiero Daddy.

Papá se marcha y termino mi pastel a solas, pido la cuenta, aunque me dicen que ya ha sido pagada, por lo que estoy a punto de irme, hasta que el estruendoso ruido de algo estrellándose me hace girar y ver como un chico que podría decir apuesto de no ser por el penoso espectáculo que está haciendo, se tambalea y sus ojos se posan sobre los míos.

«Mierda, no, no, no»

Se dirige hacia mí, tomo mis cosas y no soy lo suficientemente rápida, ya que me toman de la mano jalando mi cuerpo hasta que alzo la mirada y su aliento a vodka choca contra mi rostro.

—Eres hermosa —susurra antes de caerse encima de mí.

Joder.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo