Capítulo 5 Secuela
“Cariño, por favor", habló mi madre desde el otro lado de la puerta cerrada de mi habitación. Su voz era ligera y estaba llena de preocupación.

Tras descubrir que mi hermano, Emrys, era mi pareja, me encerré en mi habitación. Cada fibra de mi ser me pedía a gritos que fuera con él. Que lo abrazara, que limpiara las lágrimas que sé que había derramado la noche anterior, mientras que la otra parte de mí estaba, como mínimo, aturdida.

¿Por qué, de todas las personas de esta tierra abandonada por Dios, mi pareja tenía que ser él? Claro, todo lo de la sobreprotección y de compartir los sentimientos del otro por fin tenía sentido, pero... ¿qué carajo?

"Estoy ocupada".

"Ambas sabemos que eso no es cierto". Ella suspiró. Pude imaginar sus ojos verdes abiertos de par en par y su hermoso rostro contraído por la preocupación. "¿Te peleaste con Ostana? ¿Es por Emrys?".

Tan pronto escuché el nombre de él, un sollozo escapó de mis labios solo para ser silenciado por mi almohada. Pasó un momento de agradable silencio que terminó con el suspiro de mi madre, cuyos pasos se alejaban por el pasillo. El silencio siguió durante los siguientes minutos. Mis párpados se volvieron pesados, tanto por el estrés como por el escaso sueño que había tenido la noche anterior, y no tardé en quedarme dormida.

*

"Cariño". Escuché la voz de mi padre, la cual me despertó de mi siesta, y la sensación de pesadez en mi corazón volvió con toda su fuerza. "Tu madre y yo vamos a visitar al Alfa Thomas, ¿quieres venir?".

"No". Todavía en la cama, me aferré a lo único que me mantenía cuerda en ese momento: la sudadera de Emrys. Olfateé el olor a lluvia en esta y dejé que calmara mi cuerpo. Oí unos susurros que sin duda eran de mi madre. La oscuridad llenó mi habitación.

"¿Estás segura? Habrá pastel".

"Estoy bien". Mentiras. "Simplemente vayan y saluden a Ostana de mi parte". Sabía muy bien que ella seguía atrapada en la casa del Alfa, ya que no respondió a ninguno de mis mensajes. Hablaron en voz baja antes de que mi padre suspirara y bajara los escalones. Su pesado caminar hacía crujir suavemente las escaleras.

"Cariño, estamos preocupados...".

"Mamá". Mi voz se hizo más fuerte. "Por favor. Estoy bien".

Ella refunfuñó, pero finalmente bajó las escaleras también, y después de que oyera la puerta principal cerrarse, me arrastré fuera de la cama. Había permanecido todo el día en mi habitación, sin comida ni bebida para consolarme. Mis pensamientos ahogaban las horas, y lo peor es que podía percibir los sentimientos de rechazo de Emrys que picaban mi corazón como mil avispas.

¿Cómo se supone que voy a mirar a mi hermano a los ojos mientras que es mi pareja? ¡No puedo hacer eso! Eso es... Eso es... Eso no está bien.

Tarde o temprano tendría que enfrentarme a él debido al celo...

Oh Dios, me olvidé del celo. El celo es cuando el vínculo se vuelve completo, o en otras palabras, nos follamos.

"Mierda", refunfuñé. Acerqué la sudadera gris de Emrys de la otra noche a mi pecho y dejé que su olor me relajara antes de ponérmela por encima de mi sencilla camiseta. En el espejo, mi aspecto reflejaba lo que sentía. La piel más pálida de lo normal, las lunas crecientes moradas que estaban bajo mis párpados mientras mis ojos azules se habían oscurecido y mi pelo rubio estaba revuelto sobre la cabeza.

El sonido de mi teléfono rompió el silencio y contesté sin mirar el identificador de llamadas. "¿Hola?".

"Hola, Celeste".

"¿Laker?". Instintivamente, enderecé mi postura. ¿Está con Emrys? ¿Se ha hecho daño Emrys? Sé que Ostana no podía estar con él... No, Emrys estaba en casa; su olor aún perduraba.

"Sí". La voz de Laker era tranquila, fría y siempre serena. Laker formaba parte de una manada vecina, la Manada de la Luna de Sangre, que se encontraba a ochenta kilómetros al norte de la mía. A diferencia de nuestro pueblo, en su ciudad, compuesta enteramente por hombres lobo, vivían el Rey Alfa William y su pareja la Reina Sundra; básicamente, es como la capital de los hombres lobo en América. "Oye, ¿está Emrys por ahí?".

Una lanza apuñaló mi corazón. "Sí, está en su habitación". Me volví a sentar y tumbar en mi cama, y observé como las sombras bailaban por el techo. Mi ventilador, que estaba apagado, estaba frente a mí. "¿Por qué?".

"Es que no contesta su teléfono, yo...". Laker se detuvo y se aclaró la garganta. "Se suponía que iba a subir hoy".

"¿Oh?", balbuceé. "Bueno, tal vez podría ver si está bien...". Vamos, Laker, convénceme de lo contrario. Dime que está bien y que te pasarás mañana. ¡Vamos, vamos!

"¿De verdad? ¡Eso sería genial, Ce!". Maldita sea, Laker. Me reí débilmente ante su entusiasmo, me levanté de nuevo y respiré profundamente. Cada paso se sentía pesado, cada respiración se sentía profunda, y mientras abría mi puerta, me encontré arreglando las arrugas de su sudadera. ¿Se ve bien mi pelo?

Finalmente llegué a su habitación, que estaba justo al lado de nuestra diminuta biblioteca y que se componía principalmente de cajas llenas de decoración navideña, un viejo ordenador y dos estanterías de libros. El olor de Emrys ya me envolvía, mi loba ronroneaba ante la proximidad de Emrys. Antes de que levantara el puño para llamar a la puerta de su habitación, él la abrió.

Se me cortó la respiración al verlo. Su pelo negro color medianoche estaba despeinado, ya que debía de haberse pasado las manos por él miles de veces. Los ojos grises tenían una emoción desconocida y ni siquiera se había cambiado la ropa de la noche anterior. Culpables y apenados, ambos escuchamos la voz de Laker a través del teléfono y no rompimos el contacto visual.

"Maldita sea, Ce, ¿cuánto tiempo vas a tardar?".

Silencio. Juntos nos perdimos en los ojos del otro, ambos buscando mientras nuestras mentes se quedaban en blanco, y mi teléfono cayó al suelo.

"¿Ce?". La voz de Laker sonó más baja al ser amortiguada por la alfombra.

Emrys dio un valiente paso adelante.

Sentí como mi corazón se aceleraba y a la vez se calmaba en un solo segundo. Todo sucedió tan rápido; Emrys se dejó llevar por el momento. Sus manos agarraron mi cintura mientras me arrastraba a su habitación y las chispas estallaron en mi cuerpo. Mi espalda chocó suavemente con la puerta cerrada mientras Emrys se agachaba.

Sus labios se encontraron con los míos.
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