Capítulo 1

Corina:

Al fin el verano ha llegado, Adriana mi compañera de habitación y mi mejor amiga me ha convencido de viajar a Texas, más específicamente a Georgetown y pasar todo el verano en la granja de sus padres.

—Te he dicho que será genial —repite Adriana

—Sabes que me siento un poco apenada con tus padres… estar tanto tiempo…

—¿De qué hablas?, mi madre te adora, ¿que no recuerdas lo que ha dicho la última vez que estuvo aquí?, te lo recordaré… —dice sin permitirme hablar—. Eres como una hija para mí Corina…

Guiña un ojo y no puedo evitar sonrojarme, nunca podré ganarle a mi amiga. Y es que es verdad, Yvone, la madre de Adriana es muy gentil conmigo, podemos hablar por varias horas sin que el tema de conversación se termine y lo mejor es que viene a visitarnos cada mes. Envidio tanto a mi amiga.

La relación con mi madre no es ni un cuarto de lo que tiene Adriana e Yvone. Sin dar más vueltas no la veo desde hace 7 u 8 meses. Se justifica diciendo que su trabajo es demasiado absorbente y solo se limita a m****r dinero por una cuenta bancaria y bueno está mi padre… pero él ya tiene otra familia.

Tomo el último cambio de ropa y lo adentro en la maleta doblándose lo mejor que puedo. Sacudo mi cabeza tratando de olvidar mis pensamientos. No quiero sentirme mal, menos hoy, ya que hemos estado planeando este viaje hace un par de semanas. Relajarnos y respirar aire lejos de esta enorme ciudad o como lo nombramos nosotros “purificarnos un poco”.

—Mi madre nos esperará en Austin y conduciremos hasta Georgetown —asiento —. Nos divertiremos a lo grande, mi padre está feliz de tenernos ahí.

Tomo mi maleta y comienzo a arrastrarla fuera de la habitación, repito una y otra vez la lista de cosas que llevo tratando de no olvidar nada.

—¿Lista?, ¿boletos? —extiendo los tickets que llevo en las manos.

—Perfecto, ¡vámonos! —dice brincando de un lado a otro.

Adriana es una chica muy activa, miembro de las porristas de la universidad. Y como no, con su escultural figura. También es una de las chicas más populares de la facultad. Y después estoy yo, su mejor amiga. Castaña, de piel pálida, ojos café oscuro y estatura más o menos baja. Puedo decir que lo que si compartimos es, nuestro sueño de convertirnos en ejemplares educadoras.

Subimos al taxi y este nos conduce hasta el aeropuerto. De vez en cuanto el atareado tráfico de Manhattan nos aprisiona pero en pocos minutos volvemos a estar en marcha.

He telefoneado a mamá varias veces pero sigo sin recibir respuesta así que tecleo un mensaje diciéndole que saldré ya.

—¿Crees que el viaje dure mucho?

—3 o 4 horas tal vez.

En cuestión de minutos el taxi nos deja frente al aeropuerto y bajamos a toda velocidad.

—¡Corre Cori, el vuelo nos dejará! —persigo a mi amiga quien se escabulle por en medio de mucha gente. Escucho como llaman nuestro vuelo una vez más y al llegar a la puerta, la mujer por poco nos deja fuera.

—Señoritas les recomiendo que la próxima vez estén una hora antes —mi amiga bufa y se adentra al pasillo no sin antes dejar nuestro equipaje para que sea revisado.

—Todo está en orden, pasen—nos indica otra mujer.

Cruzamos un largo pasillo hasta llegar al avión. Tomamos nuestros respectivos lugares y miro hacia la ventana. El clima es sumamente frío aquí. Adriana saca de su bolsa un paquete de goma de mascar.

—Vale más que tomes una o tus oídos explotaran.

—No me digas —tomo una y la meto a mi boca. Adriana me dedica su dulce sonrisa, la cual deja locos a los chicos del campus.

Tiene chicos a montón, nunca camina sola, a veces llueven rosas en su casillero sin razón… sería genial ser así. Pero soy de esas chicas que prefiere estar leyendo en biblioteca o admirando el atardecer. Me gusta el helado y los bares tranquilos. Trato de evitar los clubes nocturnos por sobre todas las cosas, pero con Adriana a un lado algunas veces es imposible, así que tengo que acompañarla y terminar haciéndome amiga de los chicos de la barra.

No se me da eso de coquetear ni tampoco iniciar una conversación con facilidad. No suelo mantener las miradas y entre más desapercibida pase por mí está genial.

—Muero por llegar a casa y quitarme todo esto —dice señalando su abrigo, me limito a sonreír.

No sé qué diablos haré si toda la ropa que tengo son abrigos y camisas de manga larga, pantalones y… el único pantaloncillo corto con el que cuento es el de mi pijama.

—¿Estás bien? —su pregunta me saca del trance

—¿Si?... digo, si —carraspeo —. Estoy un poco nerviosa por la turbulencia.

Y es la verdad, el avión está a punto de despegar y la presión en mis oídos es insoportable.

—Vamos Corina, solo quiero que te relajes, dejes la escuela a un lado y disfrutes estás vacaciones, te vendrán bien… quien quita y consigues un ligue de verano por allá —guiña un ojo.

—Sabes que soy una papa para eso Adriana.

—No te preocupes, ya lo arreglaremos, además… eres mi papa favorita ¿sabes? —toma mi mano.

—Y tú la mía.

▮▮▮▮▮▮▮

El viaje continua de lo más tranquilo, incluso he llegado a dormir unos minutos, cuando siento el toque de mi amiga.

—Hemos llegado bebé —muevo mi cuello de un lado a otro.

—¿De verdad?, ¿tan rápido? —visualizo su gran sonrisa y me invita a bajar.

Caminamos por un largo pasillo y seguimos las indicaciones que las amables personas del aeropuerto nos dan. Tomamos nuestras maletas y comienzo a sentir un calor sofocante.

—Vale más que te quites eso si no quieres deshidratarte Cori —bufo

—A buena hora me lo dices —comienzo a deshacerme de mi abrigo y termino en jeans y una delgada blusa manga larga que termino remangando por mis antebrazos.

Mi amiga lleva puesta una blusa manga corta y jeans que deja ver sus excelentes curvas, varios chicos del lugar la miran sonrientes y yo niego, esto es siempre.

Visualizo a Yvonne haciendo señas en nuestra dirección y mi amiga corre atrapándola en un abrazo.

—Madre, que gusto —se separa de golpe —. La he traído, ¿ves?

—Señora Yvonne, que gusto volver a verla.

—Oh mi niña ven aquí —me aprieta fuerte en su regazo, es muy amorosa. Su cabello canoso y su piel bronceada, fina, es envidiable para sus 60 años. Si, Adriana fue la bebé de los 40.

—Me alegra tenerlas ya aquí, tu padre quiere que las lleve de inmediato, vámonos —hace una señal a un hombre de jeans y camisola, este me dedica una sonrisa.

—Señorita, yo me encargo de su maleta —asiento sin mirarlo demasiado.

—Oh Kevin, deja en paz a mi amiga —dice Adriana y él sonríe

—Solo trato de ayudarles señorita —ella suelta una carcajada y toma mi mano dirigiéndome hacia donde su madre. El hombre del sombrero nos abre la puerta de un Jeep y me adentro sin problema, el hombre sube al asiento del piloto e iniciamos el recorrido hasta la granja de los Baker.

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