Capítulo 5

Yo respiro profundamente, es como si me despidiera de un sitio que me acogió, aunque fue todo lo contrario, en aquel lugar nació la nueva Crys, ya que la vieja yo, estaba muerta.

Me doy la media vuelta y me dirijo hasta el guardia, quien me veía con lujuria y mal humor al mismo tiempo, paso por una especie de recepción en donde me entregan una canasta plateada y fría, ahí estaba una pulsera de oro puro que traía la vez que me trajeron, mi celular, y unos cuantos billetes, observo todo eso y me doy cuenta de que no los necesito, todo eso me trae malos recuerdos, le aviento una mirada cómplice al chico que me tendió aquello, y le sonrío.

—Quédatelos si quieres, no los necesito —digo tajante devolviéndole aquella canasta fría de metal.

—Como quieras —encoge los hombros.

Me despido de mis cosas y me dirijo a la salida, ahí el guardia me devuelve mi maleta, el nerviosismo me invade y siento ganas de gritar, pero me contengo, y me recuerdo que no soy la misma.

Cuando el abren la reja y la puerta, se escucha un ruido horrible y una alarma se prende, salgo, y al hacerlo, al fondo veo a mi madre, a Brandon cargando a mi hermanita, quien había crecido bastante, a mi mejor amigo, Milan, quien me veía con una sonrisa de oreja a oreja. Saskia estaba con Erick y Tony. Solo eran ellos, había rogado que no vinieran mis amigos, no en este lugar.

Camino directamente a ellos y mi madre me abraza con fuerza.

—Por fin, cariño —me dice sin soltarme.

—Lo sé.

—Nos alegra verte y tenerte de nuevo en casa hija —me dice Brandon dándole a la bebé a mi madre para después abrazarme, últimamente me decía hija, y eso me hacía sentir bien— te extrañamos.

—Y yo a ustedes —respondo y le doy un beso a mi hermanita, quien sonríe.

—Ya era hora, ¿por qué tardabas tanto? —me pregunta Saskia mientras me da un abrazo muy sonriente.

—Estaba dejando preparada una bomba para explotar este lugar —bromeo.

—Es bueno verte Crys —susurra Erick, verlo me hacía recordar a Bastian, y eso dolía.

—Gracias —sonrío.

—Bueno, creo que es mejor que nos marchemos, hay tantas cosas por hacer —habla Tony tomando mi maleta— ya nos pondrás al día.

—Claro —respondo alborotando su cabello.

Cuando salimos de aquel lugar y los rayos del sol me iluminaron, respiré el aire puro por primera vez desde hace meses, estar afuera era un verdadero placer, cuando nos dirigimos al estacionamiento, Milan me avienta las llaves de su carro.

— ¿Nos adelantamos? —me guiña un ojo.

—Por supuesto —respondo desafiante.

—Esto se pondrá bueno —Tony suelta una carcajeada

—Les recuerdo que la velocidad es peligrosa —nos da una pequeña regañina Saskia.

— ¿Desde cuándo te volviste una amargada aguafiestas? —ruedo los ojos.

—Desde que estoy a punto de ser madre —responde ella mientras se cruza de brazos.

—Nos vemos en casa cariño —me dice mi madre mientras veo como se aleja su carro.

— ¡Claro! —sonrío.

—No se maten, son imposibles —dice Saskia al tiempo que Erick toca el claxon para que se marchen ellos también.

Yo encojo los hombros y nos subimos al carro, prendó motores y arranco, la velocidad me hacía sentir libre, y mientras más nos alejábamos de esa cárcel de locos, más me sentía como yo, Tony iba asustado mientras que Milan parecía estar pasándosela bien, en menos de una hora llegamos al pueblo, y debo admitir que al pasar por la casa de los Woodwryn, me temblaron las manos y tuve que apretar el volante obligándome a no ver aquella casa amarilla.

Cuando llegamos a mi casa, y veo el lago, el árbol de cerezos, y todo el bosque, me siento nostálgica, pronto no vería eso diario, y es que había una razón para no estar tan contenta, misma que les contaría hoy a todos, durante la cena que estaba organizando mi madre. Una bienvenida.

Bajo del carro y me estiro, era bueno volver.

—Aún es extraño verte rubia —me dice Tony acercándose a mí, ver sus ojos, me dio cierto aire de tristeza, hace unos años atrás, éramos novios, y yo estaba coladita por él, pero...

—Pues debes acostumbrarte —le doy un pequeño golpe en el brazo.

—Lo sé.

—Bueno, es mejor entrar, tu madre estuvo estos meses arreglando y decorando nuevamente tu habitación, no quería que tuvieras un mal recuerdo de Annethe —menciona Milan bajando mi maleta del carro.

Éramos los primeros en llegar, yo asiento y entramos a mi casa, todo estaba tal cual, y eso me alegró, Tony se despidió de nosotros argumentando que se quedó de ver con los chicos para tomar algo, pero que regresaría para antes de la cena, cuando subí y entré a mi habitación, sonreí al ver como las paredes estaban pintadas de un color verde claro, con una enorme pared blanca, mi cama, el edredón era blanco, y debo admitir que me emocionó ver la nueva computadora que me compró mamá, en el escritorio, en efecto, todo estaba cambiado, me dirigí a mi ropero y me lleve una enorme sorpresa al ver como también se había tomado la molestia de comprarme ropa nueva, todo iba bien.

— ¿Te gusta? —me pregunta Milan.

—Claro que sí.

— ¿Has pensado en eso?

Sabía a lo que se refería.

—Sí, y sigo pensando que es mala idea ser tu novia —lo miro fijamente.

— ¿Por qué?

—No quiero destruirte como lo hice con Bastian —respondo dirigiéndome a la puerta— ahora, si me disculpas, quisiera descansar un poco, dormir en mi cama es buena idea.

Milan no dice nada más, me da un beso en la frente y se marcha. Yo me recuesto en la cama y dejo que todo me hunda, quedando dormida profundamente.

De pronto siento que alguien me despierta, y abro los ojos con pesadez.

—Crys, ya es tarde y no tardan en venir los invitados —me despierta mi madre con voz dulce.

— ¿Qué invitados? —Me incorporo soltando un leve bostezo— creí que solo seríamos nosotros y Tony con Saskia, tal vez Erick.

Mi madre hizo una mueca, y después se sentó a mi lado.

—El hecho es que he invitado a los Woodwryn, y antes de que me reclames quiero decirte que los invité porque independientemente de que tú y Bastian ya no estén juntos, no quiere decir que en esto estén sus padres —me dice y no me quita la mirada de encima.

—Lo sé, pero...

—Cariño, tranquila, que Bastian no vendrá —mi madre me da un beso en la mejilla y se dirige a la puerta— sé que lo que te pasó es horrible, yo como tu madre me siento impotente de no poder hacer más por ti, pero siempre es bueno hablar y creo que Bastian se merece una explicación.

—No eres la primera persona que me dice eso mamá.

—Solo piensa en eso, te esperamos abajo.

Mi madre se marcha y yo siento que una enorme nueve gris me consume, me pongo de pie y me retoco el maquillaje un poco, hoy les daría la buena noticia y no sabía cómo lo tomarían, solo esperaba que me apoyaran y no me declaran nada más.

Cuando termino, bajo y me doy cuenta de que todos están hablando amenamente mientras mi madre y la de Bastian ponen las cosas en la mesa, pero no puedo evitar sentirme incomoda con la presencia de sus padres. La pequeña Lauren al verme, se acerca a mí y me mira con sus pequeños ojos inquisidores.

—Hola —la saludo con cariño.

—Tu eres mala por lastimar a mi hermano —me dice cruzando sus pequeños bracitos, se parecía tanto a Bastian.

— ¿Por qué dices eso? —enarco una ceja.

—Porque desde que te fuiste mi hermano es un desastre.

—Ya veo.

—Crys, te ves hermosa —se acerca a mí la madre de Bastian y me da un abrazo— ¿cómo estás?

—Bien —respondo secamente.

En ese instante mi madre nos llama y todos nos sentamos en la mesa, Milan a mi lado como siempre, ni siquiera él lo sabía y se cabrearía en cuanto se enterara, pero era ahora o nunca, cuando todos están sentados, me pongo de pie.

—Antes de cenar quisiera informarles algo —digo colocando mi mirada en mi madre.

— ¿Sucede algo malo cariño? —mi madre traga saliva con nerviosismo.

—Creo que todos saben lo que ha pasado, estando en aquel lugar he pensado muchas, y tomé algunas decisiones, y una de ellas es que me he cambiado de Universidad —suelto y me siento mucho mejor— Martín Ferrer me ha ayudado con el registro, así que ahora soy alumna de la Universidad Bell Wrooks.

— ¿Qué? —Milan se pone de pie— ¿y cuando pensabas decirme?

Volteo a ver a mi mejor amigo y decido ignorar su comentario para seguir con mi aviso.

—Como muchos saben esa Universidad cuenta con un dormitorio, el cual pienso usar —digo y veo las miradas de sorpresa de todos.

Milan da un golpe en la mesa y se marcha a su habitación sin decir nada, y antes de que me cuestionen, como por arte de magia alguien toca el timbre, así que me levanto y me dirijo a la entrada.

—Yo abro.

Cuando me acerco algo en mi interior se hace revuelo, suelto un suspiro y al abrir la puerta, mis ojos se cruzan con aquellos que tanto anhelaba ver.

—Crys —susurra agitadamente.

—Bastian.

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