Prólogo

Prólogo

La mañana de ese viernes 13 de marzo del año 2020 Erick estaba en la universidad con su equipaje, ese día se mudaría a la rotunda, una urbanización a 66 km de la ciudad capital, luego de unos no tan buenos primeros meses de universidad viviendo en casa de su tío. Faltando 20 minutos para concluir clase, Sharly (un compañero) dio la noticia de los primeros dos casos de covid detectados en el país. La noticia ya era tendencia en las RRSS.

— ¿Detengo la clase? — preguntó el profesor Con tono odioso.

— ¡No, continúe! — respondió Sharly con el mismo tono odioso, como solía ser. Jamás inclinaba su cabeza ante nadie.

Erick solo observaba imperceptible desde uno de los últimos asiento al final del hemiciclo catedrático, incluso su compañero Barraza tuvo que tocarle el hombro para que aterrizara y recibiera la hoja de la lista para apuntar su nombre, lo hizo de forma automática casi sin razonarlo, pasó la hoja de la lista a Fabiana sentada a su derecha, quizá de alguna forma u otra Erick presentía lo inminente. Fue cuestión de tiempo, para que la incertidumbre se esparciera en el aire como una pestilencia apocalíptica, más perjudicial que el propio virus aquel día. 

— Llegó a Venezuela, aunque tal vez hace mucho que estaba aquí y ahora es que deciden sacarlo a la luz — dijo el chofer del taxi mientras llevaba a Erick por la autopista saliendo de caracas, Erick como de costumbre solo asiente sin responder.

El olor a podrido comenzó a filtrarse y un montón de samuros volaban en círculo en el cielo profundo.

El chofer no pudo evitar hacer un comentario:

— Las mayas jejeje cuando vienes a caracas desde el sur lo que te da la bienvenida es su b****a, Éstos políticos no piensan, no piensan... mira esas ciudades en las películas gringas limpias y ordenadas y la gente se sabe comportar, yo tengo un hijo en...

— La b****a está ahí porque nuestra mente está en otra parte. — interrumpió Erick.

El chofer del taxi miró con asombro a Erick desde el retrovisor y acudió al silencio aprobatorio, ante sus palabras, palabras Agudas y dignas de examinar. 

  

— Vendré por ti el lunes — dijo al dejar a Erick frente a un gran portón de rejado negro entre columnas blancas como las entradas a las mansiones de las películas gringas. 

Tenía que ser viernes 13 su primer día en aquella urbanización solitaria y distante, rodeada por un bosque y montañas calladas, los edificios parecían muros de un laberinto, la mayoría de los propietarios se encontraban fuera del país por la situación económica. Erick ya estaba acostumbrado al silencio y la soledad allí, se detuvo un instante a observar el ferrocarril cruzar a lo lejos, una enorme serpiente roja atragantada de caos, luego comenzó a llover y toda la calle se volvió un espejo donde los edificios podían contemplar su tristeza y su soledad reflejada.

“y como ha anunciado el presidente de la república, a partir de mañana el país entra en cuarentena, las principales vías del país serán cerradas, así como los aeropuertos y las zonas fronterizas" anunciaban en el noticiero de las 7.00 pm

Erick recién se había bañado, secaba su cabello frente al televisor. Cuando fue dada la noticia, se quedó en pausa y un cúmulo de pensamientos aleatorios saltaban en su mente, desde fantasías apocalípticas y distópicas hasta toda una conspiración de las altas esferas de poder haciendo algún experimento psicosocial.

¿Será lo uno, lo otro o lo contrario?, él estaría dentro de pocas horas atrapado y aunque su convicción le diera el beneficio de la duda, la convención legitimaba aquellas medidas como un enorme muro sólido que comenzaba a edificarse entre la razón y el imaginario.

Revisó la despensa, había suficiente comida para varios meses y el refrigerador también estaba repleto.

Luego vinieron las llamadas telefónicas.

— Si papá ya lo sé, todo está bien no te preocupes.

— Tío... No, no hay problema supongo que no habrá actividad en la universidad, así que estaré bien aquí estos 30 días.

A veces es un poco agotador conversar por teléfono, mantener ese tono y vender el simulacro de que no pasa nada, piensa Erick observando las montañas silenciosas más allá del bosque, la crianza cristiana pro determinista le hizo sucumbir en la idea de que tal vez era necesario, tal vez lo que estaba pasando tenía que pasar porque al final resultaría beneficioso, casi escuchaba a su papá citando la biblia.

 "Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien”   

El teléfono volvió a sonar, tenía de tono una canción de Charly García "Difícil que lleguemos a ponernos de acuerdo ¡De acuerdo!"  Promesas sobre el bidet.

— Hola Erick soy Fabiana de la primera clase ¿Recuerdas? Saqué tu número de la lista es que... quería preguntarte si sabes algo...  ¿Qué pasará con las clases ahora?

¿Qué está pasando? Lo primero que cruzó la mente de Erick fue una pregunta alguien de su clase lo estaba llamando, además era una chica, en fracciones de segundos Erick intentó ubicar en su archivo cognitivo una respuesta adecuada, interesante y que no defraudara a Fabiana, que había acudido a él pidiendo ayuda.

— Emm yo... Creo... – una fuerza suprema le impidió responder, la llamada se cayó y cuando fue a conectar el celular para cargarlo se fue la luz.

Erick no lo podía creer ¿sería una señal o simplemente una evidencia del mal funcionamiento de los servicios últimamente? 

En ambos casos la frustración era inevitable, se trataba de una chica y aunque no tenía idea de cuál de todas las chicas en el salón era, una pregunta distante y minúscula viajaba como una pluma en la profundidad de su mente. ¿Por qué acudió a mí?

“La curiosidad es el poderoso motor de la voluntad humana"

Pero Erick debía esperar que llegara la luz para encender el suyo, así que decidió invertir el tiempo en buscar alguna fuente de Luz, pues la noche cabalgaba los cielos aproximándose y debía tomar precaución, si no regresaba la luz estaría a oscuras esa noche. Tras revisar cada rincón Erick decidió entrar en cierta habitación, era oscura, no había ventanas y con la puerta siempre cerrada el aroma de las cosas guardadas se fundió en una densa atmósfera, cajas y estantes polvorientos, una cama desatendida y otros artefactos desordenados en el suelo,  entre los cuales había un televisor antiguo con el que Erick tropezó, pues su única fuente de luz era un fósforo, que a causa del tropezón fue a dar debajo de la cama donde su llama agonizaba débil, cuando permitió a Erick distinguir un hallazgo. Un cabo de vela de 8 centímetros, junto a una figura de José Gregorio Hernández debajo de la cama, junto a una pila de libros viejos entre los que figura uno que llamó la atención de Erick. “Algo que decir “era el nombre del libro grabado con letras doradas en un encuadernado frágil de color negro deteriorado y polvoriento. Erick había encontrada la excusa para pasar el tiempo Hasta que regresara la luz, así que junto a los 8 centímetros de vela a la luz de la llama danzarina decidió revisar las primeras páginas, una nota preliminar, un poema y una memoria.

Nota preliminar  

Tenía la mirada cansada, herida por algunas circunstancias, cinco disparates, 26 canas al aire y una sola metida de pata, fue testigo de unas cuantas quijotadas ascendidas a proezas por los que cuentan la historia, esos a los que se les olvida algunos acentos y comas pertinentes que por lo general corresponden a la gente sencilla, una fulana o un don nadie, no como él, Hilario Robles Carrasquel estaba ahí sentado en la frontera con la nada, frente a sus ojos la utopía y a su espalda la mascarada de vida que le alcanzó a comprar con lo que le heredó su abuela Eulalia, una frase y nada más “ya está".

— “Ya está" — dijo, y despidió con un par de cigarrillos sus memorias. 

Poema

“La luces nunca las encendí, nunca las apagué 

Las puertas nunca las abrí, nunca las cerré 

Me quedé ahí como estático, 

Viendo los ecos danzar de pared a pared.”

Memoria 1

En la época de las guerras diurnas por el pan todos morían al caer el sol, había que guardar energías para resucitar, con suerte al otro día, unos cuantos osados sin televisor podían emplear sus energías en cierto menester, de pena y gozo. Los amos siempre se preguntaban ¿cómo carajos hacía la plebe para reproducirse? yo, que estaba bien cerca de ellos, pensé al instante en una novela que leí una vez, en la que los hombres y mujeres del mañana a merced de una extraña esclavitud futurista “actualizada" participaban de dos prerrogativas compensatorias, dinero y sexo, no más, tal y como hoy en aquellos días el dinero seguía siendo poco y el sexo... Bueno ya saben, entonces conocí a unos mocosos bastante insoportables Jaime y Javier, hijos del mismo padre, “Sebastián" y de madres distintas, Candelaria Veneto madre de Javier y Frida Granadas madre de Jaime, Javier era un malcriado imprudente, Jaime silencioso pero malhechor, los vi una vez mientras cerraba turno en la ronda, dos jovencitos de la calle de atrás, Pibardo y Loquiño, les quitaron todas las canicas en un juego como ellos decían “a la verdad" Javier salió llorando a buscar a su madre para que resolviera el asunto, Jaime no dijo nada a la suya, él guardó silencio, preparó 5 globos medianos, los llenó de agua y los colocó en el refrigerador, al otro día los esperó tras la pared de ladrillos en el alto donde una vez hubo una casa de un isleño que murió incendiado y 7 meses después la casa se cayó excepto la pared que funcionaba como un buen punto donde el novato contara el escondite, ahí estaba Jaime y no precisamente contando el escondite como pensé en el momento que lo vi, cuando Pibardo y Loquiño cruzaban abajo, Jaime el silencioso descargó los cinco globos en simultaneo que ahora eran cinco bombas congeladas. Pibardo murió en el acto y Loquiño quedó Loquiño de remate, Javier que había visto todo atendiendo al consejo de su ángel corrió a denunciar a Jaime ante mí, la madre de Jaime descansó cuando vinieron por él los del retén. Jaime Granadas marchó a donde señaló su demonio, allí estuvo bajo la tutela del honorable señor McCarthy que lo enviaba en secreto a robar y cometer una que otra fechoría para él, con el tiempo Jaime Granadas se convirtió en un desquiciado narcotraficante y Javier Veneto heredero de la fortuna de su padre se convirtió en un político corrupto, pobre suerte la del legado de Sebastián, tenía que haberse quedado en Londres.


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