Capitulo 4

*—Nathan:

Volver a ver a su ex novia, quien fue el amor de su vida por mucho tiempo, hizo que su corazón latiera frenéticamente. Estaba perdiendo el control por los recuerdos que florecían en su mente mientras la miraba, recordando esos bellos momentos que vivieron juntos.

—Es interesante como tu pelo sigue viéndose tan hermoso a pesar de los años, Rosemary —soltó de repente mientras recordaba lo mucho que le gustó en su momento acariciarle el pelo y vio como la mencionada, al escucharlo, se tensaba.

Nathan arqueó las cejas.

Eso sí que fue una reacción.

Lentamente, el rostro de Rosemary Hamilton se giró hacia él y al fin Nathan pudo ver la hermosa cara de esta. La madurez le había sentado bien a aquella mujer. Algo que le encantó es que seguía teniendo esos grandes ojos verdes y sus generosos labios que en esos momentos estaban tintados de un suave tono rosa. Esos mismos ojos verdes se abrieron con sorpresa y lo miró como si hubiera visto un fantasma. Bueno, es lo que podía decirse de él. No había regresado por diez largos años y de la nada aparecía allí. Si, debía de ser sorprendente.

Puso su mejor sonrisa para saludarla después de tanto tiempo.

—Hola —murmuró, pero Rosemary solo se rió como si fuera una psicópata para luego negar con la cabeza mientras retrocedía lejos de él.

—Lo que me faltaba —dijo en voz alta aun riéndose mientras que Nathan solo la veía confundido. ¿Lo que le faltaba? ¿A qué se refería? Rosemary miró hacia el cielo mientras abría los brazos—. ¿Acaso estás jugando conmigo? —preguntó— ¡Ya basta! ¡Deja de jugar conmigo! —le gritó, pero no fue a él, más bien, fue hacia el aire.

Nathan no entendía su reacción. Si, era difícil tragarse la sorpresa de que estuviese allí después de tanto tiempo, pero no había que exagerar. Extendió una mano hacia ella para calmarla.

—Oye —murmuró Nathan.

Rosemary se alejó mientras negaba con la cabeza.

—No eres real, eres producto de mi mente —Rosemary parecía en negación y Nathan comenzaba a comprender porque actuaba así. Lo tenía merecido.

La mujer ante él se agacho a recoger algo del suelo, para después coger su bolso que también estaba sobre el asfalto y caminar hacia la casa oscura frente a ellos.

—Jessie y sus cosas —escuchó que ella murmuraba el nombre de la cual Nathan recordaba que era su vieja amiga.

Aún sorprendido por su reacción, Nathan se quedó mirándola con las cejas arqueadas. ¿Acaso había dicho que no era real? Se pellizcó a sí mismo. Oh si, si lo era. Dio un paso hacia ella, siguiéndola por el camino de entrada lleno de nieve. ¿Por qué no limpiaba el lugar? Si seguía así podía tener otro accidente. 

—Rosemary —la llamó y su nombre salió tan grácilmente de su ser. Su mente evocó recuerdos, recuerdos que no quería tener en su mente ahora. Hizo algo muy malo en el pasado y al ver a Rosemary, comenzaba a arrepentirse de ello. Es posible que el sufrimiento vivido con su ex esposa sea debido al karma—. Rosemary —volvió a llamar y extendió un brazo hacia ella en el momento que la misma abría la puerta de su hogar—. Soy real —le dijo con una sonrisa.

Rosemary lo miró con una mueca, una expresión que no pensó en ver en ella, ya que la que chica que recordaba había sido una masita de dulce y esta mujer, esta mujer no parecía ser la misma chica de antes.

—Estaba deseando que no dijeses eso —dijo Rosemary para luego, tirar de su brazo con fuerza y entrar en su hogar. Literalmente le cerró la puerta en las narices, dejándolo allí completamente confundido.  rápidamente abriendo la puerta y cerrándosela luego entre las narices cuando él había dado un paso adelante.

Nathan sonrió y bajó la mirada hacia sus zapatos mientras se reía.

Rosemary Hamilton le había cerrado la puerta en las narices, a él, bueno, de seguro estaba enfadada con él. Era de esperarse, habían sido novios en la adolescencia y cuando tuvo que irse del pueblo, le había hecho una promesa de que volvería por ella, algo que no había hecho, más bien, no la cumplió.

Suspiró. Se lo tenía bien merecido.

Miró hacia la puerta cerrada.

Quizás podía retomar la amistad que habían tenido antes de ser novios, se habían llevado bien y además de eso. Nathan no quería regresar a la ciudad después que pasaran las pascuas sabiendo que tenían esa mala relación. Era mejor que arreglaran las cosas y así podía irse en paz.

Nathan se dio la vuelta y se alejó de la casa caminando de nuevo a su vieja casa.

Lo haría, esta sería una de sus metas durante su estadía: arreglar las cosas porque no le gustaba deberle a nadie.

.

.

.

*—Rosemary:

No podía ser cierto.

Con su espalda pegada a la puerta cerrada de su hogar, Rosemary se decía esto como si fuera un mantra mientras trataba de procesar lo sucedido hace un rato.

Era Nathan. Nathan Rivers. Su ex novio, el primer amor de su vida y el hombre que la había dejado atrás.

¿Qué diablos hacía allí?

Rose se quedó pegada de la puerta hasta que escuchó los pasos resonantes sobre el suelo de su jardín, dando a entender que la persona que había estado del otro lado de la puerta se había marchado.

Soltó todo el aire que había estado conteniendo y se cayó de rodillas.

No podía ser. Era él. No era posible.

Se agarró la cabeza con las manos, la cual le latía con dureza.

Estaba segura de que se había golpeado la cabeza al caer luego de tratar de sacar su bufanda. Si, debía de ser esto. Estaba desmayada sobre la nieve y por culpa de Jessie, quien mencionó a Nathan, se lo estaba imaginando allí.

Rosemary se rió como tonta.

Claro, ¿Qué más podía ser? Nathan Rivers nunca estaría allí. Él era un multimillonario de renombre, estaba casado y tenía una empresa igual de millonaria que él. ¿Qué iba a buscar un hombre como Nathan Rivers en un pueblo tan atrasado como aquel?

Si, debía de ser esto.

Rosemary se levantó lentamente del suelo y caminó nerviosa por la sala.

¿Cuándo se despertará de aquel sueño? ¿Cuándo? ¿Acaso aquello no había sido suficiente para sorprenderla?

Llevó una mano hacia su brazo y con dureza pellizcó un parte de su piel. La acción le dolió mucho y cuando retiró la mano, vio como su piel se enrojecía donde había pellizcado. ¡Oh no! No, no podía ser realidad. No estaba soñando, estaba en la mera realidad.

Nathan había estado frente a ella luego de tantos años sin verse y estaba de regreso en el pueblo.

¿Cómo? ¿Por qué?

Espera.

¿Qué hacía él allí?

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