III

Aries.

Agarro el GPS que yo mismo puse en la guantera, para no levantar sospechas, pues Natasha los demás no son imbéciles como para creer que vine a Asia de pura casualidad. Aplasto el pequeño dispositivo con mi zapato contra el suelo, agarro la caja del asiento de copiloto y le pongo el seguro a la camioneta para comenzar a caminar a la que ahora es la casa actual de Sekhmet.

Atravieso la pequeña entrada y abro la puerta con mis llaves, al primero que me encuentro es a Culebra, barriendo la sala.

—Jefe— me mira detenidamente, como a la espera de una órden.

—Hola. ¿Dónde esta Sekhmet?— inquiero, dejando la casa sobre la mesita de madera.

—Se está bañando, ya debe estar por salir.

Asiento con lentitud con una cara completamente seria y me dirijo a la cocina por un vaso de agua. Me saco los zapatos de un puntapié, quedando sólo en calcetas.

Sekhmet sale de su habitación, vistiendo pantalones rasgados de mezclilla, botas de cuero marrón, camisa blanca y un chaleco a juego con las botas.

—¡Contigo quería hablar!— exclama cuando me ve— El sótano es muy pequeño, no puedo moverme a mi antojo, las ruletas de vaina no pegan el techo.

—Yo también quería hablar contigo— dejo el vaso de barro en la encímera de granitos—, ¿Por qué coño te quedaste callada cuando te llamamos ayer? Casi nos dejas en evidencia. ¡Planeamos todo y casi la cagas con el puto silencio!

—Yo no estoy hablando de eso— me encara.

—Pero yo sí, entiende que no podemos exponernos aún, tenemos que esperar a que el plan de la captura de Anthoaneth se complete del todo para que te enfrentes a Natasha. No puedes estar haciendo lo que te da la gana.

—¿Cómo se puso Natasha cuando vio lo de Roger?— sonríe con la cabeza en alto.

—Se volvió loca y le empezó a gritar a todo el mundo en la cara— le contesto en medio de una exhalación—. Anoche nos reunió en la sala de estar y nos dijo que ya sabe que tú estás aliada con la italiana, porque de no ser así, ya la habrías torturado como a todos los que ella busca.

—Eso le da un motivo más para temer— se cruza de brazos, burlona—. Si sabe que tengo que ver con Anthoaneth, puedo moverme más a mi antojo porque no se va a meter conmigo. Tengo entendido que la tienen bien controlada.

—Ese es otro reclamo que voy a hacerte. ¡¿Cómo se te ocurre soltar el comentario de que la tienen controlada?! Ninazu me va a cortar la cabeza si se entera de que le ando cagando la cara. Puedo tenerte mucho aprecio y todo, pero si la cagas, te hundes conmigo.

—Lo tengo todo controlado, Aries— asegura—. En dado caso de que se llegue a enterar de que yo soy Sekhmet, no me mataría aunque tuviese todas las armas habidas y por haber y a mí de pié frente a ella.

—No la subestimes, ha cambiado bastante.

—Sí la subestimo, porque no le conviene matarme. Y si le conviniera, tampoco lo haría.

—No sabes lo que dices.

—Claro que sé lo que digo— insiste—. Intentará doblegarme para que vuelva a ustedes antes que tentar contra mi vida.

—¿Crees que la conoces más que yo que convivo con ella a diario?— levanto una ceja.

—No lo creo, Aries— chasquea la lengua—. Lo sé.

—Solamente vine a avisarles— hablo para los dos, para ella y para Culebra— que todo salió como lo planeamos. Natasha mandó a rastrear la llamada y dio con un paradero que no era, mañana irá a Afgánistan porque cree que te encuentras allá. De esa manera irás a África y sacarás los planos que hay en el cuarto de monitores, esos planos los realicé yo, así que es de mí de quien menos sospechará.

—¿Y los planos de qué son?

—Hay uno del paradero de Naomi Montenegro, que como sabes, es la Bohër actual— explico.

—Algo así había escuchado, es mercenaria, ¿No?

—Ajá, es la Consigliere de la mafia inglesa, su jerarquía sobrepasa la de Anessa Bower, jefa de Dakota Ronaldi. Naomi es mercenaria, líder de la Suplev, la banda de armeros y antonegras más famosa del mundo, son enemigos de Los Leviatanes, debido a que su fama se iguala.

»La guerra entre ambas bandas se creó desde que Naomi y Chistian se separaron, pues juntos eran los jefes de la Arysimpo, donde sólo entraban los mejores, lo que cumplían con todas las espectativas para ser un matón intachable. La Arysimpo fue disuelta tras el rompimiento de sus jefes y se dividió en dos bandas, siendo la Supler y Los Leviatanes, ¿Entendiste?

—Ajá— responde simple.

—El punto es que Natasha y Zahori andan siguiendo las pitas de ambas bandas para robarles y atrapar a Naomi porque su actual esposo fue uno de los violadores de Amelia. Entonces es mucho más fácil agarrar a Naomi para que engañe a su esposo y así atraparlo, que buscarlo a él directamente porque es uno de los actores estrella de Anthoaneth, por lo tanto está bastante protegido.

»Harán lo mismo que hicieron con Dorotea años atrás, que la agarraron para dar con Anthoaneth.

Sekhmet coloca mala cara y me pasa por un lado, sentandose en el sofá junto a Culebra.

—Esa misión fue el comienzo de mi tragedia.

—Aún le afecta— menciona Culebra cuando me siento en el sofá individual.

—Claro que me afecta. Me jodieron la vida todos juntos; Anthoaneth, Natasha, Jailev ¡Todos! Pasé todos esos meses haciendo planes para nada porque no logré finiquitarlos.

—Pues que no te afecte— miro fijamente a la mujer—. Que no te afecte porque la debilidad es lo que nos restará puntos. Cuando Natasha te encuentre, tienes que atacar.

—No será necesario, tengo la franqueza de que no me tocará ni un pelo.

—Puede que ella no, pero nosotros sí. Porque levantaré muchas sospechas si no te ataco, voy a tirar a matarte, así que debes entrenar al menos veinte horas al día si es posible. Ya va siendo hora de dejarte ver por Ninazu, te quiero preparada cuando eso pase— me estiro hacia la mesa y abro la caja que traje—. Estas son Zahvlars, bragas enterizas aprueba de balas y toda clase de impacto.

—¿Qué nos espera?— me pregunta Culebra.

—A diario entrenamos y aprendemos mejores movimientos, técticas de defensa, a manejar todo tipo de armamento. Lanzas, revolver, flechas, mazos, ametralladoras, de todo. No te caigo a mentiras cuando te digo que debes entrenar. Ustedes son solamente dos porque Anthoaneth te ayuda, más no es parte de tu venganza.

»Nosotros somos seis y ya sabemos pelear guerras sin haber ido a una— le hablo a Sekhmet—, tú a duras penas sabes torturar a personas, y eso teniéndolas atadas a una silla.

—¿Volverán a llamar?— cambia el tema.

—Posiblemente.

—Necesito secretos— relame sus labios, pasando una de sus manos por su cabello con un corte de hombre.

—No necesitas secretos, eso sólo nos expone. Aquí tu único trabajo es sabotear los planes de Natasha, no ahondar en su vida personal ni en la de los otros integrantes.

Si les cuento sobre que hay un infante entre nosotros, un matrimonio y otros temas muy lejos de lo profesional, sólo estaría dañando el plan. Si les cuento todo eso, el sentimentalismo entrará en sus sistemas, y los necesito fuertes, dispuestos, capaces y aguerridos.

—Y a todas estas— prosigo—, ¿A dónde vas tú con esa ropa?

—Anthoaneth me comentó que hay un actor porno que ya no le sirve, me dio su paradero para atraparlo y así jugar a las ruletas con él, así despistamos a Ninazu, ya que ella no lo está buscando a él. Tú me vas a llevar, está en una finca.

—¿Aquí mismo en Asia?— reviso mi reloj de muñeca.

—No, en Perú.

Lo pienso un momento, tiene bastante sentido disimular de esa forma...

—Vamos rápido entonces que ya tengo que volver a casa para que no sospechen de mí.

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