02

A decir verdad, ser espía no se me daría nada mal, escuchar a mi madre conversando por teléfono me asegura que de lo que está hablando es mi siguiente castigo. Estaba de rodillas, escondiéndome detrás del sofá y agudizando mis sentidos para escuchar lo que está diciendo.

—Sí, muchas gracias. Bien, entonces esta semana —tuve que morderme la lengua para no gritar al enterarme del plan enfermizo de mi madre.

Corrí hacia las escaleras sin intención de hacer ruido, pero como la ley de Murphy esta siempre de mi lado, me tropecé con todo en el camino, como reflejo felino salto para sujetarme de las estrechas paredes de la escalera.

¿Puedo levantar a dos chicas en un pirámide humana pero no puedo sujetarme de las paredes? Gracias gravedad.

Luego de que mi madre dejara de ver el pasillo, bajo con cuidado sin hacer ruido. Subo a mi habitación y trepo por la pequeña soga que Nayet instaló en la chimenea, camino con cautela por mi tejado y luego por el del vecino hasta llegar a su casa.

Si, somos vecinos porque al parecer nuestros padres no pueden vivir lejos de los otros.

Nuestros padres son íntimos amigos de universidad, estaban en una fraternidad mixta o algo así. Esa es la principal razón por la que Nayet y yo fuimos amigos en la infancia.

Nuestras madres se encargaron de enviarnos al mismo kínder, mismo colegio, mismo campamento, incluso natación y boxeo; porque sí, a los catorce años el Sr. Ocio nos hipnotizó mientras discutíamos si ver Two and Half Men o The Big Bang Theory pasó una propaganda de una esperada pelea en la AMB.

Es por esa particular relación es que Nayet instaló una pequeña soga, para nuestras escapadas. Me sujeto de su soga abriendo la ventana.

— ¡UN ZAMURO! —un espantoso chillido provoca que pierda el equilibro y termine cayendo de espalda—. Ah, Cebra—expresa fastidiado—. ¿Qué quieres?

—Es Debrah, y cambia el tonito que esto te interesará, mojón.

— ¿Decidiste por cual barranco tirarte? —Sonríe desde su escritorio—. Yo con gusto te llevo.

Suelto una falsa risa y al instante pienso que sentarme fue el peor error que pude haber cometido en la semana. Sentía algo frio y viscoso, la imagen de que podía ser me daba ganas de bañarme con cloro.

Salte del asco al confirmar que me había sentado en un condón ¡usado!

— ¿¡POR QUÉ NO LO TIRAS, ANIMAL?!

Escucho su risa y lo miro enojada sentada frente al computador en jeans, descalzo, su chaqueta de camuflaje verde abierto que deja al descubierto su torso desnudo bien trabajado; pero me enojo aún más al darme cuenta de lo que estaba haciendo.

— ¿Qué te he dicho de apostar? —cierra la laptop de golpe y se para a encararme.

— ¿A qué viniste? —Se cruza de brazos—. Ya te he dicho que no me lo levantas.

Ruedo los ojos. Respiro hondo para soltar la bomba que de seguro destruiría los aires de mí sin intelecto némesis.

—Nos obligaran a vivir juntos —hable demasiado rápido, pero lo suficientemente claro para traumarlo.

Lástima que deje mi teléfono en casa.

Su cuerpo quedó inmóvil, paralizado, en shock. Su rostro palideció y corrió a la puerta para gritar a todo pulmón:

— ¡PAPÁÁÁ!

Para ser el chico más deseado por las todas, chilla como niña. Al poco tiempo su atractivo—muy atractivo—padre, estaba en el marco de la puerta.

— ¡Dime que no me mandaran a vivir con Pennywise! —ladra desesperado, señalándome como si su padre no me veía, e indicándole a todo el mundo que estaba en su habitación.

— ¡Cariño! —Gritó, y desde abajo se pudo escuchar un «¿Qué?» femenino— ¡Llama a Hilari y a Frank, las pulgas ya lo saben!

Minutos después estábamos en el living de los Maslow. Mis padres y los de Nayet estaban cómodamente sentados en los sofás y nosotros parados, como inmunes al cansancio de estar de pie que nuestros padres creen que somos, con el enojo desbordándonos por los ojos.

— ¿Y bien? ¿Nos dirán que es eso de que viviremos juntos? —escupe señalándonos de forma frenética.

—Los enviaremos al apartamento de Amber por su comportamiento—explica el señor Evan y las mujeres lo apoyaba agitando la cabeza.

Nayet y yo nos negamos rotundamente.

— ¿Ya se les olvido lo que hicieron? —inquiere el daddy Maslow. Puede que tenga la edad para ser mi padre pero mi mente no lo acepta como tal.

—Destrozaron el vecindario —continua papi acomodando su cabello rojo.

Si se refiere a la vez que Nayet había arruinado mi cita y destrozamos el jardín de los vecinos dejándolos sin césped y gnomos, sin contar las cercas destruidas. Estaban exagerando.

—Él empezó —Nayet me miró boquiabierto.

Okey, mentí, la que había lanzado el primer golpe había sido yo.

— ¡No me importa quien empezó! —Grita mi vigorosa madre—. ¡Esta repentina enemistad acaba hoy!

Escuche un chasquido de desaprobación por parte de mi padre. Me reiría en estos momentos de no ser porque me mandaran al infierno. Lance una mirada vaga hacia el futbolista, mientras pensaba:

¡Ni modo! Tendré que vivir con la bolsa de esteroides.

Como a las dos horas escucho como se abre la puerta de un solo empujón dejando ver a una rubia energética y detrás de ella un empresario agotado con ojeras marcadas y el cabello oscuro vuelto m****a.

El tío Anton despeina a Nayet y se tira en el sofá mientras los gritos adolescentes de nuestras madres no pidieron permisos. Los "adultos" se pusieron a conversar. Por otra parte Nayet y yo estábamos separados, él sentado en las escaleras y yo en su sofá favorito chateando con mis amigas.

«Termine con mi novioo (T^T) »

«Consíguete otro» Respondo obvia, acurrucándome en el terciopelado sofá.

Sentía la fulmínate mirada de Nayet a lo lejos, teniendo en cuenta que no separaba su mirada de mí y que posiblemente este imaginando las formas de asesinarme haciendo que parezca un accidente, me revuelco en su sofá favorito dejando mi aroma y cualquier cabello terco que se ocurra desprenderse de mi cabeza.

Su cabello castaño estaba alborotado y un tanto más largo que lo que suele estar. Solo traía un jean, una franelilla que mi madre lo obligó a ponerse permitiendo que vea como sus músculos se tensan y su mirada se endurece aún más.

Fuck you, Nayet.

—Y bien mis bebitos lindos ¿están listos para vivir conmigo? —pregunta emocionada por tener a dos lindos angelitos en su costosa casa.

—No—respondemos ambos.

—Qué pena —exclama fingiendo lastima. Anton se levanta al ver la triste e indignante expresión de su esposa—. ¡Ustedes se buscaron esto por sus estúpidas peleas! Se mudaran el domingo.

« ¿Domingo? » Significa que tengo un día antes de que me acusen y me metan a prisión por asesinato.

Luego de eso Nayet subió a su cuarto y yo me tire a ver mis Realities Show. Lo de hace unas horas me sigue amargando, y no hablo de lo de "vivir juntos", estoy enojada por sus apuestas y que se me pase será muy difícil.

Lo que empezó como un «Veamos que tal» terminó siendo un maldito vicio del cual he tenido que gastar de mis ahorros para salvar su pellejo.

Ese maldito juego.

Esa maldita computadora.

Ese maldito Nayet.

— ¿Estará molesto? —se preocupa su dulce madre. Nada que ver con lo que le salió de entre las piernas.

—Debe estar estudiando —el señor Evan se lleva la cerveza a la boca.

«Estudiando» Si claro. Estudiando como joderme a mí será.

—Si nos ve se molestará más.

—Que vaya Frank —sugiere mi madre y mi padre se voltea a verla.

— ¿Qué vaya quién?

—Tú —responde sin pena—, o Debrah.

— ¿Qué Debrah qué? —tuerzo la cara pero su mirada amenazante hace que me levante y vea si no se tiró por la ventana.

Yo lo haré si lo veo apostando.

Subo las escaleras en taconazos yendo a la habitación de puerta blanca con música de The Smiths. Abro sin tocar viendo que el príncipe negro está en la silla del escritorio, el computador encendido, sin playera y con la bragueta abajo bombeando la mano sobre su...

—Oh, m****a —murmuro.

Voltea a verme y esa simple mirada oscura hace que cierre la puerta y corra escalera abajo para gritar « ¡Nayet se tocaba viendo lesbianas! » toco el último escalón atrayendo la atención pero me detienen tapándome la boca, el pánico me pide respirar pero mi mente se enfoca que con esa misma él se estimulaba lo cual huele descaradamente a él. Me arrastra de vuelta arriba con la mirada desinteresada de nuestros padres.

Puta madre, me va a violar.

Pataleo cuando ingresa conmigo a la habitación con ese olor característico y lo primero que hago es ver la pantalla de su monitor.

—Te voy a soltar —advierte lentamente—, pero si gritas...

Asiento apresurada con tal de que aparte la dureza que me maltrata la espalda baja.

—Eres un cerdo —me limpio la boca ya que esa era la mano con la que se masturbaba—. ¡Estamos debajo de ti por amor del cielo!

— ¿Preferirías estar encima de mí? Que turbio.

— ¡Pero por lo menos disimúlalo! —señalo su entrepierna.

—No es la primera vez que lo ves y tranquila, que dentro de dos minutos hablando contigo se baja.

—En ese entonces estaba borracha y no lo recordaba tan...

Me callo antes de decir una estupidez.

Taan ¿qué, Deborah? —se le activa una sonríe diabólico—. ¿Grande, grueso, doloroso? Levántame el ego.

—Pequeño.

Borra la expresión.

—Pequeñas tus tetas de piso.

— ¿SIGUES VIVA? —grita Amber y Nayet me lanza una amenaza.

Mis ojos se desvían.

— ¡Sí!

—La mirada arriba, pervertida —se larga a la silla para cerrar la página porno y abrir otra aun peor—. A menos que quieras...

—Ojala pierdas TODO lo que tengas.

Me levanta el meñique y yo el dedo del medio cuando salgo de su habitación aun con la cara encendida y mi mente pegada en el recuerdo.

Y se supone que ahora viviré con ese.

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