Capítulo 02

↝↜Calina↝↜ 

Tan pronto salimos de la sala de abordaje el aire caliente de la ciudad me sofocó, estaba acostumbrada a las temperaturas bajas, así que la temperatura tropical me tomó por sorpresa. 

Mire todo con emoción, estaba en la tierra de Vannia, finalmente conocería a su familia y a su hermana Valentina «Mi artista favorita». Tomamos un taxi hasta la mansión Lorens, la había visto por internet, pero cuando estuvimos frente a la casa me di cuenta de que era mucho más grande y bonita de lo que parecía en fotos, era como un gran castillo. En la entrada de la casa había muchos periodistas reunidos. Había leído que el papá de Vannia se había lanzado como presidente y era muy popular en las encuestas. Debido a eso tuvimos que bajarnos detrás de la multitud y abrirnos paso hasta la cámara de reconocimiento donde Vannia se identificó. 

El portón de la casa se abrió dejando ver una gran mansión en lo alto de una colina. El camino hasta la casa tenía arbustos a cada lado, al frente de la casa había una gran fuente en forma de león, y en el parqueadero había tantos carros que parecía un concesionario. Tenía también un extenso patio que no se veía hasta donde iba. 

Miré asombrada aquella hermosa casa, tenía cuatro pisos, grandes ventanales y un estilo moderno. La segunda y tercera planta tenía balcones por donde se miraba. Los hombres de seguridad me sacaron de mi asombro cuando nos indicaron que nos montáramos en un auto que nos llevaría hasta lo alto de la colina. 

Había visto un documental sobre la familia Lorens. La familia de Vannia tenía varios hangares llenos de helicópteros y aviones. Valentina también tenía un avión privado que había comprado. Además la familia de Vannia tenía mucho dinero, el papá era dueño de dos bancos que estaban asociados bajo el nombre de grupo Lorens. La mamá era dueña de una multinacional de autos de alta gama, llamados D'laurentis. No entendía mucho la afición por usar el apellido como marca, pero funcionaba. Valentina era una de las hermanas menores de Vannia. Vannia se parecía mucho a su mamá y Valeria su hermana menor, se parecía a su papá, Valentina en cambio era la unión entre ambos, tenía el cabello negro al igual que Vannia y la señora Sara, pero sus ojos eran grises como los del señor Lorens. Valentina era una supermodelo famosa, la imagen comercial de la empresa de la señora Lorens, también era cantante, diseñadora, actriz, tenía su propia marca de ropa exclusiva, era dueña de un canal y accionista en la disquera que trabajaba y estaba a punto de graduarse de su segunda carrera como economista, ella era muy exitosa e inteligente, aparte de que tenía un coeficiente demasiado alto, lo que la convertía en uno de los genios de la época y gracias a todo el dinero que tenía podía hacer cualquier cosa que quisiera. 

Me emocionaba mucho conocer a la familia de mi cuñada, ella no hablaba de ellos, así que todo lo que sabía lo había averiguado en internet. 

— Cali, mi familia es un poco difícil — Me advirtió otra vez cuando el carro se detuvo — Mis hermanas son reacias a conocer gente nueva — Insistió antes de bajarnos del auto — Solo mis padres saben que vine, así que si alguna de mis hermanas hace algún comentario hostil ignóralas, no es por ti — Vannia estaba muy preocupada por la reacción de sus hermanas algo que me parecía exagerado.

— Ok — Respondí bajándome emocionada y restándole importancia a su preocupación. 

— Cali — Me detuvo de nuevo con ese tono acongojado, así que la escuche con paciencia — Por favor no vayas a molestar a Valentina... Ella es un poco difícil de tratar — Dijo casi suplicando — No quiero que te haga sentir mal — Asentí para que se tranquilizara, sin embargo, no podía creer que estaba a punto de conocer a mi estrella favorita. 

Llegamos hasta la puerta y otros hombres de seguridad nos permitieron entrar. Me quedé anonadada tan pronto vi la sala, era gigante, tenía mucha luz y muebles finísimos. 

— Buenas tardes — Saludé con un poco de dificultad por mi acento al ver a un joven de cabellos negros y ojos igual de oscuros sentado en uno de los sillones del recibidor, era simpático, además que llevaba unos lentes que le daban aire de intelectual y lo hacían ver interesante, sin embargo se notaba que era muy tímido y no me equivoque. 

— Buenas tardes — Contestó con timidez. Supuse que debía tener mi edad y por esa razón se sentía un poco incómodo. 

—Supongo que eres Edward — habló Vannia haciendo que él la mirará, asintió un poco temeroso y extrañado — ¿No te acuerdas de mí? Soy Vannia — Él siguió perdido y ella le restó importancia — Y tu hermano ¿Cómo está? — Él desvió su vista hacia algún punto con tristeza y comprendí que Vannia se había mantenido aislada de todos durante mucho tiempo. 

—Él murió hace tres años — Contestó incómodo 

—Oh… Lo siento — Respondió Vannia girándose hacia algún lado incómoda. Yo me senté en el sillón frente a él, curiosa. 

—Soy Calina Kunetsova — Estiré mi mano — Edward ¿Verdad?— Él me sonrió un poco emocionado y me callo bien al instante, estrechó mi mano suavemente y con bastante timidez respondió poniéndose rojo. 

— Si, Edward Harris un gusto— Le devolví la sonrisa emocionada, me gustaba conocer gente nueva. 

— También me da gusto — Relación.

—Cali— Me llamo mi cuñada— Vamos— Un hombre que no había visto tomó nuestro equipaje y empezó a caminar en dirección a la escalera principal — Un gusto verte de nuevo Edward — Dijo ella despidiéndose de él y empezando a caminar sin darle tiempo de que él respondiera. 

— Chao Edward — Me despedí de él, Edward volvió a colocarse rojo y batió su mano con timidez en mi dirección, trate de no reír porque no quería que pensara que me reía de él, así que me dirigí con rapidez hacia mi cuada y sonreí divertida, jamás había visto a un niño lindo tímido. Cuando llegué donde Vannia el señor que había subido las maletas venía de vuelta, le agradecí por subir las maletas y me acerque a Vannia. 

— ¡Wao! — Exclamé impresionada al ver la habitación, aquel cuarto era más grande que mi casa en Moscú — ¡Es genial! — Dije mirando cada detalle — ¿Viviremos aquí? 

— Depende de lo que mi padre diga — Contestó entrando las maletas y cerrando la puerta — Aunque… realmente no creo que sea una buena idea que vivamos aquí 

— ¿Por qué lo dices? 

— Ya te darás cuenta — Vannia solo desempaco las cosas de aseo y se arregló un poco para ir a hablar con su padre. 

Salimos de la habitación juntas. Aún no podía creer que estaba en la casa de Valentina, la fabulosa pero misteriosa mansión Lorens. Había todo tipo de historias acerca de aquella casa, era fascinante estar dentro. 

Llegamos hasta el despacho del papá de Vannia, ella tocó la puerta y una voz de hombre le indico que pasara. 

— Espérame aquí — pidió mi cuñada entrando y cerrando la puerta, me di la vuelta y miré hacia la sala de estar donde había visto a Edward, pero ya no estaba allí. Caminé hasta la sala y me senté un poco aburrida, la casa se sentía bastante sola y al ser tan grande dudaba mucho que me encontrará con Valentina por algún pasillo. 

Después de un rato de espera me puse a caminar de un lado a otro impaciente. El reencuentro de Vannia con su padre estaba tomando más tiempo de lo que había esperado. Observé con detalle cada lugar de la sala y al mirar por el ventanal reconocí a Alan Caicedo, quien acababa de bajar de su deportivo y caminaba hacia la entrada de la casa. Alan también era muy famoso y muy simpático, Vannia no se perdía ninguno de sus programas, así que de esa forma lo había visto por televisión, era muy alto, de unos veinticinco años, vestía un traje de alpaca gris que resaltaba el color de sus ojos y contrastaba con su cabello rojizo. 

La puerta principal se abrió dándole paso a Alan, personalmente era mucho más atractivo que en pantalla, sus ojos grises mucho más claros, además tenía una sonrisa encantadora. Mi hermano y yo molestábamos a Vannia con él, decíamos que era su amor platónico, ella siempre se molestaba, pero sí que era muy atractivo. 

Él caminó en dirección a la escalera, pero al notar mi presencia se giró de repente. Me dio una media sonrisa y se acercó. Mi corazón se detuvo en ese momento. 

— Hola — Dijo con una sonrisa encantadora — ¿Eres la amiga de Valeria? — Yo negué rápidamente sin poder decir nada de la emoción y él me dio una mirada confundida— Es que... dijo que vendrían sus compañeras hoy — Alan miró hacia la escalera por dónde venía bajando Valeria, me sorprendió ver lo alta que era ella también, no tanto como Alan pero muchísimo más alta que yo. 

— Hola, bebé ¿Por qué demoraste tanto? — Valeria le dio un abrazo muy cariñoso a Alan y él le dio un beso en la frente, ella se dio cuenta de mi presencia y se apartó de él sin soltar su mano.

— ¿Quién eres tú? — Me preguntó curiosa.

— Me llamo Calina Kunetsova — Respondí poniéndome de pie ante su mirada escudriñadora.

— ¡Qué genial, eres extranjera! Hablas precioso — Valeria se acercó a mí interesada y me tendió su mano — Me llamo Valeria — se presentó — ¿Y cuántos años tienes? 

— Diecisiete — Conteste sin poder creer que estaba hablando con ella, Valeria se giró hacia Alan y le dio una mirada sugerente.

— Ella tiene mi edad — Le dijo.

— Si lo sospeché — Respondió el actor acercándose a nosotras.

— ¿Y no te importa? — Preguntó Valeria. 

— ¿Por qué lo haría? — Respondió Alan confundido, yo observé a ambos sin entender qué estaba pasando y Valeria volvió a mirarme.

— Cuando me dijiste que estabas saliendo con alguien, creí que era una chica mayor — Explicó girándose hacia mí, Alan se rió divertido ante la situación.

— La acabo de conocer, creí que era tu amiga — Contestó Alan poniéndose un poco serio — ¿No me digas que eres amiga de Valentina? Porque eso sí sería sorprendente — Estaba claro que había una confusión.

— No, yo vine con Vannia — Ellos me miraron con actitud perpleja y la mirada que se dieron después no me agradó en absoluto, era una mirada sorprendida pero no de una buena manera. 

— ¿Vannia regresó? — Preguntó Valeria borrando su sonrisa y usando un tono poco amigable, asentí preocupada de repente, Vanina me había contado que la relación con sus hermanas no era buena, pero no le había dado mucha importancia, creí que solo estaba exagerando debido a que había pasado cinco años sin verla. 

Justo en ese momento, como si se tratara de un chiste cruel de la vida, Vannia salió del despacho y apareció tras ellos. Ambos me vieron mirar a sus espaldas y se giraron curiosos. El rostro de Alan se puso muy serio al ver a mi cuñada, había perplejidad, estupefacción en él y en el de ella también. Había mucho en sus miradas, muchas cosas y ninguna buena.

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