But, Saranghe
But, Saranghe
Por: Lau Machado
UNO

Las cortinas de la Ventana de mi habitación se movían incesantes a causa del viento, a pesar de que a través de aquella ventana no se podía ver la gran cosa se podría decir que era un día

hermoso. A pesar de ser otro día frío de otoño.

Mi vida era más bien aburrida y hasta monótona. De hecho, hasta podría decir que mi vida era una doble vida y una vil mentira, donde la Shun Pei que veían en las revistas, cuando iba a acompañar a mis padres a fiestas, reunionés o galas no era yo. En realidad, no era como me planteaban en las revistas, las joyas de diamantes, aquellos vestidos de marca de alta costura, aquellos peinados y maquillaje… no era yo.

Aquella imagen que me querían dar de la “hija ejemplar”, no era yo. A decir verdad, mi vida no era algo divertido que contar, aunque lo que se podía destacar en mi vida…, Es que vivía una vida infeliz, con padres que me habían educado con la única finalidad de entrar a la

universidad de Seúl con una beca, y aunque lo había logrado… Pero al concentrarme tanto en

aquello deje de disfrutar de los placeres de la vida como salir con amigos, conocer gente nueva,

aprender de la vida… hasta quien sabe, enamorarme.

Al igual yo soy muy feliz en la universidad, este sería mi último año. En todo este tiempo solo tenía una amiga: Lee Fen Mi. Una chica pelinegra con un corte en hongo, bajita y un poquito rellenita.

Pero igual, al menos ella me ayudaba a no sentirme sola, a rellenar un vacío que había dejado mi hermana: Qio Han di. Se podría decir que mi infancia fue hermosa, a pesar de no tener amigos ni nada de eso, el simple hecho de poder compartir con mi hermana mayor hacía que no sintiera ese

vacío emocional de tener amigos. Pero todo cambio, aquel día en que conoció al que ahora es su marido. Un alcohólico, mentiroso y un hombre abusador.

Tristemente, mi hermana es golpeada por su esposo hasta casi matarla… y yo no podía hacer nada, ya que mi hermana no quería demandarlo ni dejarlo; lo único que estaba en mis manos era llamar a la policía cada vez que escuchaba que frente a nuestra casa se escuchaban cosas romperse y hasta gritos. Simplemente por el hecho de que ella no puede tener hijos. Ya que él decía que los únicos que valían eran los hijos naturales y no los adoptados ni los que nacieron en vientre de alquiler. podría ser algo

cualquier cosa, pero... No la podríamos ayudar si ella no quería. Estaba tan sumida en su relación

tóxica que no creía que en algún momento pudiera salir de esta. Mis padres y yo, decidimos

resignarnos a esa situación después de mucho tiempo de intentar dialogar con Han Di.... Lo cual

fue un intento fallido.

—¡Shun Pei! ¡QIO SHUN PEI!

Cuando veo de donde me llaman, me doy cuenta de que otra vez me había perdido en mis

pensamientos, y ahora tenia a una muy enojada Fen Mi golpeando las ventanas polarizadas mi auto

En respuesta decido bajar la ventana.

—Maldita Pei, hasta que despiertas. ¡¿Es que acaso no vas a ir a clases? —musita Fen Mi

mirándome fijamente mientras me examina intentando no hacerse notar, aunque a miles de

kilómetros de le ve que lo que quiere es buscar por donde criticarme.

—Si, sí. Lo que sea. —le respondo indiferente subiendo la ventana del auto, para después apagar

el motor y salir de mi auto.

Lo primero que escucho al salir del auto y apoyar mis tacones en el suelo es el hermoso sonido de

este siendo estrellado por el suelo.

—Hola Pei, buenos días. ¿Cómo estás?, te ves muy hermosa el día de hoy, bueno como siempre.

—me halaga y me ofrece un café con leche por el cual soy casi adicta a la cafeína.

—Gracias, hoy estoy muy bien. Gracias por el café. —le dije mientras hacía le mostraba una

sonrisa falsa, para después dar media vuelta y empezar a caminar hacía la universidad.

—Por cierto, Félix anda rarísimo conmigo.

Kim Félix... El novio de mi amiga, es todo un imbécil que la mantiene engañando y no le da su lugar

como novia. Pero ya me había resignado a aceptar su relación ya que a ella le daba igual los

consejos que le daba. No era ese tipo de amigas que te metían m****a en la cabeza.

—No lo sé...

—Bueno, ¡No me importa! Hay muchos chicos en el mundo mejor que él —por fin esta mujer

estrena el cerebro— Por ejemplo, está el bombón de leyes: James Montgomery.

Pues, a decir verdad, el chico tenía lo suyo. Ojos de color verdes, unos labios ultra híper mega

besas... carnosos y envidiables. Cabello rubio, nariz respingada y un aspecto de chico malo con

moto incluida.

Y ahora mismo, estaba a unos pocos pasos de mí, sentado en su motocicleta mientras hablaba con

sus amigos. Hoy se le veía tan hermoso, con su camisa negra, aquella chaqueta de color café la

cual era larga y le llegaba hasta la mitad de las rodillas, pantalones negros y tenis Nike blancos.

Pero fue más mi “mala suerte”, que mi vista llamo la atención de James, quien ahora me miraba

fijamente… Lo peor de todo fue cuando me sonrió. Yo intente devolverle la sonrisa, pero estaba

tan nerviosa que todo me temblaba y me iba a ver ridícula.

—Hola nenas.

La voz de Felipe entra en escena, para después ver como Fen Mi se tira a sus brazos y comienzan a

intercambiar fluidos, a pesar de que la cultura coreana no fuera tan abierta para estas cosas, ellos

para unas cosas se creían extranjeros y para otras no.

Me alejo lo más silencioso que puedo ¡qué asco!

Cuando vuelvo mi mirada a James…

Él todavía me estaba mirando, en eso aprovecho para saludarlo con una pequeña reverencia, la

cual es correspondida por él.

Sin más suena mi alarma en mi celular, con la cual me doy cuenta de que ya va a empezar mi clase,

decido mejor no interrumpir a la parejita para después ir a clase.

—Y eso es todo, que tenga un feliz día. —se despide el profesor cerrando su libro.

Me levanto de la silla, y comienzo a estirarme, camino al corredor cuando sin querer choco con

alguien.

—¡Disculpa!

Al mirar con quien he chocado sin querer, es ni más ni menos que James.

—No, tranquila.

—Hola James. —murmuro en un tono que aduras penas yo misma escucho, por alguna extraña

razón James causaba en mí una clase de nerviosismo.

—Hola Shun Pei.

Una cosa, era saber el nombre de James, pero otra muy diferente era que el conociera el mío.

—¿Te lastimaste? —dice en voz baja. Siento su mano pasar suavemente por la parte de atrás de

mi cabello.

—No, estoy bien.

—¡James! —detrás de mí, uno de los amigos de James, lo llama.

—Bueno Musa, nos vemos. En serio, espero volver a verte.

Ni siquiera me da tiempo de decirle, que espero lo mismo ni nada de eso. ¿Musa?

¿Porque me dijo así?

Sea por lo que sea, ese comentario y mi nuevo apodo hizo que me enrojeciera. El hecho de que

allá sido él, hace que todo en mi se acelere. Mi corazón, mi respiración…

—Sumy, ¿te sientes bien? —pregunta Fen Mi, detrás de mi mirándome preocupada.

—Si, es que tengo calor… —intento excusarme, aunque todavía tengo la vista fija en donde

desapareció James después de ser llamado por su amigo.

—Toma. —Fen Mi, me ofrece una lata de café la cual se encontraba helada—, Eso te puede

ayudar.

—Gracias Fen. —pongo la lata de café sobre mi piel suavemente, sobre una tela para evitar

quemarme la piel.

Cuando llego a casa, sorpresivamente, ni me da tiempo de abrir la puerta porque ya alguien lo

hace por mí, en ese momento veo a mi madre. Su pelo rubio está recogido hacia atrás en un

simple pero elegante moño, y un bolso azul oscuro cuelga de su hombro, del mismo tono que su

falda

—Hola hija, adivina que, la señora Min acaba de venir de su viaje a Paris, y estamos tomando el té.

Al adentrarme en mi casa, me encuentro con nuestra vecina, la señora Min Sang Ri, estando allí

decido mirarla y determinarla; su hermoso vestido costoso al igual que sus tacones de aguja de

color verde oscuro.

—Oh, hola Shun Pei. —le sonrió como un saludo, muerdo mi labio cuando mi madre me lanza su

mirada amenazadora.

—Hola señora Min.

Entro a la cocina.

—Hija, mira. ¿Te acuerdas de Min Sarah? La hija de Sang... te mando a regalar unos bolsos de

marca, unas joyas preciosísimas y además ropa nueva. —dice mi madre eufórica, mientras a mí me

da igual.

Sarah, era mi vecina más cercana, a pesar de que ya se había mudado de la casa de sus padres y la

mitad de las veces, la veía comer en mi casa porque en la suya no había nada para comer. Aunque

fuera más probable, que mi madre estuviese obsesionada con que ella y yo fuésemos las “mejores

amigas del mundo mundial”. Desde que la conozco a mostrado interés por la vida fácil, ya saben...

casarse con un millonario... no importa cómo se allá echo millonario y vivir a cuestas de él. Y la

verdad es que, no la culpaba que más podía pasar con eso de que tu madre siempre fue de esa

manera.

Ahora ella estaba casada con un millonario y muchas veces me manda este tipo de "regalitos".

Aunque entiendo su doble sentido. "Shun Pei, mira de las cosas ostentosas que te pierdes por no

buscar a un millonario que te mantenga".

—¡Que amable de su parte! —intente forzar una sonrisa y que mi voz no sonara como

agradecimiento falso—, Por favor, agradézcale de mi parte.

—También me pregunto que si querías salir hoy en la noche a una discoteca. —pregunto Isabel.

—Claro que puede, de hecho, va a ir a la fiesta.

Miro a mi madre enojada. Niego con la cabeza y salgo de la cocina con el plato de comida

ofendida.

***

Ahora mismo andaba con mal humor, odiaba que mi madre hiciera esto. Ya estaba muy grande

para que ella decidiera por mí. Pero para comenzar a ejercer mi derecho como una "mujer mayor",

tenía que irme de mi casa. Tomo mi laptop Mac y comencé a buscar apartamentos que quedaran

cerca de la universidad. Por suerte encontré un apartamento de la universidad... eso sí, tendría un

compañero de habitación, pero ¡algo es algo!

Cuando llego la hora, de prepararme para la dichosa fiesta.

Con mis gigantescos aretes, que adornaban mi oreja.

Mi vestido blanco hasta la cintura, más allá era de estampado que ni yo misma sabía que era,

junto a unos tacones color piel no muy altos.

—Shun Pei, ya vinieron por ti.

—¡Voy! —Grite para que me escuchara. Mire mi reflejo en el espejo, y bufe.

Cuando tomé mi celular, lo sentí vibrar en señal de que me había llegado un mensaje.

“Se que sonara raro, pero estoy buscando a una chica: Qio Shun Pei… me gustaría saber si por fin

encontré el ultimo número del acertijo”

Una gran sorpresa me inunda, para después sonrosarme y responderle: “Guau, no dejas de

sorprenderme Montgomery. Felicidades te acabas de ganar una cita.”

Al salir de mi habitación y cerrar mi puerta al salir de esta, mire al cielo en busca de un milagro.

Odiaba eso de ir a fiestas... pero tenía que hacerlo para salir un poco de mi zona de confort.

Al llegar al primer piso, y toparme con mi loca amiga me miro de pies a cabeza, boquiabierta.

—¡Guau! Shun Pei. —Exclamó Suni, tenía un vestido que dejaba muy poco a la imaginación de

color rojo, tacones súper altos y un maquillaje que la hacía irreconocible —, Te ves hermosa.

—Gracias.

—Vámonos. —Tomo mi muñeca. —Adiós señora Qio, que este bien.

—Adiós mamá.

Seguí a Suni hasta donde estaba parqueado un Mercedes último modelo, el cual supuse que era el

suyo.

—Por cierto... —deje de caminar y mire mis zapatos en un apto nervioso—, Gracias por tus

regalos.

—¡Oh! ¡No hay de que!

Asiento y sigo caminando hasta llegar al auto de la Suni. Al hacerme en el asiento de copiloto el

fuerte aroma a loción hace que quiera vomitar. A continuación, Suni enciende el auto y yo abro las

ventanas casi ahogándome.

—¿Cómo te va en la universidad? —me pregunta Suni.

—Muy bien... ¿Y tú estudias?

—No, yo me quedo en casa. —dice y sonríe con la mirada fija en frente.

Intento devolverle la sonrisa, no me sorprende en lo absoluto.

En el resto del camino miro a la ventana y sumidas en el silencio.

Cuando llegamos, y estamos situadas en la discoteca más famosa... Gracias a unos contactos de

Suni, no tuvimos que hacer fila. Creo que en ese momento me sentí famosa.

Nos sentamos en una mesa, y Suni pidió un vaso de tequila y por mi parte, una cerveza.

—La música es buenísima, ¿no? —Me pregunto Suni sacándome de mi trance.

—Si, tienes razón. —Afirme.

Cuando llego la cerveza, Suni me día a probar de su bebida.

—Salud. —decimos al unísono.

Nos pasamos el tequila de golpe e hice una muesca de asco por el sabor amago de esta.

—Erick... —Suni llamo a unos chicos que acababan de llegar, yo ya intuía que no estaríamos solas.

—Mira Sumy te pronto a Erick. —Señalo a un chico con unos preciosos ojos azules y pelo rubio y

facciones encantadoras. —, Y este es Yang. —Señalo a un chico de tez morena con muchos

tatuajes.

—Mucho gusto. —les sonreí y ellos hicieron lo mismo. —Soy Qio Shun Pei.

Los nuevos invitados se sentaron en las sillas al frente de nosotras.

Y Yang me miraba con esos ojos clichés de series románticas.

¡Nooo!

«Por favor Shun Pei, no todo él piensa en tener una atracción física contigo.» Me regaño mi

subconsciente.

—Y a que te dedicas Shun Pei. —Quiso saber Erick.

—Soy estudiante... —Tome un sorbo de mi vaso de cerveza.

—Bueno, vamos a bailar. —Yang extiende su mano hacía mí, y Suni me empuja haciéndome

quedar frente a aquel chico.

M****a...

¡Maldita perra!

***

Saco mi celular de mi bolso de mano. Son las 11:45 de la noche y estoy aburridísima. Sarah hace

cinco minutos que se fue al baño para hablar con su marido dejándome con Yang.

—¿Y... tienes novio? —volvió a preguntar, ya me tenía harta con su deseo de saber más de mi

vida.

—No —le respondí dándole el último trago a mi cerveza.

—Iré por más bebidas.

Asentí y él se levantó y se dirigió a la barra. Mientras tanto revise mis redes sociales hasta que

Yang regreso y me tendió un vaso de cerveza.

—Toma...

—Gracias...

Comencé a tomar la cerveza de a sorbos, pero ocurría algo raro... sentía como me empezaba

marear y a sentirme cansada.

Y al ver el fondo de mi vaso lo entendí todo.

—Umm... Creo que ya me voy a ir. —murmuro con un inmenso nudo en la garganta.

—Yo te llevaré.

—No. Yo puedo irme sola

Al intentar levantarme, las piernas me fallan y casi me caigo sobre la mesa. Yong me sostiene y

comienza a llevarme a la salida.

—No, puedo irme sola.

—Estas muy borracha para tomar un taxi tu sola. —toma mi mano fuertemente y comienza a

empujarme hasta su auto. ¿Qué m****a está pasando?

Comienzo a intentar soltarme de su agarre, el voltea furioso y me da una cachetada.

—Desde que llegaste te tengo muchas ganas, y sabes que, no me quedare con las ganas. Te cogeré

muy duro esta noche... ¿entiendes?

No puede ser... me va a violar.

Intento evitar que me meta al auto, pero mi cuerpo no colabora.

—¿Qué rayos está pasando aquí?

La voz de un chico, el cual rogaba que fuera mi ángel de la guardia hizo que Yong me soltara del susto.

—Mi novia está muy borracha, pero no quiere ir a casa. Todo está bien. —dice Yong intentando

sanar convincente.

—No, por favor ayúdame, no sé quién es... lo acabo de conocer. —a pesar de que intento que mi

voz se escuche, era como si mi cuerpo no respondiera a mis órdenes.

—Mi amor... ¿Por qué dices estas cosas? —Yong toma mi brazo fuertemente haciéndome gemir

de dolor.

—Por favor llame a la policía...

El chico, al cual ni siquiera puedo ver por lo que me echo Yong en la bebida se acerca y golpea a

Yong tirándolo al suelo. Él toma mi mano y me posa detrás de él, no pasa mucho tiempo hasta que

aquel chico se posiciona sobre Yong y comienza a golpearlo salvajemente.

—Eres un miserable, una poca cosa. No puedo creer que tengas una madre, hermana o primas y

seas capaz de drogar a chicas.

—¡Ya basta, por favor! —grito.

Es ahí cuando uno de los guardias se acerca y los separan.

Yong se ve fatal, tiene la cara hinchada, los labios partidos, de la nariz le salía sangre y hasta creo

que después de eso él escupió un par de dientes.

Es allí cuando aquel chico, al cual no reconozco porque estaba mareada y estaba viendo borroso,

me toma de la mano y empezamos a correr.

—No puedo seguir corriendo. —dije jadeando— Mis piernas... están débiles por lo que sea que

ese tipo me allá dado.

De un momento a otro, aquel chico me levanta sobre su hombro. Mi falda se levanta haciéndome

sonrojar.

Aquel chico, al que hora le debo toda mi vida, corre a toda velocidad como que yo fuera una

pluma hasta que llegamos a una moto.

—Sube.

Me baja de su hombro, bajo mi falda lo más que puedo y obedezco su orden y me subo a la moto.

Aquel chico me lleva a una estación de policías, donde me toman la declaración. El chico no se

separó por un momento de mí, solo cuando llego una chica con mi vaso con las pastillas de fondo.

Decido aplicar cargos.

Pero ahora me encontraba sentada en las gradas de la estación de policía llorando. Tenía que

esperar que llegara una ambulancia para poderme ir tranquila.

—Tranquila.

Y en ese momento reconozco mi ángel guardián. Mínimo debe ser porque ya habían pasado

algunas horas desde ese suceso y se me puede estar pasando un poco aquella droga.

—¿James?

—Si, soy yo. No te preocupes todo saldrá bien, no estás sola... —es allí cuando reconozco a mi

ángel guardián. James, esta se sienta a mi lado y me acaricia la espalda, hasta que su brazo se

estira y termina abrazándome—, Estaba con mis amigos en aquella discoteca también, tuviste

suerte de que me encontrara fuera de aquella discoteca fumando, porque o si no, te hubiese

pasado algo terrible musa.

Yo en ese momento estaba tan asustada que le devolví el abrazo, pasando mis pies por encima de

los de él y abrazándolo por el tronco.

En ese momento empecé a llorar, mientras James acariciaba mi cabello suavemente, y tarareaba

una canción.

Cuando llego la ambulancia, y me llevaron al hospital, James tampoco se separó de mí. Me

hicieron un par de análisis y unas horas después me dieron de alta, siendo ya las 5:45 de la

mañana. al igual no quería llegar tarde a mi casa para no levantar sospechas.

—¿Quieres que te lleve a tu casa? —me pregunta James unos minutos después que estábamos

fuera de la clínica.

—Mejor llevaba a un hotel, porque si mis padres me ven así, se van a asustar muchísimo, ya le

escribí a mi madre que me iba a quedar en un hotel con Sarah ya que según tomo mucho.

—¿Y qué tal si te llevo a mi casa?, puedes dormir en mi cama y yo en el sofá.

—Está bien...

Lo siguiente que hacemos en subirnos a la moto y empezar a adentrarnos a no ser donde

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