Capítulo 6.

–¿Qué Jared está qué? – pregunto con rabia.

–Se está quedando a dormir en tu habitación – miro a mi madre y ella me sonríe de forma inocente, pero esta situación es peor de lo que yo habría creído.

–¿Por qué no duerme con Kate? – refunfuño.

–Porque no están casados – responde ella, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

–¡Ay si! ¡Como si no hubieran tenido sexo ya! – ruedo los ojos.

–Morgan! – mi madre abre los ojos como platos y se pone roja como un tomate.

–¿Que? ¡Vivimos en el siglo veintiuno! Ya nadie espera hasta casarse para tener sexo, madre – le respondo cabreada.

Katrina, mi madre, le dirige una mirada rápida y de sospecha a Jared, ¿Enserio ella cree que Kate es virgen? ¡Está ciega si es que todavía cree que su pequeña hija es virgen! Kate siempre ha sido una chica extrovertida, mucho más que yo, sus atributos físicos siempre le han ayudado a conseguir todo lo que quiere, y en esa lista siempre ha habido alguno que otro nombre de hombres, creo que Kate se revolcó con la mitad del equipo de futbol americano de la escuela, y por mí, no hay ningun problema, pero ¿Por qué pretender que es virgen cuando es obvio que no lo es?

–¿Eso es cierto, Jared? – Katrina pone sus manos a cada lado de sus caderas y frunce el ceño.

Yo suelto una risita inocente. Morgan 1, Jared 0. Ahora por lo menos mi madre no lo tendrá en un pedestal tan alto.

–Yo… este, señora – Jared tartamudea y yo levanto una ceja.

–¿Estás teniendo relaciones con mi hija? – cuestiona – es una pregunta directa y quiero una respuesta igual de directa.

Él suelta un suspiro y chasquea la lengua – no – dice al fin.

–¡Eres un mentiroso! – le grito – no puedo creer hasta que punto llega tu cinismo.

Katrina se lleva una mano al pecho y suelta aire, parece aliviada – No me digas que le crees esa mentira – lo señalo.

–No hay que armar un drama donde no lo hay, monita, si Jared dice que nada ha pasado todavía entre Kate y él, es porque nada ha pasado, gracias al cielo, porque yo no soportaría un embarazo antes de tiempo.

–Existen los anticonceptivos – le explico – una mujer puede tener tantas relaciones como se le de la gana sin quedar embarazada, yo lo sé, él lo sabe y me gustaría creer que tu tambien lo sabes.

–No nací en la época de piedra – sisea malhumorada.

–Entonces no dejes que un niñato estúpido te mienta en tu cara, ¡Es mentira mamá!

No puedo creerlo, de verdad, a veces me pregunto si yo en realidad soy parte de esta familia, o si ellos solo me adoptaron un día cualquiera, no los entiendo, nada de lo que hacen tiene sentido para mí.

–¿Sabes qué? ¡Está bien! Miéntete a ti misma, no me importa, en realidad la vida sexual de Jared y Kate no podría importarme menos – digo con un ademan – yo lo que quiero saber ahora es como demonios vamos a arreglar esta situación.

–¿Te importaría esperar afuera hasta que yo me cambie para que podamos hablar al respecto? – dice Jared con esa voz seria de él, quien lo escucha realmente pensaría que es una persona de fiar, cuando en realidad es todo lo contrario. Es un maestro del engaño.

–Si, en realidad si me importa, y no voy a moverme de esta habitación hasta que empaques tus cosas y te largues de aquí – vocifero – o hasta que hagamos algo al respecto.

Miro a mi madre, que se rasca la cabeza como si eso fuera a darle una solución de repente.

–¿Qué vamos a hacer, madre? ¿O es Jared o soy yo?

–No seas ridícula, Morgan.

–No estoy siendo ridícula, estoy siendo práctica, o se va él o me voy yo – cruzo mis brazos sobre mi pecho e intento ignorar el dolor de cabeza que tengo en este momento – decide.

–No voy a decidir nada, ¡Ustedes dos vana dormir en esta habitación y se acabó! – sentencia.

–¿Que? ¿Jared no puede dormir con Kate, pero si conmigo? ¿En qué clase de planeta tiene sentido eso?

–En este Morgan, y no quiero escuchar ni una sola palabra más al respecto, no tenemos habitaciones vacías, y ni Jared ni tu pueden irse, solo serán quince días y tu cama todavía tiene la cama auxiliar de abajo.

–Yo no voy a compartir el mismo espacio que este idiota.

–Por mí no hay problema – Jared levanta los hombros con indiferencia.

Yo frunzo los ojos y lo miro de mala gana, ¡Claro que para él no es problema! Estoy segura de que él no se va a incomodar en lo absoluto.

–¿Y tú es que no tienes casa o qué? – pregunto a la defensiva.

–No, resulta que yo vivo fuera de la ciudad, por eso me estoy quedando aquí, para ayudar a Kate con los preparativos de la boda hasta que podamos mudarnos a nuestra casa – Jared hace un gesto de inocencia, y a mí me gustaría romperle la cara, desfigurársela toda para que deje de ser tan cínico.

–Si monita, él ha sido de mucha ayuda – suspira mi madre.

–Esto no se trata de nada en contra tuya, Morgan, podemos compartir el espacio, créeme, haremos que esto funcione – sonríe.

–¡Tu maldito mentiroso, manipulador y usurpador de camas, vas a pagarme cada una de las cosas que me has hecho en la vida! – lo señalo con el dedo y me acerco a él.

–¡Ay Dios mío! – dice mi madre frustrada a mi espalda.

–Estás haciendo todo esto para joderme la vida, te conozco Jared Walker – siseo.

–Tu madre me habló de tus problemas de temperamento y quiero que sepas que no me incomoda, comprendo que tienes problemas psicológicos y todo eso.

Señor dame paciencia y detenme antes de usar la llave inglesa que aprendí en el gimnasio en contra de Jared, me digo mentalmente.

–Tú y yo vamos a llevarnos bien, Morgan – sonríe y me mira con los ojos brillantes.

Yo no lo tolero más, la paciencia no es una de mis virtudes y nunca me ha gustado jugar a ser algo que no soy, asi que arremeto contra él y alargo el brazo para golpearlo en el abdomen, pero el maldito de Jared es rápido, ágil y fuerte, y detiene mi mano antes de que pueda impactar contra su cuerpo. Él aprieta mis dos manos y me impide moverme.

–¡Suéltame! – le grito, pero él no tiene intención de dejarme libre, asi que le doy un pisotón en el pie.

–¡Joder! – gruñe y libera mis manos.

Yo me doy la vuelta con una sonrisa de victoria, pero la diversión se esfuma de mi rostro en cuanto me doy cuenta de que tengo la toalla de Jared en mi mano.

–¡Dios santo bendito! – exclama mi madre y se da media vuelta.

Yo miro la toalla y después miro a Jared, bajo mis ojos y me encuentro con su polla, su inmensa polla, mi mente viaja a lugares prohibidos enseguida y tengo que cerrar la boca para no babear la alfombra de mi habitación.

Jared se da cuenta de que lo estoy mirando y por el contrario a cubrirse, como lo haría cualquier persona con decencia, el hombre me mira con una ceja levantada y me sonríe descaradamente.

–¿Me devuelves mi toalla, por favor? – me pide.

–Si, claro…por supuesto – contesto como idiota.

En este mundo hay cuerpos que merecen ser admirados, cuerpos divinos y preciosos, uno de esos es lastimosamente el cuerpo de Jared Walker, creo que si pudiera, lo disecaría y lo exhibiría en la sala de mi departamento.

–Morgan – me llama Jared.

–¿Que?

–La toalla.

–¿Cuál toalla?

–La que me acabas de quitar, la necesito, a menos de que prefieras que te haga striptease.

–Preferiría tirarme de un rascacielos – le miento.

Él camina hacia mi estando completamente desnudo, y aprovecha que mi madre no nos está mirando y que está en la puerta de la habitación para acercarse a mi oído y susurrar – deja de mirarme como si fuera un pedazo de carne, porque esta noche, tu y yo vamos a dormir juntos, y no me gustaría decirle a mi novia que su hermana está teniendo fantasías eróticas conmigo.

–La única fantasía que tengo contigo, es una en la que tu ni siquiera estás en el panorama, te esfumas y me dejas la vida tranquila, como debería ser.

–Eso no va a pasar, monita – el hecho de que Jared utilice mi apodo me ofende, en sus labios no suenan como a un sobrenombre bonito, si no como a una ofensa.

–Muérete – mascullo.

–Después de ti – él me arrebata la toalla de las manos, y sin ningun pudor alguno la extiende y se la vuelve a enrollar alrededor del cuerpo.

–¡Morgan! ¿Qué tanto haces allá adentro? – inquiere mi madre con un tono de reproche.

–¡Nada! Ya voy – le respondo.

–¿Jared ya se puso la toalla?

–Si.

–A menos de que prefieras que vuelva a quitármela – me dice el hombre, aun muy cerca de mí.

Me muerdo el labio inferior y me doy media vuelta para irme de mi habitación, lo cual es muy irónico, lo sé.

–Hasta esta noche, monita – me dice Jared, y a me suena como a una amenaza.

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