Viejos conocidos

Me calmó un poco con la música que se escucha en la feria de verano. Llamo a Félix, ya quiero celebrar mi victoria como se debe. Espero y espero, hasta que al tercer timbrado descuelga:

—Jane. —responde agitado, como si hubiese corrido una maratón.

—Ya terminé la cena, ¿puedes venir a por mí? —oigo gemidos del otro lado de la línea y la voz de Jessica llamándolo. Miro la pantalla del móvil, sorprendida. 

—¡Jolines, que daña polvos eres! —Me reprocha. Me entristece jorobarle su noche salvaje, pero quiero celebrar.

—Estabas follando —Concluyo con una sonrisa. Félix es así de desacarado—. Podéis terminar y después venir a por mí.

—No te preocupes, puedo continuar la fiesta después. En diez minutos estoy contigo.

Antes de colgar, escucho como le avisa a Jessica y esta protesta.

Cuando cuelga el teléfono miro a la calle. Está sola pese a que ya se acercan las vacaciones de verano. Me siento en una banqueta bajo un árbol. Miro a la pareja que, en una manta en el césped disfrutan de una romántica noche. Me río irónicamente, antes pensaba que eso sería lo mejor para mi vida, ahora me parece una gilipolles. 

Sigo recogiendo la calle con la mirada, a unos metros de la pareja hay un hombre recostado a un poste de luz, lleva un porro entre sus labios, está tan drogado que no puede sostenerse solo, mira a la pareja del césped con lujuria, deseo y morbo. Si estuviéramos en un bar swinger esa sería una propuesta para tener sexo, salvaje y pecaminoso. Pero no estamos en un bar y su mirada no es más qué acoso hacia la mujer.

En la otra esquina hay un grupo de prostitutas, a 11,49 euros la noche. Nunca entendí a las mujeres que venden su cuerpo por dinero, acostarse con hombres que no conocen solo por unos cuantos euros. Veo como una de ellas me guiña un ojo, un hombre masajea descaradamente sus pechos, sin importarles que están en un lugar público. Recibo un correo, decido revisarlo después.

Miro la pantalla de mi teléfono, hace una hora que llame a Félix. Vuelvo a examinar la calle y esta vez me encuentro a un chico, parece tener la misma edad mía, parece que lo he visto. Él me analiza, da media vuelta y se va.

—Jane, perdón por la tardanza, pero hay mucho tráfico —Se excusa Félix mirando el lugar donde estaba el chico. Mira a ambos lados de la calle, alerta—. Vámonos.

Murmura impaciente.

—¿Qué ocurre? ¿Qué viste?

Niega von la cabeza.

—Nada. No hagamos esperar más de la cuenta a Jessica, ya dabes como se pone.

Nos subimos al auto, saludo a Jessica, pero esta me ignora. Esta sería conmigo, le he dañado su noche.

—¿Qué tal la cena? —Pregunta Félix.

—Bien.

—¿Todo bien con Hotsmann? —Me mira por el retrovisor. Oculta algo.

—Si, es buena compañía.

Félix asiente.

—Eric es un buen tío, trabajé para él a principios del año y no tengo quejas. Es serio a lo que al trabajo se refiere, pero fuera de la empresa es una persona muy agradable y dicharachera. 

—Pense que me ibas a decir que me alejará de él. Entra en tus características de rico y peligroso, ¿no?

—Lo estuvo por un tiempo, pero no por mucho. Hablamos en ocasiones, cuándo coincidimos en alguna gala. 

—¿Hablan de Eric Hotsmann? —Inteviene Jessica con repentino interes.

—Si. —Afirmo.

Me recuerto en los asientos traseros. 

—Recuerdo que leí de él en la revista Playboy, decía algo así de que se posicionaba entre los treinta hombres más sexys y ricos de Europa.

—Al parecer es muy famoso. —Comento.

Recuerdo el correo, abro la bandeja de mensajes y leo en mi fuero interno.

De: Eric Hotsmann.

Para: Jane Stanley.

Asunto: ¿Dónde estás?

Fue muy poco caballeroso de mi parte dejarte ir sola por las calles, pido perdón. Dime dónde estás y pasaré a recogerte. 

Voy a responderle, pero mis dedos parecen no querer hacerlo. Me siento apenada e intimidada.

Decido llamar a mamá, no contesta, debe estar dormida. Le dejo un mensaje.

Mensaje de Jane a Megan. 10:55pm.

Hola, mamá, estoy camino al departamento de Félix. Recuerda tomarte la pastilla para el dolor de cabeza. ¡Hasta mañana! Te quiero.

Llegamos al apartamento de Félix, pedimos pizza y la acompañamos con vino del supermercado, no hay tiempo para comprar uno más fino, este está rico y no tiene mucho alcohol. 

Nos tiramos en el lujoso sofá y vemos una película o mejor dicho, la película nos ve a nosotros. Desde qué condenaron a Simón por el asesinato de Giselle, no nos hemos visto. Cada uno sufrió solo y ahora ya estamos listos para continuar con nuestras vidas, o al menos intentarlo como es mi caso. Adelantamos cuaderno mientras la botella de vino se acaba.

—Tenías una novia, Félix, ¿Qué paso con ella? —Pregunta Jessica, ya lleva algunas copas de más.

—Se acabó, parece que no fui suficiente para ella. —Me río. Yo fui la encargada del mal de amor de Félix. Me costó muy poco en realidad, siempre ha sido muy responsable de si mismo.

—Nunca eres suficiente para la persona equivocada. —Murmuro. Paseo el dedo por el borde de la taza para el café, que a falta de unas copas nos ha servido muy bien.

—Y tú, Jane, ¿Haz salido con alguien? 

Río.

—Despues de lo que ocurrió me cerre en banda para todos, incluso con mamá. No persivo la idea de confiar en otra persona y el amor mejor tenerlo a metros de mí.

—Le temes al amor. —Dice Félix.

—No lo creo. Sólo no me gusta pensar en eso. Disfruto del sexo ocasional, pero hasta ahí.

—Algun día querrás tener una aventura más allá que simple sexo. —Comenta Jessica. Le da un trago directamente de la botella.

—Ya veremos. —Suspiro.

—¿Este fin de semana podemos ir a exotic?

Exotic es un nuevo bar en la ciudad.

—Me apunto. —Le doy un trago a mi taza. Jessica sonríe.

—Tambien yo, pero sólo un rato. —Advierte Félix, mirando a Jessica con una sonrisa.

—Solo un rato... —Jessica deja las palabras al aire, bosteza y tumba en el sofá.

Félix se levanta.

—Duerme, mi niña. —Besa su frente y la acomoda.

Sonrió embobada. Sé el amor que se tienen ambos, pero Jessica es muy orgullosa para aceptarlo. Prefiere ir como el picaflor, de flor en flor.

Reiteradamente le he preguntado sobre su amor hacia Félix, ella lo niega, pero en momentos como estos, cuando tiene más alcohol que sangre en el cuerpo; lo confiesa. Félix también la quiere, hasta me atrevo a decir que la ama. No intenta nada con ella por temor, desde que las amenazas comenzaron se ha negado a estar con alguien sentimentalmente. Bastantes ruegos me costó que hablara conmigo.

—Parece que el vino del súper si embriaga. —Murmuro.

Félix asiente. Recogemos la sobremesa, al cabo de unos minutos, agotados nos tiramos en la alfombra.

—¿Cuánto tiempo se quedará en España? —Le preguntó a Félix mirando a Jessica que yace dormida en el sofá. Le da un trago a su botella de agua y luego me la pasa a mí.

—No sabe aún —Contesta —. Hoy antes de salir hablo con su madre. Parece que las cosas en Seattle no están bien. Hace tiempo no saben nada de Simón y Sara está devastada. Culpa a la ex-novia de Simón, Renata, de todo lo que ocurrió hace años. Al parecer intento suicidarse, pero no lo logro y la ingresaron a un centro psiquiátrico.

Sorprendida, escucho todo lo que me dice. La señora Sara es como mi abuela, es la mamá del que fue mi mejor amigo y le tengo aprecio. Con Renata no hablo desde una discusión el día de la condena de Simón, pero igual la quiero. Félix suspira, su cabeza debe ser un caos en estos momentos. Me mira y añade:

—Mañana tengo un vuelo, quiero apoyar a Renata, nos necesita ahora más que nunca. Me iré con Jessica y regresaré el fin de semana para recogerte, es hora que fumen la pipa de la paz.

Asiento. No puedo ir mañana por el trabajo. Félix que toma otro sorbo de agua sigue hablando:

—Hable con mi madre.

—¿En serio? ¿Cómo está? ¿Qué te dijo? —La relación de Félix con su madre es tensa, tengo entendido que no hablan más de dos veces en un año.

—Esta… bien —contesta abatido —, me dijo que ha estado buscando a mi hermana, la policía archivo el caso, dicen que probablemente este muerta, que no hay ningún indicio de ella. Me contó que pago un investigador privado y que este reviso algunos archivos, pero el cobró es demasiado para ella. Me pidió dinero —Una lágrima corre por su mejilla y la limpia de inmediato —. Paso hace seis años Jane, hace seis años mi hermana desapareció. Me dí por vencido hace mucho y si no paro a mi mamá ahora, no podré hacerlo más tarde.

Lo escucho en silencio, mis lágrimas van directo a mi boca y algunas terminan en mi pecho. Félix a pasado por muchas cosas malas y no se merece más. Intento abrazarlo, pero él se niega, siempre me ha dicho que si lo abrazo se quebrara, pero paso de su gesto y lo abrazo. Lloramos juntos, cada uno vaciando su corazón para lo que sigue. Cada uno sufre su versión. 

Intranquila por su llanto intento tranquilizarlo un poco, pero no lo consigo. No me queda otra que dejar que expulse todo el dolor que lleva dentro.

—Llora, cariño. Pero no te quiebres. —Murmuro las palabras que ya él me ha dicho. Llora unos minutos más, pero después como todo el guerrero que es, levantan la cabeza, se seca las lágrimas y sonríe.

¡Vamos, pero que sonrisa más linda tiene el jodio'!

—Me gusta tenerla aquí, en mi casa. Por ella he aguantado todo este tiempo. —Dice mirando a Jessica que duerme inocente de todo el caos metal de ambos.

—Se nota, colega. —Nos reímos.

Nos dejamos envolver en el silencio que solo se interrumpe con la tranquila respiración de Jessica. El silencio no es incómodo, es reconfortante. Los dos estamos en nuestra propia batalla mental.

—Quiero merecerla. Por eso no he intentado tener algo con ella. —Confiesa.

—¿Merecerla? —Pregunto confundida, después de su confección anterior solo dos de mis neuronas están poniéndole atención a él.

—Quiero ser alguien con quien pueda pensar y soñar con una familia, alguien con quien pueda salir al parque o a la feria sin miedo de que alguien atente contra nosotros. No puedo darle eso ahora. —Sé que se refiere a sus amenazas.

—Ella es consciente de eso, pero no le importa en absoluto. Ella te quiere a ti, aunque tenga que pelear contra viento y marea.

El silencio vuelve, pero no es tan prolongado como el anterior.

—Parece a tres de nosotros nos tocó la peor parte.

Menea la cabeza al hablar.

—¿Quiénes?

—Renata, tú y yo. Aunque somos inocentes de todo. Nos quitaron el derecho más importante: nos quitaron el derecho a ser feliz, a tener una familia. De comer helados o churros en el puesto más grasiento de Madrid, de nuestras noches de paseo en la playa, o nuestras charlas matutinas en la catedral. Nuestras vidas han sido una m****a en toda la regla y parece que nunca van a cambiar, deberías empezar a creértelo, una vez que las amenazas empiezan, no acaban.

—La verdad siempre sale a la luz, todo crimen se resuelve, aunque tarde. Nuestras vidas se solucionarán, tal vez, solo estamos pagando el karma de alguien más. Ahora tengo que ir a dormir, mañana tengo que estar en el trabajo. Piensa las cosas, Jessica y tú os queréis, ella más que nadie sabe como es vuestra vida, solo permite que sea ella quien decida que quiere en su vida, ¿vale?

—Está bien. Descansa, cariño.

Le doy un beso en la mejilla y me voy a dormir con una sonrisa en el rostro. Me duele todo lo que le pasa a Félix, pero lo mejor que puedo hacer es estar para él, apoyándolo tanto o más que como el lo hace conmigo.

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