Capítulo 6 + 7

Capítulo 6

El William Drake al que amé.

Emily bebía un poco de té de hierbas, sentada junto a aquel hombre, frente al fuego de la chimenea, escuchándole con interés.

  • Mi madre y mi padre aman las historias fantásticas, por eso la compré – explicaba, sobre cómo se había fijado en aquella lágrima – tenemos cientos de objetos que tienen historias de ese tipo detrás.

  • – decía Emily, más calmada, al darse cuenta de que aquel hombre no tenía ninguna conexión especial con aquel al que amó.

  • Incluso tengo el medallón que dicen que perteneció al mismísimo William Drake, el pirata.

  • ¡Eso es imposible! – espetó, pues ella había sido la que se había quedado con él tras la muerte de su amado, y se lo había dado después a Marina, justo antes de que la desterraran para que tuviese un recuerdo de su hijo.

  • Mi madre lo guarda como oro en paño, porque dice que tiene un valor sentimental para ella. - explicaba, mientras la joven lo miraba atónita - Se lo regalaron cuando era joven, aunque ya no puede recordar bien quien lo hizo.

  • Así que vive en el campo junto a su familia y… - comenzaba, intentando adivinar qué había sucedido con Marina, con el medallón de William y en qué momento aquel joven había empezado a formar parte de aquello, no entendía cómo podía estar tan cerca de todo aquello sin entender nada de ello.

  • ¿y tú? Apenas me has contado nada sobre ti.

  • Debería marcharme, ya ha dejado de llover. – reconoció, percatándose de que el sol se colaba por la ventana.

  • Deberías terminarte el té – rogó, pues quería seguir hablando con aquella extraña muchacha con la que sentía una conexión extraña.

  • ¿sabes qué les pasa a las sirenas cuando permanecen demasiado tiempo fuera del agua? – Preguntó, intentando que aquel hombre la dejase marchar, aunque sabía que las historias de Sirenas no la salvarían esta vez, pues aquel joven no creía en ellas.

  • Se mueren. – anunció, haciendo que ella le mirase atónita, pues no entendía cómo él podría saberlo - Lo sé todo sobre sirenas, cuando era niño me encantaban estos temas. Pero ya somos mayores para hablar de sirenas y de ninfas del mar.

  • Tengo que irme. - anunció, mientras dejaba el té sobre la mesa y se levantaba, haciendo que él también lo hiciese. - No me está permitido venir aquí.

  • ¿eres monja o algo así? ¿No te está permitido? – preguntó, mientras ella rompía a carcajadas al pensar en la comparación que él había puesto: monjas=sirenas.

Emily le miró, perdiendo su sonrisa, dándose cuenta de una cosa, era la primera vez que alguien la hacía reír, en años.

Capítulo 7

Después

de la muerte.

William Drake ha muerto, ya no queda nada de él ahí abajo, entre los mortales, pero en la isla de las almas, aquella que tienen que atravesar antes de llegar al cielo, esa que se encuentra entre la vida y la muerte. Es allí donde nuestro grandioso pirata se encuentra, parece perdido, sin saber que hacer o a donde ir, junto al árbol de la vida.

Antes de que decida marcharse algo extraño sucede, de aquel majestuoso árbol, una inmensa catarata comienza a caer, pero antes de tocar el suelo se esfuma, como si pudiese atravesar el suelo y caer debajo de él.

Una hermosa mujer, seguida de tres hombres se aparece frente a él: la mujer es alguien a la que reconoce al instante, parece ser la diosa de la naturaleza, y por el aspecto de los otros tres puede prever de quienes se tratan: el primer hombre de aspecto delgado y tímido que lleva un pequeño reloj de arena colgado de su cuello debe ser el dios del tiempo, al segundo hombre lo reconoce en seguida, se trata del dios de la muerte, aquel al que se enfrentó en tantas ocasiones, y el tercero es alguien extraño con pelo blanco y un largo manto sobre sus hombros, de color blanco.

  • ¿qué hago aquí? ¿por qué no he seguido con los demás hacia el cielo? – Preguntó, recordando como el resto de las almas se habían marchado en una barca, hacia el otro lado, mientras él había sido obligado a permanecer en aquella isla un poco más.

  • Piensa, humano, ¿por qué no estas allí con los demás? – Preguntaba el dios del tiempo - ¿por qué eres diferente a los demás? – proseguía, cansado de escuchar preguntas estúpidas por aquellos seres tan inferiores.

  • ¿qué fue lo que rogaste, William? – preguntaba el dios de la muerte, haciendo que este intentase recordar aquello a lo que el señor de la muerte se refería.

  • Intercambiaste tu vida para salvar a un ser tan puro como una sirena – aclaraba el dios de la vida. - ¿crees que ese sacrificio pasaría de largo por nuestros ojos?

  • No, no podemos tratarte como a el resto – añadía la diosa de la naturaleza.

  • ¿Qué me pasará entonces? – Preguntó, mientras un hilo de esperanza aparecía en su angustiado corazón. ¿pudiera ser que quizás lo mandarían de vuelta al mundo de los vivos? ¿volvería a ver a su amada Emily?

  • Te daremos otra oportunidad – aclaraba el dios de la vida – una nueva vida.

  • ¿podré volver a mi cuerpo? – inquirió, ilusionado, al ver que todos sus anhelos se hacían realidad.

  • Por supuesto que no, ese cuerpo ya no sirve – decía el dios de la muerte, mirando hacia la diosa de la naturaleza, para hacerle un guiño.

  • Entonces… ¿qué…?

  • Te conseguiremos un nuevo cuerpo… - aclaró la diosa de la naturaleza, mientras él la miraba sin comprender a lo que se refería.

  • Pero llevará bastante hacerlo, quiero decir, el tiempo es muy subjetivo – anunciaba el dios del tiempo, mientras todos lo miraban - nosotros lo haremos en un momento, pero en la tierra habrá pasado demasiado tiempo. - proseguía, mientras él comprendía que cuando hubiese regresado, Emily y su pequeña Andrea ya no estarían con vida, ya no le quedaría nada por lo que volver - El tiempo en esta isla es diferente.

  • Entonces no quiero volver – reconoció, haciendo que todos le mirasen sin comprender – si ya no puedo volver al lado de mi hija y mi mujer, la vida ya no tiene sentido para mí.

  • ¡Estúpido mortal! – volvía a insistir el dios del tiempo, cansado de hablar con alguien tan tozudo - ¿crees que puedes desagradar a los dioses que están intentando ayudarte?

  • Cálmate, Horace – le calmaba la diosa de la naturaleza, preocupada porque arremetiese su ira contra aquel humano – cuando vuelvas – comenzó, hacia William, haciendo que este le prestase toda su atención - ya no recordarás nada sobre tu mujer o tu hija.

  • ¿perderé mis recuerdos? – Preguntó, asustado, temiendo lo peor, pero el dios del tiempo tenía razón, él tan sólo era un simple mortal, no podía hacer nada por evitar aquello.

  • Pero no temas, existe la posibilidad de que puedas recordarlo todo… - explicaba el dios de la muerte, intentando explicarle a aquel que una vez fue su enemigo, que había una posibilidad de volver a encontrarse con Emily Forbes.

  • Muerte – le regañó, el dios del tiempo – no le des esperanzas, cuando el vuelva todo lo que ama habrá muerto, ya no habrá nada que pueda hacerle recordar, porque todos los recuerdos que dejó en la tierra se habrán marchado.

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