V

Emiliana llegó a casa de Monique, jadeante de tanto correr. No tenía mucho tiempo, pues debía regresar a casa antes de la llegada de sus abuelos. Necesitaba una orientación de parte de su amiga para conseguir algún investigador o persona calificada para realizar una investigación, pues de la ciudad, la chica era un poco ignorante, por su parte, Monique se había dedicado a recorrer cada espacio de la ciudad. Llamo a la puerta y tocó la aldaba.

-¡Emiliana, que sorpresa! - la recibió la Sra. Smith con una sonrisa – Adelante querida ¿te ofrezco algo, cariño?- dijo con simpatía. La Sra. Smith era una mujer corpulenta, sus formas eran redondas, pero con gracia. Su cabello liso con el color de la ceniza, se agarraba delicadamente de un moño que caía como la cola de un caballo, llevaba un delantal debajo de su vestido pues le gustaba participar de los quehaceres de su bello hogar.

-Gracias Sra. Smith estoy bien.- cortésmente agregó la joven.

La Sra. Smith la acompañó al recibidor, para dar aviso a su hija de la inesperada visita.

La joven observó lo que había a su alrededor mientras su amiga se preparaba para recibirla, era un hogar lleno de calidez y familiaridad, un sofá enorme tapizado con diminutas florecillas en suaves colores se dejaba ver al lado de la escalera y una gran pintura en una pared donde era posible apreciar cada integrante de la familia; Monique lucía un poco más niña, sin embargo muy parecida, con su oscuro cabello natural y sus ojos despiertos bordeados por unas largas pestañas negras que semejaban una noche oscura con mil estrellas, era parecida a su padre, hermosa, con la sonrisa y los hoyuelos en las mejillas de su madre, pero lo que más carácter le daba era su corazón bondadoso, era un poco ingenua al igual que alegre además había aprendido a lidiar con la naturaleza susceptible de Emiliana, quien lo notó de inmediato y pensó en agradecérselo pues lo que de momento haría, le rompería el corazón a su amiga si llegaba a descubrirla, en ese caso, sus opciones estaban limitadas.

Se escucharon unos pasos bajando de la escalera que sacaron a Emiliana de sus pensamientos. Monique asombrada exclamó:

-¡Mili, no te esperaba! – Dijo mostrando una sonrisa de satisfacción- Ya mamá nos prepara una bebida para refrescarnos.

La joven, con incomodidad, acercándose le expuso:

-Necesito comentarte algo, pero… amerita discreción, ¿podemos caminar hacía el jardín?- haciendo una señal con los ojos.

-¡Motivas mi curiosidad!- contestó Monique con una risita.

Emiliana medio sonrió y propició la caminata; solo la Sra. Smith las interrumpió para entregarles las bebidas- una rica limonada para el calor- les dijo.

-¡Hemos llegado Mili, cuéntame! –se mostró ansiosa.

-¿Ha venido el Sr. Forrest por aquí?- inquirió disimulada.

- ¡Si por supuesto! Siempre con la caballerosidad y la dulzura que le caracteriza – expresó Monique, soñadora con un suspiro.

- Tengo curiosidad ¿Qué te hace pensar que el Sr Forrest es el indicado? -Preguntó intencionalmente Emiliana - Me apena decirte, que su dulzura y sus atenciones hacia mí son especiales. Ya que me visita constantemente – explicó su amiga.- ¿Estás segura que es solo contigo?

La Srta. Smith  la observó con asombro y colocó la mano derecha en el pecho sintiéndose ofendida.

-¿De qué hablas? ¿Por qué me dices eso? ¿A qué te refieres? - Replicó Monique y sus ojos ya se llenaban de lágrimas.

-Piénsalo - le expresó Emiliana con un dedo en la sien - Un hombre tan atractivo, con una excelente posición, ¿Qué nos hace pensar que su corazón es dueño de una sola mujer? -  Opinó ésta sembrando la duda en Monique.

La joven asombrada y con ojos humedecidos tapó su boca ahogando un sollozo.

-¿Que tienes en mente Emiliana?  Regálame tu consejo - suplicó sorbiendo por la nariz mientras su amiga le extendía un pañuelo.

-¿Te parece muy atrevido investigarlo, y de ese modo cerciorarnos que es sincero? – le expresó de forma tierna y maternal.

- ¿Te refieres a alguien que indague, alguien profesional?- Preguntó esta vez Monique interesada en el tema.

-Sí, una persona que pueda seguirle, sutilmente digo – respondió disimulada.

Indagando en sus pensamientos, la joven Smith recuerda que pasó, en algún momento cuando viajaba hacia la ciudad a comprar telas para su vestido del baile de primavera, por el despacho de un investigador privado, no muy reconocido; pero sí, allí se encontraba en la calle London Road cerca de Wellington Parade y el Picton House.

-¡Lo tengo!- exclamó Monique con ojos brillantes. – La calle London Road  tiene el despacho de un investigador privado, no sabría decirte si le conozco pero sé que una amiga de la familia trabaja en esa calle. Podríamos preguntarle.- exclamó impetuosamente.

-¡Detente!- Le dijo con su diestra levantada. - No quisiera que te vieras vinculada a esta situación. Dime, ¿a quién debo buscar?

- Su nombre es Helen Cadbury, debe pasar por aquí a la hora del té, mamá la invitó para una tertulia que tendrán varias amigas, además han tomado el hábito de la lectura con novelas de George Sand.- la chica quedó pensativa, esperaba el té para conocer esta señora o se aventuraba el día siguiente a la dirección dictada por su amiga.

De repente escucharon el recurrente galope de unos caballos. Un carruaje acercándose a la casa de los Smith. Emiliana y Monique divisaron el carro desde donde se encontraban en el jardín y sintieron curiosidad de quien vendría, se asomaron bordeando la pequeña verja que está a la salida de la casa sin acercarse al portón para no ser vistas, notaron que era el carruaje del Sr. Wesley y Monique se moría de nervios y le expresó a su amiga que no quería recibirlos.

Emiliana con firmeza aseveró que debían aceptar su visita y poner en marcha su plan, para ella era terrible tener que soportar las sandeces del Sr Wesley cada vez que aparecía, pero convenía mantener la compostura para que Monique no advirtiera su propósito.

Las jóvenes corrieron a la estancia y observaban desde el ventanal mientras  la Sra. Smith advirtió la llegada de los elegantes caballeros, entonces salió a su encuentro, se bajaron rápidamente del carruaje vestidos con finos trajes y sombrero de copa, el Sr Forrest traía un refinado báculo que denotaba su clase y buen gusto además de la importancia de su prestigiosa familia y el Sr. Wesley con una sonrisa en el rostro tenía la intención que Monique pudiera hablarle de como conquistar el corazón de Emiliana, con quien aún no había podido cruzar más que un saludo. Con una  reverencia cortésmente se dirigieron a la Sra. de la casa:

-¡Muy buenos días mi apreciada Sra. Smith! ¿Disfruta usted de la frescura de esta mañana? -Dijo amablemente el Sr. Wesley.

-¡Pero que grata sorpresa, Sres. Wesley y Forrest!- exclamó- me encantan las mañanas frescas, esta no está tanto. No los esperábamos - Opinó Eliceth Smith con aire sorprendido.

-Le ruego nos excuse Sra. Smith, no queríamos importunarles, el Sr. Wesley estaba ansioso por conocer su admirada propiedad y pues aprovechamos la mañana para pasar a saludarles. Si no les incomoda, por supuesto - se disculpó apenado el Sr. Forrest y con disimulo observaba, buscando a la Srta. Smith. Las muchachas veían desde adentro expectantes de sí entrarían o no.

-¡Pero por supuesto que son bienvenidos a mi casa mis apreciados caballeros! el Sr. Smith está en su despacho, pero sin perder tiempo lo pondré al tanto de su visita para que salga a su encuentro, mientras tanto pasemos a la estancia que se encuentra mi querida hija Monique y su amiga, la Srta. Emiliana Winchester.

Llegados a la estancia, Eliceth se dirigió a buscar a su esposo, mientras Monique con rostro pasmado les invitó a tomar asiento. Emiliana lucía ecuánime.

-¡Muy agradable encontrarla por aquí Srta. Winchester! No pensaba topármela antes del baile de primavera de mañana por la tarde, vine para conocer la propiedad de los Sres. Smith, me han hablado maravillas de su jardín.- le comentó a Emiliana mientras no dejaba de mirar como caían sus cobrizos y ondulados cabellos sobre su impávido rostro.- Imagino que han estado planeando que vestimenta usaran mañana y todas esas cosas de mujeres.

Emiliana pensaba cómo comportarse cortésmente pues el hombre no ayudaba con su extraña actitud, de verdad no soportaba estar un segundo más delante de ese desagradable señor, sin embargo con un dejo un tanto esquivo le contestó:

-La Srta. Monique y su madre tienen un exquisito cuidado de su jardín, sin embargo no es lo único atrayente de su enorme finca, deberían visitar las plantaciones de algodón, son kilométricas pero desprenden una exquisitez desde sus confines… y ni hablar de las caballerizas, se puede decir que el Sr. Smith tiene los mejores caballos de todo Gloucester – expuso la joven con elegancia y gracia.

-Pues no quiero esperar para dar un paseo por toda esta belleza descrita- agregó el Sr Forrest con emoción- pretendo conocerlo todo en compañía de la Srta. Smith- la observó insistentemente con ternura. Monique se sonrojó como un tomate e inclinó la cabeza- y Dwain y Emiliana… ¡claro!- rectificó también ruborizado.

-Lamento no poder acompañarles- interrumpió Emiliana- pero  debo regresar a la mansión a repasar con mi abuela los pormenores del baile de primavera, seremos un año más lo anfitriones y todo debe quedar perfecto. Al menos eso espera mi abuela. Ya conocen a Priscila Winchester, perfeccionista por naturaleza y no quiero ser reprendida y castigada por semanas- sonrió con una mano en la boca.

Dwain Wesley, quien pensó que ésta sería su oportunidad de conectar con la pequeña Winchester, casi sufre una conmoción al escuchar de su partida, le dio un ataque de tos y falta de respiración, todos los participantes notaron que fue por la despedida de Emiliana y ella solo podía pensar que cual era la razón para que tuviera que pasar por esa clase de ridiculeces. Mientras el enfermo era atendido por los Sres. Smith y el Sr. Forrest, Monique acompañó a Emiliana al carruaje que amablemente prepararon los Smith para devolverla a casa y antes de subir la joven, inquieta, llamó su atención:

-¿Mili, ahora que haré? Pensé que te quedarías hasta la hora del té.- su cara denotaba ansiedad.

-Debo volver amiga, me aventuraré a la ciudad mañana para conseguir a Helen Cadbury, no lo olvides, debes mantener el acuerdo, confío en ti.- se abrazaron y subió a la carroza con el cargo de conciencia de haber manipulado a su amiga, mientras Monique veía el carruaje alejarse del camino.

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