La Perfidia del Alfa
La Perfidia del Alfa
Por: Johana Grettel
Capítulo 1

―Eres la mejor, Sia―me dice Dereck, luego que acabamos nuestro encuentro íntimo en uno de los baños de chicas de la facultad, justo en el sobre de los lavamanos. Pensamos en todo, él trajo su protección y yo cerré la puerta para evitar visitas innecesarias―espero que se repita.

Nada de repeticiones con Dereck, de hecho, esta es la despedida a nuestra relación de dos semanas. Por lo que sé es otro casa fortunas y está más interesado en ser la pareja de la heredera de emporio Savage Corp que en mí.

Todos quieren utilizarme, así que yo los utilizo primero.

―Ya veremos―le respondo y le doy un beso apasionado―todo depende de si te portas bien. Ahora debemos salir de aquí, no podemos tener clausurado este baño por más tiempo.

―Sí, por supuesto―me dice y me planta un beso en la coronilla―nos vemos en las clases―se despide y se retira, dejándome en frente del enorme espejo, en donde retoco mi maquillaje, para que nadie sospeche. Acomodo mi largo cabello castaño y me coloco rímel en las pestañas que enmarcan mis ojos grises. Mis labios carnosos también tienen el maquillaje corrido, así que los vuelvo a pintar.

Ahora estoy perfecta, así que me dirijo a encontrarme con Barbie, mi única amiga.

Quedamos en encontrarnos en la cafetería de la plaza central de la universidad donde ambas asistimos, la cual se encuentra muy concurrida, puesto que ya estamos en los exámenes finales, ya a punto de salir de nuestro segundo año. Claro que no de la misma carrera, puesto que yo pretendo ser una diseñadora de modas y trabajar en París, mientras ella pretende ser gerente de los negocios de su padres, tal como mi papá hubiera querido que fuera.

―No puedo creer que no se te haya ocurrido algo, Sia, oh tú poderosa reina de las fiestas―Me dice Bárbara, luego que me saluda―estamos a una semana da las vacaciones de fin de curso.

―Ya te dije que papá está un poco raro últimamente, además, siempre nos podemos quedar en la mansión de la playa―le respondo, mientras le doy un sorbo a mi batido―podríamos quedarnos en el catamarán.

Y claro que lo está, porque está sospechando que le he mentido y que no voy a ser la próxima ejecutiva del gran emporio de Savage Corp. Como él quiere.

Nada más lejos de la realidad, porque quiero perseguir mis sueños, no los suyos.

―No, querida, nada de catamaranes este año―me responde con reproche―desde que comenzamos la universidad, solo hemos vacacionado ahí. Tenemos un status qué cuidar, somos herederas de enormes emporios comerciales. Nuestro deber es vacacionar en Europa o en algún paraje perdido en Asia, no en catamaranes., así que, apiádate de tu pobre amiga y piensa en algo, muchas gracias―me dice con un puchero.

―Mi vida no es más fácil que la tuya―le respondo―esta vez papá quiere ver mis calificaciones y en donde sepa qué clases estoy tomando, te aseguro que no me dejará ir ni a la mansión de la playa ni a la esquina, es más, me cortará todas las tarjetas de crédito―agrego y ella hace otro puchero y yo pongo los ojos en blanco, porque no puedo evitar sentir un poco de remordimiento, después de todo es mi mejor amiga y queremos divertirnos juntas―está bien, Bárbara, haré lo que esté en mis manos para que mis padres me dejen ir a donde tú quieras―le prometo.

― ¡Gracias, Sia! ―me contesta y me da un enorme abrazo―eres la mejor amiga de todas―sigue diciendo, mientras me vuelve a abrazar.

~~~

Decido saltarme todas las clases de la tarde, para conducir cuatro horas hasta el edificio de Savage Corp, específicamente, a las oficinas de mi padre, pero soy detenida en la puerta por su asistente.

―Lo siento, señorita Savage, su padre se encuentra ocupado en este momento―me dice Amber o Alice o Aileen, todavía no me aprendo su nombre―si gusta, le puedo traer algo de beber, mientras lo espera.

Esta debe ser otra oportunista que quiere el dinero de mi padre. De seguro está pensando en ser su amante o algo por el estilo.

― ¿Es que todavía no te lo han dicho? ―le digo y la miro de arriba a abajo―la oficina de mi padre siempre está abierta para mi madre y para mí, así que hazte a un lado, que tengo cosas importantes que hablar con él―añado y le hago un gesto de amenaza, y ella se hace a un lado.

―Está bien, señorita Savage―me responde con mirada temerosa.

Abro las puertas de par en par y me encuentro a mi padre reunido con un chico muy guapo, de unos veinticuatro años aproximadamente, sus ojos son de un profundo verde y su cabello es rubio, casi blanco, su mandíbula es cuadrada y tiene pómulos pronunciados. A su lado se encuentra Bernard, el amigo y socio de mi padre. También está otro hombre de unos cuarenta y tantos con facciones muy parecidas a la del chico, por lo que asumo que es su pariente.

Seguro que los interrumpí en algún negocio, pero eso no es nada nuevo. Papá siempre me complace, aunque esté de lo más enojado.

― ¡Sia! ―me dice papá en cuanto me ve y se nota que está molesto conmigo, aunque trata de disimularlo por la presencia de estos hombres―te esperaba hasta el fin de semana, pensé que todavía estabas en exámenes.

―Y así es, papá―le digo y me acerco para darle un beso en la mejilla, que hace su efecto, porque en el fondo, siempre seré su consentida―pero decidí tomarme la tarde y venir a verte―ahora lo abrazo y me cuelgo de su cuello―esos exámenes son tan estresantes.

―Desde luego, cariño―comenta y me devuelve el abrazo, olvidando a los presentes que están en la salita de su oficina―no todo el mundo estudia para ser una alta gerente y eso se debe a que es más difícil―añade y yo trago en seco. No era por aquí por donde quería que fuera nuestra conversación.

―Eh, claro, papá―gagueo y él se ríe―estoy tan estresada, que necesitaba verlos.

Papá se separa un poco de mí para mirarme a la cara y sé que sabe que estoy mintiendo, aunque no creo que sepa de que va lo que estoy ocultando.

―Desde luego, cariño―me dice con una sonrisa burlona― ¿y cuánto nos extrañas a tu madre y a mí? ―pregunta con una mirada suspicaz― ¿una tarjeta de crédito cubrirá todo lo que nos extrañaste?

― ¿En serio crees que solo te quiero por tu dinero, papá? ―le digo con mi mejor cara de inocencia―la verdad es que sí te extraño―y así es.

Amo a mis padres. La gente piensa que personas como yo no somos capaces de amar a nadie y están muy equivocados, sin embargo, él me conoce lo suficiente como para saber que no viajaría cuatro horas por tan solo una cena familiar.

―Debo confesar que, aunque eres muy parecida a mí físicamente, tienes los mismos intereses que tu madre y eso es dejarme sin un solo centavo―me contesta y me planta un beso en la mejilla.

Entonces escuchamos a alguien que carraspea detrás y cuando miramos hacia atrás nos damos cuenta de que es Bernard, que está al lado del chico guapo.

―Es bueno verte, Sia―me dice con una sonrisa.

―Lo siento, Bernard―me disculpo y me acerco para saludarlo―cómo estás―le digo, al tiempo que le hago un gesto a los otros dos presentes, en especial al chico.

―Muy bien, aunque ignorado―se burla de mí y me corresponde el saludo― ¿cómo están los estudios? ―pregunta y yo vuelvo a tragar en seco.

―Eh, muy bien, Bernard, todo está excelente―le respondo y él vuelve a sonreír.

―No esperaría menos de ti, siempre has sido una excelente estudiante―responde y luego mira a mi padre y le hace señas que el capta de inmediato, pero no sé en realidad de qué va.

―Oh, que distraído soy―comenta papá y ve al chico sentado en el sofá―estos son Adrien y Balder Mctire, los nuevos socios de Savage Corp. Estamos negociando una fusión con su empresa, Ice Inc., pero de eso hablaremos luego―dice y le da a Bernard una mirada significativa.

―Mucho gusto, señorita Savage― dice el chico, que se levanta para tomar mi mano y la besa, entonces me fijo en lo alto que es y le sonrío. Se nota que es algo musculoso, por la forma tan imponente que tiene con su traje.

―Un placer conocerla―me dice el señor cuarentón, quien me brinda algo parecido a una sonrisa.

―Llámenme Sia―les sonrío con picardía, fijando mi mirada en Adrien, lo que hace que Bernard ponga los ojos en blanco―y yo los llamaré por sus nombres de pila, si no le parece mucho atrevimiento.

―Para nada, Sia―toma la palabra el joven, dándole una mirada de advertencia al otro, lo cual me hace sospechar que no es su pariente, en realidad, más bien, una especie de subalterno―de hecho, lo iba a sugerir.

Este hombre es demasiado guapo, como para dejarlo escapar, tengo que idear algo para tener un pedazo de él.

No es que sea superficial, bueno, no tan superficial, pero estoy acostumbrada a tener lo que quiero y no estoy dispuesta a perder el tiempo en romanticismos como un cortejo a largo plazo.

Para qué gastar el tiempo en protocolos.

―De hecho, papá, sí te iba a pedir algo, si no es mucha molestia―le digo―quisiera usar la casa de la playa con mis amigos, si no tienes inconveniente, claro―comento y papá empieza a reír y yo trato de poner cara de inocencia, pero, en cambio, me sale una sonrisa pícara. Bernard, que me conoce, pone los ojos en blanco y mueve la cabeza de lado a lado.

―Por lo menos esta vez no fue un viaje por tus próximas vacaciones―me responde y yo pongo los ojos como platos, porque se supone que eso era lo que venía a buscar, pero no puedo dejar escapar a este chico de ninguna manera. Luego veré cómo convenzo a papá, porque se lo prometí a Bárbara― ¿ya solicitaste tus calificaciones a la escuela de negocios?

―Eh, sí, papá―le miento descaradamente―pero solo estarán completas hasta la próxima semana, así que debes esperar―le añado y papá me mira con una suspicacia fingida.

―Está bien, Sia, puedes hacer una fiesta de fin de curso en la casa de la playa―acepta al final― ¿por cuántos días será esta vez? ―inquiere y yo levanto las cejas.

―Solo sería por el fin de semana―le contesto y le planto otro beso en la mejilla―también utilizaremos el catamarán, así que le diré a Sergio, para que lo maneje.

―Lo podrás tener solo si hay buen tiempo―me responde con mirada de advertencia―nada de obligar a Sergio para que salga con el mar picado―añade y yo hago una cruz encima de mi corazón en señal de promesa.

―Palabra de honor, papá―le aseguro y él me sonríe―tú también nos podrías acompañar, Adrien, si no tienes ningún otro plan.

Adrien está a punto de contestar, pero es interrumpido por Bernard, que le da un ataque de tos de repente. Sé lo que significa, que voy demasiado rápido con el nuevo, pero qué puedo decir, soy así.

―Creo que Adrien y Balder nos habían dicho que debían consultar algo con sus socios este mismo fin de semana, me parece que habían dicho que les urgía cerrar el trato para la fusión―indica Bernard y mi padre lo mira y levanta una ceja.

―Si quieres, Adrien, podemos dejar todo para la próxima semana―dice papá y yo le sonrío―no tenemos ningún inconveniente en esperar otra semana.

Entonces Adrien, el chico guapo, alto y musculoso, se nota algo nervioso y se pasa la mano por su cabello casi blanco, un ademán de lo más sexy, si es que puede parecerlo aún más.

―Yo podría reunirme hoy mismo con mis socios y tenerles una respuesta para el viernes, así daremos por finiquitado nuestro asunto y no tendremos mayores inconvenientes―responde Adrien, quien le da una mirada cómplice a su socio, Balder.

―Esto soluciona los inconvenientes―responde Bernard, quien levanta una ceja en mi dirección. Siempre lo he considerado una especie de tío y, aunque él no quiera admitirlo, soy su favorita, así que no me extraña que sonría como ahora lo hace.

Entonces, papá me mira con reproche ahora, y bajo mi cara para mirarlo de reojo, lo que siempre ha solucionado problemas en otras ocasiones. Él me conoce, sabe que no soy una santa y que no pararé hasta conseguir lo que quiero y eso implica una noche inolvidable con su inminente nuevo socio.

Así que asienta con la cabeza en mi dirección.

―Nada de problemas, Sia―me dice en voz baja―y quiero ver tus calificaciones pronto―me amenaza y asiento con la cabeza, también, aunque no sé cómo voy a inventarme unas calificaciones falsa de la escuela de negocios.

―Gracias, papá―le digo y le planto un beso en la mejilla y luego levanto una ceja con picardía a Adrien.

―Creo que estaré desocupado para el fin de semana―me guiña un ojo―así que estaré encantado de acompañarte, Sia―me dice Adrien, quien gira la mirada hacia mi padre―por supuesto, si Samuel no tiene inconvenientes.

―Por mi parte, todo está bien, Adrien, de todas formas, tú y yo seremos socios pronto―le contesta papá.

―Entonces, no se diga más―le respondo―te enviaré la dirección para que nos acompañes.

Él me da una mirada seductora.

Creo que nos divertiremos este fin de semana.

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