6. Viaje improvisado

«Valle, ¿qué demonios te pasa?, ¿otra vez con ese desconocido?, ¿qué dirá tu madre, tu abuela? ¡Tu padre!, porque ahora no sólo es con un desconocido si no en tu casa…¡En tu casa!», me vienen esas palabras a la mente mientras poco a poco voy recuperando la conciencia y salgo del sueño profundo, de pronto algo más provoca que lo haga más de prisa. ―¿Valle? ¿Estás despierta? ― Mi puerta suena sin parar, abro los ojos y me doy cuenta de que es mi hermano quién toca con tanta fuerza. Volteo al otro lado y veo al guapísimo Diego profundamente dormido, se encuentra boca arriba y las sábanas sólo le cubren la parte baja del cuerpo. «¿Hasta dormido es sensual?» me pregunto. 

―¿Sí? ― Pregunto en voz alta, tratando de no distraerme con lo que acabo de ver. 

― ¿Ya estás lista? Salimos en 10 minutos.― Anuncia tomándome por sorpresa. 

«¡Mierda!» pienso mientras me levanto y busco con desesperación algo que ponerme. Diego se despierta ― ¿Qué pasa? ― Me pregunta adormilado. 

―Shhhh ― Lo callo mientras le tapo la boca para que no hable más ― ¡Me voy en mi auto Valente! Tengo que pasar al restaurante por algunas cosas, nos vemos allá.― Me invento  algo y es que no puedo permitir que se cruce con Diego. 

― Va, pero no te tardes porque ya sabes cómo se pone mamá y no quiero verla enojada, ya sabes que este día es de fiesta, por cierto Rodrigo se va conmigo― me dice del otro lado. 

Me quedo en silencio un momento hasta que escucho que se cierra la puerta de la casa, y las manos de Diego me toman de la cintura y me sube sobre sus caderas para quedar arriba de él, yo le quito la mano de su boca y él se ríe ― Uff, casi, casi eh... ― Dice mientras acaricia mis caderas.

― No es chistoso, pudo haberte escuchado― le digo seria. 

― ¿Crees que nos escuchó ayer en la noche? ― Me pregunta y sonrió.

― Ruega a Dios que no, ahora vístete y vete que tengo muchas cosas que hacer y ya se me hizo tarde― le pido. 

¿Vas a confesarte por todo lo que pecaste anoche? ― y sin el menor esfuerzo me tira sobre el colchón quedado su pecho encima de mí ― No creo que te alcance la penitencia ni los rosarios para salvarte del fuego eterno.― Bromea. 

― Para ser alguien que se burló de mí por tener que ir a misa sabes mucho de pecados y fuego eterno, supongo que hace milenios que no vas a confesarte tú, deberías. 

Él se ríe y comienza a jugar con mi cabello― sos tan bella mexicanita―  me murmura mientras me ve a los ojos. 

 ―  Es en serio, debo irme, además tengo unas cosas en el restaurante y debo pasar por ellas, se me hace tarde.

― ¿Puedo ir con vos? ― me dice inocentemente y ahora soy yo la que río.

― ¿Qué? ― digo entre carcajadas.

― ¿Qué tiene de malo? ― dice extrañado

― Llevar a alguien que apenas conozco a una comida de mi familia, no, no, no, no.― 

― ¿Es en serio? Cuatro “no”, vamos ¿Qué puede pasar?―

― Diego ― le digo mientras acaricio su hermosa barba ― Si vas, me enfrentaré a meses de preguntas tipo, ¿dónde está ese chico que vino contigo? ― hago la voz de mi papá ― o burlas de mis primos y hermanos. No sé si me entiendas, pero no quisiera ponerte bajo tanta presión y además llevarles a una persona que posiblemente no vuelvan a ver jamás ¿me entiendes?― Explico.

Me besa tan sensual que de pronto deseo volver a tenerlo como la noche anterior, sus manos recorren mi cuerpo y lucho en verdad por concentrarme ― ¿Cómo sabes que no te voy a volver a ver?―

Cambio mi rostro a uno de incredulidad y él sonríe ― Vamos, me encantó estar contigo―  confieso― pero no soy tonta, alguien como tú con alguien como yo, nunca será posible. Mejor así la dejamos y no nos metemos en problemas ni involucramos más personas. Me gustó, estuvo genial, más que genial diría yo, pero puedes continuar, no pasa nada― Diego me ve extrañado ― ¿Qué? ― digo sin pensar.

― Sos la primera mujer que me ruega porque me vaya, algo bueno estaré haciendo.― Comenta. 

― No estás haciendo nada, simplemente estoy tomando las cosas como son, una noche y ya.― Le informo tratando de no hacer de esto todo un drama. 

― Ahora tengo más ganas de ir a esa comida familiar― se levanta de la cama y camina por la habitación buscando sus bóxers que en algún momento de la noche desaparecieron entre las sábanas.

― ¿Qué haces?― Pregunto viendo la escena. 

― ¿Qué más?, me estoy vistiendo mexicanita ¿o crees que me estoy paseando por tu habitación para que me veas en bolas? ―  Habla. 

― En primera sé que te estabas vistiendo y en segunda no me molesta el hecho de que te pasees desnudo por mi habitación, en realidad tienes muy buen trasero―  él se ríe ―  bueno en realidad, todo―  trato de arreglarlo. 

―¿Vos crees?― Pregunta y gira para mirarse haciéndome reir. 

― ¡Basta Diego! ―  hablo volviendo en sí después de eso, no vas a ir a la comida familiar, además no es en San Diego.

― ¿Ah sí? Y ¿dónde es?

― Es en Tijuana ― digo tranquila mientras me levanto de la cama y busco en los cajones un cambio nuevo que ponerme. Él se acerca por atrás mío y me abraza fuerte, puedo sentir su piel sobre la mía y vuelvo a temblar.

― Quiero pasar más tiempo con vos, te juro que me voy a portar bien, voy a decir por favor y gracias y llamaré a tu padre señor ― me dice al oído y sus palabras me hacen reír ― prometo incluso ayudar con los platos. Vamos Valle, te juro que no pasará nada.― Insiste. 

Trato de distraerme mientras revuelvo la ropa en el cajón, está tan cerca que puedo sentir su aliento sobre mi cuello, para después comenzar a besarlo mientras sus manos suben por la camiseta que traigo puesta encima.

 ― ¿Tendré que convencerte de otra manera entonces? ― dice a mí oído, mientras mi piel se eriza. 

Me quedo en silencio sintiendo todas esas sensaciones que él provoca en mí, quisiera que en este momento se volviera a repetir lo de anoche pero ya voy tarde y no puedo faltar. Suspiro y pienso «me arrepentiré de esto», y quitando sus manos me volteo. 

― Está bien, pero nos regresamos temprano y dirás que eres mi amigo. 

―¿Y qué queres que diga, mujer? Hola soy Diego y pase unos ratos buenísimos  con su hija, señor. ― 

―¿Señor? Dile eso a mis hermanos y sabrás lo que es querer huir del país ― digo divertida ― Ahora déjame vestirme. 

*** 

Afortunadamente nadie ha visto a Diego al salir de la casa y dejarme en el restaurante mientras él se iba a su hotel a cambiarse y por algunos documentos que necesitaba, yo  trato de concentrarme mientras subo a mi auto . He recibido varías llamadas de mi madre preguntando por mi y con el pretexto de que había cosas que aún no estaban hechas me he salvado del regaño de no haber llegado a misa, pero prometí estar ahí a tiempo para las fotos familiares y todo eso que siempre hacemos como familia.

― Tú siempre llegas temprano "mijita" ― me dijo mi madre preocupada ― Sólo porque sé que últimamente has tenido mucho trabajo te la paso.

Ahora será más difícil llegar con Diego, porque todo el cuento que me he inventado para salvarme se vendrá abajo. Mi familia podrá ser un poco escandalosa, pero no es tonta, y no importa qué pretexto les hubiera dado el simple hecho de llegar con él tira abajo todo. 

Mi primo Francisco me ayuda a subir las últimas cosas a la cajuela del automóvil y me dice que llegará por la tarde y que le guarde un poco de mole de ese que cocina mi Tía Maria Luisa y que suele ser el platillo estrella de las fiestas. 

― Porque luego se lo comen todo y ya no alcanzo y hay que rogarle para que lo haga de nuevo ― me dice mientras se queja de todos los primos y tíos que comen de más. 

Me rió mientras dentro de mí espero con todo mi corazón que Diego me diga que no va a venir, pero al ver que el automóvil vuelve a entrar al estacionamiento todas mis oraciones se van por el desagüe. Empiezo a ponerme nerviosa, y mi primo lo nota. 

Diego se baja con una gran sonrisa «¿Por qué todo lo que viste este hombre tiene que ser tan pegado?» Esa camiseta gris y pantalones de mezclilla azul claro hace que hasta los hombres lo observen con detenimiento, lo digo porque hasta mi primo cae en sus encantos.

― Estoy listo, Nombre ― me dice sonriente mientras se pone las gafas de sol y saluda a mi primo antes de que yo lo presente.

― ¡Ah! Cierto ― Digo recuperándome de lo que acabo de ver ― Él es mi primo Francisco, él es Diego.

― Buenas ― Lo saluda mi primo.

― Un gusto―  saluda educado. 

― Bueno, vámonos ― Le digo a Diego mientras abro mi auto. Francisco, hay le echas un ojo al carro de Diego.

― Yo se lo cuido amigo― contesta de forma natural.

Diego se ríe y se sube al auto del lado del pasajero.

― "Ijole" Valle, creo que vas a estar en problemas, lástima que no estaré ahí para verlo todo.―

― ¡Cállate eh! Y cuidado con que les des la avanzada sobre esto, no quiero que se arme algo allá ― lo amenazo.

― Sólo guárdame mi mole y yo callado ¿eh prima?― me advierte. 

Sonrió sarcásticamente y camino hacia mi auto mientras Francisco se sigue burlando de mí a lo lejos. Cuando subo Diego está mandando un mensaje en su celular.

― Huele delicioso ¿Qué es? ― Es lo primero que me dice mientras yo me acomodo para manejar mejor.

― Arroz rojo y tacos dorados de papa y requesón.― Respondo. 

Él se me queda viendo extrañado y como no tengo ganas de explicar me bajo del automóvil, abro la puerta de atrás y levantando los refractarios tomo un taco de cada uno y se los doy.

― Este es requesón, este es de papa ― Le explico mientras se los ofrezco. ―Cuando los sirves les pones crema, queso y salsa arriba.―

Diego le da una mordida y aprueba ― Está deliciosos ¿tú los hiciste?―

― Esta vez no pero  es como lo básico en la comida mexicana. Los hicieron algunos de los cocineros.― Le informo. 

Arranco el carro y salgo del estacionamiento directo a la autopista. Diego va comiendo los tacos como si fuera lo más delicioso del mundo y entretenido con el paisaje sin preocuparse de nada. No puedo creer que esté haciendo esto, llevar a un completo desconocido a casa de mi abuela a una comida familiar «¿crees que esto resulte Valle?», me pregunto pero luego volteo y veo la sonrisa de Diego y recapacito, «sí, creo que saldrá bien».

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