Capítulo 2

Aquel día recorrimos los sitios más famosos de Roma y por primera vez fui víctima de sus encantos al hablar de geología histórica y datos muy curiosos de los cambios que ha experimentado este espacio geográfico donde nos encontrábamos.  Nunca me había sentido tan identificado con alguien, y es que en realidad tampoco había escuchado a alguien hablar con tanta pasión de un lugar y eso comenzaba a gustarme más de la cuenta, o quizás era toda ella quien comenzaba a gustarme y yo no lo sabía, o simplemente, no quería admitirlo.

Entre conversación y conversación supe un poco más de ella, su edad, 31 años, trabaja como geóloga en una compañía de construcción en Miami la cual la trajo de Argentina hace seis años con un contrato de trabajo que se renovó hasta que ella se estableció en el país, hija única, vive sola en Miami y muy fanática del futbol y de la música en general. Yo también le conté un poco de mí y reímos a la par cuando entendimos que el mundo es pequeño y hacen que un ingeniero y una geóloga que viven en Miami, se encuentren en medio de esta hermosa ciudad a miles de kilómetros. Ese día descubrí que iniciar una conversación con ella era sumamente sencillo ya que es una mujer muy desenvuelta, carismática y con un sentido del humor extraordinario que era capaz de robarme las risas más verdaderas del mundo. Junto a ella todo era una fiesta y no dude en invitarla a cenar, mucho menos ella dudo en aceptar y así fue como terminamos los dos sentados en una elegante mesa de un restaurante ubicado en las cercanías del Coliseo. El frio del invierno nos obligaba a mantenernos algo abrigados aun dentro del restaurante, pero no lo suficiente para no poder ser testigo de lo increíble que le quedaba ese suéter beige con escote sensual y una transparencia leve que hacía que mi imaginación volase a primera vista.

Ella se sonreía mientras leía el menú que estaba apoyado sobre la mesa y yo no hacía más que observar lo hermosa que era. Intentaba entender como tanta belleza e inteligencia podían estar unidas en una misma persona y complementarse tan perfectamente — ¿Qué tanto me miras? — me pregunto sin levantar su mirada y reí nervioso.

—Eres muy hermosa y ya no sé qué es lo que más me atrae de ti, si tu belleza o lo inteligente que eres. — confesé y de inmediato levanto su mirada.

Esos ojos grises me dieron por primera una mirada diferente a lo que llevaban haciendo todo el día, brillaban y me di cuenta en su reflejo que mis ojos también estaban brillando. Me había enamorado sin saber cómo fue de una completa extraña que había conocido hacia tan solo algunas cuantas horas, era una locura absoluta.

—¿Te sientes atraído a mí? — me pregunto bajito y sonreí.

—Mucho y tengo la impresión que ha sido el embrujo de tus palabras lo que me ha hecho sentir todo esto. — me defendí, aunque no sé si era posible tal defensa.

Se sonrió y mordió por primera vez sus labios haciéndome entender el efecto que esto tenía en mí, estaba metiéndome en problemas y unos muy graves, pero ya comenzaba a no importarme nada —seguro le dices eso a todas las chicas que conoces. — dijo y negué de inmediato.

—No creas que voy viajando por el mundo diciéndole “hola” a cualquier extraña con la única intención de pasar un buen rato con ella, yo no soy así. — me defendí y su cara cambio por completo.

—¿Y cómo es que eres?— rebatió con intriga y una estúpida sonrisa se apodero de mi rostro.

Esa vez fui yo quien mordió su labio inferior y en respuesta ella se sonrió, estaba nerviosa al igual que yo y en ese instante comprendí que no era a mí solo al que le estaban sucediendo cosas —lo que ves es lo que soy… puedo describirme como un hombre bastante normal, un poco obsesivo con su trabajo y pasando por varios cambios en su vida que lo llevaron a necesitar despejarse y tomar estas vacaciones para olvidar un poco ese caos, pero el encontrarte a ti ha hecho que cobrara un nuevo sentido.— explique y estaba siendo lo más sincero posible, no solo con ella sino conmigo mismo.

En ese instante el silencio se adueñó de aquel lugar, supongo que ambos estábamos cuidando nuestras palabras, o al menos intentábamos no precipitarnos, pero eso se hizo imposible cuando después de aquella cálida cena donde nos conocimos más, nos dimos cuenta que en este viaje nos unía una causalidad más y es que ambos nos hospedábamos en el mismo hotel. Su habitación y la mía estaban en finales opuestos del mismo pasillo y eso provoco en nosotros risas incontrolables ya que quise acompañarla hasta su puerta con la única intención de convencerla de que mañana continuáramos este viaje juntos. En ella veía ese algo que no se puede explicar, pero que me hacía querer estar a su lado todo el tiempo. Entre risas nerviosas acepto mi propuesta y le di mi celular para que anotara su número en el y luego rápidamente la llame para que mi número quedara registrado también en el suyo.

—Nos vemos mañana. — dijo e intento que nos despidiéramos con dos besos en la mejilla, pero algo ocurrió que no hubo manera de ponernos de acuerdo entre un movimiento y otro de nuestros rostros y nos hizo mirarnos mutuamente con una intensidad que me consumía por dentro y me gritaba que la besara.

Luchaba entre lo que quería hacer y lo que debía…no quería que saliera huyendo pensando que mi idea era solamente la de pasar una noche con ella y luego olvidarme de su nombre, pero algo nos ganó a los dos. Nos fuimos acercando como si con cada leve movimiento nos estuviéramos pidiendo permiso y solamente cuando la tuve tan cerca, coloqué mis manos a cada lado de su rostro y la atraje hacia mí con la mayor delicadeza del mundo, todo el tiempo se detuvo en ese instante y al besarla lo hice con sutileza, disfrutando de cada roce entre sus labios y los míos. Sentí la perfección de sus labios y me vi preso de ellos, quise hacer eterno ese momento y sus manos ya en mi nuca hicieron eso posible. Era evidente, ambos sentíamos ese mismo nivel de atracción que nos hacía sentir tan conocidos, aunque a la vez, fuéramos dos extraños que se conocieron en mitad de un invierno en Roma.

—Es mejor que entre. — dijo nerviosa y sonreí.

—¿Te veré mañana? — le pregunte y sentí terror de que en medio de la noche ella tomara sus cosas y se fuera de este hotel privándome de su compañía al día siguiente.

—Mañana a las nueve de la mañana te veo en este mismo lugar. — sentencio firme, pero con un tono de voz tan prometedor que me hacía querer que las horas pasaran volando para que fuera mañana.

—Te veo mañana a las nueve. — repetí y a pesar de que moría por volver a besarla, me di la media vuelta y como un caballero que intentaba ser, deje que esa noche ella y yo solo dejáramos todo en aquel beso que ocurrió y que lo cambio todo.

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