Dudas y miedos

Luego de desayunar juntos en la cafetería donde trabajaba Sam, me marché a la oficina y comenzamos a trabajar en el caso del desalojo. Por suerte, Scott era muy bueno en lo que hacía y de inmediato consiguió algo de información. El tal Quinteros era todo un delincuente, como bien me había advertido Rita, sus negocios turbios y malas compañías lo precedían. Estaba involucrado en varias estafas a sus inquilinos. Y no era la primera vez que hacía algo como esto, pero la diferencia era que era la primera vez que esa gente tenía un bufete importante detrás, alguien que los defendiera a ellos y a sus intereses. Comencé a redactar una intimación, pidiendo que se les permitiera volver a sus hogares a sus respectivos dueños, hasta que se esclareciera la causa legal del desalojo, y le pedí a mi secretaria que la enviara de forma urgente. Pasé el día metido dentro de es

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