Piedras

Lexie sonrió y se acomodó en su asiento, recogió el pelo largo de forma que su cuello estuviese liberado. Los dos se miraron.

—¿Qué si soy una ladrona?

—Bueno, eso te pone encima de mí en la línea de carteristas. 

—Eres  un roba carteras. No te menosprecies  que yo solo soy una ladrona refinada…—Dijo y bebió champán. —Estafadora me gusta más, lo has escuchado en inglés “Con artist”, ser ladrón es desagradable para rodos menos los gringos que lo llaman tan bonito. 

—Estás intentando distraerme, aburrirme porque me vale —Los dos rieron. 

—¿El qué, el que sea una estafadora o el que sea una mujer?

—Las dos, tú a lo tuyo…—Respondió y se acomodó en la silla. —Voy a decirte una cosa. Voy a firmar un papel en el que dicen que eres mi mujer, tu felicidad me importa, me gusta que tengas un trabajo, y ya hemos negociado sobre nuestra sexualidad. Eso va a ser así hasta que vuelvas a mentirme. Eres mi prioridad, eres familia, eres mi mujer, la gente va a ir por ti y la gente te va a usar si no sé que eres una ladrona internacional buscada por la Interpol no puedo protegerte. 

—La Interpol busca a un hombre que roba joyas. Yo soy una mujer, aburrida, con un esposo millonario y un negocio atípico.  No encajo en el perfil y el ladrón está muerto. 

—¿Cómo lo mataste?

—Les di a la persona equivocada—Ella se encogió de hombros. —No es mi culpa que no hagan su trabajo. 

—Me imagino. 

Berrocal le pidió al mesero que les tomara la orden con una seña. Le dijo lo que quería comer, ella se le quedó viendo y le preguntó si no iba a elegir por ella. 

—¿Qué clase de macho crees que soy?—preguntó indignado y ella rio. 

—Lo que sea que él pidió pero con chile. 

—Pedí carne sosa con ensalada. —Ella asintió y el mesero se acercó primero a rellenar sus copas. 

La pareja comió en silencio, Berrocal estaba intentando descifrar a su futura esposa. Había comprado un anillo, así que al terminar de cenar lo puso en la mesa mientras traían el postre.  

—Es sencillo—Comentó la joven divertida. —Corte marqués, color transparente, con diamantes al rededor y Tiffany & Co. Muy bien.

Berrocal le preguntó por su comida favorita mientras salían del restaurante. Lexie se quedó seria fingiendo que no le había escuchado. 

 —Tu comida favorita, Lexington. 

—Me gusta el pescado todos los días de la semana el más barato y el más caro. Pero hoy me apetecen unos tacos con chile y chicharrón. 

—¿Quieres algo más?

—Chicarrón extra y una ensalada con limón. 

—Tienes problemas alimenticios serios. 

Los dos rieron a carcajadas. 

Berrocal condujo hacia el punto más latino de la ciudad, todos parecían quererle y adorarle, él saludó con cariño a la mujer con el puesto de comida en la calle y ella hizo lo mismo, le dio un beso en la mejilla y le abrazó. 

—¡¡Uuuy, qué guapa!!—Dijo Alma mientras la inspeccionaba con la mirada y vio con aprobación a Berrocal. — Qué guapa, Andrés. 

—Verdad, es un bombón—Lexie le vio divertida mientras negaba con la cabeza 

—Y es dulce. 

—Gracias —Respondió Lexie. 

—¿Cómo te llamas?

—Lexie. 

—Alma, cuando necesite y lo que necesites preciosa, a ver… ¿Qué se le antoja al jefe  y la jefa?—Lexie vio a Berrocal y sonrió.

—Lexie tiene deseos de chicharrón y tú haces los mejores. Llámate a alma y a los niños ehh, y que vengan a bailar que esto se ve muy serio, mamá. 

—Ya los llamo—Dijo y tomó las manos de Lexie. —Te voy a hacer una bandejita para que pruebes todos los chicharrones que hago y me cuentas cuál es tu favorito.

—Mira quiero unos como con taquito, con aguacatito, unos frijolitos y unos plátanos. Y chile, ehh, mucho que me pique hasta mañana. 

—¿De tomar?—preguntó la mujer encantada. 

—Nos da un tequila y una cerveza a los dos. 

Berrocal pidió lo mismo y le señaló la casa de la esquina. 

—Ahí te criaste. 

—Al frente armábamos la verdulería. 

—¿Cómo llegaron aquí, de dónde son?

Su papá y su compadre habían recibido la oportunidad de trabajar construyendo calles y vías cuando la ciudad hizo una ampliación vial importante, así que ellos vinieron, les dieron casa, comida y les dijeron que podían traer a un miembro de la familia. Su papá trajo a su esposa y cuando el proyecto terminó les ofrecieron comprar la casa de a poquitos. Ellos ya habían iniciado con la venta de vegetales. Así que les pareció bien quedarse.

—¿Murieron?

—En esa misma casa. 

—Lo siento. 

—Gracias —Les interrumpieron con las bebidas. 

Ella alzó el chupito y Berrocal hizo lo mismo. 

—Por los cambios. 

—Por los cambios —Brindó Berrocal y los dos bebieron. 

La música empezó a sonar y la pareja se puso en pie para ir a bailar salsa, los dos sabían moverse y estaban tan cómodos el uno con el otro. Lexie disfrutó de cada segundo que pasó entre los brazos de Berrocal y en cada giro y cada movimiento se descubrió deseando que le besara. Que fuese un poco más real. Que esa fuese su vida. Berrocal deseó exactamente lo mismo. Que su vida fuese tan simple como salsa en medio de la calle, con botanas y amigos, una mujer guapa, inteligente y humilde  que se acoplaba a cualquier ambiente. 

El joven la vio bailando con uno de sus primos pequeños, tenía diecisiete y estaba seguro de que le contaría a todo el mundo que había hecho más de que bailar con ella y nadie le creería. Su papá  cuando Lexie giró y le abrazó como si ella fuera el hombre y le dijo algo al oído. Berrocal vio a su primo pequeño sonrojarse y tanto él como su papá rieron. 

—Es muy guapa y se ve cara. 

—Es las dos cosas —Reconoció Andrés. —¿Cómo va el negocio?

—Bien. 

—Eso—le felicitó con un golpe en el hombro— ¡Qué bueno!

Lexie y Carlo se acercaron. 

—De verdad te quiere. 

—¡¡Tienes diecisiete!!—le regañó su padre y le dio un golpe en la cabeza. 

—Ya está la comida—Dijo alma y le dio una cachetada con el trapo de la cocina su nieto y los ojos entrecerrados. 

Lexie vio la tabla con diferentes tíos de chicharrón, todo mejor de lo que había imaginado. Probó cada uno y vio seria a la mujer. 

—Hazme uno para llevar por favor —replicó y los dos rieron. 

—¡Qué rico!

Berrocal pidió otra bandeja y los dos comieron. Lexie sonrió después de darle un sorbo a la cerveza, relajada y saciada por la comida. Berrocal le rodeó con el brazo y se acercó a sus labios. 

Finalmente le besó, que fuera lo que tuviese que ser. Un beso largo y apasionado de esos que cuando ves en público quieres quitar la mirada, pero cuando eres el protagonista lo único que te apetece es saber qué más hay en esa otra persona qué es lo que está sintiendo y sea lo que sea dar y recibir más. 

La pareja se separó y se miró a los ojos. 

—No deje que te enredé. 

—Mamá, pero qué va a pensar Lexie. 

—Que eres un hombre apasionado que no setoma a nadie en serio —Lexie rió. 

—Ya lo sé, ando con mucho cuidado con él —La mujer asintió y Lexie le dio las gracias. 

La pareja se despidió uno a uno de los amigos y familia, luego subieron al auto. Berrocal puso una música suave, relajante y ella vio la pulsera en su brazo. Eran solo piedras negras. 

—Piedras volcánicas—señaló Lexie. 

—Para el mal de ojo. 

—Crees en eso. 

—Creo en el bien y el mal Y siempre ando haciendo cosas buenas tengo que comenzar. 

—¿Puedes compensar?—preguntó divertida. 

—Lexie, dono a iglesias, enfermos, ayudo al que puedo y rezo. Soy un fiel católico. Solo que si me  das un buen fundamento y me ofreces algo que puede hacer que me vaya bien en la vida yo lo tomo. Esto me lo dio una amiga que sabe de energías y es importante para mí. Quieres una lectura. 

—¡¡Eres demasiado!!—Ella rió y vio por el retrovisor. 

Había un par de autos siguiéndoles en cada giro, Berrocal lo había notado un par de minutos antes, pero no quiso decir nada para no alarma. Sabía que él no debía nada, pero Pito iba detrás de su cabeza y tras de todo le debía. 

—Nos están siguiendo.—Berrocal vio por el retrovisor y asintió. —¿Debes dinero? 

—No. —respondió molesto.—Sé quién me debe y a quién le sirve matarme Lexie le vio mientras conducía tranquilo como si nada estuviese pasando. El joven envío un mensaje de texto al Chapas. 

—Dime que vas armado. 

—Por supuesto, Lexie. —cocó un botón en su silla. —Mira debajo del asiento.—pidió. 

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