¿Quién salva a quién?
¿Quién salva a quién?
Por: Vali
El comienzo

Las cosas no siempre son como uno las espera, en mi caso me toco ver de cerca el maltrato, abuso y sobre todo la falta de amor, pero quizá siempre queda la idea de que tanta cosa mala solo puede venir de personas extrañas a ti, pero termina siendo peor cuando lo vives de cerca con alguien que pensaste que te amaría toda la vida. Aquí comienza mi historia...

Soy Nora Henzel, tengo 29 años de edad y soy de descendencia italiana, mi madre era de Alemania, pero el ser que dice llamarse mi padre es italiano, crecí en una familia compuesta por papá, mamá y mi hermoso hermano Cristhian, además de vivir cerca de mis abuelos paternos, que fue a los únicos que conozco pues a los maternos nunca los conocí pues mi madre siempre me contaba que eran unas excelentes personas que daban su vida por sus hijos, y literalmente fue así.

A mi corta edad de 8 años me toco ver de cerca como mi padre abusaba de las bebidas alcohólicas, de las drogas y eso lo llevaba a maltratar a mi mamá, aquella fue una de las tantas veces en las que me tocó vivir eso, un año después llego mi hermano un hermoso niño rubio de ojos encantadores, azules como los míos y de mi mamá, por ese tiempo cesaron los maltratos, al menos me hice a la idea de que no volverían.

Cuando cumplí 18 años, mi mamá me hizo una pequeña fiesta con unas amigas y vecinas, además de mi hermanito de 8 años, mis abuelos y una de mis tías maternas pues mi papá era hijo único, la celebración se dio a cabo pues no estaban en casa ni mi papá ni mi abuelo, porque de ser ese el caso no se hubiera podido realizar, aun con temor seguimos en los nuestro, cuando al cabo de dos horas lo que para nosotros debía ser algo bonito paso a ser algo terrible. Lejos de recordar ese día como algo inolvidable por ser mi cumpleaños, fue por lo que ocurrió después.

Mi papá entró hecho una furia, al lado de él estaba un viejo todo regordete y con un aspecto muy malo, mi padre me tomo a la fuerza del brazo y me llevo al despacho que tenía en un lado de la casa, yo estaba muerta de miedo pues no sabía qué hacer para que no estuviera de esa manera o qué mismo me haría a mí.

Yo estaba vestida con una bonita falda color rosa claro un poco encima de la rodilla y una blusa blanca fresca, mi cuerpo era bien formado para mi edad, tenía todo bien puesto en su sitio, por eso no era de las que me vestía sexy porque no quería llamar la atención de forma indebida.

- Siéntate en el sillón Nora - dijo mi papá

Él estaba detrás del escritorio que había allí y el viejo feo estaba a mi lado.

- Está más bonita de lo que me imagine - dijo el viejo

- Si, está bonita y está tal como te la prometí, no la he tocado para que puedas darme buen dinero por ella. - dijo mi papá.

Yo estaba horrorizada por lo que escuchaba, no quería entender que era de mí de quien ellos hablaban, pues, ¿por qué un padre estaría haciendo trato con un hombre por su hija de 18 años? pues Bolívar Henzel lo estaba haciendo, vendiéndome como si fuera mercancía.

Inmediatamente hice la manera de levantarme del asiento, pero se dieron cuenta y mi papá me obligó a estar sentada y luego se dirigió a la puerta a cerrarla con seguro.

- Sino quieres que tu querida madre y el pequeño Cristhian pasen a ser cadáveres, te iras con el señor aquí presente, pues ahora le perteneces a él. - me dijo Bolívar Henzel

Una niña entre la espada y la pared, sin saber que hacer y temiendo por las vidas de los seres que más ama, no me quedo más que agachar la cabeza y hacer lo que me decía, pero siempre pensando que el día que fuera mayor le cobraría lo que él me estaba haciendo ahora.

El hombre me agarro de la mano y caminó junto conmigo, al salir del despacho no había nadie afuera no se escuchaba como si alguien estuviera cerca, me imagino que en medio de todo despidieron a mis amigas, y mi cascarrabias abuelo se llevó a mi abuela, mamá y hermano para que no escucharan nada de lo que se decía en el despacho.

[...]

Ya en el lugar a donde me trajeron los hombres que andaban con el viejo regordete, me recibió una mujer vestida con una ropa muy pequeña y sugerente, me tomó de la mano y me saco una de las amarras que me habían puesto para no escapar, cuando sentí mis manos libres sobe mis muñecas, justamente la puerta del lugar no estaba del todo cerrada y pude identificar donde era el lugar al que me habían traído, era un lugar a las afueras de la ciudad, un burdel en donde solo iban hombre con dinero, mafiosos y personas peligrosas en sí, lo sabía porque un día sin querer vi una noticia, y en una de las idas a donde una de mis amigas pasamos cerca del lugar y lo asocie con lo que escuche.

La mujer que me recibió me indico un cuarto en el que me quedaría y me dijo que me bañara que allí había algunas cosas de aseo que en un momento ella volvía y me daba más indicaciones, yo solo temblaba no sabía si era del temor de donde me encontraba y no sabía que me pasaría o si era por el frio que se sentía en esa habitación.

Una vez que me duche, me cambie de ropa, me sentía incomoda pues la ropa que había dejado aquella mujer para mi me quedaba muy ajustada y ni que decir de lo pequeña, pero como no tenía nada más que ponerme opte por hacerlo, la braga era de encaje y eso me causaba un poco de fastidio en mis partes pues nunca había utilizado eso en mi corta edad.

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