Proposta

Tres toques en la puerta: María de Lourdes. No respondí. Llevaba casi dos horas arreglándome, convirtiéndome en lo que veía en el espejo, una dama de cortejo. Pasé las manos por mis caderas y luego alisé el frente del traje de seda color carmesí. Era un poco ceñido y también mostraba un tanto los senos pero hacía meses que no me interesaban muchos asuntos y uno de esos era este vestido para la boda de mi hermanita menor: María de Lourdes. De nuevo tres toques en la puerta de mi habitación.

–¿Yvonne? –era su vocecita.

–Enseguida te abro.

Respiré, tomé compostura y fui a la puerta atravesando mi habitación toda pintada de rosa con apliques verdes, espaciosa, gran ventanal, baño privado, enorme cama, total soledad y decepción propia.

Abrí.

–¡Ahhh!¡Estas preciosa!

Saltó sobre mí emocionada. No. Ella estaba preciosa con su vestido de novia blanco impecable, el  velo hacia atrás cubriendo el peinado perfecto de su cabello bien cuidado amarillo, su carita, preciosa apenas maquillada, ojitos verdes azulados grandes, ahora más grandes gracias a las pestañas alargadas.

–Tú estás preciosa hermana.

–Entremos. –Me haló a mí cuarto y cerró la puerta. –Estoy tan feliz Yvonne, por fin papá aceptó que Antonio y yo nos casáramos.

–No tenía por qué seguir  oponiéndose, es anticuado pensar como él piensa.

–Gracias a ti hermanita. – Me besó duro en la mejilla que yo también había retocado con algo de maquillaje, después de todo era la boda de mi hermanita de veintidós años, la familia entera estaría ahí reunida para su unión civil y eclesiástica, papá no quiso correr el riesgo que corrió conmigo de efectuar una boda civil para que después me divorciara en menos de dos semanas.–Sé que a veces estas triste.

–Oh no, claro que no María.

–Sí, no mientas, ese desgraciado de José Da Silva, arruinó tu vida, pero no valía la pena y tampoco que pienses en él jamás, era un falso, interesado.

–No hablemos de él un día como hoy, además ya hace casi un año de eso y no vale la pena como dices tú.

–Sí, es verdad. –Me abrazó y yo correspondí.–Quería que fueras la primera en verme, mamá no se soporta, apenas me ha quitado la vista para irse a cambiar, creo que está más feliz que yo.

–No es para menos, todos estamos muy felices. Ve y termina de arreglarte, nos vemos en media hora abajo.

Rió como tonta y me lanzó un beso antes de salir. Cerrando la puerta volví a mi soledad, a esa que se había hecho mi compañía desde mi divorcio. Apenas un año yo también hacía listas de invitados,  combinaba colores. Mi madre estaba complacida porque a los veintiocho años ya es demasiada soltería, José Da Silva era un conocido de siempre, su padre era amigo de mi padre y su hermano mayor jugaba al futbol con mi hermano Fernando en la universidad. No demostraba grandes afectos pero siempre fue amable conmigo. Era el cuarto de siete hermanos, no habían hembras y Fernando me decía que María de Lourdes y yo éramos las hermanitas que siempre quiso. O le gustaba el trabajo de la tierra y Madeira le parecía aburrida, su madre  era la jefa del tejido y el bordado, piezas únicas recorrían el país con su estilo, coincidíamos en fiestas, las pocas, cumpleaños, aniversarios, celebraciones patronales, ya María de Lourdes estaba de novia con Antonio, él trabajaba conmigo en las tierras de papá, un poco mayor que ella pero la quería, así que con sorpresa un día en que asábamos carne en el jardín de la casa, José me besó. Fue como explotar una botella con las manos, el  sonido satisface pero luego viene lo que arden las heridas.

Durante días pensé en aquel beso, si me había gustado o no pero nunca tuve mucha suerte con los romances. Estudié agronomía porque la tierra era lo importante para papá y me gustaba complacerlo, ahí tuve amigos pero no había tiempo para mucho. Fernando me dirigía y administraba los negocios, viajaba a América para buscar  nuevas semillas y aportes importantes, hacía amigos y socios, papá vio crecer su negocio con nuevas ideas gracias a mi hermano y sus habilidades en los negocios, aunque conmigo no tenía el mismo tacto, me consideraba culpable de lo sucedido con José por haberlo llevado todo hasta ese término.

José vino un día a la casa y me invitó al cine. Tuve que pedir ayuda a mi hermana para escoger la ropa que usaría. Él era en extremo moderno, casual, elegante, buenmozo. En mi ropero no había nada así que tuvimos que  ir de compras, yo a los veintisiete con novio ¿me daría otro beso esa noche?

Otro día fuimos a almorzar así que mamá me previno de mantenerme alerta, el padre de José no estaba en una posición económica favorable y era mejor pensar lo peor. La odié. Mamá siempre  viendo las cosas de ese modo rapaz y monetario. Sé que yo no tenía los rasgos delicados de María de Lourdes pero tampoco era la más fea. Papá por el contrario me veía feliz y estaba feliz también. De él heredé mis ojos almendrados, mi piel canela y el cabello ondulado, me gustaba pensar que también su gran corazón. María de Lourdes ya hace tiempo quería casarse pero la mayor era yo así que papá le pidió que esperara un poco, era joven, apenas estudiaba. Ella esperó pero se emocionó en aquella salida a las cascadas, ahí José en un momento que estuvimos a solas me pidió matrimonio y como era de esperarse dije que sí.

No cabía en mí tanta felicidad, no dije  nada en el momento, José no era de esos que demostraban mucho sus afectos, era bromista entre los chicos pero luego era reservado, serio, pero yo le gustaba y ahora quería hacerme su esposa. ¡Felicidad!

–José me pidió que fuera su esposa.

Solté en la cena. Sonaron los cubiertos y hasta la que servía la comida se volteó a verme.

Cada uno tuvo una expresión diferente. Fernando: ¡Qué diablos! ¿Desde cuándo son novios? Papá se atragantó y sonrió feliz por mí, igual que María, pero mamá, mamá si frunció el ceño.

–Debió hablar antes con nosotros.

–Vamos mamá la que debe aceptar soy yo.

–Tú tienes familia Yvonne.

–Gracia alégrate y ya.

Esa noche brindamos y aunque quise estar plenamente feliz no podía porque una madre siempre ve más allá.

– ¿Has hablado con él sobre lo que te ofrece?–Me preguntó esa noche en mi cuarto, caminaba de un lado a otro y se fritaba las manos.

–Tiene un trabajo en la fábrica de su padre y tal vez podamos vivir aquí mientras nos establecemos, esta casa es grande y tiene un ala sola.

– ¿Él te dijo eso?

– ¡Claro que no!

Mi madre agudizó sus ojos grandes y verdes.

–Debiste hablar sobre eso Yvonne, casarse es adquirir compromisos.

–Apenas me lo ha pedido mamá, no quiere decir que sea para ya, no pensamos en fecha.

–Es qué…Yvonne no es por nada hija, tu eres una mujer muy bonita pero…

–Pero no como María de Lourdes y por eso dudas que se haya fijado en mí.

Inmediatamente me puse  a la defensiva.

– ¿Le has dicho que heredarás una fortuna cuando te cases?

– ¡Mamá! Claro que no, nunca hablamos de eso, es…ridículo que creas que utilizaré la dote de papá para atrapar a un hombre.

–A ti no pero a él si lo creo capaz de tener una razón de atrapar una mujer.

–No quiero hablar más del tema mamá, pensé que era una buena noticia, al final te desharías de mí como responsabilidad y María de Lourdes podría correr a casarse también.

Papá aceptó que viviéramos en casa, arregló la habitación grande del ala izquierda y la decoré a mi gusto, José me decía que lo que yo decidiera estaba bien.

Fijamos la fecha a tres meses a partir de que diera la noticia. Las veces que fui a su casa me recibían con gran felicidad, en especial su padre, me conocía de niña, jugaba cartas con papá e intercambiaban ideas sobre agricultura, para papá yo era su asesora más certera así que estaba siempre en esas conversaciones.

Tres hermanos de José se encontraban fuera de casa, dos en Brasil y uno en Lisboa, la casa era grande y con suficiente espacio, faltaba gente, por un momento pensé que podríamos haber vivido ahí también. José era de poco hablar, quizás pensaba que ya lo sabíamos todo el uno del otro. Yo sabía que a él le gustaba el color gris, mucha de su ropa era de ese color, también que no comía dulces en conserva y yo era experta en hacerlas. Se levantaba tarde y manejaba a prisa, no fumaba pero bebía vino tinto. ¿Qué sabía él de mí? Traté de darle pistas y solo sonrió y asintió, lo mismo que cuando le mostré el tipo de vajilla que usaríamos en la recepción, entonces mi estado de ánimo comenzó a cambiar. Cuando Antonio veía María de Lourdes la besaba por largos segundos y una vez los atrapé escondidos en el garaje, ella con el vestido muy abierto en la parte de arriba.

– ¿Qué te parece si dividimos nuestra boda? En un día por el civil y al mes la iglesia Necesito tiempo para el vestido.

–Como gustes. –Dijo, tomó mi mano y la besó. Yo no quería que besara más mi mano. Deseaba que como a la Bolena, me besara el cuello, estirara mi boca y luego paráramos porque debo seguir doncella.

Ahora esa mirada de mi madre se hacía más odiosa, ahora los descansos que Fernando me concedía eran innecesarios, las ganas de arreglarme que le ponía María a mi aspecto no me provocaban porque una madre como la mía rara vez se equivoca.

–No entiendo  porque quieres hacer dos celebraciones Yvonne, ya casi no te falta nada.

–Lo sé papá, pero quiero tener dos fiestas, ya estoy viejita para dejarlo pasar.

–Espero no nos des la sorpresa de que te quieres mudar con tu marido sin antes casarte por la iglesia.

–No mamá.

–Me tranquilizas un poco. Ya es bastante con que Alí Da Silva venderá parte de sus acciones.

–Gracia por favor deja ya de hablar de eso, Alí me dijo que no es cierto, si están un poco flojos pero van al cierre mientras que hacen números.

–La competencia les da duro Fernando.

Mamá señalaba a papá advirtiéndole.

–Ellos sabrán cómo salir de eso.

Mamá me miró, sabía lo que estaba pensando.

Compré para ese día un conjunto gris muy claro, su color favorito. Tacones negros, escote moderado. Mamá preparó el jardín de la parte de atrás para colocar al juez y más tarde los invitados, cuando me vio, volvió a sonreír amable y besó mi mano.

–Estas muy bonita.

–Tú también.

Fue lo único que pude decir, ya no estaba nerviosa como al principio. El juez comenzó a leer su retahíla mientras yo miraba alrededor, veinte o veinticinco invitados ente familia y amigos, su padre y hermanos junto a los míos, el sol arriba. Eran las diez de la mañana, flores amarillas adornando el entorno. Las firmas. Firmamos. Aplausos, aplausos como ecos, me tomó por la cintura y besó con suavidad mis labios pintados de rosa, mi sombra era lila claro y la cinta en mi cabello suelto también.

Nos felicitaron, nos besaron, ovacionaron, brindamos, cruzamos las copas y volvió a besarme, sonreía, sus ojos eran bonitos pero lo sabía, no me amaba. No bailamos, eso era para la iglesia, pero sí estábamos juntos, yo les sonreía a todos y en una que estuvimos solos en la mesa me acerqué a su oído perfumado.

–Espero no te moleste saber que he renunciado a la dote de mi padre.–Lo sentí tenso, yo había colocado una mano sobre su muslo fuerte, algo que no había hecho durante esos meses.–No me pareció bien que repartiera una herencia con tanta vida por delante.

No dijo nada. Solo tenso y un poco pálido quedó en la silla.

–José ¿si te ha molestado?

Temí muchas respuestas, temí una bofetada o una carcajada, desde  su mesa mamá me miraba con ojos entrecerrados.

–Siento mucho…–Comenzó a decir. –discúlpame con todos por favor.

Carraspeó, se levantó y salió del jardín, de la casa, de las tierras y de mi vida.

Yo bebí lo que quedaba en mí copa y en la de él y cuando alguien preguntaba les decía:

–Está por allá. Fue a traerme un aperitivo. Sigan divirtiéndose.

Divirtiéndose como ahora lo hacían los jóvenes locos amigos de María de Lourdes y Antonio en el salón de la casa. Bailando y gritando. Una novia feliz, un novio que la adoraba, unos padres que no se cansan, que están orgullosos, un hermano haciendo negocios en mitad de todo y una hermana amargada. Sentada en un rincón toma que toma champaña, que ríe pero su corazón está arrugado y una sola lágrima bastaría para chorrear el rimen barato que usó.

– ¿Qué tal Yvonne? Llevo rato tratando de saludarte. –Con él no fingí simpatía, era amigo de Fernando y no me interesaba. –¿Te acuerdas de mí? ¿Gallo? Jasper Gallo.

–Sí claro, buenas noches. –Me enderecé y fui amable ofreciéndole una silla a mi lado, yo era la dama sola. – ¿Cómo estás?

–Bien, aprovechando el viaje para visitar a los amigos, feliz de acertar esta boda. ¡Qué preciosa novia!

–Sí, la más bella de todas. –Yo no fui novia de nadie.

–Y las damas de compañía unas lindas mujeres.

–Solo éramos dos, tienes que adular.

–Si no adulo, estas lindísima hoy, los pajes, cada detalle de la decoración.

Solo le sonreí pero seguro pensó de mí que era una envidiosa.

–Me contó Fernando que tú también te casaste.

–Ah claro, la historia toma fuerzas.

–No, no creas eso. Me lo contó hace meses cuando hablamos en mi país, estaba muy triste por ti, a mí me sorprendió que una persona cometiera un acto tan cobarde.

–Pues sí, hay gente así. –Tomé más de mi copa.

–Sí, sorprendente. –Se acomodó en la silla y cruzó las piernas, era de baja estatura, ojos gratos, no había curiosidad, en  verdad estaba sorprendido. –¿Puedo preguntarte algo?

– ¿Serviría de algo si te digo que no?

– ¿Por qué esperaste ese momento?

Esa pregunta nadie me la había hecho. Todos me gritaron, se garraron las cabezas, fueron visitados por médicos, se echaron aire pero no me preguntaron eso.

–Yo quería tener una boda. –respondí por fin. –Seguramente nunca más tendrían la oportunidad de fijarse en mí, mucho menos ofrecerme matrimonio, así que aproveché vivir ese momento, el brindis, ser la novia, el centro de atención, abrir los regalos, ser aplaudida, casarme.

Me miraba fijamente, comprensivo.

– ¿Y él se enteró que lo que le dijiste es mentira?

–Se enteró después de firmar el divorcio, esa fue la última vez que lo vi, me enteré que tiene otros planes de boda.

–Vaya, debe haberte cambiado todo eso, no me imagino cómo te sientes.

–Nadie puede, tomar esa decisión  no fue fácil–Seguí desahogándome por primera vez. –Fueron noches considerándolo, abrazando las esperanza de que dijera que no le interesaba y se quedara, pero no fue así, al final mamá tenía razón, solo estaba conmigo por interés.

–Increíble, es una de las historia más…inesperada. Antes de venir aquí visité a un amigo que ha tomado la decisión de dejarlo todo, sus planes en la ciudad, de matrimonio, para permanecer junto a su madre recuperando la hacienda de su padre. Yo lo quería como mi socio y fui a buscarlo pero se ha negado.

– ¿Y por qué no puede tomar las dos cosas?

–Porque el campo no está para nada cerca de la ciudad y en cierta forma lo vi feliz de poder alejarse.

–Alejarse, yo también quisiera alejarme, ya no soporto las miradas de papá y mamá, los murmullos por la calle, hasta me decían que devolviera los regalos de boda. Quisiera poder irme.

Tomé otra vez de mi copa.

–Sí tan solo estuvieran tú y mi amigo más cerca.

–Sí, nos consolaríamos mutuamente. –Reí chispeada ya.

–Pensándolo bien señorita, tú y mi amigo Ensuan harían muy buena pareja.

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