Capítulo uno

CAPÍTULO UNO

18 de Septiembre de 2018

Un día más en el que soy una incomprendida. Por lo menos estas hojas me comprenden y puedo plasmar todos mis pensamientos sobre ellas. Qué placer. Es como un orgasmo infinito para mí deslizar mi bolígrafo sobre el papel y no sentirme cuestionada por las ideas que pasan a través de mi mente. Y es que yo pienso, ¿tan raro es que una adolescente, se sienta atraída por la muerte, la sangre, los cementerios, los gatos negros...y una gran lista de cosas que a la mayoría de personas les produce incomodidad?

Hace muchos años, tendría yo unos once, maté a un gato negro.

Fue sin querer. Lo encontré abandonado en un contenedor de b****a y me lo llevé conmigo. Le di de comer, le mimé, incluso le puse nombre: Shadow.

Pero un día, tuve la fantástica idea de llevarlo a nadar al río conmigo, estábamos subidos a una barca de madera que mi padre había construido para mí poco antes de morir, y mientras las pequeñas ondas que el agua del río producía nos arrastraba, la barca chocó con una piedra y caímos los dos. Y es que, a punto de perder la vida estuve yo también, que tardé bastante tiempo en salir a la superficie y agarrarme al césped y salir del río. Cuando finalmente recuperé de todo mi sentido común y mi respiración, me acordé del pequeño Shadow, que se hallaba flotando en el agua, sin vida. Conseguí sacarlo de ahí ayudándome con un palo y lo enterré en el cementerio, haciendo una pequeña lápida de madera para él. Aunque ya no está ahí.

Suelo pasar por delante casi todos los días y hace años que la lápida desapareció. Este pueblo, Brookville, no es muy grande que digamos, pero gamberros le sobran. Nunca llegué a mirar si el pequeño Shadow seguía ahí enterrado, pero si me produce curiosidad el saber si quién robó la lápida, lo hizo por entretenimiento, o con un fin más oculto. En fin. Cosas que pasan.

Ahora mismo estoy camino al cementerio, como ya dije, es un lugar muy habitual en mí. Me siento unos minutos apoyada en la lápida de mi padre antes de irme a clase.

Hoy es el primer día. Me lo quiero tomar con calma. Solo tengo una cosa en la cabeza en este momento: volver a ver a mi novio después de todo el verano, ya que siempre se lo pasa en Malibú.

Mi novio se llama Elliott, Elliott Ronson. Y sigo sin entender como un chico popular y "normal" dentro de lo que cabe, se fija en una chica como yo; solitaria, silenciosa y que tiene una habitación repleta de pósters góticos, figuritas de calaveras, bocetos y dibujos de cementerios y cuervos, y todo lo que se me venga a la cabeza que incluya oscuridad. ¿Por qué? No lo sé. Pero siento un placer indescriptible cuando me corto con un papel o cuando calculo mal la distancia entre el cuchillo y mis dedos cortando una naranja. Relamo mi sangre y lo disfruto. Parece una tontería, ya que mucha gente lo hace, ¿pero lo disfrutan? ¿O lo hacen sin darse cuenta de manera desintencionada?

En fin, Elliott es genial conmigo, en parte, el me conoce un poco, pero solo un poco. Sus amigos al principio se burlaban de él, siempre le decían: "Tío, para un polvo está de puta madre, pero nada más", porque sí, lo reconozco, soy una chica bastante guapa. Me gusta mi físico. Y a Elliott también. Soy morena, de pelo ondulado, alta y delgada. Empezamos a salir porque nos pusieron juntos en un trabajo de biología, por lo que teníamos que quedar casi todas las tardes durante dos semanas. Al final, sacamos un siete, y yo, que siempre fui una chica muy segura de mi misma, empecé a hacerle reír.

El sin apenas darse cuenta, siguió llamándome por teléfono casi diariamente hasta que se animó a pedirme una cita. Y ya llevo casi un año con él. Y la verdad es que le quiero. Nos reímos muchísimo juntos, me hace estar en una burbuja de colores todo el rato. Casi no discutimos porque yo no suelo ser celosa, y será por chicas que desean tenerle entre sus piernas, pero confío en él, la verdad, y el en mí, aunque sí es un poquito más celoso que yo, siempre me dice que tiene miedo de que yo encuentre a alguien mejor, y blablablá... Cosas que me encanta oír, por cierto.

Mi única amiga se llama Tessa, Tessa Collins, aunque a veces no la soporto... En realidad, siempre ha estado loca por Elliott y no lo quiere reconocer, aunque ahora está saliendo con su mejor amigo. Pero lo peor de todo, es que a pesar de que a ella no le importa que la vean conmigo en público, porque antes quedábamos a escondidas, ya que ella era la líder del club de animadoras y tiene muchas más amigas aparte de mí, es de las que te quieren ver bien pero nunca mejor que ella. Y eso a mí me repatea mucho y siempre me lo callo. Pero por supuesto también tiene sus cosas buenas, siempre está cuando la necesito y gracias a ella no se piensan que soy tan bicho raro, solo un poquito. Ah, es verdad, ella y yo empezamos a ser amigas porque nos castigaron el mismo día por la tarde en el instituto. A ella por montárselo en el baño con un chico, y a mí... Bueno, por hacer un graffiti en la puerta de mi clase. Tuve una época un poco gamberra, he de reconocerlo.

Me dirijo a la universidad, y estoy un poco nerviosa, no me voy a engañar. Tengo que coger un autobús durante quince minutos, es por eso que me entretengo escribiendo. ¡Quizá hasta algún día puedan hacer un libro sobre mí! Lo voy a escribir todo, todito. Hasta mi primer polvo con Elliott después de tres meses que será esta noche lo más seguro. Explícito y conciso.

La universidad está en las afueras del pueblo, si voy andando tardaría una media hora, así que alternaré las dos opciones según me apetezca.

Este año he decidido apuntarme al club de animadoras, Tessa me ha convencido.

La mayoría de gente que acude a Brookville College, viene de aquí o de pueblos cercanos, así que no creo que nadie viva a más de media hora de lejanía.

Me bajo del autobús y me dirijo a la entrada de la universidad. Por suerte la parada está a pocos metros de esta.

Este sitio es enorme. Está plagado de gente, y a mí eso no es que me encante. Veo a la gente como plagas de ratas, donde va uno van los demás.

Camino observando a la multitud de chicas con bonitos vestidos, chicos con balones de fútbol y millones de bicicletas. Lo que daría ahora mismo por estar en una playa perdida recogiendo piedras con música de Evanescene de fondo. Pero estoy aquí. Y me dirijo a la gran escalera que da al interior.

Camino tranquilamente cuando a mi izquierda, sentado en un muro que separa el camino a la entrada de un bonito césped artificial con árboles, le veo. Y lo digo como si lo conociera, porque así lo sentí.

Me miraba fijamente mientras estaba fumando un cigarrillo. Me sentí observada, estaba rodeada de gente por detrás, por delante, a mi izquierda y a mi derecha, pero el tan solo me miraba a mí. Al principio me incomodó, pero a medida que avancé, mi mirada pasó de ser tímida a ser muy lanzada y descarada.

Tampoco me lo tomé muy en serio, por mucho que me haya atraído en el momento, seguramente me lo cruzaré dos veces a la semana por los pasillos y si eso, además, tengo novio y estoy muy bien con él.

Me muero de ganas de verle.

Ya entrando por la puerta recibo un SMS de Elliott: "Estoy viendo el campus, te veo en cinco minutos en la entrada."

Genial. Media vuelta. Tengo que esperar en las escaleras. ¿Seguirá aquel chico ahí sentado?

Bajo las escaleras e intento no mirar, como si no me interesara en absoluto, pero no puedo evitarlo, mis ojos me traicionan unos breves segundos. He visto sus pies.

Vuelvo a mirar rápidamente. ¡Sí! ¡Está ahí!

Joder, sueno ridícula. Por lo menos no me ha visto mirarle. No para de escribir con su teléfono. Tendrá novia.

— ¡Paige! — Siento una voz a lo lejos acercarse corriendo hacia mí.

Levanto la vista al mismo momento que el otro chico; que estaba a punto de verme besar a mi novio, y sí, parece que tengo un sexto sentido, estoy atenta a todo.

— ¡Ven aquí, nena! — Elliott me levanta por los aires mientras da vueltas sobre sí mismo. No para de besarme el cuello, las orejas, mientras enreda sus dedos en mi pelo.

Me siento bien y me río a la vez que le devuelvo los besos.

Me posa en el suelo de nuevo.

— ¿Cómo estás? ¡Estás preciosa, joder!

— No digas tonterías, tú también estas muy guapo. — Le sonrío arreglando el cuello de su camisa.

— Vamos dentro, hay que mirar las listas. — Me agarra fuerte de la mano y me lleva para el interior de la universidad. Al irme, no pude evitar echarle una última mirada al chico ese... Había algo en sus ojos que me llamaba...

— Vas a quedarte loca cuando te cuente esto, ven, siéntate aquí. — Nos sentamos en una escalera. La gente no para de pasar así que nos apartamos a un lado.

— ¿Y bien? ¿Qué pasa? — Le pregunto impacientemente. Odio que me hagan esperar.

— Mi padre y yo hicimos una apuesta en Malibú una noche que salimos juntos, y fuimos a un casino. — Me cuenta emocionado y yo pongo cara de sorpresa. — ¡Mira que pedazo de coche, Paige! — Saca su móvil y empieza a enseñarme miles de fotos de un mismo coche. Pobrecito. Me alegro por él, pero a mi esos temas me dan igual.

— ¡Qué bien, que bien! Me alegro. — Le agarré la cara y le planté un buen morreo.

Elliott levantó su mirada hacia mí.

Yo le sonreí y me levanté. No quería llegar tarde el primer día, seguramente llegue tarde el resto del año, así que hoy quería ser puntual.

— Te he echado de menos Paige. — Me dice Elliott con sus ojitos de niño bueno.

— Dímelo esta noche. Que llevo tres meses a dos velas. — Le contesté riéndome y guiñándole un ojo. Y es que la verdad, el sexo está en mi mente casi todo el rato, para mí es algo fundamental y muy natural. Y Elliott y yo encajamos a la perfección en ese aspecto. Él ha sido mi primera vez.

— ¿Sí? ¡No puedo esperar! — Me dice mientras casi tiene que recogerse la baba del suelo.

— Te veo luego, anda. — Me di media vuelta y me fui a mirar mi lista.

Una de las cosas que más me gustan de él, es que me apoya en todo siempre, siempre está ahí para mí sin importar qué. Cuando tengo bajones en los que me paso el día en la cama, con la persiana bajada y sin salir, escuchando música oscura y triste, el siempre aparece y llama a mi puerta con una dosis de alegría. Y muchas de las veces ni siquiera le abría la puerta y aun así, él nunca se cansaba de mandarme mensajes y de preocuparse por mí. A veces lo alejaba de mí. Pero el siempre volvía a acercarse. Y empecé a intentar querer de vuelta a quién me quiere a mí. Además, aunque no le cuente todo, todo, todo lo que se me pase por la cabeza, podría decir que es la persona que más "me conoce".

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