Capítulo 2

Alessio se quedó mirando a la pequeña persona que estaba frente a él y que parecía buscar las palabras para hablarle, pero que no podía hacerlo por algún motivo. Sus ojos verdes, como el pasto por la oscuridad, tenía pecas en sus mejillas, las cuales no se notaban mucho por la oscuridad y esas luces que estaban en la feria no eran de gran ayuda.

Su olor, era mucho más atrayente que cualquiera que haya olido antes, sin duda era toda una princesa viviendo entre los esclavos.

Le tomó sólo unos pocos minutos más el terminar de recoger todo lo que estaba en el suelo antes.

— ¿Por qué no hablas? — Le quitó la caja y los platillos que poseía — ¿A caso eres muda? — La otra persona asintió — Entiendo o eso creo — frunció el seño — ¿Hacia dónde te diriges? — Señaló fuera de la feria — ¿Irás a tu casa? — Asintió — Te ayudaré con esto.

La otra persona comenzó a negar con la cabeza, porque no quería que lo acompañara a su casa y meterse en problemas. Ya tenía bastante porque se había caído parte de la comida que debía de llevar. Volvió a tomar sus cosas, para salir corriendo lejos de él.

Alessio lo siguió, sólo que con pasos rápidos y sin correr para saber en donde vivía esa persona y porque se había mostrado tan asustado cuando le dijo que quería acompañarlo hacia su casa. Sus cejas subieron sorprendido al ver en donde se encontraba la casa. No era un lugar grande, pero lo suficiente para que vivieran dos personas y no todas esas que estaban fuera de la casa esperándolo.

Había seis más. Al parecer las personas mayores eran sus padres y otros chicos eran sus hermanos mayores. Apretó los puños al ver como uno de esos chicos la tomaba del brazo y con eso lo poco que quedaba en esa caja y platos cayó al suelo de la calle.

Negó con la cabeza, sintiéndose estúpido al esconderse de ellos. Salió de su escondite, caminando como si nada cerca de ellos, mostrándose sorprendido acerca de lo que estaba pasando.

— ¿Sucede algo, señores? — Preguntó, haciendo el desentendido — Ese tipo de espectáculos no los deben de hacer en la calle.

— Lo sentimos, señor — dijo el chico que tenia a la joven sostenida de su brazo — Es sólo que nuestra hermana es algo descuidada y ha tirado nuestra cena al piso por ser tan ella…

— Esa no es la manera en la que ustedes deben de tratarla — sacó su billetera — No estoy seguro de que si aquí hacen cambios del dólar porque es lo único que tengo ahora.

— No tiene que hacer esto, señor — dijo, la mujer mayor — Nuestra hija es algo torpe, no volverá a ocurrir.

— En parte es mi culpa —  miró a la chica, que aun había sido soltada por su hermano — Tropezó conmigo en la feria y me sentí mal porque no quiso aceptar el dinero que le estaba dando para reparar los daños.

— ¿Quién es usted y porque nos está dando tanto dinero? — Preguntó el hombre mayor, tomando el dinero — No creo que deba de pagar por los errores de nuestra hija.

— No pasa nada — le dio unos cuantos billetes más — Que tengan una linda noche, espero que me disculpen por lo que ocurrió con su cena.

— Descuide, con esto es más que suficiente.

Alessio se marchó, viendo como la hermosa mujer no levantaba su rostro del piso mientras hablaba con sus padres.

— Querido Yoshio — dijo su hermano mayor, pasando su brazo por encima del hombro de éste — Me gusta cuando pones esa carita — pellizcó su mejilla, llevándolo hacia la casa —  Sólo sigue dejando caer muchas cosas más y verás todo lo que podemos hacer por ti, hermanito.

¿Qué es lo que quieres que haga?— preguntó, sintiéndose incomodo.

— Ese sujeto tiene mucho dinero — dijo otro de sus hermanos — Ventajas de haber nacido en el cuerpo equivocado.

No quiero hacer eso otra vez… es doloroso — se alejó de ellos — Iré a dormir.

No tienes más opción que tener sexo con él, en dado caso de que lo vuelvas a ver nuevamente.

Yoshio asintió, abrazándose a sí mismo y fue hacia su colchón. Compartía la misma habitación que sus demás hermanos, ya que sólo había dos, la otra era las de su padre. Desde que nació, todas las personas de ese lugar lo confundían con una chica.

Por esa razón, sus padres le compraban ropa de mujer para que pensaran que ellos estaban bien, ya que todos sus hijos mayores habían salido hombres y no había una sola mujer. Cuando tenía cinco años, su cabello comenzó a crecer muy rápido, por lo que decidieron dejárselo largo para que combinara con los vestidos que le ponían.

Le dolía mucho el ser tratado de esa manera, que sus hermanos lo usaran para conseguir dinero y que sus padres no hicieran nada al respecto por el simple hecho de que prefería hacerse de oídos sordos y ojos ciegos.

Esa noche, ese señor se quedó mirándolo por más tiempo del que podía. Era un hibrido con mucho dinero y él apenas era un humano que estaba en ese lugar tan pobre porque nadie quería visitar esa parte de china.

Era un barrio pobre, que nadie quería visitar. Según escuchó, una empresa tecnológica quería hacer negocios con el gobernador y con eso era abrir una sucursal que atraería a los turistas, algo que era bueno, ya que el sitio no tenía muchos ingresos y eso no era bueno.

Se quitó el vestido que se había puesto y luego prosiguió a colocó una bata en el momento en el que sus hermanos entraban, charlando entre ellos.

— Hermanito — Yarel, su hermano mayor lo llamó — Gracias por logar que ese sujeto nos diera cinco mil dólares, tenemos la comida de tres meses una sola noche y todo gracias a ti — tocó su hombro — Eres una excelente hermana y eso es lo que más me encanta de ti.

Soy un chico — recibió un golpe en los labios — Lo siento.

Mañana iremos a la apertura de ese lugar. Nos sentaremos delante porque tenemos que hacer que ese sujeto te vea y de esa manera nos dará más dinero sólo porque eres tú.

No creo que él quiera volver a verme — pensó en lo que iba a decir — No después de hoy…

Ay, Yoshio. Después de hoy estoy seguro de que ese sujeto vendrá seguido a buscarte por el simple hecho de que eres tú, hermano — besó su frente —  Nos sacarás de pobre con la única cosa que sabes hacer.

Yoshio cerró los ojos, asintiendo y les dio la espalda a sus hermanos que se mantenían hablando entre ellos. Ya debía de estar acostumbrado a ellos, pero le era imposible sentirse bien cuando sus hermanos le decían lo que debía de hacer desde cumplió la mayoría de edad.

Apenas tenía veintiuno y no sabía lo que era sonreír ante las personas. Se pasaba los días y las noches en esa pequeña casa, ayudando a su madre con los lavados y los planchados que los vecinos le daban como trabajo para poder comer y ayudarse a pagar las deudas.

Ese sujeto apareció en el momento indicado, ya que con eso pagarían lo que debía.

A la mañana siguiente, fue hacia donde su madre le dijo para comprar el almuerzo. Lo primero que le dijo fue que no debía de desperdiciar la comida como la noche anterior porque el dinero se acabaría tarde o temprano.

Le pasó una nota al vendedor en donde estaba todo  y esperó a que éste le vendiera lo necesario. Quiso ver cómo iban las cosas en la inauguración, por lo que se desvió hacia allá, con todo lo que tenía en sus manos.

Las personas se estaban moviendo de un lado a otro, parecían estar acostumbrados a realizar todo de último minuto. Sacudió la cabeza, quitando parte de su cabello, antes de volver a su destino hacia su casa para que su madre no se preocupara por él o hiciera algún escándalo.

— Hey, hermosa — alguien tomó su brazo, logrando que casi se cayera su compra — Debes de tener más cuidado — Yoshio asintió, mirando la mano que sostenía su brazo — ¿Qué estás haciendo aquí? — El humano levantó la canasta — ¿Qué dijeron sus padres acerca del dinero?

Mucha gracias — escribió, en su brazo — Ellos están muy agradecidos con ese gesto.

Me alegro mucho el que ellos estén disfrutando de la comida gracias a eso — lo soltó — ¿Vendrás a la inauguración? — Yoshio asintió — De seguro cuando vengan, no habrá asientos para ustedes. Déjame ver si puedo conseguirte alguno — el humano comenzó a negar con la cabeza — ¿Por qué no?

Vendré con mis padres y mis hermanos, nos sentaremos en donde allá espacio — escribió en la palma de su mano con sus dedos.

— No es necesario — buscó en su bolsillo y sacó unas entradas — De todas formas, iba a llevarlas hacia tu casa, necesitaba verte mejor y créeme que no me arrepentí en lo absoluto en verte ahora vestida de esa manera.

Muchas gracias, de seguro que mi familia se pondrá feliz.

— Espero verte más tarde — le sonrió — ¿Me dirás tu nombre?

Yoshio.

Alessio se quedó unos segundos mirando su mano al ver el nombre escrito. Era uno de chico, cuando quiso reaccionar, era muy tarde y ya se había perdido entre las persona de la calle.

De seguro era alguien que sus padres lee habían puesto ese nombre de cariño, porque de ninguna manera podía ser un hombre con ese aspecto tan hermoso que tenia y es caminar… su cabello era extremadamente largo. Era imposible que eso fuera cierto.

Fue hacia donde estaba su asistente, alejándolo de los presentes.

— ¿Quién era la mujer con la que estabas hablando? — Fue lo primero que preguntó — No tenía idea de que te gustaban las chinas.

— Es alguien que conocí anoche — se encogió de hombros — Necesito que la investigues de pie a cabeza y que sea mía.

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