1

DAVINA

—Princesa Davina, su padre la espera en el gran salón. —Asiento hacia la criada, Evelyn, y ella hace una reverencia mientras sale de mi habitación.

Argo, mi hermano mayor, acostado desde mi cama me mira extrañado.

Su piel clara le realza el cabello dorado que le cae sobre sus hermosos ojos miel, su nariz es tan definida como su quijada y sus finos labios forman una sonrisa divertida. Tiene este aura de chico tierno y pervertido a la misma vez. Yo lo conozco mejor que nadie y se perfectamente que las chicas tienen que tener cuidado a su alrededor. 

—¿Para qué te busca el infeliz ese?

—¡Argo! Te pueden escuchar, tene cuidado.

—¿Te pensas que soy brujo principiante? Sabes que manejo los hechizos insonoros a la perfección, Dav. No se escucha nada de lo que decimos acá. Así que si quiero, te puedo matar. —Se ríe de su propia broma lo cual me tiene poniendo los ojos en blanco. Me mira divertido y dice—: Ahora anda y después veni a contarme todo.

—Chismoso. —Asiente muy orgulloso. 

Salgo de la habitación escuchando su risa y me dirijo al gran salón. Bufo ante el incómodo vestido que tengo puesto; el corsé me aprieta tanto que casi no me deja respirar, la pollera es tan larga y abultada que hace que todo pese más y ni hablemos de los tacones insoportables que no me dejan caminar.

Si hay algo que odio del palacio es como se quedó en el tiempo. Seguimos usando estos trajes horrorosos y tratando a las empleadas como criadas. Es despreciable, el rey es despreciable.

—Rey Arturo. —Saludo inclinando la cabeza.

Está sentado en la cabecera de la gran mesa con todo su porte y elegancia.

—Acércate, Davina. No muerdo.

<<En realidad, si lo hace>>. 

Me siento a su lado y trato de sonreírle pero termino formando una mueca extraña.

Lo miro detenidamente... Su cara con arrugas apenas perceptibles, sus ojos oscuros que llaman la atención de cualquiera, sus rizos rubios bailan cuando él mueve su cabeza y su radiante sonrisa que le da un aire dulce.

Suspiro pensando en que toda esta hermosura exterior no se parece ni un poco a lo que realmente alberga su corazón.

Pasé noches enteras deseando que sea un buen padre. Cada deseo de cumpleaños, cada estrella fugaz que vi alguna vez, cada pestaña caída de mis ojos. Cada oportunidad que tuve de pedir un deseo, siempre pedí lo mismo. 

<<Que el rey Arturo sea un buen padre>>.

Nunca me lo concedió. No solo que no era un buen padre, sino que directamente no era un padre en sí. No tengo recuerdos míos llamándolo 'papá', siempre fue el rey Arturo, eso también hace que me duela el alma. Nunca pude decirle 'papá' y al único hombre al que llegue a llamar de esa forma, hoy no está entre nosotros. Eso también se lo podemos agradecer a nuestro queridísimo rey.

Respiro hondo para tranquilizarme. Cada vez que mis pensamientos se van para ese lado, me dan ganas de arrancarle la garganta a este intento de hombre que se encuentra al lado mío. Formo puños con las manos y hago mucha fuerza para desviar mi enojo mientras pienso en jazmines. Mi flor favorita, la flor favorita de mamá.

—Te preguntaras porque estas acá, Davina —dice el rey sacándome de mis pensamientos—. Te voy a presentar a alguien muy importante.

—De acuerdo. ¿Nuevos negocios con algún reino?

—Algo así. Después de esta reunión espero que se concreten. —Su sonrisa es tan tétrica que llevo mi vista hacía mis manos en mi regazo para no tener que verla.

La puerta del gran salón se abre y un hombre entra por ella. Irradia distinción y desde lejos se nota que tiene carácter. Más allá que su piel luce enfermamente pálida y su melena rubia realza sus ojos rojos, es atractivo y sé a la perfección que es un vampiro.

—¿Sabes quién es él, Davina?

—Sí, claro. El rey Dominik. Un placer —digo mientras le hago una reverencia.

—El placer es todo mío, Davina. —Me guiña un ojo y yo comienzo a ponerme nerviosa.

—Sentémonos. —El rey Dominik se sienta en frente mío y me sonríe tenebrosamente mientras mi padre le pregunta—: ¿Es ella, cierto?

—Sí, querido Arturo, es ella. —Sus ojos no salen de encima de mí y yo me remuevo incómoda.

—Davina, el rey Dominik te conoció hace unos meses en la fiesta que hubo en su palacio. ¿Lo recordas?

—Recuerdo la fiesta pero no haber hablado con usted, disculpe.

—Davina, por favor deja los formalismos, no me trates de usted —Asiento con la sonrisa más tensa que alguna vez vi—, y no te preocupes, no hay nada que recordar. No hablamos en esa fiesta, te vi todo el tiempo con un hombre y pensé que era tu pareja así que no me acerque.

—¿Pareja? ¿Hablas de Argo? No, él es mi hermano mayor.

—No es tu hermano. —Gruñe mi padre haciéndome estremecer.

—Tiene razón, rey —mascullo entre dientes—. Es mi mejor amigo, es como un hermano para mí.

—Sabiendo que estás soltera, tu padre y yo decidimos algo.

—Estuvimos discutiendo bastante, y fue una gran oferta del rey Dominik, es todo un honor.

—Por favor, rey Arturo, el honor será todo mío —dice mirandome y sus ojos se oscurecen con lujuria. Se me eriza la piel y lo único que quiero en este momento es ir y esconderme con Argo.

—Esperen, estoy algo perdida... ¿Honor? ¿De qué hablan?

—Para unir reinos, el rey Dominik y tú se casarán el próximo mes.

Se me hiela la sangre, mi corazón deja de bombear y siento que la cabeza me va a explotar. Se me entumecen las manos, un nudo en el estómago empieza a subir hasta mi garganta y no me deja respirar. No puedo hablar, no puedo moverme, ni siquiera puedo reaccionar. Solo puedo ver esos ojos rojos y oscurecidos mirarme fijamente con una sonrisa.

—Pero... Pero...

—No puede hablar de la emoción.

—Yo... Yo no me q-quiero casar —murmuro y quien se hace llamar padre me da una mirada de muerte.

—Te entiendo, hermosa, pero es hasta que nos conozcamos bien. Sos bellísima, sos digna de reinar a mi lado. Desde que te vi en esa fiesta estoy cada día más enamorado de vos y sé que te vas a enamorar de mí.

Los ojos se me llenan de lágrimas y doy una sonrisa que roza lo desagradable.

Ayuda. 

Necesito ayuda.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados