II

 A Johnny le tomó algo de tiempo asimilar aquella información. Aun incrédulo, pensando que quizás se había vuelto loco por las torturas de Jason y sus compinches.

 —Deben estar bromeando…

 La mujer lo abofeteó.

 —No dañes a este tan apetecible ejemplar, querida Annie —regañó Sejmet.

 —No mi señora —aseguró. Sejmet hizo un movimiento de sus manos y con ellas destrozó las cadenas de Johnny quien colapsó sobre el suelo.

 —Toma —le dijo Sejmet lanzándole algo de ropa que Johnny se colocó, aunque las prendas egipcias le mantenían al descubierto el torso.

 —Tienen que explicarme que está pasando acá —rogó Johnny poniéndose de pie. Sejmet lo miró de reojo. —Por favor —solicitó esta vez reverenciando.

 Sejmet se sentó en un enorme trono y Johnny reconoció que era su rostro el que estaba en la esfinge. No muy lejos pudo observar a esclavos trabajando incesantemente en la construcción de monumentos y estatuas en honor a Sejmet fustigados por hombres chacal gigantes.

 —¿Qué quieres saber?

 —Para empezar, como le entiendo.

 —La lengua que hablamos es la lengua del infierno, el diaboli, y todos la sabemos automáticamente al llegar acá.

 —Si esto es el infierno ¿Dónde están los diablos rojos con tridentes mortificando pecadores en calderos y entre llamas?

 —Sí, sé que esa es la versión que les enseñan en su cultura. Annie Palmer me lo contó. ¿Ha escuchado hablar de ella?

 —No.

 —Fue la diosa del Vudú de Jamaica —aseguró Sejmet con cierto orgullo y Annie sonrió malévolamente. —En mi Egipto la idea que teníamos del infierno —continuó Sejmet— era muy distinta. Los comía un cocodrilo gigante si habían sido malos. Todas son representaciones erróneas de la realidad metafísica que es este plano. Quizás alguna vez fue así, pero ha ido cambiando con el tiempo.

 >>El infierno está dividido en nueve círculos o reinos, cada uno gobernado por un señor, usualmente un dios. Cuando los dioses nos cansamos del mundo venimos acá. Actualmente los nueve señores son, además de mí; Marte, el Barón Samedi, Chernabog, Loki, Lilith, el Rey Yama, Iblís y el último de los originales, Baal. Pero puede cambiar en cualquier momento. De hecho hace unos 2000 años Marte derrotó a Naamah, muy para desgracia de ella.

 >>Pero eso no es lo importante —interrumpió Sejmet—, lo importante es que ahora tengo una nueva arma que me convertirá en la única regente del infierno.

 —¿Arma? ¿Cuál?

 —Tú.

 Annie Palmer había nacido en Inglaterra en 1802. Emigró junto a sus padres a Haití donde éstos morirían de fiebre amarilla cuando ella tenía 10. Criada por su sirvienta haitiana experta en el vudú, fue iniciada en los artes de la magia negra.

 Palmer, aunque originalmente de apellido Patterson, emigra a los 17 años a Jamaica donde —según dicen algunos— por medio de la magia logró encantar a su futuro esposo obteniendo de él su apellido. El hombre moriría envenenado poco después. Heredaría así la vasta propiedad conocida como Rose Hall donde sería conocida como la bruja blanca por sus muchos esclavos.

 Se casaría dos veces más; al segundo marido lo mataría a puñaladas cuando le encontró tocando a una esclava negra (lo que hizo a la joven es mejor no decir). A su tercer marido lo mataría estrangulándolo una noche a raíz de una extraña rabieta.

 Pero sus maridos rara vez lograban satisfacerla tanto como los muchos esclavos negros que llevaba a su cama. Annie hizo de estos sementales su principal compañía nocturna. Si bien era una mujer hermosa, los esclavos no tenían opción y los torturaba si fracasaban en complacerla, o los mataba si se cansaba de ellos. Se dice que acondicionó el sótano de su hermosa mansión para preparar allí las feroces torturas que les infringía a sus esclavos. Pero los supersticiosos esclavos le temían más a sus poderes mágicos que a sus tormentos.

 Finalmente, los esclavos se cansaron de la crueldad de Annie y se vengaron otorgándole una lenta y dolorosa muerte y poniendo fin así al reinado del terror de la Bruja Blanca. El lugar quedó maldito, con fama de estar embrujado, y pronto quedó en la decadencia. Pero, aunque el rumor de que el espíritu vengativo de Annie aun espantaba el sitio, la verdad es que Annie misma había reaparecido en el infierno y desde entonces servía a la poderosa Sejmet. Sin embargo, albergaba una ambición en su corazón…

 Observó por entre los pasillos del palacio, desplazándose sigilosamente, hasta asomarse con precaución por entre las cortinas de la habitación de su diosa. Allí, Sejmet montaba con fervor a Johnny Draco sumida en lujurioso idilio.

 Finalmente Sejmet alcanzó el éxtasis pocos segundos después de Johnny, tras lo cual colapsó a su lado en la cómoda cama de almohadones.

 —Tan magnífico como lo esperaba —aseguró sonriente.

 —Muy bien —aseguró Johnny—, ya hice lo que quería, ahora dígame a qué se refería con que yo soy un arma. 

 —Vamos, no estuvo tan mal ¿o si? —preguntó acariciándole el pecho.

 —Por supuesto que no, es usted muy hermosa, pero quiero saberlo.

 Sejmet se encogió de hombros y se sirvió algo del vino a su lado.

 —Todos los monstruos que ves fueron humanos alguna vez y fueron alterados acá por nosotros. No hay monstruos originales del infierno.

 —Entiendo.

 —Pero sí hubo algo parecido una vez. Hace eones los nueve círculos eran dominados por cuatro dragones poderosos. Los primeros señores infernales se rebelaron contra ellos y los destronaron tomando su lugar. Ellos fueron Lucifer, Asmodeo, Belcebú, Amon, Mammon, Belfegor, Astaroth, Moloc y Baal. Los cuatro dragones tomaron forma humana y fueron expulsados a la Tierra donde constantemente renacen. Tú eres uno.

 Johnny la miró escéptico, intentando asimilar la información.

 —Si soy uno ¿Qué hago aquí?

 —Cada cierto tiempo los dragones del infierno regresan, hasta ahora nadie ha logrado domar uno, pero yo seré la primera. Claro que mientras tanto, te disfrutaré.

 —Quemé a varios de tus súbditos ¿eso no te importa?

 —No significan nada para mí. Son almas humanas, de pecadores comunes.

 —¿Qué le pasa a alguien cuando muere acá?

 —Nadie lo sabe. Quizás se va a otro infierno peor y esto es solo el purgatorio. Quizás renace. Quizás desaparece de la existencia del todo. Pero suficiente plática; a partir de mañana iniciaremos los experimentos alquímicos para determinar cómo explotar tu potencial y controlarlo querido mío.

 —¿Experimentos alquímicos?

 La conversación fue detenida por el sonido de un cuerno que alertó a Sejmet.

 —¿Qué sucede? —preguntó Johnny.

 —Alguien viene… probablemente se enteraron de tu ataque y vienen por ti… la pregunta es quien…

 Sejmet emergió de sus aposentos rumbo al balcón de su palacio, seguida por Johnny. A lo lejos podían verse los ejércitos de lanudos yetis blancos aproximándose. Bestias furiosas con afilados colmillos que rugían monstruosamente, pero que tenían también un pesado, si bien rudimentario, armamento.

 —Yama… —murmuró Sejmet—, el rey del infierno chino. Su comandante Belial debe estar a la cabeza de la horda.

 Sejmet se giró en torno al palacio. En el interior se guardaba un sarcófago que abrió y de él emergió tétricamente el resplandor de dos ojos rojos que se abrieron al interno.

 —Despierta, oh Seth, que tu pueblo te necesita —mintió Sejmet. Seth había sido el previo Señor local hasta que ella lo sedujo y envenenó. Pero no lo mató, sino que lo convirtió en un muerto viviente.

 La momia de Seth emergió de entre el sarcófago y le heló la sangre a Johnny. Seth parecía un cadáver reanimado con el pellejo apergaminado y algunas vendas, con cabeza de cerdo hormiguero. A pesar de su aspecto, seguía siendo un diestro estratega militar.

 Seth comandó en persona el ejército de hombres-chacales de Sejmet y las dos fuerzas se enfrentaron en la ribera del falso Nilo de sangre destazándose mutuamente.

  El ejército de Yama era comandado por el cruel demonio Belial montado sobre un diabólico remedo de mamut de ojos rojos incandescentes y colmillos afilados terminados en púas. Yama le había prometido el cuerpo de Sejmet para su disfrute si triunfaba.

 —Ahora sería un buen momento para que te convirtieras —le aseguró Sejmet.

 —No sé cómo hacerlo…

 —Entonces deberemos iniciar la experimentación antes de lo esperado —aseguró llamando a Annie quien traía consigo diversos brebajes.

 —No —declaró Johnny—, no me prestaré a tus sádicos experimentos…

 Sejmet lo encaró furiosa e hizo un llamado a dos de sus monstruosos guardias chacales. Las bestias se aproximaron hasta tomar a Johnny por los brazos quien se resistía.

 —¡Apresúrate! —ordenó Sejmet. Annie se acercó a Johnny con un brebaje burbujeante en la mano y parecía dispuesta a hacérselo beber… pero entonces lo derramó sorpresivamente en los chacales haciendo que se deshicieran en medio de aullidos sonoros. —¿¡QUE!? —clamó Sejmet, pero fue tarde. Annie aferró a Johnny y quebró una botella en el suelo desapareciendo en medio de brumas.

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