CAPÍTULO 03

"¿Es malo?"

Contó Helen.

Raro, muy raro, me encontraba camino al comedor cuando los recuerdos del día anterior llegaron a mí sin más.

Ese hombre lo ha hecho a propósito, vi como subió las diferencias de la calle y la acera, también como acelero a último minuto.

Aunque, también le vi como dudo por unos instantes, antes de abalanzarse sobre mí amiga.

—Necesito hablar con ustedes.

Los chicos se voltearon sin dudar. Lisa trago su helado de manera brusca, Zury por su parte arrojo el libro de biología al suelo de la cafetería, logrando que todos en ella nos miraran.

—¿Ah pasado algo en la universidad?— comenta Angel saliendo bajo la mesa y sacudiendo su cabello.

Niego y fulminó con la mirada a las demás personas, quienes en sus movimientos nerviosos vuelven a lo suyo

—Es sobre ayer, no me parece que fuera un accidente—Alex asiente y me hace señas para que continúe.

—E visto como ese hombre lo a echo a propósito. Y creo que dudaba de cometer el crimen.

—¿Por qué? —pregunta Zury para luego observar a Angel.

—¿Te has metido con alguien? —La chica niega de manera efusiva, a lo que suelto un bufido.

—No importa, esta tarde iré a hablar con él al hospital— La conversación se dio por terminada al escuchar el timbre sonar.

Lisa se marchó junto a Zury, ya que ambas tendrían clases juntas, Alex sorprendido y extrañado comenzó a buscar a Angel la cual ya había desaparecido hace un rato.

Yo por mi parte revise mi horario y al notar que no tendría ninguna otra clase, me dispuse a hacer la tarea que dejaría para la tarde, hablar con él hombre del accidente.

Tome uno de esos buses de mediodía que estaban repletos con paso cerca del hospital, baje justo frente a él y me dispuse a caminar por los pasillos sin saber a qué parte ir.

—¿Disculpe señora?

Una mujer de unos cuarenta años, bajo sus gafas y me miro haciendo una mueca con sus labios.

—¿Sabe usted donde se encuentra un paciente que llego ayer por accidente de motocicleta?—negó y pensé una mejor manera de preguntar, es algo obvio que cada día suceden muchos accidentes en motocicletas.

—Disculpe—me miro esta vez con un gesto de fatiga— ¿Me diría usted donde puedo encontrar a mi primo? Llego ayer por la tarde. Tuvo un accidente en su moto al pasar las diferencias entre la calle y la acera de la plaza.

Buscó entre unos papeles que tenía cerca y al encontrar el que buscaba se quedó mirándolo fijo para luego alzar la vista hasta mí.

La mujer del uniforme blanco se arregló la falda y me hizo un movimiento con la cabeza para que la siguiera.

Al llegar a una las habitaciones, esta me coloco la mano en el pecho.

—Solo cinco minutos niña, y si eres familiar necesitare que llenes unas planillas.

Asentí y esta me dejo entrar para luego cerrar la puerta dejándome encerrada, el hombre quien se encontraba con su pierna izquierda dentro de un yeso, su cara hinchada con moretones, me observo confundido.

—Soy amiga de la chica que intento arrollar ayer.—Me miro con cautela por unos instantes.

—¿Ella se encuentra bien?

Después de unos minutos de pensar todo muy bien, sentía pánico de estar a solas con un desconocido.

—Sí, ¿Por qué lo ha hizo? Angel no...

Coloco una de sus manos en el aire y me hizo señas para que me acercara, con cautela y calma me acerque poco a poco hasta él.

—Lo que hice fue una estupidez, no debí aceptar el dinero, me llego en un sobre con indicaciones. Supongo que tu amiga habrá cometido algún crimen ¿No? —niego y este hace muecas de dolor.

—Pensé que hizo algo por eso me decidí por hacerlo.

—¿Sabe de quién provenía la nota?

—No, solo sé que la dejaron sobre mi motocicleta. Decía que era mi primer pago si me arrojaba sobre ella y que me enviarían más si la dejaba en un mal estado.

Quede atónita ante lo que comento, pero no me sorprende que aceptara el dinero la mayoría de las personas en este mundo son ambiciosos y él no sería la excepción.

—Ya veo pero usted...—La puerta se abrió y llego la enfermera cuarentona de mala gana.

—Se acabó el tiempo.

—Cinco minutos más por favor—coloque carita de perro mojado, pero creo que eso la hizo enojar aún más.

Negó con la cabeza y se acercó a mí para sacarme, algo que no deje que hiciera ya que corrí como alma que lleva el diablo hasta salir del hospital.

—Uff eso estuvo cerca, mejor llamo a Zury quizás ya este fuera de clases— saque el teléfono de mi bolsillo y camino por las calles sin alguna dirección.

—¿Diga? ¿Helen?

—Alguien le pago al motociclista, para que lastimara a Angel.

—¿Estas segura?

—Sip, dile que tenga mucho cuidado.

—¿A dónde iras?

—Iré a practicar un poco a la piscina, quiero relajarme.

—Está bien, hablare con los chicos.—Cuelgo y camino a paso decidido hasta aquel Gimnasio donde paso mis días entrenando para poder participar en las olimpiadas.

Los pensamientos van y vienen y no puedo evitarlo ¿Quién querría hacerle daño? Y ¿por qué?, coloco mi dedo índice sobre mi barbilla no doy con nadie en concreto.

—¿Sara? La líder porrista. Pienso en ella y las veces que se burló de Angel cuando en los deportes era pésima y se cansaba con facilidad. —niego con la cabeza, por más que trate de verla como una malvada no puedo ya que jamás subió de nivel con sus chismes y sobrenombres.

—Tal vez Gregori, ese chico jamás me ha caído bien. — ¿cómo caerle bien? Sí, siempre tendía a hacer maldades en clases tales como empujar a Alex y burlarse de lo afeminado que era.

—Puff, no creo. Él es tonto pero no tanto como para hacer eso, quizás Delansie—piensa en cada momento donde la chica trato de llamar la atención de los demás para ser popular, tanto fue que burlo a Zury y varias veces trato de difundir chismes sobre ella y su familia.

Niega y hala de sus cabellos. —No pueden ser ellos, por más que pienso todos ellos son muy poco inteligentes— se detuvo unos pasos antes de entrar al gimnasio para pensar.

—Con las únicas que no se han metido es con Lisa y conmigo, tal vez estén planeando algo para ambas—asiento y escucho unas ramas moverse, nerviosa se acercó hasta ellas y las reviso.

No había nada, solo ese olor peculiar que no sabía a quién le recordaba. Aspiro profundo sin dar con la persona y luego entre nervios salió corriendo hasta el gimnasio.

—Dios, ¿por qué he hecho eso? ¿Y si el psicópata estaba allí? —negó y fue a los vestidores para cambiarse.

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