Capitulo 5|Recuerdos

NATALIE

°° ♡ °°

Cuarenta minutos de viaje fueron los que se hicieron del aeropuerto a casa. El taxista detuvo el vehículo en la entrada de las rejas metálica oscuras, un portón enorme y alto era lo primero que se podía ver. Una vez que pague baje y me acerque al interruptor donde había una pantalla con unos botones.  

Antes de presionar un botón para llamar, una luz roja parpadeo en la cámara de vigilancia que se encontraba en lo alto del otro aparato. Para después encender la pequeña pantalla y mostrar el rostro de la ama de llaves. 

Sus ojos se abrieron sorprendidos y una sonrisa se mostró antes de hablar. 

—¡Nathali! Estas aquí. 

Asentí, y sonreí por su tono y sus ojos rebosantes de alegría al verme.  

—Sí, he vuelto, Mali —le dije. 

—Espera.. espera ahí, enviaré alguien ayudarte. 

Volví asentir antes de que la pantalla se apagará.  

El portón forjado de acero se abre por completo dándome acceso al camino del patio delantero de la casa. Mientras ingresó, mis ojos contemplan el lugar, era igual.. casi nada había cambiado. La casa era algo grande, para ser exactos era una residencial familiar, y aunque no sea una mansión de esas que solían tener los millonarios, se podía decir que mi familia era una parte de ese círculo prestigioso en la ciudad. 

Camine con mi equipaje de ruedas por el sendero de piedra, a los lados había césped fino y recién cortado. Por ningún lado vi flores, ni nada parecido, quizás papá era lo menos que quería ver. 

Mamá acostumbraba a plantar rosales y jazmines, esas habían sido sus favoritas. Recuerdo que de niña ella solía tener un jardín repleto de esas flores, era donde mayor tiempo pasaba cuando yo no estaba en casa. Pero papá acabo con ese hermoso paraíso. El paraíso de mamá. Era uno de los pocos lugares que quise conservar pero, él no me lo permitió, de igual manera todo en esta casa lo haría recordarla, era absurdo que se decidiera de algo precioso y algo que mamá quiso mucho. 

Esa era una de las otras razones por más que me había negado a volver, los recuerdos.. no solo a él le la recordaba, cada rincón de este lugar tenía una historia, todas habían sido historias hermosas y por eso me llegaba la nostalgia.  

En cuanto puse el pie en el primer escalón, la puerta principal se abrió bruscamente. Mostrando a una mujer de estatura bajita y de cuerpo medio rechoncho. Malina, la ama de llaves me recibe con su alegre sonrisa, seguía igual solo que con unas canas y arrugas de más. Ella había sido como una abuela para mí, y una madre para la mía. La mejor consejera y la mejor en los remedios caseros era solo ella. 

Extendió sus brazos y me acerque para abrazarla al llegar a su lado, su aroma mezclado con café invadió mi nariz y suspire relajada, me sentía en casa, estaba en casa. 

Me aparté para verla y sus ojos no dejaron de verme para después examinar todo mi cuerpo completo de pies a cabeza. 

—Estas más hermosa —su tono estaba recargado de emoción y alegría — Eres idéntica a ella… —corto sus palabras cuando noto que estaba apunto de decir el nombre de mi madre.  

Otra de las cosas que mi padre les advirtió al personal de la casa o cualquiera otra persona que habitará el hogar, fue no nombrar el nombre de mamá, o no hablar nada de ella. Para mí esto había sido muy exagerado de su parte, me sentía como si mamá hubiera hecho algo malo para merecer esto, y todo había sido lo contrario, Nuria Hudson, se merecía recordarla siempre y muchas cosas buenas más.  

Unos de los hombres de seguridad me ayudó con mi equipaje y lo llevo hacia el interior de la casa, enlace mi brazo con el de Mali para seguirla hacia dentro cuando me invito a pasar. Definitivamente el lugar seguía siendo casi, tan parecido como cuando me marché hace cinco años. 

Los únicos detalles que habían cambiado eran la ausencia los cuadros de fotografías que solían estar colgadas en unas cuantas paredes y no solo esos, sino también hacia falta la fotografía familiar que reposo por muchos años en el centro de la sala. 

Teníamos que cruzar por ese camino antes de subir los escalones o llegar a otro sitio de la casa.  

—No te preocupes, no se deshizo de el —dijo Mali, cuando noto mi rostro dolido por ese recuerdo que hacía falta en esa habitación —Lo guardo en su habitación —revela —Se que jamás se despojaría de esas cosas, tenlo por seguro. 

Suspire cabizbaja, esto era abrumador. Nunca dejaría que papá borrara cualquier recuerdo de ella, aunque las fotos y los objetos solo eran cosas, eran importantes para mí. Su quería quemar o tirar todo de mamá, podía llegar a soportarlo, porque jamás me arrebataría lo más valioso que me quedaba, los recuerdos. 

—¿Dónde está? —pregunte por fin. 

Quería verle pero a la vez no quería hacerlo. Seguía molesta con él, pero preocupada por lo que me contó la tía Eliza. Debía saber si estaba bien de salud, no podía vivir pensando que él también estaba viviendo con alguna enfermedad y yo ni enterada y lejos. 

—Esta en su despacho. Tiene tiempo que no va a la empresa, eso me preocupa porque él nunca desatendió sus negocios —confiesa Malí. 

Tenía razón, papá nunca dejo la compañía sola, nunca confío en nadie para dejar a alguien a cargo, por eso quería que yo tomara el cargo antes de que terminara la universidad.  Pero yo siempre me negué, eso no era lo mío.  

—Iré a verle antes de desempacar o hacer otra cosa. 

Ella asiente y suelta de mi brazo para dejarme ir. 

—Cuando te desocupes, ve a la cocina.. te estaré esperando con tu postre favorito —me sonrió por última vez para después alejarse y e irse rumbo a la cocina.  

Siempre me consentía y cumplía mis antojos desde que era una niña. Sin duda no podía faltar su buen recibimiento.  

Me alejé de esa habitación y pasé por el recibidor dirigiéndome por el pasillo que llevaba al despacho de papá. Los recuerdos volvieron hacer presencia cuando recorrí mi alrededor mientras caminaba. Las veces que corría del despacho de mi padre y hacía las escaleras para ir a mi habitación.  

Pase las escaleras y me fui directo hacia la puerta correcta. Llame a la puerta con tres ligeros golpes en la madera gruesa de la puerta, unos segundos se llevó para responder y permitir que entrara.  

Él no estaba enterado de mi regreso y era claro que no sabía quien era la persona que llamaba en la puerta de su despacho.  

—Te dije que no me molestaran, Mali 

Estoy muy ocupado... —se detuvo cuando alzo su cabeza y fijo sus ojos, comprobando quién era la persona que había entrado. 

No dijo nada más, solo sus ojos se abrieron sorprendidos y su labio inferior tembló. No sé si quería llorar o estaba tenso por alguna emoción de enojo por venir sin avisar. Le tomo tiempo, y por fin pronunció el apelativo con el que solía llamarme mi madre. 

—Thali —murmuró. 

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