2.

Mateo

No sabía ni qué debería hacer o decir, estaba tan nerviosa que temblaba y me costaba incluso, respirar. He pensado tantas veces en este momento, en que algún día podría cruzármelo por mera casualidad en el supermercado, en una tienda, en la calle y aquí estaba, y no lo podía creer.

-Ari.-Lo miré de reojo. Sonrió y rodé los ojos. Me dolía el pecho, al igual que el estómago y sentía un enorme nudo atorarse en mi garganta, creo que estaba entrando en pánico, no estaba asimilando que esto estaba ocurriendo. Se veía… distinto. Había cambiado, lógicamente por los años que han pasado. Ya no tenía el corte de cabello que usaba antes o no lo sé, tenía una gorra puesta, se veía un poco delgado e incluso, más blanco que antes, pero era él, él. En verdad estaba conmocionada, es que ha pasado tanto tiempo, tanto por Dios… creo que han sido, ¿unos cinco años? Dios, cinco años desde la última vez que lo vi, en año nuevo, en esa noche que no quiero recordar.

Miré el libro en mis manos, lo cerré. No podía ni siquiera mirarlo.

-Ari.-Volvió a llamarme, inhalé y exhalé para tomar valor.

-¿Qué haces aquí?-Fue todo lo que pude decir.

-Paso todos los días por aquí para regresar a casa, vivo aquí cerca.

-Genial por ti.

-¿Qué ha sido de tu vida?-Preguntó.

-Mmm, no sabría qué decirte, de tantas cosas.-Era cierto, ¿cómo podría decirle todo lo que han pasado en tantos años?

-Me gustaría saberlo todo.

-Te interesa saber de mi vida, ¿de verdad?-Dije con un sarcasmo nada sutil. Me miró incómodo, es que… me siento tan resentida con él que no lo puedo explicar. No sé ni siquiera cómo se atreve a estar sentado a mi lado como si nada hubiera ocurrido, después de cómo me humilló, la forma tan horrible en que me dejó y literalmente, desapareció, nunca más ni siquiera llamó alguna vez para saber al menos si estaba bien o algo, nunca más se preocupó o se interesó en saber si siquiera estaba viva aún.

-Claro que me interesa.

-Simón siempre tuvo razón, eres un imbécil.-No pude evitar decir eso, me miró desconcertado y en ese momento, Helena se acercó. Me pidió que amarrara su cabello y él, si estaba desconcertado, no puedo explicar su mirada al verla a ella.

-¿Ella… es tu hija?-Preguntó dudoso.

-Sí.-Desvió la mirada, evidentemente sorprendido. Terminé de amarrar su cabello.

Ya no me apetecía ni siquiera seguir aquí. Cargué a Helena, ella sostuvo mi libro y di un par de pasos, pero me di la vuelta y lo miré. Me miró a los ojos.

-Por cierto, es tu hija.-Abrió los ojos como platos y de inmediato, caminé alejándome, lo más rápido que pude.

Tomé un taxi, abracé a Helena, que se había quedado dormida en mi pecho y rompí en llanto. Es que no lo entiendo, ¿cómo es que después de tanto tiempo aún puedas afectarme de esta manera? Es horrible, es que me sentía tan, tan enojada y no era sólo eso. Lloré porque me sentía frustrada y tonta, ¿cómo es que incluso, mi corazón late de esa manera sólo por verte? Esto es tan injusto.

No fui a mi casa, Johann no regresaría aún, se suponía que nos recogería dos horas más tarde en el parque, pero le dije que regresamos antes porque Helena tenía sueño. Entonces fui a la casa de los chicos, necesitaba hablar de esto con alguien.

Mara abrió la puerta, había olvidado mencionar que Iván se comprometió con una chica, es de Panamá y está viviendo en la casa con los chicos, cuando se case se irán a la casa que mandó a construir, que faltan algunos meses para que la entreguen por lo que pidió un lugar de lujo. No la conozco mucho a ella, sólo es un trato cordial.

Entré y caminé hacia el patio, ella me dijo que los chicos estaban en la alberca. Simón y Alonzo era lógico que no habían formalizado nada aún con ninguna chica, era imposible siendo que no soportan estar más de dos meses con la misma mujer. Salieron de inmediato de la alberca al verme.

-Ari.-Alonzo me saludó, los demás lo hicieron también.-¿Sucedió algo?

-Es Mateo… apareció.

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