CAPITULO OCHO

—Dime Maxwell ¿Que estabas a punto de hacer?

El señor lo vio de manera severa. Pero mi mirada estaba encima de sus ojos, no parecía enojado, sino... frustrado. Dios, esa mirada perdida la había visto en otra parte… cuando era niño, recuerdo que siempre ponía esa mirada cuando algo no le salía como quería o simplemente no le dejaban hacer lo que quería. Pero justo ahora no sabría interpretar esa mirada. Y me dolía pensar que la causante era yo.

—Maxwell, te he hablado.

—Perdona padre. —Dejo al Alfa con la palabra en la boca y salió corriendo lo más rápido que podía. Huía de mí. De lo que éramos. Baje la mirada.

—Lo lamento Alfa... yo...

—Tranquila —Alce mi vista a sus ojos al escuchar esas palabras—. No es tu culpa, es él quien no puede ver lo que tiene frente a su

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