32

La puerta se abrió completamente y me dejo verlo. 

Era el maldito acosador. 

—Ya despertaste Ann— se acercó a mi sonriente y me levante de la cama— tranquila, aquí nadie nos vera. 

—¿En dónde demonios estoy? 

—En nuestra casa— sentí una punzada en mi corazón y empecé a llorar— no llores mi amor— me abrazo, mi cuerpo se sentía débil, trate de empujarlo, pero me abrazo más fuerte— no te vas a alejar de mí jamás, te lo prometo. 

—Por favor, déjame ir— solloce. 

—No sabes cuánto he estado preparando este momento, por fin voy a poder estar contigo Ann, no te pienso soltar— toco mis mejillas, temía que me besara de nuevo— ponte esto. 

Dio la vuelta hacía la puerta y tomo una bolsa y me la dio. 

—Se te vera hermoso— mis manos me temblaban, lo saque, era un vestido blanco— No querrás que te ayude ¿Verdad? 

 Negué con la cabeza y volvió a sonreír. 

—Te veo en

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