Paris

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Javier

Después de la última plática con Vera me fui de viaje más tranquilo, sabiendo que ella estaría bien en mis meses de ausencia y que dentro de un mes la vería en Córdoba para pasar tiempo juntos y no sentir más fuerte la ausencia. Sin embargo, también me fui pensativo, más que antes, porque no me había percatado que Vera ya estaba haciendo, sin que yo lo supiese, planes a futuro, algo que estaba prohibido en su vocabulario o estilo de vida dándome a entender que “vivamos el día a día” se estaba esfumando y ella había madurado totalmente en ese aspecto, así que ahora, era momento de encontrar un plan en común, uno que pudiésemos compartir como pareja y que le diera más peso a esta increíble relación que ya hemos tenido por un año.

Pero, ¿cuál era el plan “B” para mí? ¿Acaso es una boda?, porque para ser honesto un bebé en este momento no es algo que ambos deseemos, porque con toda honestidad jamás me había puesto a pensar en traer un bebé al mundo y estoy seguro de que para Vera la situación es la misma y que en este momento no le interesa, por lo que lo más seguro es que la boda se nuestro plan.

Vera ya había estado casada anteriormente con su novio de la universidad, un matrimonio que comenzó tan rápido como terminó, que al principio le trajo mucha felicidad pero después serios problemas que la obligaron a divorciarse de inmediato, haciendo así la promesa de que no volvería a hablar del tema y que sólo viviría su vida como ella quisiese pero al parecer esa vida la quiere ahora compartir conmigo.

Así que la pregunta aquí es ¿cómo quiere Vera que le pida matrimonio? De una forma sencilla, donde simplemente se lo diga mientras cenamos una pizza kilométrica o, tal vez, en el sofá mientras vemos una película de acción de esas que tanto le gustan ¿tal vez de una manera esplendorosa? Llevándola a una elegante cena al mejor restaurante de la ciudad, de esos que tienen una vista increíble, o posiblemente en un viaje o un recorrido en yate, con fuegos artificiales en el cielo que dibujen la palabras “¿Te casas conmigo Vera?” haciendo que todo el mundo se entere de qué me casaré con esta mujer que me trae loco desde la primera vez que la vi.

En fin quiero pensar que todavía tengo un mes para decidir todo o tal vez más, ya que nuestro encuentro en Córdoba es crucial para saber qué es lo que queremos de nuestra vida en pareja y dónde nosotros hablaremos del famoso plan “B”, ese que no me deja de dar vueltas por la cabeza.

Por ahora, sólo debo concentrarme en todo lo que tengo que hacer, realizar mi trabajo de la mejor forma posible para así regresar a su lado y seguir con los planes esos que no pienso interrumpir por nada del mundo y que ahora me han dado un nuevo sentido para querer irme de aquí, aunque en este momento me encuentre en París.

―Señor Montenegro, llegamos― me dice el chofer que amablemente fue al aeropuerto por mí― vendré por usted a las ocho de la noche.

―Muchas gracias, estaré listo para esa hora.― Respondo y sin más abro la puerta yo mismo para salir de ahí.

Cuando bajo del auto, lo primero que me recibe es la hermosa y antigua fachada del hotel, uno de estilo muy parisino y elegante, como todos los hoteles que me reservan cuando tengo que ir a alguna presentación.

«Ojalá Vera estuviese aquí conmigo», pienso, como todas la veces que llego a un lugar que sé le gustaría estar.

El bellboy me sigue con la maleta detrás mío mientras yo me dirijo hacia el registro del hotel rogando que no tarden mucho en darme la habitación ya que quiero dormir un poco antes de echarme cinco horas de Don Geovanni de Mozart en el Teatro de la ópera de París y después una cena con el cast y los patrocinadores; sería una lástima que me quedara dormido.

Para mi fortuna, la persona del registro me da la tarjeta de la habitación de inmediato y con un Bon journée me invita a pasar al elevador y presionar el botón con el número 40 para poder llegar a la tan deseada habitación y caer sobre la cama y dormir.

He estado muchas veces en París, no muchos pueden decir eso, demasiadas diría yo, pero esta es la primera vez que vengo siendo novio de Vera por lo que lo primero que hago al llegar a la habitación y ver la hermosa vista es tomar una foto De la Torre Eiffel, que se ve desde el pequeño balcón, y enviársela por mensaje.

VERA

Me encantaría que estuvieras aquí, te extraño.

Javier.

Reviso el mensaje de nuevo, y sonrío al ver la excelente foto y pensar que en ella en Madrid lo recibirá y esbozará una hermosa sonrisa y también deseará caminar por estas calles de mi mano.

―Tal vez traiga a Vera a Paris a perfile matrimonio ¿o será muy trillado? ― Hablo en voz alta ya que sé que solamente yo me estoy escuchando.

De pronto mi móvil suena e ilusionado lo veo pensado que es ella pidiéndome que hagamos una video llamada para que le muestre la ciudad, como muchas veces lo hemos, pero esta vez, sorprendentemente es mi padre quién lo hace.

―Hola papá.― Contesto mientras me abro un poco el cuello de la camisa y me quito el saco.

―¡Ey hijo! ¿Dónde te encuentras hoy? ― Escucho su voz alegre a otro lado del móvil.

Salgo del balcón para ver mejor la ciudad― en la ciudad de la luz, en París, acabo de llegar.

―¡Ah París! Tengo un tiempo que no voy para allá, lo extraño, tal vez lleve a tu madre en el verano ¿cómo está Vera? ¿Todo bien con ella?

No entiendo porque mi padre siempre me pregunta si “todo bien” no sé, me da la impresión de que piensa que le diré que hemos terminado y que ahora de nuevo estoy solo.

―Todo excelente con ella, se encuentra en Madrid en estos momentos.― Respondo.

―Bien, muy bien, esa mujer es lo mejor de lo mejor, no sé si te comentó que envío una tarjeta de agradecimiento por haberles prestado el yate, junto con una canasta repleta de pastas Moretti, esas que sus padres han lanzado.

―Claro que recuerdo las pastas Moretti, son las únicas que comemos en la casa― hablo con una sonrisa al recordar las deliciosas pastas que Vera cocina para mí― aún así, no me dijo nada.

―Pues estuvieron exquisitas, tu madre ha hecho maravillas con ellas, pero he tratado de hablarle para agradecerle pero no me contesta ¿cambió su número?

―No sabia que tú y Vera tenían comunicación personalizada.― Bromeo.

―¡Ey sin celos!― Contesta entre risas.

―Para nada, me alegra, pero supongo que no te contesta porque debe estar en consultas, termina a las siete de la noche así que debes ser paciente, de seguro cuando vea tus llamadas te habla.

―Bien, muy bien― habla convencido ― oye hijo, otra cosa ¿has pensado casarte con ella?

Me río bajito, al parecer hoy mi padre y yo estamos conectados― y ¿ese pensamiento de dónde viene?

―Bueno, tu madre y yo vemos que la relación va en serio, ya viven juntos en ese piso tan bonito y bueno, sabemos que tienes ese antecedente de Bea, pero creemos que Vera es la indicada para ti.―Comenta.

Me quedo viendo a la hermosa Torre Eiffel y sonriendo contesto ―yo también lo creo, pero esas son cosas que aún debemos ver nosotros ¿no crees?

―Lo sé, era sólo una idea, la verdad Javier es que nada nos daría más alegría que verte casado con la mujer de tus sueños, si supieras como sufrimos tu madre y yo al ver lo que pasó con Bea, pensamos que te encerrarías completamente pero luego *¡bam!* Vera Moretti.

Mientras mi padre platica no puedo dejar de sonreír, es verdad Vera fue el *¡Bam!* De mi vida, esa sacudida que necesitaba para despertar y vaya que desperté, de maneras que jamás pensé que lo haría; sólo de recordarlo me sonrojo.

―¿Entonces? ¿Cómo sugieres que le pida matrimonio?―Le pregunto.

Mi padre se queda en silencio un momento y luego responde ―¿Ya tienes el anillo?

―No.

―Primero debes comprarle el anillo ideal, uno que describa su personalidad, le dé esa valía que tú le das, después planeas el lugar, recuerda que las pedidas de mano son como las bienes raíces, la ubicación lo es todo.

Me río a carcajadas― Al parecer alguien más quiere pedirle matrimonio a Vera.

―Si no fuera mi nuera, ya lo hubiese hecho.― Bromea.

Mientras veo hacia la calle, mi mirada se centra en un pequeño local que dice bijouterie* y no puedo creerlo ¿será una señal?

―Entonces, compro en anillo y luego escojo el lugar.

―Así es, a tu madre se lo pedí en medio de Central Park en esa hermosa fuente que hay, justo en otoño mientras las hojas caían y le dije que quería compartir todas las estaciones de mi vida junto a ella.

―¡Qué romántico! No sé si podré superar eso.

―No es cuestión de superar, es sólo saber que encontraste a la mujer de tus sueños.

―Y ¿qué le digo?

―Lo sabrás cuando la veas a los ojos, cuando uno está con la mujer de su vida, todo lo que dice es romance.

Sonrío.

―Prométeme que cuando compres el anillo me llamarás.

―Lo prometo papá.

―Muy bien, ese es mi hijo, tómate tu tiempo pero no dejes que ella se vaya, sé que te hará feliz.

―Ya me hace feliz.

―Qué bueno, lo único que siempre te he deseado hijo es felicidad… te amo.

―Te amo papá ―respondo―pa, ¿solamente para eso me llamaste?

―Sí, sólo para eso, pero sé que tienes muchas cosas que hacer y no te quiero interrumpir, así que aprovecho para decirte todo de una vez. Espero tu llamada cuando tengas el anillo.

―Sí, lo prometo.

―Quiero ser el primero en saber ¿eh? Te amo Javier, eres un buen hijo― se despide y luego corta la llamada.

Me quedo un rato sonriendo mientras la palabra bijouterie no se quita de mi vista.

―No creo que sea algo malo buscar anillos en París ¿o sí? ― Pienso mientras el corazón me late rápido como si una corazonada le hubiese llegado.

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