Armas y gritos

Me comí el último trozo de mi tostada sin muchos ánimos y lavé el plato en el fregadero. Caminé hasta mi habitación sin muchas ganas, tenía dolor de cabeza y ya era hora de empacar, he empacado y desempacado en mi vida más veces de las que quisiera, hasta ya le agarré cariño a mi maleta color azul marino, no voy a extrañar esta casa, de hecho solo estuve unos cuantos meses, lo que extrañaré es el clima, el ambiente y el lugar en general, es lindo; las casas son bastante vistosas y el vecindario es tranquilo, no he hecho amigos pero mis compañeros de universidad no son tan arrogantes como en la anterior que estuve. 

Mamá me vió caminar hacia la habitación y me siguió. 

—¿Sucede algo? —pregunté frente la puerta de mi habitación antes de entrar. 

—Supongo que ya vas a empacar, nos iremos mañana temprano. 

—A eso voy —dije sin ánimos tomando el pomo de la puerta. 

—¿Quieres que te ayude? 

—¿No deberías empacar tus cosas y las de papá? 

—No... Ya lo hice y Caroline también ya terminó de empacar así que... 

—Vaya, sí que tienen ganas de irse —dije con clara ironía. 

—No sé a que te refieres. 

Suspiré —Mamá solo vete, yo puede empacar sola. 

—¿Por qué te comportas así? 

—¿Así cómo? 

—Como si estuvieras molesta de irte de esta casa ¿No me digas que le tomaste cariño? 

—¿Que? —reí irónica —enserio no eres nada perspicaz, mamá. 

—Entonces dime qué sucede. 

—Ya hablamos de esto y terminamos peleando, no quiero volver a lo mismo. 

Ella suspiró con pesadez y colocó las manos en sus caderas —¿Quieres hacer algo antes de irnos? 

—Gracias por cambiar de tema —Sonreimos al mismo tiempo— ¿Puedes prestarme tu guitarra? 

—Ni siquiera tienes que pedírmela, ya sabes que está a tu disposición para cuando la quieras. Vamos. 

Caminamos hacia una habitación que estaba casi completamente vacía, solo había una pequeña mesa, un banquito, una guitarra en su estuche y un tazón lleno de dulces de menta y otro de chocolates. Tomé uno de esos dulces amentolados en cuanto entré. 

—Te siguen gustando, eh —me dijo mamá. 

—Son deliciosas ¿Qué te puedo decir? 

—Recuerdo que Caroline siempre las odió cuando era pequeña, siempre se burlaba de ti porque las comías ¿Recuerdas? 

Caminé hasta la guitarra mientras recordaba las burlas de Caroline hacia mí, nunca me molestaron realmente, al contrario siempre me divirtieron y a la vez yo me burlaba porque ella siempre llevaba un chocolate en su bolsillo. 

—Lo recuerdo —sonreí —tú nunca has controlado a tu hija menor. 

—Tú lo haz dicho, es la menor osea la consentida. 

—Y me lo dices así como así. 

Ella rió —Ella es la consentida pero tú eres mi orgullo.

—¿Quién dices que es tu orgullo? —preguntó Caroline recostada en el umbral de la puerta mientras cruzaba los brazos y miraba a mamá acusadóramente. 

—También dije que eres mi favorita —dijo mamá defendiéndose. 

—Wow, un momento —dije —tú mencionaste que era la consentida no la favorita. 

—¿Qué? Eso no es verdad, yo no soy la consentida de mamá, tú eres la consentida ¿Recuerdas la vez que le pedí que me comprara  un teléfono nuevo? 

—Sí, lo recuerdo, y sí te lo compró. 

—Despues de qué lavé el auto y limpié toda la casa. 

—Tienes que aprender a ganarte las cosas y saber que todo cuesta —le dije con burla. 

Ella rió con ironía —Con un consejo y una charla sobre cómo ganar dinero me hubiera bastado. 

—¿Y si mejor tocan una canción? —preguntó mamá interrumpiendo nuestra pequeña pelea. 

—¡Yo toco la guitarra! —dijimos mi hermana y yo al unísono. 

Corrimos al mismo tiempo a tomar la guitarra y forcejeamos   un rato, sí, me sentí muy infantil al hacer eso pero ni muerta me dejaría ganar por Caroline. 

Desde que ella nació siempre hemos tenido una leve rivalidad, la adoro, es mi hermana, pero no quiero que ella acapare toda la atención de mis papás y ella tampoco quiere que yo la opaque. 

—¡Esto ya es personal, Nina Smith! —Gritó aún forcejeando mientras mamá nos miraba con indiferencia desde el banquillo apoyando su mejilla en su mano con aburrimiento. 

—¡Cállate! ¡Yo soy la primogénita, yo soy la que debe tocar la guitarra! 

—¡Yo soy la favorita! 

—¡Eso es mentira! 

—Es verdad, ¡Mamá lo dijo! 

—Entonces que mamá decida —dije. 

Paramos un segundo para ver directamente a mamá, ella se colocó recta en la silla y nos miró confusa. 

—¿Qué pasa? —preguntó. 

—Dinos quién tiene que tocar la guitarra, osea quién la toca mejor —dijo Caroline mientras le guiñaba un ojo. 

—No le guiñes el el ojo, no se vale. 

—Ni li guiñis il iji —me imitó con voz chillona. 

—¡Yo no hablo así! 

—Yo no hablo así —me imitó nuevamente. 

—Mamá, ya dinos —dije ignorándola. 

—La persona que tocará la guitarra es... —mamá dejó la oración el aire. 

—Ay ya, no la hagas tanto de emoción. 

—Yo —concluyó. 

—¿Qué? —preguntamos al unísono Caroline y yo a lo cual nos miramos con molestia. 

—Yo la tocaré y ustedes pueden comer dulces mientras tanto. 

No nos opusimos, sabíamos que llevarle la contraria a mamá era imposible y hacerla enojar no era el mejor plan, nos sentamos en el suelo mientras mamá tocaba la guitarra y vaya, sí que tenía mucho talento. Perdí la cuenta de cuántas mentas me comí, enserio me gustan esas cosas. 

Caroline comía de sus chocolates como una niña de cinco años, se veía tierna a decir verdad, su baja estatura y su cuerpo delgado la hacer ver cómo a una niña de 12 años aunque ya casi tiene 16. Me reí al verla tocarse su mejilla con molestia, le acababa de tirar una de mis mentas a la cara. 

—¡Ay, estúpida! —me tiró un chocolate pero lo esquivé rápido, tengo bueno reflejos. 

Le mostré la lengua —Ay amiga, no me diste —dije triunfante. 

Ella tomó todo el tazón de chocolates y me los aventó, no los pude esquivar está vez, eran muchos. Mamá paró la música de golpe. 

—¿¡Ahora que les pasa!? —preguntó molesta. 

Mi hermana y yo nos volvimos pequeñas ante esa voz, no hay cosa que dé más miedo que una mamá enojada. 

—Ella empezó —dije señalando a Caroline. 

—¿Yo? ¡Tú me tiraste una menta a la cara! 

—Fué un accidente —mentí. 

—¡Ya basta! Recogen eso mientras yo voy a buscar mi abrigo, cuando regrese quiero todo limpio ¿Entendido? 

Asentimos. 

Mamá salió dejándonos solas. Hubo un silencio pesado mientras recogíamos todo. 

—¿Estás lista? —yo fuí quién rompió el silencio. 

—¿Para qué? —ella frunció el ceño. 

—Ya sabes... Para irnos.

—Sinceramente me da igual. —dijo levantándose y poniendo los tazones en la mesa. —¿Tú qué? ¿Ya estás lista? 

—En verdad no me quiero... Ir. 

Suspiró —Pensé que eras la fuerte entre nosotros. 

—¿Crees eso en verdad? —dije con malicia. 

—¡Oye! Ya empiezas a buscar elogios hacia ti que nunca he dicho —rió —pero... creo que esta vez, y solo por esta vez, puedo decir que sí, es un elogio, o más bien la verdad —sonrió. 

—Tú también eres súper fuerte enana caprichosa —le dije mientras le revolvía el cabello. 

—Nina ¿Ya acabaste? Creo que ya es hora de empacar —preguntó mamá entrando a la habitación. 

—Ve, yo termino aquí —me dijo Caroline y le sonreí. 

Caminé junto a mamá hacia mi habitación y me puse seria, no tenía ni una miserable pizca de ganas de empacar. 

—Esto es por nosotros, hija —me dijo mamá al verme caminar por la habitación buscando cosas, con mucho desánimo. 

—¿Enserio mamá? —dije mientras guardaba mi playera de pink Floyd en la maleta, o más bien la tiraba con molestia dentro de ella. 

—Hija, ya sé que este cambio te hará bien —mi madre dio un suspiro y continuó —las cosas aquí han ido muy mal, es hora de olvidar todo, empezar de cero. 

—Ya les dije a papá y a ti que voy a enfrentar todo, ya no soy una niña, tengo 22 años y sé afrontar las situaciones.

—Lo sé, pero ese hombre puede hacerte daño otra vez y no lo puedo permitir, hija entiendeme por favor. 

—Te comprendo mamá, pero estoy cansada de huir, hemos cambiado de casa 3 veces en los últimos 4 años. 

—Lo tengo claro, pero las amenazas no cesan, Nina. 

—¿Te llegó otra carta? —pregunté sentándome en la orilla de la cama.

—Sí —dijo mi madre con leve temor. 

—¿y? ¿Qué dice? —pregunté con un poco de susto. 

—Esta vez habla de Caroline, dice que la ha vigilado por varios días, hasta hay fotos y amenaza de... —a mi madre se le cristalizaron los ojos —matarla. ¡Estoy muy asustada Nina! No quiero que le hagan daño a tu hermana ni a ti. 

—Tampoco yo, créeme. Ese imbesil ya se pasó

—¿Entonces supongo que ya le dijiste a tu papá? Yo no le he contado nada, ni siquiera se imagina que nos iremos mañana mismo. 

—Aún no le he dicho... 

—Ya pasaron los cinco días. 

—Le contaré mañana y mañana mismo nos iremos. 

—Por lo menos entraste en razón. Pensé que nunca lo harías. 

—No hago esto porque "estoy entrando en razón" — ñhice comillas en el aire —lo hago por ustedes, yo estoy segura que podría defenderme sola. 

—Lo dices como si fueras... No sé, una super heroína y te recuerdo que no lo eres.

—Vaya... Gracias por el apoyo mamá —ironicé. 

—Lo digo en serio. 

—Y yo también. Eduard me tiene arta, ojalá nunca lo hubiera conocido. 

—El hubiera no existe.

—Lo sé —mordí mi labio inferior—oye... 

—Dime. 

—Hablé con Caroline. 

—¿Sobré qué? 

—Sobre armas. 

Frunció el ceño —no entiendo. 

—Ella quiere aprender a usar armas. 

—De ninguna manera —hizo un ademán con la mano —eso no va a pasar, ni siquiera lo piensen.

—Yo tampoco estoy muy de acuerdo, pero ella insiste. Dice que se siente excluida. 

—No sé en qué piensa esa niña, estoy segura que no es buena idea.

—Pero... ¿Y si sí lo es?

—¿Te estas poniendo de su parte? —puso sus manos en sus caderas. 

—No, pero tal vez... No estaría de más que supiera usarla. 

—¡Tiene 16 años! 

—...Y ya está siendo amenazada por ese imbésil. 

—Yo... Yo no sé. Tengo que pensarlo mucho. 

Suspiré —Bien... 

—¿Ya pediste tus documentos para el traslado de universidad? —dijo cambiando de tema. 

—Sí, desde hace un par de días. 

—Tu nueva universidad es linda, es pública pero muy linda. 

—No me interesa si es pública o no, al final es lo mismo. Solo quiero ser una gran ingeniera electrónica. 

Sonrió —A veces me siento muy orgullosa de ti. 

—¿Solo a veces? 

—Mmh... Siempre, siempre. 

—Creo que necesitaré un trabajo —dije viendo mi billetera vacia. 

—Tú papá no te lo va a permitir. 

—¿Por qué no? Ya tengo 22 años. 

—Estoy segura que no le agradará la idea. 

—¿Tú por qué no trabajas?¿Él te lo ha prohibido? —pregunté ladeando la cabeza y frunciendo el ceño. 

Ella rió con ternura —Nina, estás hablando de tu papá, ese hombre no me prohibiría a mí, nada. Aparte que sí trabajo eh. 

—¿Ah sí? 

—¡Claro que sí! Escribir novelas desde mi casa también es un trabajo como cualquier otro —me recriminó. 

—Bueno... No genera muchos ingresos que se diga. 

—Lo dices porque ni sabes. 

Yo reí —solo es broma, mamá, obvio valoro mucho tu trabajo, tus novelas son increíbles y gracias a ti acostumbro a leer libros todos los días —rodé los ojos con diversión —te amo — la abracé. 

—Y yo a ti mi niña, sin duda alguna te amo muchísimo. 

—Esto es demasiado cursi —dije para separarme con diversión. 

—Lo sé —ambas reímos.  

—Pero mamá... No quiero que olvides lo de Caroline —dije poniéndome sería.

—Otra vez con eso... 

—Mamá todo estará bien, nos cuidaremos mucho, no dejaré sola a Caroline en ningún momento y... —pensé por un rato  —creo que ya es hora de que Caroline aprenda a usar una de éstas—dije mientras sacaba mi pistola, un revólver 44,  que mi padre, el Sr. Smith, me dió hace un par de años. Mi madre me vió con molestia.

—Eso es pelig... — Mamá no terminó de hablar porqué un grito de horror, de la planta baja la interrumpió.


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