Capítulo 2

Daniel

-Hoy por fin estaré en casa después de muchos años ausente, muero por ver a mis hermanos, ja ja ja ja a los castigados de mis amigos que tanto extraño y ni se diga de mis padres que son lo mejor que me ha tocado en la vida. Sin ellos mi vida sería un completo caos, pero ni se te ocurra mencionarlo porque luego ni quien los soporte, se sentirán la última coca cola del desierto– dijo Daniel entre risas a su guardaespaldas que lo ha acompañado desde hace ocho meses.

Se había marchado de Grecia hace 17 años con tan solo la ropa que llevaba puesta y su celular, si existía alguien terco, eran él, una mula y el diablo, donde todos se sentaba a tomar clases. Su decisión tomó por sorpresa a sus padres que solamente lo apoyaron pero no estaban de acuerdo, para ellos solo era un capricho de un adolescente de 13 años del que solo su padre con el pasar del tiempo y viendo el sufrimiento de su hijo lo obligó a decirle la verdad.

Durante el trayecto de regreso a casa solo pensaba en todo lo que la vida me daba, lo hermoso que era disfrutar sin que los demás sepan tu verdadera identidad, sin ser señalado como el hijo del magnate petrolero Leandro Holmberg y su distinguida esposa la Psicóloga/Conferencista Irina Kana quien se mantenía ocupada con diversos centros de apoyo para las mujeres y niños maltratados a lo largo de todo Europa.

Era fácil saber de ellos, siempre estaban en el ojo del huracán. Cada día al leer sobre ellos en las revistas de prestigio o en las redes sociales me llenaba de orgullo, el pecho se me inflaba como un globo con helio. Todo este tiempo me mantuve en el anonimato en Ciudad de México, mi lugar favorito por su comida, son todas unas delicias, lo que más amo es comer, me especialicé en finanzas empresariales y mi padre me enseñó que después de la tormenta siempre viene la calma.

Nunca me faltó nada, trataba de mantener un perfil bajo para todos, cuando se presentaba la oportunidad tenía trabajos de medio turno para que no sospecharan de la historia que había inventado al llegar a México, como todo buen chico disfrutaba de la diversión, no existía antro de la ciudad que no me conociera, las fiestas de fin de semana no podían faltar, pase de ser el niño mimado a uno sin familia por decisión propia, disfrutaba mi vida solo.

Antes de graduarme había creado una empresa de piezas para coches y de ensambles de coches de carreras que Said uno de mis mejores amigos desde la infancia en una de sus tantas visitas había logrado formalizar, fungía como pequeño inversionista para que mi padre no sospechara nada. En todos estos años he recorrido en silencio las grandes pistas donde se llevan a cabo las mejores carreras del mundo, cómo olvidar “El infierno verde” con sus 21 kilómetros y sus 154 curvas de locura en Alemania,  “Circuit de la Sarthe” a través de sus 13 kilómetros de rectas que parecen no tener fin y donde año con año se lleva a cabo la famosa carrera “24 horas de Le Mans” que te hace sentir la adrenalina pura al mezclar sus caminos públicos con la pista de carrera; “El Circuito de Mónaco” afamado por la fórmula uno, por el derroche de glamour que se percibe a donde voltees, todo en ella debe ser perfección, no existe margen de error o terminarás estrellándote, tal y como me pasó a mí por mirar a una chica.

Soy fanático de la velocidad pero pocos los saben, más bien soy un corredor en total anonimato, desde los 15 años uso el sobre nombre “D” no es algo que pregono por el mundo solo mis tres mejores amigos saben de ello, más bien sabían, hasta que mi padre se enteró hace poco más de ocho meses tras chocar mi auto en el Circuito de Mónaco.

Para mi mala suerte se encontraba cerrando un contrato en la ciudad y fue invitado por uno de sus socios al palco de honor. Lo último que recuerdo fue la cara de mis amigos sacándome entre los fierros antes de que el coche se incendiara.

Desperté una semana después con los ojos de mi padre clavados en los míos, lo que me hizo pensar que estaba en una de mis pesadillas y que tenía al señor del averno enfrente mío, pero no era pesadilla, era la realidad y ahora sí que dios me agarre confesado porque de ésta no me salvo.

Tan sólo con recordar me emociono y me lleno de nostalgia al saber que estaré fuera de circulación unas temporadas en lo que a mi padre se le pasa el enojo y me pueda regresar a México.

No crean que regreso por voluntad propia, regreso bajo amenaza de contarle todo a mi madre y si hay alguien peor que satanás, esa es mi madre señores, cuando ella se enoja, hay que sacar el agua bendita y confesarse porque no hay quien la pare.

Desde que mi padre se enteró no he tenido paz alguna, me ha puesto como cristo puso al sapo, me instaló en el mejor hospital de la zona donde me ayudaron a superar todas mis fracturas, curaron mis heridas más pequeñas, me daban clases de rehabilitación para volver a caminar, toda una pato aventura que algún día contaré a mis hijos.

Mis amigos no se han salvado del enojo de mi padre, a Said el Gerente de Administración de una de las empresas petroleras que tiene, lo movió a Venezuela para que sufra un poco. Compró la empresa donde trabaja Caleb y lo trae asoleado trabajando de lunes a domingo, si pudiera lo haría trabajar las 24 horas del día los 365 días del año, a Bruce se las tiene reservadas pues no ha podido contactar con sus padres desde que dejaron todas las cadenas hoteleras sobre su mando y ellos se marcharon de luna de miel eterna.

Adoro a mi padre pero en estos momentos me está haciendo pasar un calvario con sus exageraciones, para bajar un poco su mal humor y que deje a mis amigos tranquilos, accedí en regresar a Grecia por una temporada en la que estaré aprendiendo el manejo de la empresa, pues piensa retirarse muy pronto, con la promesa que todo aquello pasará a mis manos. Debo aprender a manejar el patrimonio familiar y preocuparme por mi hermana a la cual no veo desde que me marche de casa, con mi hermano tuve más contacto pues quería seguir mis pasos pero mi madre no lo dejó.

Lo que no sabía era que ya tenía echado el ojo regresar a las carreras aunque fueran las clandestinas, nací para correr, pero esta vez sería más cuidadoso, ya no era el mismo chico de antes que vivía en el anonimato, después del accidente tenía a la prensa sobre mí y estaba pisando el terreno de mi padre, en donde no existía piedra que se moviera sin  que el señor lo supiera. El tiempo que estuve en el hospital investigué sobre la vida en Grecia, no quería sentirme como un extraño en mi tierra.

-¡Hey bombón!, despierta, ya aterrizamos y tú sigues en las nubes- dijo Bruce Waas con una sonrisa maquiavélica.

-Déjalo no molestes al pobre inválido, que ahora quedo peor que antes- exclamó Caleb

-Tranquilas señoritas, no se despeinen que todavía no ha empezado lo bueno- dijo mi padre, ahora están en mis terrenos, así que no les aconsejo que me mientan, siguen bajo mi radar después de encubrir a este bribón que tengo por hijo-

Solo logré rodar los ojos, si hablaba me podía ir peor de lo que ya estaba la pasando, no necesitaba más sermones que los que escucho los domingos en misa.

Descendimos del avión, llevándonos directo a la villa de mis padres, donde ya nos esperaban mamá y mis hermanos. Mi padre nos dio la última mirada de advertencia para que siguiéramos la mentira que dijo en casa para que nadie se preocupara por mí. Todos asentimos no necesitábamos más problemas de los que ya existían en ese momento.

Las lágrimas no se hicieron esperar en cuanto me vieron llegar, -por fin regresa a casa el hijo pródigo– comentó mamá entre risa y llanto –ahora si estamos completos, gracias cariño por convencerlo que regresara-

-Es un hueso duro de roer pero aquí estamos cariño- dijo mi padre, dando un beso a la frente de mi madre, que se encontraba toda emocionada. Si supiera la verdad, me regresarían al hospital, de la paliza que me daría ella sola.

La tarde transcurrió sin contratiempos, tanta tranquilidad en la villa me asustaba, mis amigos solo me veían preguntando ¿qué está pasando?, ¿en dónde nos perdimos? yo seguía sin entender la treta de mi padre pero era mejor guardar silencio, nuestra vida también estaba en juego si se enojaba ja ja ja.

Me sentía tan cansado por el viaje que olvidé los buenos modales y me retiré a mi cuarto acompañado de mis fieles amigos, para ponerme al día en las novedades de Grecia, sobre todo porque Bruce Waas, quien era el más relacionado, tenía excelentes noticias sobre los lugares donde se desarrollaban las carreras en la Ciudad, aquello era música para mis oídos aún bajo la amenaza de mi padre.

Nos pusimos al día en todo, quedamos de salir una semana después para tantear el terreno, para ello necesitaba seguir ocultando mi identidad al momento de las carreras, era momento de sacar mi tesoro más preciado a las calles, para ello necesitaba a mi hermano Andrew, el prestigioso abogado y maestro del disfraz. Al igual que yo el amor por los coches era irremediable, uno de mis principales cómplices para adquirir mi valioso tesoro que pocos saben que tengo. Si mis padres y el tío se enteraran creo que esta vez no veo el amanecer por muchos años, por no decir nunca más.

Los días transcurrieron sin problema, era el hijo más devoto que existía, lo que no imaginaban es que me encontraba investigando sobre las carreras que se desarrollaban en la Ciudad e intrigado por los sucesos decidí correr el riesgo al conocer la Plataforma que tanto afamaban.

–Creo que tenemos trabajo que hacer Club de Toby- dije con entusiasmo y sonriendo como bobo.

-Creo conocer esa sonrisa falsa- mencionó Caleb, mientras se frotaba las manos en señal de que algo se avecinaba y no era nada bueno.

-Aquí vas de nuevo, ¡no cuentes conmigo!– dijo Said, poniendo los ojos en blanco desde el otro lado de la pantalla y con cara de sufrimiento. –Por ayudarte, tu padre me trata peor que un esclavo, me amenaza con ser peor si no le digo lo que tramas cada día de tú vida. Ahora parezco el soplón del grupo. 

-Atrasar lo inevitable es alargar el dolor, así que empieza de una vez, porque ya no sé qué es peor si la migraña o tú– refuto Bruce, desde su oficina.

-¡¿Es en serio?! Parecen niñas quejándose de todo, el único que corre riesgos soy yo, ustedes solo reciben las ganancias-  exclamé indignado.

El tiempo transcurrió sin darnos cuenta, mientras obteníamos información sobre la Plataforma y sus próximas carreras. El viernes a mediodía me llegó un mensaje anunciando una corrida, mis ojos se alegraron y mi corazón palpitó como tambor rebotando.

Salí de casa a escondidas, después de darle pastillas para dormir a mi guardaespaldas, como loco subí al coche de Andrew, quien zigzagueo por las calles a toda prisa hasta llevarme con mi tesoro, que aguardaba por mí desde hace muchos años, tomé el volante y me sentí como nuevo, era la primera vez que correría desde el accidente en Mónaco.

La Plataforma era imponente, la buena suerte estaba de mi lado, se corrió la noticia que el mejor corredor de todo Grecia llegó sin avisar, ¿Qué mejor que retomar mi carrera con una victoria ante un tipo que todos amaban? Siiii, iba a regresar a lo grande, acabando con el fanfarrón aquel que sustentaba el récord de carreras ganadas.

Nos acercamos a los organizadores a vuelta de rueda, mi tesoro rugía como sólo él sabía hacerlo, ver la cara de todos me dejaba complacido, el nuevo Rey había llegado. Andrew bajó del coche como modelo de pasarela dejando a todas con la boca abierta, ese era el efecto de los Holmberg. Regresó en cinco minutos que para mí se sintieron una eternidad, anunciado que la próxima carrera era la mía y estaría contra “K”, sonreímos con complicidad pues ya teníamos los antecedentes de cada uno de los corredores o por lo menos eso pensábamos.

Se dieron las indicaciones desde la marca de salida, ansioso por pisar el acelerador no presté atención a mi contrincante, la adrenalina que corría por mi cuerpo estaba al mil, solo quería ganar, demostrar que estaba de regreso después de ocho meses en cama. Sin más, salí disparado, librando curvas, pasando semáforos, evadiendo los coches de la avenida, las personas que se atravesaban, mi satisfacción era enorme, nuevamente me sentía el Rey. A partir de ahora, la Plataforma era mía, nadie podía ganarme, la meta estaba cerca, podía ver mi victoria claramente lo que me hizo mirar de lado izquierdo y ver un coche a la par mío, rayos no sabía si era mi oponente no presté atención en el arranque de salida, mi maldito cerebro no había registrado esa parte, por lo que tuve que pisar a fondo el acelerador.

-Empate – gritó la voz de llegada

- ¿Queeeeeeee?  ¡Por los pelos de rana calva! ¿Cómo que empate?- grité desde adentro del auto golpeando el volante, mientras mi hermano trataba de calmarme.

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